Viernes 22 de Noviembre 2019

MIGAS A LOS PERROS

Por: Jose Maria Marquez Vigil 10-02-2018

Dentro de unas semanas iré a RD Congo a visitar varios proyectos de Africa Directo. Principalmente proyectos educativos, pero también sanitarios, agua e higiene, así como la puesta en marcha de un programa microfinanciero y un proyecto de ayuda a “los niños brujos”. Como siempre disfrutaré de la alegría africana y de la belleza y la bondad de la vida en la Misión, pero también conoceré familias que se enfrentan a menudo con situaciones que no seríamos capaces de imaginar en nuestras peores pesadillas. ¿Cómo no van a querer emigrar al Norte?

Preparando mi viaje, me han hecho llegar las recomendaciones de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores al viajar a RD Congo. Parece que no lo recomiendan mucho… Excepto la palabra “canibalismo”, incluyen todas las demás en su narración de lo que te puedes encontrar en este país. Por no recomendar, ni siquiera te permiten volar dentro del país, ¿Volar? ¡Pero si en RD Congo solo vuelan los “pijos”! Seguro que una proporción menor al 1%...

Partiendo de la recomendación de nuestro Ministerio deberíamos entender que otras familias que quieren a sus hijos y les desean los mejor, que respetan y cuidan a sus padres, que buscan la felicidad con sus parejas… Tampoco les parecerá muy “recomendable” vivir allí a pesar de haber nacido allí y tener allí su familia, sus vecinos, sus tierras, sus gallinas, su choza… Es comprensible que busquen una salida, y yo diría que es enormemente admirable que se atrevan a embarcarse en esos cayucos rumbo a lo desconocido, no sólo rumbo a un país del que no conocen el idioma o la cultura, donde no están acostumbrados a su clima, donde no tienen a su familia y vecinos, donde no saben cómo podrán ganarse el pan… Antes de todo eso, tendrán que pasar por otras muchas dificultades en tierra y en el mar, y no siempre las superan.

Ya no es noticia desgraciadamente que aparezca una barcaza con varias decenas de cadáveres a bordo. El otro día, hace tan solo una semana, los muertos eran casi un centenar. Y a su vez, mientras me estremecía la noticia, escuche otra… Varios pueblos en Italia y en España en los que ya no hay jóvenes, en los que no hay niños, venden casas por un euro o las regalan, para poder repoblar nuestro campo abandonado ahora por nuestros conciudadanos que huyen a la ciudad. Escuchar ambas noticias a la vez parece una broma macabra, pero más aún cuando me conecto a “rezando voy” y escucho el Evangelio de ese día. Una griega se acerca a Jesús, y el Maestro, muy bruscamente, le suelta esa comparación que nos deja boquiabiertos: “no está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Y la mujer le responde que hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa.

Ayer me dijo mi hija Paz (doce años) que había encontrado en internet la Bitácora de Peregrinos y se había emocionado leyendo algún artículo. Por supuesto me emociona mucho más a mi conectar con mi hija, como en su día, salvando las distancias, conectó Nelson Mandela con su madre (cuando le preguntaron a Mandela cómo pudo aguantar tanto tiempo en la cárcel y luego perdonar a sus verdugos, recordó que su madre le había dicho que hay tres tipos de personas, las que pasan por la vida dejando el mundo peor que se lo encontraron, las que lo dejan igual y las que lo dejan mejor. Y Mandela dijo: “No podía defraudar a mi madre”.).

Si pensáramos que lo que hacemos, lo que votamos, lo que decimos, lo va a leer nuestra madre o nuestra hija, ¿seríamos capaces de seguir refiriéndonos a los extranjeros como “perros”? Ojalá seamos capaces de frenar esta corriente nacionalista y proteccionista que está cobrando tantos adeptos en América y Europa. Al menos, por vergüenza, deberíamos compartir “las migas”.

 

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