Viernes 22 de Noviembre 2019

MAGDALENA

Por: Santos Urias 20-02-2017

 

Llaman a la puerta. Es muy tarde. Algunos curiosos miran entre sus cortinas. Los que se asoman ven a una chica de amplia melena rubia, con su peto rojo de falda corta, sus largas piernas sustentadas por unos zapatos negros de tacón de aguja. Ven a una mujer que busca.

Yo bajo abrir la puerta y me encuentro con “Magdalena”. Sus ojos vidriosos por las lágrimas y por el alcohol. Sus manos aun tiemblan fruto de otro desengaño y de la desesperación. No sabe donde acudir. Sola, como una niña desvalida. Veo a una mujer que busca.

- Invítame a una copa, he tenido un problema con mi chico y estoy en la calle otra vez.

Dudo. El alcohol no va a solucionar nada, pero, tal vez, nos ofrezca algo de tiempo para intentar buscar una salida. 

Sirvo dos limones manchados con ron. Ella no para de emitir pequeños sollozos y de repetir como en una jaculatoria: me ha traicionado. Descalza, acurrucada en posición fetal. Toco su cabeza con mi mano e intento abrir una rendija de esperanza:

- Necesitas tiempo, al menos para pensar, para ver las cosas con más perspectiva, para tranquilizarte. – Se lo digo, pero siento su desgarro, su síndrome de callejón sin salida.

Me viene a la cabeza ese Jesús bálsamo y consuelo para las lágrimas y la desesperación. Bañando sus pies en un cuenco de cabellos, de blancas manos, de salado llanto. Acogiendo, sin más palabra que el silencio, lo profundo e intimo de cada persona.

¿Sentiría también el Señor este drama de la impotencia, de la limitación humana, del misterio?

“Magdalena” ha terminado su copa en apenas dos tragos. Hoy no va a pensar, no quiere pensar. Saldrá a la calle con su sonrisa de: no pasa nada, todo está bien...

La noche será larga para ella. Los días serán largos para ella.

 

Pero volverá buscando paz, equilibrio, serenidad para su corazón. Volverá donde pueda enjugar las lágrimas, donde pueda regresar a hacerse niña. Donde las miradas vean por encima del rimel, de las faldas cortas, de los zapatos de tacón, de la hipocresía y de los prejuicios farisaicos. Volverá donde pueda sentirse amada, sin más... Cómo volvemos todos, ¿o no es cierto? 

 

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