Viernes 22 de Noviembre 2019

ÓXIDO

Por: Santos Urias 25-01-2017

 

La piel se oxida, lo escuché el otro día. Sí, como una verja o un portón. Al entrar en contacto con el oxígeno los tejidos se van dañando, surgen las arrugas, las manchas, se pierde el color original, la elasticidad y el brillo. Así envejecemos y nos llenamos de cremas, aceites y otros potingues.

Un maestro espiritual nos advertía: “Cuidado, los sueños también se oxidan”. Son muchas las inclemencias que te invitan al pragmatismo, a ir a lo tuyo, a acomodarte, ya sea en tus ambigüedades, ya sea en tus rezos; a no creer que “es posible”.

El paso del tiempo puede agrietar la piel de nuestra confianza, de mirar con ojos nuevos al diferente, de escuchar las voces que susurran y que gritan.

El paso del tiempo puede romper la elasticidad y el brillo de nuestro trabajo bien hecho, de la sencillez de vida, de la búsqueda constante, de la inquietud, del equilibrio y la paz interior.

El paso del tiempo puede llenarnos de cansancios, de reumatismos vitales, de artrosis del corazón, de cataratas en nuestra percepción social y eclesial.

El sueño de Dios ha visto pasar el tiempo, todo tiempo, con sus herrumbres y arrugas, impregnándose de oros y de lodos…

¿Sucumbirá al óxido?

 

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