Domingo 17 de Noviembre 2019

El sentido de la muerte

Por: Juan María Laboa 08-12-2016

 

Una reflexión del papa Francisco sobre la incineración ha puesto de actualidad un tema tan antiguo como la humanidad y que me parece oportuno plantear ahora porque estimo que no debe permanecer ausente de la educación juvenil .Sabemos que la inhumación de los muertos ha sido la tradición permanente del cristianismo de acuerdo con su convicción de la resurrección de los cuerpos, aunque en los últimos tiempos, a causa del aumento desmesurado de la población , la Iglesia aceptó la incineración con algunas condiciones. Las reacciones a las palabras del papa, sobre todo en los aledaños de los cristianos practicantes, han sido, a veces desconsideradas o ignorantes . Conviene plantearlo.

Honrar a los muertos y relacionar los ritos de la muerte con el reconocimiento de la trascendencia es tan antiguo como el homo sapiens. Los antropólogos llaman lo” sagrado pedagógico” a los ritos de muertos, en cuanto se refieren implícitamente a la resurrección; es decir, a la relación con Dios a través de la muerte. Las tumbas y los ritos funerarios manifiestan la fe en la inmortalidad, manifiestan la creencia de la vida tras la muerte. Podríamos afirmar, pues, que el conjunto de ritos presentes en todas las civilizaciones a partir del Paleolítico manifiestan una experiencia religiosa de la muerte.

Resulta sugerente denominar nostalgia del futuro, a ese anhelo que acompaña al ser humano de que su breve vida se prolonga indefinidamente más allá de la muerte. “Y si muero, ya nada tiene sentido”, comentó Unamuno, expresando de manera clara lo que la interminable serie de tumbas, monumentos y cementerios a lo largo de la historia humana han manifestado en las cavernas, en el campo y los cementerios de diversa clase.

En el Libro de los Macabeos leemos: “Alegraos de que vuestros muertos estén escritos en el cielo” y el cristianismo siempre ha enterrado con veneración a sus muertos con la convicción de que resucitarían conCristo. Todos los ritos funerarios cristianos están vinculados con las palabras de Jesús de que Dios es Dios de vivos y toda nuestra liturgia se basa en ese dogma de fe que encontramos en el Credo. En el Medioevo los cristianos fundaban cofradías con el fin de que todo muerto gozara de sepultura y de las oraciones de la comunidad. La oración permanente de la Iglesia es tanto por los vivos como por los muertos porque todos están igualmente vivos en El. Durante siglos, los cementerios se levantaban junto a la parroquia para que la comunidad expresara con su cercanía su comunión de fe y de esperanza en la resurrección. El cementerio es también una manifestación palmaria de una comunidad cristiana que se reúne en la eucaristía para manifestar su de acción de gracias al Dios que salva, y entierra a sus muertos en el mismo espacio bendecido porque como creyentes esperan que sus muertos resucitarán.

Todavía hoy, el ser humano necesita de ritos, signos y símbolos para manifestar sus creencias, amores y aspiraciones. Tenemos museos, árboles genealógicos, conocimiento de las raíces, fotografías y recuerdos de nuestros seres queridos, venerando a los testigos del pasado para alimentar y sustentar nuestras ideas y sueños. El hombre sin memoria es hombre sin atributos y permanece en un presente inexplorado y sin mucho sentido.

Sin embargo, en nuestros días, asistimos a una situación inédita : intentamos olvidar o ningunear la muerte por insólito que parezca. No colocarán nuestro cuerpo en la tierra sino que lo incinerarán, no guardarán nuestras cenizas en lugar sagrado sino que las esparcirán. Celebrarán poco el día de los difuntos y algunos lo sustituirán por el halloween. Por primera vez en la historia de la humanidad las familias no tendrán un punto de referencia en el que encontrar los restos y el monumento al que acudir para rezar, reconducir la memoria, entrecruzarse sus descendientes a lo largo de las generaciones.

¿Es por pura comodidad y economía o, por desidia religiosa? Señalo algunas preguntas desde el punto de vista de la comunidad creyente. ¿Tienen en cuenta los familiares el sentido y los efectos que pueden tener ese voleo de cenizas por mar, tierra y aire? ¿Son conscientes de que el difunto se mantiene en vida, sigue amándoles y se ha encontrado ya con el Dios de la vida? ¿Sienten la nostalgia del futuro? ¿Rezarán por sus difuntos y por ellos mismos conscientes de que van a morir? Consideremos que al dar un sentido a la muerte, estamos dando un sentido a la vida.

 

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