Lunes 18 de Noviembre 2019

TAN LEJOS, TAN CERCA

Por: Santos Urias 07-09-2016

Me llamó mi amigo Alejandro desde México.

 Era un día de esos que los medios no funcionaban demasiado bien. La voz entrecortada, los continuos: “oye, oye”. Al final me envió un audio. Su voz serena, y sus palabras sencillas pero agradecidas. Me decía lo que para él había supuesto que siempre hubiera estado ahí: sin juzgar, acompañando, dialogando, escuchando… Momentos difíciles, sombras. Celebraciones, disfrute, fiesta. Sus palabras conmovieron estas entrañas que se debaten entre el barro y lo sublime. Nadando en las pobrezas propias y ajenas. Lo que mi hermano Alejandro me estaba recordando, casi sin darse cuenta, es que lo más parecido a como Dios nos trata es como el sentía que yo le había acompañado: sin juzgar, escuchando, confrontando y, siempre, siempre, queriendo. Su voz en ese audio descubrió en mi corazón esas flores que crecen en las basuras, ese milagro de poder rezar sabiendo que es el Señor el que nos hace portadores de su capacidad de comprender, de compadecer, a veces sin ser conscientes del todo.

Tú seguirás cantando a la belleza, a los ojos que te miran, a los que vienen con el sol, al Dios que te conforta. Yo pondré el altar de una ofrenda sincera, agradable, con cuerpo y sangre en tiempo real. 

Tan lejos y, sin embargo, tan cerca. Como la distancia; como el propio Dios; como el tiempo; como lo que nos enseña cada día la vida.

 

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