Miércoles 23 de Octubre 2019

En el umbral de un año nuevo

Por: Juan María Laboa 30-12-2015

Hay un Dios en el cielo

 y un día tendremos que darle cuenta. Nuestro tiempo solo tiene dos puntos de referencia: el momento en el que uno es creado y cuando el Señor viene a buscarnos. Mientras tanto, a menudo, nos olvidamos nuestro origen y nuestra finalidad, actuamos  como si todo dependiera de nosotros, desconsideramos la creación y nos creemos que vamos a vivir eternamente.

Estamos tan acostumbrados a recrear la realidad y a disfrazarnos para los demás que, al final, nos disfrazamos para nosotros mismos. Sin embargo, aunque la división en meses y años constituye una convención, el fin de año constituye un recordatorio de que el tiempo es escaso, pasa rápido y nos vamos acercando al momento de la verdad. 

La vida siempre ofrece nuevas oportunidades de regeneración, de búsqueda de la verdad, de encontrar la amistad y el amor, de colaborar  en el permanente esfuerzo por una sociedad mejor. El examen de conciencia nos ayuda a conocernos más, a descubrir nuestros engaños, a potenciar nuestras buenas cualidades, a ser más generosos y, sobre todo, a amar más y mejor.

Nos encontramos rodeados de masas de personas, pero solo reconocemos a aquellos a quienes amamos. Si nuestra capacidad de amar es escasa o egoísta reconoceremos a pocos y nos encontraremos solos, pero si somos capaces de amar y entregarnos con generosidad, el mundo será nuestra familia. El Evangelio de Jesús lo anuncia  con estruendo: se hizo humanidad y murió por nosotros.

Reflexionemos con el poeta: el tiempo es demasiado lento para los que esperan, demasiado rápido para quienes tienen miedo, demasiado largo para los afligidos, demasiado corto para los alegres, pero para quienes aman, el tiempo es la eternidad.

 

Que seamos capaces de contribuir en un año mejor.

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