Miércoles 23 de Octubre 2019

REZAR

Por: Santos Urias 21-12-2015

Me gusta rezar.

Desde el silencio, con la palabra. Rezar iguala. No sé de tu procedencia, de tu estatus social, de tus miserias o de tus fortunas. Tampoco de tus ideologías, esas que tantas veces separan, juzgan o prejuzgan: que sabio fue Cristo que no ideologizo su mensaje, sino que lo encarno en el terreno de lo más humano, en las entrañas de la vida, en el mundo de los afectos, del perdón, de la sanación integral. Rezar nos pone en juego: ya no es hablar de los otros, somos nosotros los que nos descalzamos ante Dios y allí en lo escondido danzamos la danza de la transparencia y de la verdad. Cara a cara. Rozamos lo sagrado, aceptamos la miseria, gustamos la belleza. 

Cuando el templo queda vacío y unas cuantas personas oramos por sus rincones, siento la fuerza del universo. Ese motor que no es el motor de los intereses creados, del ogro de nuestro vecino, del miedo de nuestros miedos. Es la maquinaria de la confianza, que activa la escucha. Sólo se puede oír el rumor de los ríos si permanecemos callados. Disparates, incoherencias, tenebrismos, incertidumbres. Sólo Cristo salva. No esperes otros profetas. Para nosotros la luz ya está: presente, muy presente, tan presente…

Rezar iguala. Corazones en búsqueda. Espíritus inquietos. Manos abiertas orientadas hacia un mismo Dios. 

 

 

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