Domingo 17 de Noviembre 2019

BILLETE DE IDA Y VUELTA

Por: Santos Urias 02-10-2015

Si te miro,

así frágil y oxidada, viajo. Viajo al borde de mi mismo. Alimento las sombras de mi silueta. Me veo en las voces de la noche, recónditos misterios del subconsciente, diálogos con la almohada o con ese ángel de la guarda que reposa en el cabecero de cada cama. Viajo a las dunas de Marruecos, al Paris de Montmartre, al Danubio de Buda y de Pest, a las ensoñadoras montañas de la Capadocia, al silencio de los templos faraónicos… Tú no recuerdas. Tus viajes ahora van del supermercado a la Iglesia. Pero tus manos deformes son el testigo y la llave del tiempo. En ellas queda el polvo del desierto y el agua de los ríos. Cuando te veo con el miedo de no saber, de no poder, me nace la ternura más atroz. Me enfado conmigo mismo porque quiero seguir rodando por el mundo, pero falla la maquina. Sólo queda combustible para la mirada, para la caricia, para el corazón. Viajo como un polizón entre mi sangre, sabiendo que este puerto siempre me llevará a la raíz. 

Que dicha poder seguir viajando. La sabiduría más profunda es la de aquel que se atreve a ponerse en camino, a salir de sí mismo, a comprender o admirar lo que otros no entienden o no agradecen. 

 

Por eso si te miro viajo. Tan lejos como me pueda llevar la imaginación; tan cerca como una carne guisada o un pescado con patatas. Con billete de ida y vuelta. 

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