Sábado 16 de Diciembre 2017

LGTB

Por: Alfonso Carcasona 27-06-2015

El Tribunal Supremo de los Estados Unidos

ha fallado esta semana reconocer los matrimonios homosexuales como legales. Es decir, todos los estados deben reconocer y celebrar la unión entre dos personas del mismo sexo.

Ello ha provocado una pequeña conmoción en el mundo católico, que me hace reflexionar sobre este asunto.

Como católico de base, me hago las siguientes preguntas:

1.- El matrimonio homosexual ha sido legalizado por una decisión de este mundo, por una resolución de un órgano del estado, la corte suprema. Tras la misma, tiene la misma validez que un matrimonio civil heterosexual, es decir, reconoce los mismos derechos y obligaciones a los cónyuges con independencia de que sean del mismo o de distinto sexo. Poco podemos decir los católicos en una cuestión que parece atañe más al César que a Dios, ¿no?

2.- El matrimonio católico, como sacramento, no está en cuestión. Una unión civil de dos personas que deciden no prometer su compromiso delante de Dios, sino solo ante los hombres ya ha recibido el nombre de matrimonio y es comúnmente utilizada por todos. Entenderé la discusión si algún estado trata de imponer su jurisdicción en el magisterio de mi iglesia.

3.- Probablemente deberíamos abrir un debate para analizar la trascendencia que tiene el amor en los matrimonios que se celebran hoy en día, su compromiso, con independencia del sexo de los contrayentes, así como la preparación de los padres para recibir y educar los hijos que en su caso vengan a este mundo. ¿Por qué los católicos no nos preguntamos qué debemos hacer para que nuestros matrimonios sean agradables a los ojos de Dios? ¿cuál es el compromiso que asumimos? ¿cuántos matrimonios católicos se rompen hoy? ¿o son infelices? ¿cuántos hijos vienen hoy al mundo de padres no preparados para ello? ¿por qué no trabajamos más en la preparación de los mismos? ¿por qué no ponemos en el centro del matrimonio al Amor?

Quizá estas preguntas sean más importantes para los católicos que una decisión sobre los matrimonios civiles, sobre los que ya no teníamos ninguna jurisdicción…


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