Sábado 16 de Diciembre 2017

Panteón de hombres ilustres

Por: Alfonso Carcasona 13-02-2015

Siendo un país carnita como somos,

el concepto de erigir un panteón para el enterramiento de hombres ilustres pudiera parecer una aventura hartamente atrevida.

Sin perjuicio de ello, en el siglo XIX se trataron de construir un par de ellos (¿por qué no uno? ). El primero en la Iglesia de S. Francisco el Grande y el actual pegado a la Basílica de la Iglesia de Atocha. 

Ninguna de las ideas ha cuajado. El panteón actual es un edificio precioso, diseñado por Fernando Arbós para recordarnos el conjunto arquitectónico de Pisa. Desafortunadamente no hemos sido capaces de darle la importancia debida y se encuentra escondido entre dos calles insulsas de Madrid, tapado por feos edificios y árboles sin cuidar.

El interior resulta de lo más desangelado. Seis españoles ilustres descansan en él, políticos del siglo XIX. Además en un pequeño mausoleo descansan otros siete. Diminuto bagaje para un país con la historia del nuestro. Las altas y amplias paredes están desnudas de reconocimientos a los muchos personajes ilustres de nuestra historia. 

Canalejas, Sagasta, Eduardo Dato, el primer marques de Duero, Cánovas del Castillo y Antonio de los Ríos Rosas, todos conocidos por los madrileños por dar nombres a algunas de sus más conocidas calles (que ya es triste ser solo conocido por eso)  son los principales moradores de los bellos catafalcos esculpidos por Mariano Benlliure, Agustí Querol y Pedro Estany. 

En el primer intento se encargó a la academia de la historia que determinase quien podría ser acreedor a descansar en este panteón. 

¡Qué bonito sería si los españoles fuésemos capaces de olvidar nuestras rencillas y reconocer a los personajes importantes de nuestra historia! No solo políticos (que también los hubo importantes por mucho que la mediocridad de los actuales nos pueda desanimar a pensarlo), sino muchos otros personajes que han contribuido a labrar la historia de no solo nuestro país, sino que han tenido influencia en el devenir del mundo. Ojalá nos pudiésemos quitar los complejos y los prejuicios que impedirían ver reconocidos en el panteón a personajes de diferentes ideologías, credos, pensamientos o corrientes, políticas, artísticas, religiosas o literarias.

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