Miércoles 21 de Noviembre 2018

El significado del Belén

Por: Alfonso Carcasona 06-01-2015

La llegada de sus majestades los Reyes Magos de Oriente marca el final de las fiestas de Navidad.

La actual tradición de colocar un pesebre en nuestras casas nació hace casi 800 años en Greccio. Allí se acercó Francisco de Asís, unos días antes de Navidad, y pidió a un amigo que organizase en la montaña un belén viviente. 

Desde entonces, las iglesias, los colegios, e incluso alguna ciudad y ayuntamiento, compiten en tener el belén más llamativo, invirtiendo en algunos casos buenas cantidades de dinero. También las familias cristianas engalanamos nuestros hogares con un conjunto de figuras más o menos extenso, más o menos creativo. Los que tenemos niños pequeños podemos utilizarlos a modo de catequesis, como se hacía en el Medioevo con las pinturas o esculturas. A medida que van creciendo el tamaño de los belenes se va reduciendo, hasta acabar en el Misterio, si acaso.

Leyendo la vida del santo, me ha llamado la atención el motivo por el cual Francisco pidió que se “montase” el belén. No fue para iniciar la bonita tradición que ha perdurado hasta nuestros días, ni por supuesto, para darse un capricho. La verdadera razón fue para poder “… sentir corporalmente, ver con sus propios ojos, la falta de confort y las necesidades del bebé que acababa de nacer…” Francisco quiso ver en su pesebre como “… se le daba a la simplicidad el lugar de honor, cómo era exaltada la pobreza, cómo se elogiaba la humildad, como en Greccio nacía una nueva Belén…”

Reconozco que nunca había mirado el pesebre de esa manera. Nunca había buscado en él la simplicidad del acontecimiento: la indefensión con la que viene Dios al mundo. Jesús no puede nacer de una manera más humilde, con más incomodidades. Eso es lo que quiso ver, sentir, Francisco al pedir que se representase la Natividad. No buscó figuras napolitanas, ni complejas construcciones, ni ricos ornamentos. Pidió a simples campesinos que figurasen el nacimiento en las frías montañas umbranas (imagino que el 25 de diciembre el tiempo sería gélido en Greccio).

Hasta hemos perdido el oremus discutiendo si de verdad había un buey y una mula en el nacimiento… si  nació en diciembre o en cualquier otro mes. Si había muchos o pocos pastores. Si los Reyes Magos existieron y una estrella les guió…

Hagamos que de nuestro hogar nazca cada año un nuevo Belén. Miremos al pesebre con ojos que nos permitan sentir su función: recordarnos cómo vino Jesús al mundo, su simplicidad, su pobreza, su humildad.  

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