Viernes 22 de Noviembre 2019

EL EGOLA

Por: Santos Urias 17-10-2014

No, no está equivocado.

Este es el virus más letal y contagioso. El que nos aísla de la gente, el saca lo más bajo de nuestros ser, el que vive anclado en el miedo. Claro que es comprensible, tanto como que forma parte de nuestra condición y no seré yo quien se convierta en juez de los sentimientos de nadie. Pero también conviene conocer nuestras amenazas, aquello que nos hace débiles como personas y como sociedad.

El espectáculo de estos días hablaba un poco de eso.

Situaciones que nos desbordan y que más allá de las legitimas responsabilidades que se puedan exigir, nos recuerdan que no somos dioses, y que la naturaleza se encarga constantemente de ponerlo ante nuestros ojos aunque sea con realidades tan duras y crueles como la de la enfermedad y la muerte. 

Insensibilidades que son el exponente de nuestra humanidad: El ébola existe si entra en mi casa. Pueden morir cientos de miles en África ante la indiferencia o la pena inerte ante un televisor, pero si una vecina enferma se activan nuestras defensas. ¿Solidaridad? ¿Miedo? Una enfermedad de décadas que sólo se tomán en serio las organizaciones y las farmacéuticas cuando llama a nuestra puerta en forma de epidemia. (¿Dónde está la malaria?)

Recordarnos con rostros concretos que los profesionales tienen mucho de vocación y de servicio. Médicos, enfermeras, auxiliares, limpiadores, misioneros, religiosas, cooperantes, gente de a pie… Aquí o allá. Los que se dejan rozar con la prudencia del sentido común, pero sin que el miedo a vivir les atenace.

Sigue sorprendiéndome ver gente durmiendo en la calle, niñas embarazadas sin futuro, abuelos en las residencias o en las viviendas solos, con la única compañía de un botón rojo, alarma de una sociedad en destrucción. Y en las redes manifestaciones, mensajes, un movimiento ciudadano que lucha por la vida de un perro. Amo la naturaleza y me encantan los animales. Especialmente verlos en libertad, como a las personas. Y creo en la defensa de sus derechos. Pero no comprendo lo segundo y que ante lo primero miremos hacia otro lado. Quizás es más fácil acariciar a un cachorrillo que visitar a una abuela. 

El egola se contagia con facilidad. Pero existe vacuna: la “sensibilicina”. Despertar nuestra sensibilidad; escuchar, mirar, comprender, aceptar, compartir, darse cuenta que los problemas de los demás son mis problemas. Dosis de ternura para sanar nuestras heridas.

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