Miércoles 21 de Noviembre 2018

VIERNES DE CUARESMA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 18-04-2014

"Cuando ayunéis, no desfiguréis vuestra cara como los fariseos..."

 El Maestro lo dice muy claro. No es cuestión de cumplir un rito para cubrir el expediente… “El hombre no se hizo para el Sábado sino el sábado para el hombre”. El ayuno no es el fin en sí mismo, más bien parece un instrumento. “Perfumaros la cara, que no se os note que ayunáis…”. Sin lugar a dudas, Jesucristo pide ir aún más allá del simple hecho superficial de ayunar y con ello esperar la aprobación de los demás. El premio no debe estar en los demás sino en uno mismo, en el mundo interior del que ha ayunado…

En otro Evangelio reconoce el valor de la anciana sin recursos que da una limosna, que da de lo que no tiene… Me recuerda a aquella frase de la Madre Teresa de Calcuta: “Da hasta que duela”.

La Iglesia nos propone la preparación a la Semana Santa durante la Cuaresma, y nos sugiere un sacrificio para dar sentido a esta preparación. Este sacrificio se ha traducido en “no comer carne”. Y a menudo se entiende como comer unos langostinos en vez del bocata de chopped, o un buen rodaballo al horno o unas cocochas de merluza en vez de unas salchichas o unas “pecaminosas hamburguesas”. ¿Realmente nos va a purificar esta preparación para la Semana Santa?

Conocí el otro día un instrumento para financiar proyectos de diferentes ONG llamado “Ufeed” (www.ufeed.org ). ¡Muy original! Por medio de una aplicación en el móvil (las famosas app), puedes ir haciendo pequeños sacrificios con un objetivo. Por ejemplo, pulsas el icono del café de media mañana cuando decides renunciar a él, y automáticamente te cargan el precio del café en tu tarjeta (¿1,20 € o algo así? Que le pregunten a Zapatero…). Y así, vas ahorrando las palomitas del día que vas al cine, o el refresco del sábado, para ayudar a una ONG a comprar medicamentos para la malaria, para rehabilitar a los malnutridos o para becas escolares. Un sacrificio mucho más valioso que el de no comer carne. Te cuesta más, porque te quedas sin el café, pero el ahorro es real (el donativo no sale de lo que te sobra, sino directamente de tu sacrificio, y para un objetivo concreto).

El día que nuestra Iglesia empiece a proponer la utilización de instrumentos como éste en vez de dar continuidad al “rito del pescado del viernes de cuaresma”, habremos avanzado un peldaño más en el camino de la ansiada renovación y de la coherencia frente a ese ayuno que podría llegar a asemejarse en ocasiones al de los fariseos.

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