Martes 12 de Noviembre 2019

Conmemorar en tiempos revueltos

Por: Juan María Laboa 10-04-2011

Todos tenemos a punto el programa de Semana Santa. Queremos disfrutar a tope de estos días y

nos disponemos a visitar nuestra segunda casa o a viajar a esos lugares que nos encandilan, o esquiar, tomar el sol y conocer ciudades. Son días de vacaciones, de descanso merecido, de interrupción de tareas.

 

Sucede que estos días coinciden con una de las conmemoraciones cristianas más significativas, los días en que recordamos con una liturgia que nos viene de los primeros siglos la muerte y resurrección de Jesucristo. En multitud de pueblos los acompañan de actuaciones que subrayan llamativamente la simbología litúrgica, atrayendo turistas y paisanos emigrantes: tambores, empalamientos, azotes, representaciones teatrales.

Sin embargo, poco a poco, el turismo, el descanso, la pereza, tienen más importancia que la razón de ser última de esta semana, empobreciendo nuestra experiencia cristiana y privando a nuestros jóvenes de puntos de referencia importantes para su identidad cristiana.

No resultaría difícil, sin embargo, compaginar ambos intereses colectivos y personales. Está claro que no volverá a repetirse el ambiente de tristeza y austeridad (y aburrimiento) que acompañaban estos días hace unos decenios, pero tampoco resulta necesario ni, probablemente bueno. Una conmemoración participada de la misa del jueves santo, en la que recordamos la institución de la eucaristía, de los ritos llenos de fuerza y emoción del viernes santo y de la alegría de sentirnos involucrados en la resurrección de Cristo, el domingo de Pascua, puede perfectamente compaginarse con el descanso gozoso de la vacación. El sentirnos creyentes en momentos tan especiales enriquece nuestra vida y fortalece nuestras creencias y sentimientos. Los jóvenes, por su parte, necesitan introducir en su vida estos signos y celebraciones que jalonan los tiempos del año y que forman parte de nuestra fe y de nuestra cultura.

El amor de Dios se nos ha dado. Está ahí, a nuestro alcance. Podemos gozarlo o no, aprovecharlo o no. Depende de nosotros. Una vez más, podemos elegir entre lo que es correcto, lo acorde con un sentimiento religioso que renueva una historia que forma parte de nuestra vida, y lo que es fácil, es decir la pereza de la rutina.

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