Viernes 22 de Noviembre 2019

PONTE LAS PILAS

Por: Santos Urias 09-12-2013

La alegría gira en torno a María.

Una anciana de noventa y dos años pequeñita y graciosa. Cuando llamo a su puerta, si es que me oye, sale con su paso entrecortado a abrir y entre suspiros, diciendo: que bien D. Santos, que bien. 

Conversamos de todo y de nada, mientras me toma de la mano y notos sus arrugas en mis dedos. El tiempo es un peso que libera de esclavitudes y que te confronta con más de una verdad. Pero también se convierte en una carga, la que los años van poniendo en tus facciones, la que curva tu espalda y tu corazón, la que te hace sentir que las cosas se acaban. Porque llega un momento en que la pregunta suena: ¿por qué sigo aquí? Y se van desplegando unas alas. Todos las tenemos, pero a veces se quedan enganchadas en nuestros miedos o en nuestra autosuficiencia y no nos dejan volar. Pero si no, es como la larva que va engendrando esa fantástica mariposa. María esta alumbrando algo en sus entrañas, aunque ya no es fértil. Fértil para dar hijos, porque su sabiduría es como un bosque de historias y de experiencias. Sólo hay que tener tiempo para disfrutarlo. Ese que nos falta y que a ella le sobra. 

Se ha ido desprendiendo de todo: de su marido, de sus dos hijos, de su juventud, de su belleza, de su trabajo. Por no tener no tiene ni televisión, ni tan siquiera una radio. El otro día fui a comprarle una, un pequeño entretenimiento que le ayude a llevar las largas tardes de invierno. La dependienta me enseño algunas, y yo le insistí en que me diese la más sencilla, y le hablé un poquito de María. Me miró y me dijo: las pilas las pongo yo. Para mí fue otro signo de la grandeza que encierra la vida de los otros. Pilas para María, pilas para un mundo que se embellece cuando miramos a los otros con ternura y con admiración. 

 

Adelante, pongámonos las pilas. 

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