Sábado 16 de Diciembre 2017

COMO NO PODIA SER DE OTRA MANERA

Por: Santos Urias 24-11-2013

Se ha convertido en una coletilla recurrente.

Políticos de todo signo y pelaje, juristas, locutores de televisión, periodistas varios, teólogos y filósofos, deportistas y cantantes, gentes de lo público y de lo privado, añaden la coletilla y sentencian: “como no podía ser de otra manera”. Siempre me sonó rara esta expresión, sobre todo porque no conozco casi nada que no pueda ser de otra manera. Pareciera que un pensamiento único no sé si razonable o irracional tiende a instalarse en nuestros discursos y lo que es más difícil de digerir, un determinismo ético que no siempre es crítico y que se expande con tintes de modernidad y progreso. 

Coincide que acabo de terminar de leer un clásico de Viktor Frankl, El Hombre en Busca de Sentido. Al final de sus páginas habla de un pandeterminismo que no se corresponde con el espíritu que el descubrió en sus investigaciones y experiencias: 

“Todo ser humano posee la libertad para cambiar a cada instante. Podemos predecir el futuro de un hombre dentro del amplio marco de un estudio estadístico, pero su personalidad individual siempre resultará impredecible… Es preciso recordar que uno de los rasgos de la existencia humana es precisamente su capacidad para elevarse por encima de esas condiciones y transcenderlas.” 

Siempre podemos decidir: a favor o en contra; equivocándonos o acertando; con tintes de maldad o con buenas intenciones; implicándonos o dejando que otros hagan por nosotros. Capacidad de transcender, de mirar más allá, de valorar opciones. 

Pero la libertad es más comprometida, implica responsabilidad. Como dice el autor antes citado: “Yo aconsejo que la estatua de la Libertad en la costa este de los Estados Unidos se complemente con la estatua de la Responsabilidad en la costa oeste.” 

 

Libertad, responsabilidad, transcendencia. La vida es elegir y cada elección es una expresión profunda de nuestra humanidad. Lo que hacemos, lo que dejamos de hacer, es un fotograma en la película que estamos interpretando, que estamos construyendo. Y todo bajo la atenta mirada del Director por excelencia, como no podía ser de otra manera. Ay perdón… 

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