Viernes 22 de Noviembre 2019

El buen pastor

Por: Juan María Laboa 22-11-2013

Todos los días del año la Santa Sede

anuncia el nombramiento de nuevos obispos, una de sus actuaciones más relevantes.  Para los cristianos los obispos en general son importantes, pero puede resultar decisivo el obispo de su diócesis particular. Y en esas estamos en estos meses en Madrid, con un obispo caducado y sin ninguna idea de su sucesor.

Los periódicos escriben del tema según sus criterios, los cristianos madrileños comentan y se preguntan, pero, en realidad, nadie sabe nada.  Hay algún nombre presente en todas las quinielas y otros aparecen y desaparecen. Obviamente, no nos parece nueva la situación, pero cada día resulta más sorprendente e inaceptable.

De hecho, buena parte de los cristianos consideramos anacrónico y cristianamente insostenible que una comunidad de adultos, bautizados, responsables de su fe y de la marcha de la Iglesia, no tengan ni voz, ni opinión ni voto, es decir, en ningún atisbo de participación, en algo que les atañe tan personalmente.

Da la impresión, a veces, que lo importante no consiste tanto en elegir al mejor para una comunidad concreta, sino en satisfacer los deseos de un cardenal o a un obispo amigo, en agradecer servicios prestados o fidelidades pasadas, en solucionar  un problema existente en otra diócesis que no tiene nada que ver con la vacante de marras.

Me pregunto en este momento con una cierta inquietud si  Roma busca el perfil adecuado para animar y fortalecer una diócesis desesperanzada o si se contenta con resolver la situación de un obispo ya amortizado. “Todos somos Iglesia” afirmó el papa con fuerza, señalando a los asistentes de la última audiencia pública en la plaza de san Pedro. Pronto  tendremos ocasión de comprender el sentido de la frase.

Mientras tanto, llama la atención el silencio de los sacerdotes y laicos madrileños. ¿Cómo es posible que no nos reunamos en las parroquias para expresar nuestros deseos y esperanzas, para proponer el perfil y, tal vez, el nombre deseado? ¿Será que no nos importa o que el  sistema de elección habitual ha conseguido que no nos sintamos comprometidos?

Ni siquiera nos reunimos para rezar que sea elegido un buen obispo. ¿Hemos perdido toda esperanza? ¿Sospechamos que da lo mismo uno que otro? Sin embargo, vivimos un momento especial en la Iglesia, el papa Francisco ha hablado muy claro sobre el perfil exigido para ser un buen pastor, y debiéramos considerar que nuestras voces, por débiles que resulten, pueden ser escuchadas.

 

 

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