Martes 17 de Octubre 2017

Desde lo más alto

Por: Jose Maria Marquez Vigil 11-11-2013

El evangelio de la semana pasada,

con Zaqueo subido a la Higuera para ver mejor a Jesús, siempre me recuerda al funeral de Kamuzu Banda en Malawi.

El Dr. Banda dirigió este pequeño país africano durante más de 30 años, desde su independencia en los años 60 hasta finales de los años 90. Cuando falleció, el funeral en un parque público de Lilongwe, la capital del país, era un acontecimiento que no me podía perder. Se trataba de un momento histórico en un país en el que llevaba viviendo ya varios años y pensaba seguir viviendo varios más. Así que me dirigí a la ciudad y llegué al parque unas horas antes de que tuviera comienzo, pero estaba ya totalmente lleno con personas que llegaban andando o en transporte público desde los cuatro puntos cardinales. En un país en el que el “maliro” o funeral es un acto sagrado al que no se puede faltar, el pueblo quería ir a despedir a quien durante tantos años había sido el Padre de la Patria. Me hice un hueco como pude, y cuando iba a dar comienzo, como no veía muy bien, me subí a lo alto de una acacia desde cuya rama principal tenía una vista espléndida. Y entonces empezó a mirarme la gente y a señalarme con el dedo. “¡Azungu!”, gritaban entre grandes carcajadas mientras señalaban al “blanco” de todas las miradas que trataba de seguir el evento desde lo más alto, como tantos otros malawianos. Yo trataba de hacerme invisible, pero supongo que no ayudaba ni mi tamaño, ni el hecho de ser uno de los poquísimos blancos presentes, y por supuesto el único europeo que estaba sin corbata, el único que no estaba en el palco, el único descalzo y con barba y melenas al más puro estilo Woodstock 1969.

Enseguida enviaron a “mi árbol” a una patrulla de policía, y antes de terminar de bajar a toda prisa para escabullirme, ya me habían rodeado y se me acercaba su corpulento capitán. Me pidió muy amablemente que le siguiera, y cuando ya le ofrecía mis manos desnudas para que me pusiera unas esposas, o que me las cortara si quería, vi para mi asombro que me dirigían al palco principal y me ofrecían allí mismo un asiento para compartir con ellos en primera fila su dolor, y acompañarles con mis oraciones.

No creo que hubiésemos reaccionado de igual modo con un africano subido a una columna de la Almudena durante el funeral de un Jefe de Estado español. Lo más probable es que en cuestión de segundos le habrían detenido, le habrían pedido los papeles, y no le habrían acompañado al palco de las autoridades sino que le habrían dirigido derecho al CIE.

 

Zaqueo agradeció enormemente que Jesús se fijara en él y se comprometió a repartir la mitad de sus bienes. A ver si consigo algún día llegarle a Zaqueo a la suela de las sandalias, pero de momento tan solo he conseguido mostrar mi agradecimiento a los africanos repartiéndoles la mitad de mi tiempo. Ellos en cambio han compartido conmigo algo mucho más valioso, su hospitalidad, sus valores, su respeto por el prójimo, y el conocimiento de que en África, tener un color diferente de piel solo significa que probablemente tienes algo nuevo que enseñarles. Como ellos a nosotros…

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