Martes 12 de Noviembre 2019

PARA PODER VER

Por: Santos Urias 19-09-2013

Quitándonos el polvo de las vacaciones.

 Un tiempo tan necesario que hasta el mismo Dios descanso para poder contemplar, para gustar, para ver con perspectiva. Saber que somos necesarios nunca imprescindibles. Calibrar los esfuerzos, los afectos. Soñar, reír, llorar; momentos para la soledad y el silencio, y para la música y la danza. 

Visitamos una isla de las Canarias. Todo te lo venden envuelto de sol y de playa, regado por ingleses, alemanas, relaciones públicas que bien podrían ayudarnos en esto de la evangelización. Sólo algunos alquilan un coche en esos días, y de esos algunos otros pocos se aventuran a tomar las carreteras de las montañas. Curvas y más curvas: subidas, bajadas y unos barrancos que quitan la respiración. Vas pasando pueblos y en cada uno descubres una pequeña curiosidad, un pequeño regalo; cada vez menos gente, cada vez más lejos. 

Fataga, el Roque del Nublo, el Roque de Bentaiga, y allí al fondo, con Unamuno mirándonos a los ojos, Artenara. Asomados en aquel mirador sólo se respira la piedra, el mar de piedra que diría el poeta; la isla que como un réptil se sacude las nubes y se expone al sol y a la brisa del mar. 

Mareados para llegar hasta aquí, pero como todo en la vida, un esfuerzo que compensa con creces el momento, la visión. Esas manos del alfarero que modela su barro, nos recrea y nos recuerda que está aquí, que sigue aquí, que nunca se ha ido, que sólo hay que saber mirar. 

Me sumerjo en el trabajo: vuelta a las tareas. Me preparo, vienen curvas. Desde este mirador todo se contempla mejor. 

 

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