Martes 12 de Noviembre 2019

La generación mejor formada

Por: Alfonso Carcasona 20-04-2013

No han transcurrido ni cinco años

desde que pregonábamos a los cuatro vientos que nos encontrábamos ante la generación mejor preparada de la historia de España. El estado del bienestar nos había traído la educación obligatoria, y nos pavoneábamos de nuestro sistema educativo, en el que quien más quien menos hablaba dos idiomas, además, por supuesto, y ante todo, de la lengua vernácula de su región, comunidad autónoma o país (la de ríos de tinta y tiempo perdido en este asunto).

Nos empezamos a pelear acerca del sistema educativo, que si la LOGSE, que si la LOSE y no sé cuantas otras abreviaturas. Cada partido que llegaba al poder cambiaba un poco el sistema educativo, adaptándolo a su ideología. Luego vino la discusión acerca de la asignatura de “educación de la ciudadanía”, y la proscripción de la asignatura de religión, ya una maría de por sí. 

Y empezaron los informes Pisa a enfrentarnos con una realidad que parecía no queríamos ver, a pesar del deterioro de nuestra sociedad, desde el punto de vista moral y cultural: nos situaban a la cola de los países de nuestro entorno, sin capacidad de colocar ni una de las docenas de universidades que habían florecido en cualquier ciudad de nuestro país, con mayor intensidad, si cabe, que aeropuertos o estaciones de tren. Pero nuestros responsables siguen negando la mayor, y nadie está dispuesto a abordar un tema que sufrimos ya hoy, y que sin duda nos alejará del desarrollo en años venideros, en los que, además, tendremos que asistir a la emigración de los mejores, ante el panorama de mediocridad aumentado sobre nuestro país, estado o nación (ya me disculparán ahondar en el concepto, de los únicos importantes para los mediocres que nos gobiernan hoy).

Viene a cuento la anterior introducción acerca de dos hechos que me han estremecido en los últimos días. Zapeando el otro día confieso que me detuve 4 minutos en un programa que consiste en que le hacen una pregunta a una persona de la calle, quien apuesta a que otra persona de la calle la acertará o no. Y le pagan si acierta. Pues bien, la pregunta era difícil: “¿quién mató a Abel?”. El concursante imagino que se veía con los 3.000 euros de premio en el bolsillo, y apostó porque la persona a la que se lo preguntasen lo acertaría. Pues bien, pararon a un grupo de chicas de 18 años. La más avispada, supongo, de ellas, fue la que tomó el mando. Estudio segundo de bachillerato y cuando acabe quiero ser policía. Es decir, una persona que lleva estudiando 14 años, preparada para iniciar su carrera profesional. Pues bien, su primera respuesta, entre risitas, es que no le sonaba de nada. Le dieron una pequeña pista, el Abel de la Biblia, ante lo que respondió que ella, de religión, ni idea. Ante la insistencia en que dijese un nombre, soltó… “pues no sé, Jesucristo…”, para consternación del abuelillo concursante, que veía esfumarse su dinerete. Todo entre las risitas de las amigas y del conductor del programa, y ante la vergüenza ajena que debemos sentir los españoles ante semejante demostración de incultura y de dinero tirado a la basura en el caso de todos los años de educación de esta compatriota. La generación mejor formada…

El segundo hecho me lo contó un colega bitacoriano. Resulta que en un colegio en Donosti han decidido que la asignatura de química no aporta nada a sus alumnos, y por lo tanto han decidido sustituirla por una de mayor calado, “historia de la literatura de Euskalerría”. No cabe duda que no saldrá ni un solo ingeniero químico de ese colegio, ni nadie que pueda leer un prospecto de una medicina, pero tendrán un conocimiento que nadie más tendrá en el mundo: el de literatos que hayan desarrollado su obra en euskera. Con ello seguro que contribuimos a una sociedad mucho más culta. 

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