Viernes 22 de Noviembre 2019

Creer y ver

Por: Xabier Azcoitia 06-04-2013

El "ver" y el "creer" son dos acciones fundamentales

respecto a Cristo resucitado. La exigencia de Tomás tiene en Juan la función de crear las premisas para la enseñanza que Jesús dirigirá a toda la Iglesia (20, 29).

Recuerda también que, frente a los no fáciles signos de la presencia de Dios en la historia, hay que saber atender y ponerse al acecho de ella 

sin rechazarla. Jesús se revela siempre, más pronto o más tarde, y a cada uno según su propia manera de ser. Para todos cabe la posibilidad de acercarse al misterio y a Cristo revelador, con tal que se abran y se muestren dispuestos.

¿Qué añade de novedoso este texto respecto a las escenas anteriores? Juan pretende mostrar cómo Jesucristo resucitado conduce a los discípulos y a los futuros creyentes después de ellos a la madurez en la fe: creer sin ver, basándose únicamente en el anuncio de los primeros testigos. [...] Las palabras de Jesús son una clara invitación a crecer en la fe superando la etapa de lo sensible para entrar en la visión de la fe. Es menester despojarse de lo superfluo y de la pretensión de ver para realizar una verdadera experiencia de Cristo glorioso. [...] Juan no nos 

dice si el apóstol respondió a la invitación del Maestro de tocarlo y de poner las manos en sus cicatrices. Basta el encuentro con Jesús y su presencia para hacer que Tomás llegue a la profesión de fe, después de haber hecho un cambio radical en su vida, con estas palabras: ¡Señor mío y Dios mío! Estamos frente a una confesión de fe explícita y directa en la divinidad de Jesucristo, la más elevada de todo el evangelio. Efectivamente, el evangelio se había abierto con este solemne reconocimiento de la divinidad de Jesús (cf. 1, 1); ahora se cierra de la misma manera. Jesucristo ha sido el verdadero pedagogo que ha ido conduciendo a sus discípulos en el camino 

de la fe. [...] Es creyente aquel que, superando las dudas y las pretensiones de ver, acepta el testimonio autorizado de los que han visto. El signo que conduce a la fe no es ya objeto de visión directa, sino de testimonio. Lo cual no significa que actualmente esté cerrada para los creyentes toda experiencia personal del Cristo resucitado. Todo lo contrario. A los creyentes se les ofrece ahora la experiencia de la alegría de la paz, del perdón de los pecados, de la presencia del Espíritu Santo. Pero la «historia» de Jesús tiene que ser aceptada a través del testimonio.

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