Martes 12 de Noviembre 2019

El drama de no ser creíbles

Por: J. Lorenzo 11-02-2013

Amargo despertar el de nuestra sociedad,

tantos años acostándose autosatisfecha, sin aceptar consejos de nadie, para levantarse ahora abatida por su convencimiento de que está inmersa en una crisis de valores, fruto de la cual le cuelga esta ristra de casos de corrupción que está siendo la comidilla mundial. Sí, sí, increíble, pero casi el 70% de los españoles cree que el espectáculo que estamos dando como país (ahora con la corrupción, pero antes con una crisis incubada al sol de la especulación) se debe a una falta de valores “morales y cívicos”. Si hace un par de años alguien hubiese citado en la prensa la expresión “valores morales”, enseguida le hubiesen acusado de ir a misa o algo peor.

Pero al final, la Iglesia tenía razón. Y mira que lo ha repetido veces. Esta crisis –ha dicho desde el Papa hasta el catequista de la parroquia más recóndita– tiene su base en una crisis que no solo afecta al bolsillo, sino que tiene que ver con aquellas otras moneditas del alma que se han ido perdiendo por el camino por no darlas al prójimo. Es una crisis fundamentada en el individualismo, máxima instancia ante la que se sacrifican nociones como las de justicia, equidad, solidaridad…

Sí, la Iglesia lo ha repetido hasta la saciedad, pero casi nadie la ha escuchado. Es este uno de sus grandes dramas: lo que dice suena bien, pero como a los políticos honestos, ya casi nadie la cree. Una contradicción que apunta también a que esa crisis de valores ha afectado a la propia institución, a la que la sociedad, en porcentaje nada desdeñable, ve con desconfianza por sus propias incoherencias. ¿Cómo podemos denunciar la corrupción si algo huele a podrido en las finanzas vaticanas, a pesar de los esfuerzos que, dicen, se hace por la transparencia? ¿Cómo podemos exigir más humanidad en nuestra sociedad cuando se conoce que grandes figuras eclesiásticas no fueron todo lo celosos que debían en el cuidado de los menores en casos de abusos sexuales?

El cercano tiempo de Cuaresma señala a nuestra sociedad el camino para iniciar su siempre necesaria purificación. No será tarea fácil. Para la Iglesia, la meta la ha marcado ya el Papa: “No se trata aquí de encontrar una nueva táctica para relanzar la Iglesia. Se trata más bien de dejar todo lo que es mera táctica y buscar la plena sinceridad”.

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