Domingo 27 de Mayo 2018

Gente corriente

Por: J. Lorenzo 04-02-2013

"Todos los cristianos deberían poder, al menos una vez en la vida, peregrinar a Tierra Santa",

 dice conmovido un sacerdote, compañero de viaje en estos días por los lugares que vivió y conoció Jesús. Es cierto. Seguir sus huellas por aquellos caminos, levantando los ojos para posarlos en el Evangelio y, de allí, volver a levantarlos para buscar el rastro entre los hombres, produce en el espíritu un efecto exfoliante muy positivo, sobre todo cuando se está expuesto más de lo recomendable a los vapores radiactivos de una fe asfixiada por el peso del rigor y la burocracia.

Por aquellas rutas me acompañan obras de especialistas de la talla de Florentino Díez o Joaquín González Echegaray. ¡Cuánto bien han hecho a la fe de tantos peregrinos anónimos! Por eso, me alegra descubrir en Galilea, gracias a la prensa regional, es decir, a El Diario Montañés (una auténtica bendición esto del wifi), la noticia del homenaje que Cantabria le acaba de rendir a González Echegaray, su ilustre y sabio paisano, del que tal vez lo que menos conocen, sin embargo, es su aportación a la arqueología bíblica, a la que dedicó fructíferos años excavando en Palestina y Jordania.

Ahora, cumplidos 82 años, sus vecinos quieren decirle a este sacerdote (¿cuántos de ellos sabrían de esa condición?) que le aprecian y respetan. Que ha hecho algo con su vida que les hace sentirse orgullosos de compartir terruño, que sacan pecho cuando oyen las cosas que otros, de otras latitudes, dicen de él, de sus estudios y publicaciones.

Ahora que la prensa nacional nos habla de las condenas en firme para que tal diócesis pague el IBI tras la denuncia de sus vecinos (¿cuántas veces nos tendremos que poner colorados?), o de la enésima petición del PSOE para acabar con los privilegios de la Iglesia (¡Jesús, qué pesadez!), uno solo encuentra estas pequeñas grandes noticias en provincias.

Allí aún se alegran por las cosas buenas que les pasan a la gente corriente, también a la de la Iglesia, y se reúnen para brindar un sencillo homenaje, con una comida o merienda pagada a escote, ante una jubilación o un aniversario sacerdotal. Sí, gente corriente, que no vulgar.

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