Viernes 22 de Noviembre 2019

Excesos de preocupaciones

Por: Alfonso Carcasona 17-12-2012

Vivimos en un mundo en el que se penaliza extraordinariamente al que no se preocupa.

Hace unos  pocos años, aunque la crisis que atravesamos haga parecer que fue en otra vida, la figura del triunfador era la del que no paraba quieto, el que tenía la agenda repleta de citas y reuniones, viajes diversos. El que se pasaba la vida creando negocios, riqueza, sin un minuto para algo que no fuese su empresa,  sus clases, su libro, su trabajo. Al que no le daba la vida, vamos. No teníamos tiempo para descansar, había que aprovechar todos y cada uno de los momentos.

 Hoy la crisis hace que dediquemos gran parte de nuestro tiempo a buscar cómo rellenar de manera productiva, según los estándares de nuestra época. No existen tantas oportunidades de trabajo como antaño, y negros nubarrones aparecen en nuestro futuro laboral. Además, la ciencia ha conseguido extender muchos años nuestra esperanza de vida, por lo que tenemos que construir almacenes más grandes para guardar el trigo que supuestamente nos deberá mantener cuando dejemos de producir. No podemos confiar tampoco en ser mantenidos por nuestros hijos, que bastante tendrán con salir adelante. ¿Y el Estado del Bienestar? Con la pirámide la de población invertida para los hijos del baby boom debemos contentarnos con que en algún momento deje de sangrarnos, más que pensar que algo nos devolverá.

Y dicho todo esto, nos volvemos al Evangelio, en concreto a uno de la semana pasada, Lc 21, 34-36, en el que Jesús equipara los excesos y la embriaguez a las preocupaciones de la vida. Nos advierte de que estemos prevenidos ante el día que debamos comparecer ante el Hijo del hombre, que puede ser hoy mismo. De la misma manera que reprende a Marta cuando atribulada se queja de que su hermana María no le ayuda en las abundantes tareas domésticas.

Embriaguez y excesivas preocupaciones, dos extremos que se tocan. Jesús no era un marciano que nos pidiese a todos contemplación absoluta. Pero nos reclama un balance en nuestras vidas, sin excesos de ningún tipo ante los asuntos del siglo.

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