Martes 12 de Noviembre 2019

Un lugar

Por: Santos Urias 01-06-2011

Busco un lugar. Detrás de la mesa o en el descansillo de la entreplanta.

Un lugar donde mirarme al espejo y reconocerme. Parece que el tiempo de locos se llena de dardos y de bilis que poco o nada tiene que ver conmigo. Unos y otros se parapetan detrás de sus miedos y de sus seguridades y se olvidan de la poesía de vivir.

 

El verbo hecho carne nos mira de reojo ante la verborrea descarnada que se expande en los mercados, en los mítines y en los púlpitos. La buena gente camina cada mañana, desayuna o ayuna, sale a pasear con los rayos del sol y, como la marea, viene y va al albor de los flujos de la luna.

Yo sigo olfateando un sitio. Me he quedado fuera de la foto, medio dentro medio al margen, abriéndome paso como puedo, cuidando de no pisar a nadie, jugando con los codos. He rastreado entre los amigos, compañeros de camino: muchos cansados han escapado del frio y de la soledad; otros complacidos se han dejado seducir por el “qué le vamos a hacer”… Y el “buscador” a tientas no quiere renunciar a la ternura ni a volar más alto.

¿Se ha perdido el lugar? ¿Tal vez lo han escondido? ¿O es que nunca ha existido? ¿Es un punto en el horizonte? ¿Un ciego espejismo?

Algo o alguien en el corazón me dice que no anda lejos. Tal vez se haga de rogar por aquello de la

utopía,

pero el viento del norte sacará la música y llenará de pájaros mis pupilas. Y si no me encontraréis roto al borde de un charco apurando las gotas de lluvia que el cielo con sus labios nos regala

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