Martes 12 de Noviembre 2019

La muerte

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-11-2012

Recuerdo hace muchos años cuando me enfrentaba a esta festividad que acabamos de celebrar.

 Los fieles difuntos y todos los santos... ¡Que mal gusto!, pensaba. Estaba bien lo de tener un día de fiesta o incluso, como en esta ocasión, un buen puente para disfrutar del campo en otoño. Pero lo de “Halloween”, las visitas al cementerio, y en sí toda la cultura de la muerte… Si gracias a Dios te toca de lejos, es muy desagradable, pero si tienes la desgracia de que te toque de cerca… ¡Peor todavía!

En aquella época estrenaron una película llamada “Opera Prima” en la que Oscar Ladoire le explicaba a Antonio Resines que tenía un problemas de eyaculación precoz. “Piensa en la muerte”, le decía Resines, y te dará el bajón de inmediato. ¡No podía estar más de acuerdo!

Pero ahora que está de moda hablar del “optimismo” como fuente de salud y éxito, ¿qué puede haber más optimista que el cristianismo? La muerte no como el fin, sino como el principio… ¡Qué envidia de los que lo tienen tan claro! Los “cristianitos” de a pie, como yo, nos lo queremos creer, lo entendemos, pero… Preferimos el trato al truco, o dicho de otra forma, negociar con los caramelos antes que enfrentarnos al desconocido “fantasma” que llama a la puerta. ¡Qué miedo!

La muerte… ¡Qué difícil de entender! Me recuerda a aquella época en la que vivía en Africa y nos desplazábamos a poblaciones que nunca habían visto un “msungu” (un blanco), y a unos bebés que llevaban toda su vida felices agarrados a su madre les metíamos un jeringuillazo. ¡Qué dolor! ¡Qué injusticia! Supongo que el bebé no podría entender la bondad de esa vacuna, como nosotros no podremos nunca entender que nuestro Padre en el cielo nos quite lo más valioso que conocemos, la vida…

El otro día recibí un email de un amigo. Creo que resume esta acepción de la muerte como principio mucho mejor que estas líneas, y por eso lo copio a continuación:

Conversación entre dos bebés antes de nacer.

En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro: 
-¿Tú crees en la vida después del parto? 
-Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estamos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.
-¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?
-No lo sé, pero seguramente... habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.
-¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por dónde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.
-Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.
-Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y, a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.
-Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.
-¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella?
-¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.
-¡Pues yo no creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto es lógico que no exista.
-Bueno, pero, a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir como acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?... Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella…”

 

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