Martes 12 de Noviembre 2019

Benedicto XVI dice no al fundamentalismo

Por: Juan María Laboa 30-09-2012

Hace dos semanas, en el avión que le llevaba a Beirut,

 el papa se encontró con los periodistas que le acompañaban según es costumbre en estos viajes. Quiero recordar alguna de sus afirmaciones porque me parecen significativas en un tema siempre doloroso y en un momento confuso como el que nos toca vivir.

“El fundamentalismo es siempre una falsificación de la religión” afirmó con rotundidad y decisión. Lo mismo afirmó poco después al hablar de la violencia. Se refería a todos los fundamentalismos, no solo al islámico y, de hecho, añadió que es “función de la Iglesia y de las religiones la de purificarse”. En efecto, toda religión acaba por tener la tentación de favorecer el fundamentalismo, y no solo cuando es mayoritaria y alcanza el poder, sino también, cuando son pocos y se encuentran marginados y excluidos. El fundamentalismo parece fortalecer la religión, pero en realidad, la debilita y la desfigura. En cristianismos, además, constituye una actitud antitética a la mantenida por Cristo.

Esta convicción la había repetido Ratzinger antes de llegar al pontificado. En su diálogo con el conocido filósofo Jürgen Habermas afirmó que “se dan patologías en la religión que resultan bastante peligrosas y que hacen necesaria la consideración de la luz divina de la razón como un órgano de control, por la cual la religión debe constantemente dejarse purificar y regular”. Esta defensa de la razón aparece con nitidez en su lección de Ratisbona que, una vez más, fue interesadamente mal comprendida y manipulada. Nosotros podemos afirmar que una religión razonable consiste en defender profundamente lo que se cree sin ser talibán.

En este mismo sentido, en una entrevista concedida a un periodista italiano en 2004, relacionó positivamente el cristianismo con la Ilustración: “Europa debe defender la racionalidad y en este punto nosotros los creyentes debemos agradecer la contribución de la laicidad de la ilustración, que debe permanecer como una espina en nuestra carne. Pero, también los laicistas deben aceptar la espina en su carne, es decir, el significado primordial de la religión cristiana en Europa”.

También dijo que hoy más que nunca hay que esforzarse por conseguir “hacer visible el respeto por las religiones”. No cabe duda de que el rechazo del fundamentalismo y la insistencia en el amor al prójimo como fundamento de las religiones, respalda y confirma ese respeto debido a la razón de ser y a la actividad de las religiones. “Una palabra común entre nosotros y vosotros es el amor al prójimo” comentó el papa, y nosotros podemos afirmar que todo creyente sincero y todo cristiano auténtico fundamenta su fe en el amor, en la fraternidad, en la solidaridad, en la razón y en la comunión con la creación.

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