Miércoles 21 de Noviembre 2018

¿Debe la Iglesia renunciar a algunos derechos?

Por: J. Lorenzo 21-05-2012

Se dice que el hambre agudiza el ingenio,

 lo que traducido a la famélica realidad de los ayuntamientos, les lleva a maquinar lo que sea para arañar recursos. Como al ciudadano le queda poco de donde aflojar, y además la indignación le asoma a flor de piel, los medios de comunicación les dieron la idea a las corporaciones: si, como dicen, la Iglesia no paga impuestos y vive en un paraíso fiscal, y además, tiene el mayor patrimonio inmobiliario del país, a pesar de lo cual el Estado –que recorta en sanidad y educación- costea la nómina de obispos y curas, ¿quién se va a oponer? Incluso los regidores, de los que van con el bastón de mando a misa y ponen cara contrita en las procesiones, podían imaginar en esa medida el aplauso de no pocos. Ni siquiera cuando se toparon de bruces con los Acuerdos Iglesia-Estado y la Ley de Mecenazgo se achantaron. Pues que paguen al menos por la retirada de la basura de las propiedades eclesiales que no estén dedicadas al culto, pensaron.

Pues en esas estamos, cada vez con más municipios que recaban estudios jurídicos para ver si esa medida puede llevarse a cabo. Y puede que esté bien que así sea en un momento de gran incertidumbre económica y social, con la amenaza de un “corralito” flotando en el ambiente. Al fin y al cabo, también eso es comunión de bienes. Pero, para ser del todo justos, la medida habría que aplicársela también al resto de instituciones que se benefician del mismo “privilegio”, y que los medios ocultan: partidos políticos, sindicatos, ONG, locales no dedicados al culto de protestantes, musulmanes judíos, embajadas… 

Quizás no sea el momento para que la Iglesia se enroque en una defensa numantina de unos derechos que, efectivamente, puedan ser vistos como un privilegio propio de otras épocas. El argumento de su legalidad es irreprochable, aunque las consecuencias para la pastoral puedan ser desoladoras. En este sentido, habría que valorar si lo que dejaron dicho los padres conciliares en la Gaudium et Spes, en el sentido de que la Iglesia “renunciará al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio”, tiene o no fundamento hoy.

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