Miércoles 21 de Noviembre 2018

EL ABISMO

Por: Santos Urias 14-05-2012

El otro día vino a charlar un buen amigo después de la misa.

Pasó a la sacristía y cerró la puerta. Antes de empezar a hablar sus ojos se llenaron de lágrimas y apenas podía articular sonidos con su voz. Me mantuve en silencio, sin intentar tapar con palabras lo que sin duda expresaban sus manos, su rostro, su piel… 

Poco a poco, se fue serenando y empezó por contarme lo que había sido una fuerte discusión familiar, no era la primera, pero esta había tenido unas dimensiones inusitadas y encima delante de sus hijos. De hecho estaba ahora en casa de sus padres y retomar el contacto con su esposa estaba siendo del todo imposible. 

Después me comentó que fruto de la desesperación se había metido en unos negocios para intentar resolver algunos problemas económicos inmediatos y que esto también le había salido mal. Más leña al fuego de su ánimo ya tocado y otro punto sensible a la hora de afrontar el tema familiar. 

Pero toda esta situación tan dura, tan dramática, sólo era el trampolín para el último salto. La verdadera desesperación, ese ardor en las tripas que le quemaba por dentro, era algo que hasta entonces no había sentido: “Le habló a Dios y no me contesta; no está, ha desaparecido. Le pregunto y no me responde. Es una sensación de vacío que jamás había experimentado”. Notaba el temblor de su voz y el temblor de alma. El miedo incontrolado, la atracción del abismo. Conversamos despacio, intentando poner nombre a tantos desalientos, buscando a ese Dios que cuando se esconde nos deja contando hasta cien y con los ojos tapados. 

Esta semana regresó por el despacho. Había vuelto a casa descubriendo en su hijo de once años el mejor mediador familiar que nunca hubiera pensado. Las perspectivas del trabajo estaban también más serenas, o tal vez él más tranquilo. Pero sus verdes ojos brillaban otra vez. La lectura de Job, como un bálsamo lo había acompañado en su recuperación, y con un abrazo sin muchas palabras sellamos la expulsión de este demonio y respiramos espíritu… que pentecostés ya está aquí, a la vuelta 

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