Miércoles 21 de Noviembre 2018

A cuestas con la identidad

Por: Juan María Laboa 12-05-2012

En muchas ciudades europeas el primer símbolo ciudadano es una iglesia

y muchas catedrales constituyen puntos de referencia histórico, cívico y urbano. Los campanarios se elevan con su correspondiente nido en pueblos, aldeas y ciudades. No cabe ninguna duda de que la civilización europea se ha forjado a partir de un alma cristiana.

En febrero y marzo, doce ciudades europeas, entre ellas Barcelona, celebraron la misión Metrópolis, con el fin de mantener la presencia de Dios en la historia humana, fijando los ojos en el Evangelio de Jesús con renovada atención. El núcleo consistía en invitar a leer el Evangelio de Marcos, el primero de los textos cristianos que explican la vida de Jesús, bajo el leitmotiv de la pregunta por su identidad. Es decir, preguntarse por su identidad y comprobar o preguntarse si la propia identidad consiste en la persona de Jesús.

La semana que viene se celebrará, también, en Barcelona, la fórmula del “Atrio de los Gentiles” en versión de Benedicto XVI y del cardenal Ravasi. Se trata de un diálogo inteligente entre razón y fe, arte y espiritualidad, modernidad y religiosidad. Hay mucha gente que vive una cierta frustración o, al menos, una cierta curiosidad al no saber integrar inquietudes y búsquedas espirituales con la fe confiada en Cristo. Nos encontramos rodeados de arte, música, pensamiento, arquitectura, historia que consideramos nuestras y que se relacionan directamente con el cristianismo. ¿Cómo conseguir que las dos almas de nuestra identidad se conjuguen y armonicen?

A menudo vivimos esa esquizofrenia sin saberlo o, al menos, sin plantearlo. En Barcelona intentarán crear puentes y dialogar con seriedad. Leer serenamente el Evangelio en el Palau de la Música mientras una orquesta interpreta a Bach, concentrarse en la iluminada nave central de la Sagrada Familia, dialogar en el salón de Actos de la universidad Raimundo Lull, son algunos de los actos que congregaran a gente interesante y, sobre todo, interesada. Vale la pena cuanto se intente afectiva e inteligentemente con el fin de aclarar la propia identidad.

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