Martes 12 de Noviembre 2019

La verdadera libertad

Por: Alfonso Carcasona 24-03-2011

Encontré el Convento de las Clarisas de Belorado por casualidad, como se suelen producir los grandes descubrimientos.

Retomábamos nuestro discurrir por el camino de Santiago donde lo habíamos dejado un par de años atrás. Recuerdo que era la última etapa del camino de 2008, y que el pueblo no nos decía nada. Si acaso, el recuerdo que teníamos era más bien prosaico, comercial. Las grandes tiendas de piel nos despidieron, devolviéndonos a nuestra realidad, a nuestro siglo, si queréis. Dejábamos atrás cinco días de duras caminatas y esas tiendas nos devolvían al mundanal ruido. Nos lanzamos a comprar bolsos, zapatos…

 

En 2010 volvíamos a Belorado, esta vez como punto de partida. Como es tradición, iniciamos el camino con una eucaristía, y por casualidad, Juan Mari conocía a gente con acceso al convento, que hacía dos años ni habíamos visto. Con algo de estrés, el último que sufríamos antes de imbuirnos de peregrinos, llegamos para la misa de 9:00. La pequeña iglesia del convento, con su reja para proteger la vida de clausura de la vorágine con la que convive, nos acogió y la belleza de las voces de las monjas nos transportó sin demora a la espiritualidad del camino. Tras la misma, tuvimos la fortuna de ser agasajados con un espectacular desayuno y con el saludo de todas las monjas. Desde ese momento quedé prendado y prometí volver.

La ocasión se presentó pronto, y a los pocos meses pasé un par de días allí. Volvimos a tener la fortuna de compartir la eucaristía con las monjas, de aprender a vivirla al verlas y oírlas, y de charlar con alguna de ellas.

Este año hemos repetido, con el grupo de matrimonios que nos reunimos todos los meses. Han sido unas pocas horas, ya que nuestro complicado siglo no da para más, por ahora. Además de nuestras reflexiones, de una carrera espectacular la mañana del domingo hasta Villambistia, volvimos a tener la fortuna de poder conocer mejor la vida de clausura y su sentido. Para unos laicos como nosotros, presumo que no muy por detrás de la media de conocimiento del tema, la clausura parecía carecer de sentido. Enclaustrase de por vida, renunciar a todo. Vale, que es por Dios, por Jesús… Pero aún así, nuestra economicista formación hace que difícilmente lo entendamos. Parece que debes tener algún defecto en tu personalidad para ingresar en un convento de clausura.

Sin embargo, viendo su felicidad, su seguridad, la sencillez con la que nos explicaron su vocación, la importancia de la oración, la humildad, su enorme humanidad… su compromiso. Su pasión por la Humanidad, por la que entregan su vida a la oración. Su huida de nuestro tiempo no les hace ser ajenas a él. De hecho, si lo piensas, su procupación por nuestro hoy, por nuestro mañana, es mucho más verdadera y profunda que la de muchos que, a diferencia suya, no paramos de dar pedales en nuestra bicicleta estática.

Belorado se ha convertido en uno de mis referentes, al igual que lo es la Verna en Umbría. Me atrae de Belorado el lugar y sus moradoras. De la Verna por ahora, su historia y significado. Nada como acercarse a lo desconocido para poder entenderlo. Nada como aprender de lo sencillo para avanzar pasos de gigante. Gracias hermanas por lo que hacéis por nosotros, de manera tan gratuita que muchos no solo no nos damos cuenta de ello, sino que incluso desacreditamos.

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