Martes 12 de Noviembre 2019

EL LABERINTO DE LOS ESPEJOS

Por: Santos Urias 02-03-2012

De pequeño y quizás por alguna reminiscencia cinematográfica,

me encantaban los laberintos de espejos. En el Parque de Atracciones de Madrid había uno. Entrabas y nunca sabías por donde seguir, viéndote reflejado en todos los lados, provocando la confusión óptica, con el peligro de chocar contra ti mismo. 

Una buena parábola de algunos aspectos de nuestro mundo actual. Acentos del individualismo que no para de mirarse a sí mismo. Solitarios que se buscan en los periódicos, en la webcam, en el bar ausente de diálogos, en los espejos múltiples y diversos que sólo te devuelven una imagen, tu propia imagen: reducida o aumentada, deformada u oculta. 

Y cuando sales del laberinto, allí al final te encuentras con la mirada de otro, del “otro”. Alguien que te reconoce y que te nombra; diferente a ti, pero parte también de tu humanidad. Una alteridad que crea y nos recrea. 

Es el juego del ex centrismo, de volvernos hacia los demás, de sentirte mirado. Su mirada te hace ser. Mi mirada les otorga vida. Otra forma de existir: rozándonos, percibiéndonos, dinamitando la indiferencia y haciendo la soledad no solitaria sino sonora. 

Pura gracia del que nos mira, del que nos crea y nos otorga el ser. 

Comparte este artículo:

enviar email
Login de usuarios