Martes 12 de Noviembre 2019

Bajarse del púlpito

Por: J. Lorenzo 30-01-2012

El arzobispo Julián Barrio

 ha dejado el púlpito (según expresión suya) unos instantes para hablarle desde una tribuna a la sociedad compostelana y le ha salido una conferencia muy apañada. Ha dicho lo mismo que repiten sus hermanos, pero sin las estridencias de algunos. Y encima, le sale esperanzada, con la que está cayendo, sin temor al cataclismo universal que tanto se pregona.

Quizás en estos tiempos en que se buscan, de cara al Año de la fe, esos testigos gozosos y convincentes que den testimonio de Jesús ante el mundo de hoy ,sea necesario bajarse un poco más del púlpito. Pero, sin pasarse, como le ha sucedido al joven religioso seleccionado para participar en la enésima dedición de Gran Hermano. Debió de pensar que ese era un campo perfecto para lanzarse a tumba abierta a evangelizar y el ardor misionero le llevó a ignorar el parecer contrario de su comunidad. Su superior le ha suspendido a divinis, pero le ha dejado la puerta abierta, como el corazón de un padre a un hijo que quiere equivocarse solo.

Menos misericordioso estuvo con él, desde el púlpito de intelectual católico oficial al que se le ha aupado, Juan Manuel de Prada. En la cabeza del misionero catódico le arreó a toda la Vida Consagrada, de cuya degradación el joven concursante sería un claro ejemplo. ¿Aplicará la misma secuencia lógica a los obispos, a tenor del ejemplo del auxiliar de Los Ángeles?

También desde la política los hay que se suben al púlpito a pregonarse como la quintaesencia de los valores cristianos. Es la ultraderecha católica que monta concentraciones contra los blasfemos o critica que Soraya Sáenz de Santamaría, casada por lo civil, sea la pregonera de la Semana Santa vallisoletano, pero ríe los comentarios machistas de su alcalde sobre Leyre Pajín. A estos mismos ultras, pero al otro lado de los Pirineos, un obispo los bajó del púlpito sin contemplaciones, por usurpadores. En algunos, la tentación de “volver a la premodernidad”, como dice Barrio, es muy fuerte.  Frente a esto, postula la “economía del don”, es decir, una vida basada en la generosidad mutua, pero de la que no está exento el espíritu crítico.

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