Martes 12 de Noviembre 2019

Amigos

Por: Santos Urias 20-07-2011

Intento ser cuidadoso. Cuidadoso con las cosas, pero sobretodo cuidadoso con las personas.

Me gusta anotar los cumpleaños y mantener ese contacto, aunque sea puntual, que te permite charlar un rato y decir: “no te he olvidado, has sido y eres importante para mí”. Si sé que alguien debe visitar al médico, tener una entrevista de trabajo, algún acontecimiento familiar, o está pasando por un mal momento, suelo interesarme porque estoy convencido que es por aquí por donde se empieza: una gratuita y sincera preocupación que dinamite el mercantilismo, el uso o el abuso de los demás en función de mis propios intereses, aunque estos sean aparentemente muy “santos”.

En un momento de prueba y de desierto, una voz me propuso como si del tentador se tratase: “te gastas y te desgastas en vano, si dejas de interesarte por los demás ellos te ignorarán; sino les llamas ellos tampoco te llamarán”.

Y como suele sucederme sucumbí, en parte, a esa espina en mi conciencia. He mantenido los servicios de urgencia: cumpleaños, acontecimientos ocasionales… Pero he dejado de llamar a unos cuantos amigos a los que periódicamente veía, preguntaba, compartíamos con una cierta complicidad y cercanía. Y he escuchado reírse a esa voz de mi cabeza: “ves, te lo decía”. ¿Pasividad? ¿Dejadez? Silencio.

He aprendido, al menos, dos lecciones: Aun queda mucho por hacer, y esa voz tampoco ha entendido el camino de la gratuidad, por mucho que se ría.

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