Domingo 15 de Septiembre 2019

Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar

Por: Alfonso Carcasona 29-12-2011

Y sin embargo, somos muchos los que tenemos, y no acertamos a dar.

 

Dar con mayúsculas, no de lo que sobra, sino de lo que nos falta.

Mi amiga Ana andaba preocupada, porque no podía hacerme un regalo por Navidad. “Muy preocupada”, como me escribió. Desde hace tiempo no tiene dinero, ni una sola prestación, vive en la calle, sobre todo cuando se enfada con su compañero, con el que comparte una caravana. Nos conocemos desde hace un par de años, y nos vemos casi todos los miércoles cerca de la calle Atocha. No la he visto nunca triste, siempre se acerca con una sonrisa. Confiada en Jesucristo, como ella dice, que no le abandona nunca, sobre todo cuando duerme entre cartones. Ana es todo carácter, no se arredra ante ninguna dificultad. A pesar de que la vida no ha sido amable con ella, no le reprocha nada, si acaso, sus errores. No ha estudiado carrera alguna, pero no le hace falta para dar lecciones. De esas verdaderas, las que se dan con el ejemplo no aprendido.

Como decía, Ana andaba preocupada, aparentemente no tenía nada que dar, según los criterios de nuestra consumista sociedad que parece obligar a buscar regalos con el lazo rojo más estridente posible. Pero ayer, sin saberlo, se disfrazó de rey mago, y en la misa del día de Navidad, en el que celebramos no el que nos vayan a hacer muchos regalos, o nos vayamos a saciar en una comida pantagruélica, ni siquiera el que nos reunamos familia y amigos, sino el nacimiento de un niño pobre que se abajó para salvarnos, me hizo uno de los mejores regalos que haya podido recibir en mi vida. Una sencilla carta, con su sobre cosido a mano, sus sellos pintados con boli, en la que podías escucharla según leías la carta.  “…nadie es tan pobre que no tenga nada que dar… y a mi me enseñaron a leer y escribir, así que te puedo regalar esta felicitación…” Palabras escritas desde el corazón, sencillas palabras que cumplen el mensaje que les dio Jesús a sus discípulos cuando vio a la vieja viuda echar el cuadrante que no le sobraba en la ofrenda del templo.

Ana me hizo, ni más ni menos, este regalo por Navidad. 

 

 

Comparte este artículo:

enviar email
Login de usuarios