Sábado 16 de Diciembre 2017

Fuera del sistema

Por: Xabier Azcoitia 20-12-2011

Llevo algún tiempo desvinculado de la hoja blanca.

Hay veces que uno necesita callar, hacer silencio para que todo se ordene en el interior. Así llevo un tiempo. ¡Qué bien viene un poco de silencio en medio de tanto ruido!

No sé si he aprovechado el tiempo o no. Quizá porque la idea de aprovechamiento se asienta sobre algunos principios o criterios que pocas veces se explicitan. 

Nadie habla de su idea de productivo, ni de su idea de valioso; pero eso no es óbice para que juzguemos las cosas como valiosas o productivas. No sé si me explico. Quizá por eso me gusta hablar del mito del progreso y de otras cosas parecidas, que nadie suele decir en qué consisten y que en mi caso tanto me gusta intentar desentrañar.

Esta primera reflexión en clave de adviento, que empecé al principio y termino casi al final, tiene que ver con la crisis económica. Tomando café hace unos días con un amigo querido me decía algo así: “la crisis lo que demuestra es que todo lo que hagas lo haces necesariamente dentro del sistema. Incluso si tu dinero se lo quieres dar a eso que llaman la banca ética, esta jugará dentro del sistema. Más aun, si incluso estuvieses dispuesto a poner tu dinero en un banco “solidario” y a cambio de ello recibir un interés negativo por tu dinero, lo harías dentro del sistema”.

Llevo días pensando en esto, ¿existe algo fuera del sistema? Y si existe algo fuera del sistema, ¿qué es? ¿Es deseable vivir fuera del sistema? ¿Es posible? Y si fuese deseable y posible, ¿estaría o estaríamos dispuestos a vivir fuera del sistema?

Cada día lo veo más nítido, incluso más claro. Fuera del sistema están aquellos a los que el sistema no necesita y aquellos a los que el sistema, habiéndolos necesitado, los ha expulsado porque ya no le resultan necesarios. Pero pensándolo mejor, quizá sí los necesite. Hay una última pasadita por la prensa y que puede extraer un último jugo. 

Del mismo modo que los desechos se reciclan para que recuperándolos puedan de nuevo volver a formar parte de la cadena de producción y de ese modo volver a crear bienes de consumo que puedan abastecer el mercado; siempre viene bien tener a mano a alguien a quien hacerle un bien, cuanto más en estos tiempos navideños, y de ese modo reciclar nuestras conciencias, por lo menos lo suficiente, como para que puedan sobrevivir un año más sin que el mercado, el ídolo nos libre, se vea siquiera puesto en duda.

De la misma manera que hay un ecologismo reciclador que para nada pone en duda el sistema de producción, la explotación de los recursos, la creación y generación de riqueza, el reparto de la tierra, de los recursos de ella o la sostenibilidad del mundo y todo lo hace pensando en la sostenibilidad del sistema; del mismo modo hay un oenegeismo  o solidarismo de “joven rico” que asentado sistemáticamente en la beneficencia y en la acción puntual benevolente realiza su acción benéfica de llegarse a los más necesitados sin analizar, cuestionar o poner en duda ese mismo sistema.

¡Cuántos beneficios secundarios tiene la beneficencia! El primero y quizá el más importante es no tener tiempo para la justicia. 

Os deseo una Navidad justa que permita un 2012 más reconciliado.

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