Martes 17 de Octubre 2017

Mantenerse enlazado

Por: Juan María Laboa 12-12-2011

Hace unos días he tenido el gozo de ser padrino de confirmación de Alfonso,

hijo de un buen amigo mío. Nos tratamos desde hace años, hablamos y nos estimamos, aunque, como sucede en relaciones con mucha diferencia de años, son más importantes los signos que las palabras, conscientes de que mutuamente formamos parte del horizonte del otro.

Sabemos que en los primeros siglos del cristianismo, el esquema primitivo contaba con la comunidad como padrinazgo colectivo. Todos se sentían responsables de la marcha de sus miembros, les formaban, les corregían, les acompañaban. Con el tiempo se relajó el intenso sentido comunitario, sobre todo, al multiplicarse desmedidamente el número de los cristianos, y con ello las responsabilidades compartidas, de forma que nació el padrino individual.

Por desgracia, demasiado a menudo, estos padrinos solo reflejan los lazos familiares, de amistad o de interés ya existentes, sin que se aborde la especificidad de los sacramentos, de forma que el nuevo lazo no añade nada nuevo a lo ya existente. 

Por el contrario, desde siempre he sentido intensamente el significado del “parentesco espiritual” que, en realidad, comparte el ámbito espiritual y el humano. Es propio de los padrinos de bautismo, de confirmación y de boda. En su sentido primigenio estos padrinos establecen lazos de cariño, de amistad y de responsabilidad, pero son conscientes de que su origen es el sacramento. Se sienten cercanos, están a disposición, son conscientes de su responsabilidad en los momentos buenos y, sobre todo, difíciles, de sus ahijados. 

Siempre me he sentido muy cerca de mis ahijados, que no son pocos, me alegro y lloro con ellos, les aconsejo si me lo piden y, a veces, aunque no lo hagan, les ayudo en lo que puedo y les llamo la atención si creo necesario. Saben que cuentan conmigo y yo con ellos, porque, obviamente, no existe padrino sin apadrinado

Por estas razones estoy contento y siento mi responsabilidad con Alfonso. No se trata de ser una carga ni de ejercer un cargo sino de mantenerse como un punto de referencia siempre alerta y a disposición. 

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