Miércoles 13 de Noviembre 2019

Peligro bicicletas

Por: Alfonso Carcasona 10-12-2011

Leo en el periódico de hoy

que se va a endurecer las sanciones por el incumplimiento de las normas relativas a circular en bicicleta por las ciudades. Estas normas, por lo visto, regulan cómo hemos de ir vestidos, con chaleco reflectante y casco, la velocidad a la que podemos ir, la distancia que hay que guardar con los viandantes, dónde se pueden atar las bicicletas y donde no, los accesorios que se les pueden poner… y seguro que infinidad de cosas más. Las sanciones, en ciudades como Valencia van de 90 a 500 euros.

Leía a su vez esta mañana un artículo de Timothy Radcliffe, sobre la evolución que ha sufrido nuestra sociedad, de manera que hoy nos encontramos con la sociedad del control. Todo está regulado, hasta el más mínimo incidente. Los gobiernos inventan miles de leyes, de reglamentos que controlan nuestra vida. Los datos se cruzan a través de la informática, de manera que unido a las cámaras de video que inundan las ciudades, el ojo que todo lo ve (no el de Dios, sino el de papa estado) sabe todo de nosotros. Llamadas telefónicas, emails, sms…

Y nosotros ciudadanos asistimos felices a esta revolución. Si no tenemos nada que ocultar porque somos cumplidores de las normas, por qué preocuparnos. Eso sí, como se infrinja alguna, sanción al canto. Y si además es susceptible de ser publicada, bien por el estado, o mejor aún por los medios de comunicación, mejor aún. La reputación, o su daño, es lo de menos.

Somos hijos de la Ilustración, que sin duda dejó grandes ideas para el progreso de la humanidad, entre ellas esta necesidad de control de nuestros actos por parte del estado. Pero estamos llegando a unos niveles de asfixia, en los que las máquinas serán responsables de hasta nuestros más pequeños quehaceres diarios, que se encontrarán regulados por alguna de las miles de leyes que emanan de nuestros reguladores.

Hoy son las bicicletas, mañana los corredores que practican deporte por las ciudades, y pasado los viandantes. Como dice Radcliffe, nuestras sociedades pasan de ser organismos a mecanismos. Y a mi, siendo partidario de que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro,  eso no me gusta.   

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