Lunes 10 de Diciembre 2018

Un obispo de la Acción Católica

Por: Juan María Laboa 16-03-2018

La muerte de don Elías supone la desaparición de uno de los últimos testigos de una Iglesia que se transforma con el Concilio, se replantea su papel en la sociedad española y en unión con el Papa conduce a la comunidad creyente por las sendas marcadas por el Vaticano II.

Nació en la isla de la Palma, estudió en el seminario de la Laguna y en el Instituto Pastoral de Madrid, obispo auxiliar de Oviedo, secretario de la Conferencia Episcopal, arzobispo de Zaragoza y presidente la misma Conferencia durante seis años.

Ordenado en el Congreso eucarístico internacional de Barcelona (1952), escucha en el Seminario de Vitoria que el compromiso de acción social y política de acuerdo con la Doctrina social de la Iglesia constituye una de las obligaciones de la pastoral sacerdotal. Esta inquietud le llevó a ser consiliario de los Acción Católica dentro de la JOC y la HOAC, sensibilidad que le acompañará a lo largo de los años. Los estudios posteriores en Roma le llevaron a recibir y comprender con entusiasmo la Pacem in terris con lo que conllevaba de defensa de los derechos humanos, de la misericordia y de las libertades.

Fue dolorosamente consciente de la herida que suponía para la Iglesia española la crisis de la Acción Católica(1966-67) que prácticamente acabó con ella, a pesar de la advertencia de Tarancón de que la A.C. constituía un instrumento indispensable para la renovación. Yanes señaló más tarde que entre los factores importantes de la crisis de la Iglesia española había que recordar ésta, contingentemente sustituida por los jóvenes del Opus y de los movimientos, pero mortal para la pastoral parroquial. 

Lo que llamamos transición de la Iglesia y de la política en España cuenta con tres presidentes y tres secretarios de la Conferencia durante el pontificado de Pablo VI: Tarancón, Merchán y Yanes como dirigentes y Jesús Iribarren , Elías Yanes y Fernando Sebastián como secretarios. En esta época se manifestó la importancia decisiva de los secretarios de la conferencia si los presidentes respetaban su autonomía y colaboración. Seis personalidades especiales y únicas para un período conflictivo y lleno de atrevida esperanza. Tarancón y Yanes consiguieron que la Iglesia fuera citada en la constitución.

 Su tarea consistió, también, en conseguir que la opinión pública aceptase la credibilidad de una Iglesia que había mantenido la colaboración con el régimen político durante cuarenta años. Consideraron que urgía  una salida política democrática, siendo conscientes de que un ordenamiento democrático de España resultaba imprescindible para que no resurgiesen los odios de la guerra civil, y por ello pusieron inteligencia y decisión para que la Iglesia colaborase decididamente en el empeño por el bien del país y para recuperar credibilidad.   No debían inventar nada ya que las encíclicas de Juan XXIII y Pablo VI señalaban el camino.

Don Elías fue elegido Secretario en 1972 y se mantuvo durante dos períodos con Tarancón como presidente desde 1971, un apasionante período de renovación de nuestra Iglesia con nuevos obispos, nuevos propósitos y concepciones pastorales, dentro de la misma fidelidad. Les costó mucho sacar adelante el documento “La reconciliación en la Iglesia y en la sociedad” ya que para conseguir su aprobación fueron necesarias diez redacciones consecutivas. Yanes comprobó que los diálogos permanentes entre los obispos durante esta redacción favorecieron la compenetración de una mayoría episcopal cada vez más numerosa y compacta. Poco después aprobaron el documento decisivo de aquella etapa, “La Iglesia y la comunidad política”, redactado con guante blanco y midiendo cada palabra, actitud que no eliminó la espontaneidad ni su carácter incisivo .Todos los que reflexionan hoy sobre el período son conscientes de que sin el Concilio y sin Pablo VI esta evolución no hubiera sido posible tal como se produjo, pero debemos reconocer, también, que sin Tarancón, Yanes, Fernando Sebastián, Merchán, Bueno Monreal y Yubany, todo hubiera sido inmensamente más difícil.

 

Uno de los temas básicos del concilio fue el de liberar a la Iglesia del clericalismo, del juridicismo y del triunfalismo. Don Elías, por carácter, espiritualidad y formación luchó toda su vida por conseguirlo. Era clarividente y decidido, con muy buena formación y lector empedernido, con gran capacidad de trabajo, confiando en sus colaboradores a quienes exigía entrega a sus tareas tal como él había actuado con el cardenal Tarancón. Era consciente de la quiebra cultural de la vida interna de una Iglesia que se sostenía en una teología básicamente eclesiástica sin capacidad de traspasar la fe de una cultura puesta ya en cuestión a otra contemporánea, y esta aguda sensibilidad le ayudó y espoleó durante sus años dedicados con pasión  a la enseñanza y a la catequesis dentro de la Conferencia episcopal.  Entre sus frutos, la elaboración de un itinerario de formación cristiana para adultos compuesto por ocho importantes volúmenes pensados y redactados por especialistas bajo la batuta atenta y comprometida de don Elías.  

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