Sábado 16 de Diciembre 2017

Dooh Nibor (Robin Hood al revés)

Por: Jose Maria Marquez Vigil 12-03-2012

Quien haya visto la película "Bananas",

quizá recuerde la escena en la que el rebelde se convierte, con la ayuda de Woody Allen, en Jefe de Estado (versión dictador de república bananera). Yo la vi hace ya muchos años, pero si la memoria no me engaña, en el mismo instante en el que tomaba el poder, el rebelde que había luchado en la guerrilla por sus ideales políticos de justicia, libertad y democracia, inmediatamente comenzaba a decir sandeces al proclamar su discurso de toma de posesión del cargo.

Una de las muchas idioteces que se le ocurrían era que “desde este mismo momento, será obligatorio cambiarse de ropa interior cada hora. ¡Y para poder comprobar que se cumple la ley, habrá que llevar la ropa interior por fuera!”.

No deja de ser una comedia en la que “todo parecido con la realidad es una simple coincidencia”, pero la coincidencia se ha producido, y no en una república bananera sino en la ciudad de Valladolid, donde las maltrechas arcas municipales han encontrado un nuevo objetivo: multar a los “sin techo” con 1.500 euros. Como idea comercial les puede salir bien la jugada, ya que tras los rodajes de Woody Allen en Barcelona y Oviedo, la monumental Valladolid podría ser una buena ciudad en la que rodar “Bananas II” y así atraer el turismo internacional, pero fuera de bromas… ¿A quién se le ha ocurrido semejante memez? Robin Hood al revés, quitar al que no tiene… ¡Que alguien me lo explique por favor! Continuando en la misma línea, uno de los grandes problemas de nuestro país es el paro, con lo que podrían publicar un edicto por el que, “se hace saber que desde este mismo momento, ante el alarmante crecimiento de ciudadanos sin empleo, el ayuntamiento quitará el trabajo a aquellos que no lo tengan” (del mismo modo que pretende “quitar” 1.500 euros a quienes no los tienen). Si Woody Allen no pudiera rodar la película, siempre podríamos proponérselo a Mr. Bean, o porque no, a nuestro Jose Mota…

En 1.998 viví una importante devaluación de la kwacha, la moneda local en Malawi, y no dejó de sorprenderme como los artículos de lujo importados no incrementaban su precio proporcionalmente. Imaginaba que al devaluarse la moneda local, el supermercado de turno tendría que haber subido inmediatamente el precio del aceite de oliva, por ejemplo, ya que no se producía en el país y había que pagarlo en una moneda extranjera mucho más cara por la devaluación. ¡Pero lo que subió realmente en ese mismo momento fue el maíz producido en el país! En esos momentos el maíz no se pagaba en divisas, pero basándose en la devaluación, los especuladores preferían alterar su precio para recaudar de un 99% de la población, antes que buscar beneficios en un 0.5% de la población que consumía artículos de lujo y podría dejar de consumirlos. ¿Les recuerda a algo? ¿Tal vez al reciente incremento de la presión fiscal en España a las clases menos pudientes, o a los recortes sanitarios, educativos o salariales tras los problemas generados por la especulación financiera?

Robin Hood era un loco utópico. Un verdadero líder de república bananera prefiere incrementar sus presupuestos recaudando a los que menos tienen, a los que no se pueden escapar. Y si los “sin techo” no tienen domicilio al que hacerles llegar las multas, siempre pueden publicárselas en el Boletín Oficial, que seguramente lo leen a diario como el resto de los españoles, o enviárselas a Cáritas, a “la Farola”, o dárselas en mano en el puente, estación de metro o cajero automático en los que se recuesten por la noche.

Si nos fallan Woody Allen, Mr. Bean o Jose Mota para hacer la película, ¡siempre nos quedarán Torrente y Kiko Rivera!

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El IBI como excusa

Por: J. Lorenzo 08-03-2012

Dicen que la historia es maestra pero no parece tener muchos alumnos.

Y es una pena, porque si no la conocemos, acabaremos repitiendo sus errores. Pero hoy la gente no quiere historias con mayúscula, sino historietas con que alimentar la inmediatez que nos exigen los medios de comunicación y los prejuicios que cultiva cada cabecera de prensa. Este espíritu, plaga actual en el gremio, me recuerda a aquel grafiti apresurado en el bar de la facultad: “La cultura me persigue… pero yo soy más rápido”. Como originalidad estaba bien, pero temo que se haya tomado al pie de la letra.

No hay que ser Claudio Sánchez Albornoz para no tragarse que la Iglesia es la legítima titular de la Mezquita-Catedral de Córdoba por pagar treinta monedas (estas de euro) en 2006 al inmatricularla gracias a que Aznar había reformado la ley hipotecaria para dar gusto a los obispos. Junto a este “robo”, la Iglesia habría perpetrado centenares más. Se olvidan quienes llevan esa cuenta de las varias desamortizaciones de bienes eclesiales en los siglos XVIII-XIX, de las que los pobres se beneficiaron más bien poco.

Pues bien, estas informaciones circulan por Internet con la finalidad aparente de que la Iglesia pague impuestos y se financie sin recursos públicos. Esto, que podría ser muy razonable y obligar a los católicos, de una vez por todas, a un compromiso mayor con su Iglesia, es torticero porque falsea los principios. La Iglesia no se ha negado a pagar el IBI: se beneficia de una legislación como también lo hacen otras instituciones consideradas de utilidad pública. ¿Deberían también ellas autofinanciarse? ¿Incluidos partidos políticos y plataformas laicistas que van con la escoba detrás de los curas? Con lo que los colegios católicos le ahorran al Estado (más de 3.000 millones), se podría pagar el IBI. Y lo que Cáritas hace solo con las aportaciones de sus socios y las campañas en las parroquias, le ahorra a las arcas públicas casi el equivalente a lo que la Iglesia recibe vía IRPF (por voluntad expresa de los contribuyentes, no se olvide). 

Hay más datos, aunque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Más que por no pagar impuestos, lo que parece que molesta es que la Iglesia tenga aún visibilidad. Pero esa es otra historia, que tampoco conviene repetir.

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Disputas familiares

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-03-2012

"...si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar,

te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.”

El Evangelio del viernes pasado era así de radical. Verdaderamente, resulta más o menos sencillo adorar al Padre en el Cielo, presentarle ofrendas ahí tan lejos, pero presentar la ofrenda del perdón al padre al que “soportas” cada día, al hijo, a la pareja, al hermano… ¡Tantos roces en ese día a día! ¡Tantos parecidos que pudieran indignar a nuestro subconsciente! ¡Tanta frustración!

Jesucristo nos pide nuevamente el “más difícil todavía”. ¿Mostramos tanta compasión, comprensión, amor y perdón por nuestro “hermano” como lo podamos hacer por alguien a quien veamos en un telediario o que nos envía un email? La verdad es que no hay más que ver una Junta de Vecinos, en las que personas educadísimas y pacíficas, acaban llegando a las manos con enorme facilidad para “defender lo suyo”.

Esta lectura me ha hecho pensar en el incidente que ocurrió este fin de semana en Úbeda. Una adolescente ha denunciado a sus padres por haber cometido una “detención ilegal”. Estos “delincuentes” habían hecho algo tan espantoso como castigar a su hija sin salir. Pero la España “sin valores”, la España del ataque a la familia, la España del “todo vale”, no podía tolerar una infracción de los derechos humanos tan fragrante. El padre tuvo que dormir “en el trullo”, mientras su hija dormía en un hogar de acogida de menores para salvaguardarla de esos padres intolerantes que castigan y cualquiera sabe si algún día incumplieron las disposiciones del Código Civil pensando en la necesidad del “cachete”.

¡Se abre la veda! “Hoy no usas el messanger” puede ser una coacción, “eres un vago que no estudia” será un delito de injurias, “te quedas sin postre” será un delito contra la salud, y “móntate en el coche que te llevo al colegio aunque no quieras” podría ser un secuestro en toda regla. Y no digamos ya un caso más complejo como “te ruego que no abortes por favor mi niña, que te arrepentirás toda tu vida”. ¿Sería una amenaza?

Se nos va a complicar lo del perdón al hermano (o a la hija en este caso) cuando “papá Estado” empiece a menoscabar la autoridad paterna. Pero aunque sigan perdiendo actualidad los valores familiares o cristianos, va a ser la única solución. El perdón y la otra mejilla a la hija que te mandó a chirona… Se nos está poniendo muy difícil la educación de nuestros hijos, pero no hay mal que por bien no venga. ¡En un par de años, todos los padres aprenderemos a ser SANTOS! O eso, o acabamos en el calabozo…

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Ordenanzas municipales

Por: Alfonso Carcasona 05-03-2012

Mi amigo J. vive en una autocaravana.

 Con él mi amiga Ana. De ella ya os he hablado en alguno de estos apuntes anteriormente. 

No viven haciendo turismo, precisamente. J. es una persona extranjera, de unos 60 años, camionero de exprofesión, al que la vida ha conducido a vivir en su caravana, aparcada en la ribera del Manzanares. Como otras muchas roulottes, que cada vez más vemos acostadas en nuestras calles.  

La autocaravana está estropeada, no arranca. Si lo hiciese tampoco podría avanzar mucho, con los 5 o seis litros que me dice le quedan de gasolina. J. ha aprendido a hablar un poco de español en el último año. No tiene ningún ingreso, y sufre horrores de una cadera, que le dificulta andar.

Anteayer le visitó la policia. La ordenanza municipal del ayuntamiento de Madrid, le dijeron, prohibe aparcar las caravanas en nuestra ciudad, cuando se usen como“lugar habitable con cierta vocación de permanencia, por cuanto impide la libre circulación…y dificulta la equitativa distribución de aparcamientos”. Toma ya. Volvemos al democrático uso del término “equitativo”, en el sentido de dar a todos por igual, no a cada uno lo que necesita.

Más allá de la redacción injusta y desafortunada de nuestra ordenanza está el drama de esas familias que se ven abocadas a vivir en una caravana, en plena calle. Soportando las inclemencias del tiempo, solo resguardecidas por una plancha de plástico. Y les prohibimos que tengan acceso a una vivienda, no ya digna, pero al menos suficiente, mejor para ellos que un albergue. 

Cinco días le han dado para que mueva la caravana, de lo contrario la mandarán  al depósito, y a ellos a dormir a la calle.

Cinco días para que se vaya de la ciudad que no permite estacionar este tipo de vehículos en la vía pública, por cuanto dificultan la equitativa distribución de aparcamientos. Parece una frase del lejano oeste, de película, del pasado. Pero esto es Madrid 2012. 

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EL LABERINTO DE LOS ESPEJOS

Por: Santos Urias 02-03-2012

De pequeño y quizás por alguna reminiscencia cinematográfica,

me encantaban los laberintos de espejos. En el Parque de Atracciones de Madrid había uno. Entrabas y nunca sabías por donde seguir, viéndote reflejado en todos los lados, provocando la confusión óptica, con el peligro de chocar contra ti mismo. 

Una buena parábola de algunos aspectos de nuestro mundo actual. Acentos del individualismo que no para de mirarse a sí mismo. Solitarios que se buscan en los periódicos, en la webcam, en el bar ausente de diálogos, en los espejos múltiples y diversos que sólo te devuelven una imagen, tu propia imagen: reducida o aumentada, deformada u oculta. 

Y cuando sales del laberinto, allí al final te encuentras con la mirada de otro, del “otro”. Alguien que te reconoce y que te nombra; diferente a ti, pero parte también de tu humanidad. Una alteridad que crea y nos recrea. 

Es el juego del ex centrismo, de volvernos hacia los demás, de sentirte mirado. Su mirada te hace ser. Mi mirada les otorga vida. Otra forma de existir: rozándonos, percibiéndonos, dinamitando la indiferencia y haciendo la soledad no solitaria sino sonora. 

Pura gracia del que nos mira, del que nos crea y nos otorga el ser. 

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA: DIALOGISMOI

Por: Dolores Aleixandre 02-03-2012

Las apariencias engañan.

El término dialogismós, emparentado con la noble familia del logos  y por tanto del diálogo, la lógica, la logística o la logoterapia, aparece en el Nuevo Testamento desvinculado de su aristocrático árbol genealógico, como un hijo ilegítimo que renegara de la categoría de su cuna. Usado casi siempre en plural, expresa actitudes de retorcimiento, doblez y  descontento  que salen al exterior en forma de crítica, protesta o murmuración: “Del corazón salen los pensamientos malvados (dialogismoi)” (Mt 15,19) “Estaban allí sentados unos letrados que murmuraban para sus adentros…”(Mc 2,8). Discutían los discípulos sobre quién era el más importante y Jesús “conociendo los pensamientos de sus corazones, tomando un niño lo puso en medio…” (Luc 9,46). En una de sus apariciones a los suyos en el cenáculo les reprochaba: “¿Por qué suben esos pensamientos a vuestros corazones?” (Luc 24,38). “El Señor conoce los pensamientos de los sabios, y son malos” decía Pablo a los Corintios citando el Salmo 94;  y  recomendaba a los cristianos de Filipos:  “Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones ” (Fil 2,14),  lamentándose también de que los Romanos hubieran puesto “sus pensamientos en cosas sin valor, oscureciendo su insensato corazón” (Rom 1,21).

 

Desde los comienzos del cristianismo,  los maestros del espíritu han prevenido acerca de los peligros de una mente distraída, enredada en búsquedas egoístas, miedos, dudas, falsas ilusiones y sospechas. Estaban convencidos de que quienes permiten que su interior esté habitado por estos pensamientos “según la carne”, alejados de la influencia del Evangelio, no viven la libre vida de los hijos, sino el sometimiento de los esclavos. 

Pero no se trata sólo de un tema “moral”: implica la tarea de adiestrar nuestra interioridad para no permitir que nuestra mente se deje enmarañar en una selva de pensamientos irrelevantes: la consecuencia será entonces el vivir una vida trivial, presa de la distracción y del descuido. En una sociedad en la que nos bombardean estímulos y solicitaciones de todo tipo, corremos el peligro de dispersar nuestra atención de aquello que, como decía Paul Tillich,  “nos atañe incondicionalmente” .

Cuando Thomas Merton viajó a Asia, tomó mayor conciencia del riesgo de vivir a merced de esos pensamientos vacíos, previniendo contra este viejo hábito de dejar  vagar nuestra mente “a su aire”,  sin hacer nada por sujetarla. Frente a ello, propone la disciplina de  “la mente despierta”: ser consciente de lo que se está haciendo, de eso y nada más que de eso. “Es decir, que si uno está andando, en vez de estar en el habitual estado de distracción, esperanza, temores etc., esa clásica confusión de pensamiento y fantasía que nada tienen que ver con el hecho de andar, en vez de eso, mantiene la atención orientada a la conciencia del movimiento corporal de las piernas y a oír y ver en la medida en que sea necesario”.

Un monje de Poblet, ya fallecido, Agustí Altisent 0SB,  nos transmite lo que consideraba su “regla de oro”: «Hay que dar a cada cosa que se hace, por ínfima que sea, un valor de infinito, y hacerlas todas tan atenta y relajadamente que uno se posea a cada momento y tenga la calma de lo eterno». En la práctica, supongo que hay que prestar tan amorosa atención al hecho de barrer o de lavarse los dientes como al de dar una conferencia, recibir una distinción honorífica o formar una multinacional. No todo es igual, pero todo es igualmente maravilloso si se hace con cariño, si se le presta morosa atención; si se hace algo nerviosamente es porque lo despreciamos y pensamos sólo en lo siguiente: y por el desprecio alejamos de nosotros muchas maravillosas cosas. No todo es igual, pero sí lo es en lo que a posesión de nosotros mismos se refiere. Decirlo es fácil; hacerlo...

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La "monjaflauta"

Por: J. Lorenzo 27-02-2012

En las últimas semanas, La Iglesia ha estado en boca de medio mundo,

 y no precisamente por una actitud ejemplarizante: acusaciones de corrupción, blanqueo de dinero, intrigas curiales que denotan una búsqueda del poder demasiado mundana, delirantes complots… Era difícil no sentir una punzada de dolor ante el exhibicionismo de tantas miserias morales en una institución que tendría que ser redentora de todas ellas. Lo reconocía un apesadumbrado Benedicto XVI en una reflexión que ha tenido menos eco del que merecía. “Se habla tanto de la Iglesia de Roma, se dicen muchas cosas: esperemos que se hable también de nuestra fe”.

¿Pero, realmente, se habla de la fe? ¿La reconocemos actuando en medio de nosotros? ¿La perciben nuestros contemporáneos como un elemento de sentido y transformador en las vidas o solo la relacionan con las púrpuras y la filigrana de la puntilla que brindan estos días las televisiones?

Sor Inmaculada es una religiosa corazonista que ha salido en los periódicos por frenar el inminente desahucio de una familia cuyos hijos cursan estudios en su colegio. Su caso saltó a las redes sociales, donde la apodaron “la monjaflauta”, cosechando rápidamente las simpatías de la variada fauna que pulula por ellas. Ante la extrañeza que causó su actuación, la religiosa mostró, a su vez, la suya porque extrañase una actitud que forma parte del ADN de su fe, de su entrega y compromiso: “La Iglesia es un motor social y la entidad que más se ha ocupado siempre de los desfavorecidos”, dijo, citando a Cáritas. Y ahí, algunos habrán descubierto con sorpresa que Cáritas y la Iglesia son lo mismo, más acostumbrados a identificar a esta última con unos señores muy serios, de quienes no relacionan que lo que dicen tenga mucho que ver con lo que entienden quienes son pasto de la Nueva Evangelización que es la fe. Así pues, para el cercano Año de la fe, ojalá salgan también a escena algunos frailes, sacerdotes, laicos y obisposflauta. Que haberlos, haylos.

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Linchamientos

Por: Alfonso Carcasona 25-02-2012

Curioso y despreciable el género humano,

 que se estremece ante conductas de otras sociedades o de otros tiempo, pero las asume con tranquilidad si son de su época. Desde el tiempo de los romanos, a la edad media, pasando por el lejano oriente o más cercano, la revolución francesa o nuestra guerra civil, cientos son las películas y novelas históricas que nos ponen los pelos de punta ante la capacidad de barbarie que tenemos los hombres. Cuerpos despedazados,  cabezas en picas, intestinos colgando. 

Hoy todavía asistimos en algunas partes del mundo a estos sucesos, a lapidaciones o ejecuciones grabadas con el móvil como la del líder libio Gadaffi.  Ejecuciones en estadios públicos, o en las plazas de los pueblos. Nuestra sensibilidad occidental nos hace repudiar estas conductas, aunque a veces, si no nos las enseñasen…

Pero con lo que disfrutamos sin pudor en Occidente es de los linchamientos mediáticos, en los que no hay sangre de por medio. Y si hubiese un poquito, pues tampoco le haríamos ascos. Si, por algún casual, en el fragor de los insultos, a alguien se le va un poco, o un mucho la mano, pues nada, a condenarlo con la boca pequeña y a seguir.

Viene esto a cuenta de los juicios paralelos que se incitan desde el cuarto poder, ávido de vender ejemplares o captar audiencia. Y la poca formación moral de los que los seguimos hace que enterremos en vida a personas que, aunque sean culpables, no deberían ser objeto de un tratamiento semejante. San Francisco condenaba como pecado grave la difamación. Pero quizás pocas veces habló Jesús tan claro, sin necesidad de palabra, como en la escena de la adultera (Juan 8). Es el único escrito que nos ha dejado, desafortunadamente borrado de inmediato por el viento. Difícilmente podemos los cristianos no entender su mensaje en este punto. Pues bien, muchos que así nos consideramos, de los de golpe en el pecho,  desatendemos esta elemental norma de convivencia todos los días. 

 

 

 

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El cuento de la lechera

Por: Jose Maria Marquez Vigil 25-02-2012

Lo bueno de no tener criterio es que

puedes leer la columna de Alfonso y la de Pepe, y estar de acuerdo con ambos. ¡Y en todo caso, estar en desacuerdo con Botín!

Pienso que el problema de los grandes empresarios, los que están casados con el poder, es que normalmente se alejan del mundo de la empresa tras haber experimentado un peligroso acercamiento al de la política.

El mundo de la empresa consiste en arriesgar, inventar, innovar, aguantar, crear, dar valor, mejorar, y todo ello produciendo y/o vendiendo para sobrevivir entre la competencia.

Pero los políticos, y los peces grandes que juegan a “acostarse” con éstos en demasiadas ocasiones, se han acostumbrado a “echar la quiniela de los lunes”, cuando ya se sabe el resultado. A hacer el sudoku sin esfuerzo, copiando la solución que aparece en la última página del periódico. ¿Para qué invertir en una promoción si no sabes a ciencia cierta si vas a partir con ventaja recalificando unos terrenos que te abaraten el coste, obteniendo financiación pública asegurada de antemano, o incluso asegurándote la demanda de dicho suelo denominándolo “de protección oficial” o por tener información privilegiada sobre las infraestructuras a realizar ahí que hagan atractivo dicho suelo?

Ahí sí entiendes las palabras de los banqueros cuando echan de menos una “demanda solvente”. Pero yo aconsejaría a estos mismos banqueros “jugar al sudoku sin copiar”. ¡Es mucho más bonito!, y por supuesto muchísimo más divertido. Un empresario que se precie no tiene que ganar siempre con todos los proveedores y todos los clientes, y además con todo garantizado desde el principio. A veces puedes sacar tu beneficio del proveedor, a veces del cliente, o a veces hay que verlas venir durante unos años…

Prestar al que tiene, al que da en depósito/prenda/garantía, en un mercado alcista (que hace subir el precio del bien dado en depósito), a altos tipos de interés y con suculentas comisiones lo hace cualquiera. ¿Es eso la “erótica” del poder? La erótica” implica riesgo, desconocimiento, misterio… Saber qué va a pasar exactamente no es “erótica”, sino “prostitución”…

En el Colegio de mis hijos nos piden a los padres que vayamos a veces a contar cuentos. He repetido ya varias veces el cuento del Príncipe Feliz, un cuento bonito y con valores de los de verdad. Pero al amigo Botín no le han debido contar ese tipo de cuentos ni creo que los entendiera nunca. Tal vez habría que empezar por otro que me tocó contar hace unos meses: el cuento de la lechera. Al tratar de inversiones y crecimiento empresarial, a lo mejor lo entiende un poco mejor…

Además, resulta que la conocí el otro día en persona. ¡En serio! Conocí a “La lechera” en Dar es Salaam (Tanzania). Bueno, no era exactamente la del cuento, pero a Botín la gustaría mucho más porque se trata de una prestataria solvente. Os cuento este otro cuento…

En Africa Directo hemos decidido trabajar también en el mundo del microcrédito. Es muy importante garantizar a los más empobrecidos el acceso a la salud, a la educación, al agua… Pero también al crédito y al ahorro para poder sacar adelante a esas numerosas familias africanas. Así hemos iniciado un programa de microcréditos en Tanzania (y en otros muchos países africanos) siendo “la lechera” una de sus beneficiarias. No tenía nada que ofrecer, ni garantías ni bienes inmuebles, pero nos propuso un buen “business plan”. Quería comprar unos garrafones y otros envases, unas carretillas para el transporte, y acercarse a los massai y comprarles la leche de sus vacas para, a continuación, venderla al por menor a pequeños restaurantes, a domicilio… Y así lo hizo con ayuda de un microcrédito inferior a los 100 euros. Ahora tiene empleados que trabajan para ella a comisión y ha diversificado el negocio hacia la venta de artesanía massai, etc. A lo mejor este cuento le gusta a Botín, porque no se rompió el cántaro y ahora la lechera ha devuelto el préstamo y los intereses. Pero los banqueros siguen sin entender algo realmente capital en el mundo financiero: “Si el préstamo es pequeño, el prestatario tiene un problema. Si el préstamo es grande, el banquero tiene un problema”. Y son estos grandes préstamos los que nos han traído problemas reales a los españoles, no nos equivoquemos. Que la hipoteca en España sigue estando respaldada por una garantía personal del prestatario.

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La Cuaresma a tiro

Por: Juan María Laboa 20-02-2012

La historia contemporánea constituye un muestrario

de la capacidad humana de maldad y brutalidad: el estalinismo que mató sin piedad a unos y destrozó la vida de otros; el nazismo que torturó a tantos y apagó el sol con el humo de los hornos crematorios, la guerra civil española, el régimen comunista de Albania, el genocidio armenio, el horror de Cambogia, de Ruanda y de tantos otros lugares. Pero, al mismo tiempo, descubrimos su disposición a la bondad y generosidad, que nunca ha permanecido ausente de la vida humana. En los momentos más difíciles nos encontraremos con los destellos de amor del ser humano, de los corazones humanos estimulados por el deseo de cambiar el mundo a imagen del bien que vive en ellos.

 ¿Qué es el hombre? Pascal, en sus “Pensamientos”, se pregunta: “¿Qué quimera es, pues, el hombre? ¿Qué novedad, qué monstruo, qué caos, qué montón de contradicciones, qué prodigio? Juez de todas las cosas, indefenso, gusano, depositario de la verdad, cloaca de incertidumbre y de error, gloria y desecho del universo”.

Este es el sentido del tiempo litúrgico de Cuaresma, el recordar nuestra miseria interna y nuestros límites: “polvo eres y en polvo te convertirás”, pero, al mismo tiempo, ser consciente de nuestra grandeza, al conmemorar la muerte del Justo: “conviértete y cree en el Evangelio”. Desde lo más profundo de nuestro ser surge el reconocimiento de que, a pesar de nuestra debilidad, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y de que permanece en nosotros la capacidad de regeneración, de reconocerle y seguirle.

Por esta razón resultan tan esperanzadoras las palabras de san Pablo leídas en el miércoles de ceniza: “Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: “En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda”; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación”.

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La crisis llena iglesias

Por: J. Lorenzo 19-02-2012

Le he oído al presidente del Santander decir que los bancos no dan créditos

porque no hay una “demanda solvente”. Con la que está cayendo, la declaración de Emilio Botín es un ejemplo palpable del razonamiento en el que viene insistiendo en los últimos tiempos Benedicto XVI cuando afirma que esta deconstrucción económica y social es, sobre todo, una crisis ética y de valores. Y resulta, además, una opinión insolvente desde el punto de vista cristiano, por mucho que luego la entidad bancaria sostenga mil y un convenios con distintas diócesis e, incluso, que su todopoderoso patrón haya puesto su cara y patrimonio para ayudar a llegar a buen puerto a la JMJ del pasado verano en Madrid.

Los insolventes de Botín que salen de sus sucursales con las manos vacías son ahora los que llenan de nuevo los templos y los comedores de la Iglesia, a donde acuden sin más nómina que la de ser hijos de Dios ni mayor aval que el de ser, simplemente, el prójimo de quien les atiende y escucha. Lo confirma el CIS, quien asegura que han aumentado en algo más del dos por ciento las personas que asisten a la misa dominical. Muchos de estos “conversos” van a implorar a lo alto por su trabajo, el del hijo, la nuera, el nieto, el padre o la madre, o el de los dos…Tantos años de congresos, jornadas, simposios y demás para tratar de llenar de nuevo las eucaristías de doce y ha tenido que ser la crisis, previa invocación a santa Bárbara, la que obre el milagro. Al final, ni plan pastoral ni nada: lo mejor para la Nueva Evangelización va a ser el paro, la flexibilización del despido y la desesperación del personal. ¿Será parte de esta sibilina estrategia el silencio eclesial ante medidas tan rotundas del nuevo Gobierno como la de la reforma laboral recién aprobada, que marca un antes y un después con respecto a los avances alcanzados durante décadas, y que devuelve un poquito más a las personas al concepto de simple mercadería? A efectos contables, hoy tan en boga, incluso resultará positivo que se vacíen las empresas para que se llenen las iglesias. Si nos conformamos con eso, claro.

 

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Camino Africano II

Por: Jose Maria Marquez Vigil 19-02-2012

(Continuación de la semana pasada)

“ Tenemos que comprar una cámara neumática de repuesto para cuando pinchemos” dijo en Mbeya Happy con mucha razón, cuando llevábamos ya un tercio del viaje y el retraso sobre nuestras optimistas estimaciones iniciales era ya excesivo. Pero la rueda delantera tenía un diámetro considerablemente superior al de la trasera, y andábamos bastante pelados, con lo que decidimos comprar solo la trasera 50 km. antes de que la Ley de Murphy hiciera que, en medio de la nada, destrozáramos literalmente la otra, la delantera, con tres pinchazos y la rotura de la válvula (el pitorro que sirve para inflar el neumático). Una corta distancia caminando el uno y dirigiendo con muchos cuidados la moto pinchada el otro nos dirigió a una pequeña aldea con media docena de chozas entre las que por supuesto apareció inmediatamente “el manitas” del pueblo que fue pegando sobre los pinchazos desgastados varios cachos de rueda de bici, y haciendo nuevos agujeros en los que introducir nuevamente la válvula. Más pegamento, unos tensos minutos al regatear los honorarios en presencia de una mujer corpulenta que parecía cortar el bacalao, y de nuevo en camino un par de horas después con una rueda que parecía querer demostrarnos la cuadratura del círculo a tenor del traquetreo al que nos sometía hasta que llegamos a una pequeña ciudad en la que nos estiramos y compramos la cámara adecuada, la cambiamos, y compramos también una pequeña garrafa para poder adentrarnos con gasolina extra en nuevas carreteras mucho menos transitadas.

 Todas estas, asi como otras muchas anteriores y previsiblemente otras futuras, no dejan de ser “aventuritas de niños blancos” (o no tan niños). Al pinchar acabábamos de adelantar a un hombre descalzo, vestido con harapos, éste sí que sin alforjas, ni sandalias, ni mochilas, ni papelitos mágicos en la cartera para resolver los problemas que le pudieran ir surgiendo. Tras reparar nuestro pinchazo tardamos muy poco en volverlo a adelantar, y una vez más, ya la definitiva, tras cambiar la rueda más adelante... Nosotros seguiríamos nuestro “camino africano” aprendiendo a sonreír a las minúsculas dificultades que nos íbamos encontrando, mientras este alma solitaria, este hombre descalzo y casi sin ropa, seguía avanzando en su gran camino, su autopista, quién sabe busando qué, dónde o porqué...

 Nosotros sí creíamos saber lo que buscábamos. Llegar en el mismo día a visitar las misiones para volver inmediatamente a un sitio civilizado desde el que me cogería un autobús para proseguir con mi agenda se antojaba ya imposible, y al llegar la oscuridad decidimos pernoctar en un albergue que, por 4 euros cada uno desayuno incluído y un lugar en el que aparcar la moto medianamente protegida, parecería un auténtico lujazo si no fuera porque se trataba de un club de alterne con la música a tope en el que pasaríamos la noche a duermevela compartiendo una gran cama matrimonial y una sola sábana y manta minúsculas por las que Happy y yo lucharíamos encarnecidamente hasta altas horas de la noche.

 Maaike puede estar tranquila porque ni el entrañable Happy con el que me había tocado compartir camastro, ni las trabajadoras del lugar, verdaderas modelos de un hipotético Rubbens africano, embadurnadas de polvos de talco por alguna extraña razón que las empujara a esconder su negritud, llegaron a suponer en momento alguno una tentación que me pudieran desviar mínimamente de mi compromiso de fidelidad matrimonial. Pero otros viajeros parecían un poco más promiscuos a tenor de los gritos, risotadas y peleas que nos regalaban, todo incluido en el precio de nuestro “bed & breakfast”.

 Preocupado por la moto me levanté en varias ocasiones en relación directamente proporcional al volumen de los gritos que escuchaba, hasta que decidí sentarme en una silla fuera, frente a la moto, embadurnado de repelente de mosquitos mientras permitía a un happy feliz apropiarse en exclusiva de la manta durante unas horas.

 El amanecer llegó con la moto intacta y nuestros ánimos también, y ya sin percances, alcanzamos tras algo más de 4 horas de bajadas a toda velocidad y subidas a bastante menos, la Misión de Wino con un día de retraso frente a nuestros planes iniciales, encontrándonos para nuestra sorpresa que en esta perdida Misión que tan alejada parecía para nuestra motito entre multitud de valles y montañas, se celebraba ese mismo día, 2 de febrero, la conmemoración del día de la vida religiosa consagrada. Nosotros nos presentábamos por sorpresa ya que no nos fue posible contactar a las hermanas de ninguna forma, pero la sorpresa nos la llevamos Happy y yo al escuchar los cánticos y vislumbrar a lo lejos el colorido de dos Obispos y un Arzobispo oficiando la misa junto a decenas de sacerdotes diocesanos y misioneros, y un centenar de religiosas mientras las agujas de nuestro reloj se movían con gran lentitud viendo pasar de largo nuestras mínimas posibilidades de éxito. La Fiesta concluyó a las 3 pm quedando tan sólo 3 horas para tratar de visitar la Misión de Wino, viajar hasta Mahanje (a unos 60 km. de distancia, o dos horas de nuestra motito), y desandar lo andado para volver a una ciudad desde la que tomar el autobús que me llevaría a Dar con tan solo un día de retraso. Pero la Providencia también nos regala momentos mágicos, y cuando ya nos disponíamos a volver con las manos vacías se restableció por unos minutos la cobertura telefónica y la hermana Piedad pudo organizar, desde casi 1.000 km. de distancia, la jubilación temporal de nuestra motito, la llegada de un vehículo de los agustinos, y la visita de ambas misiones en coche (¡qué lujo nos pareció!) mientras las hermanas de Wino se encargaban de otros cientos de invitados sentados a la mesa. Llegado el atardecer, subimos la moto a un pick-up que nos dejó al otro lado de las montañas bien entrada la noche.

 Así voy camino de Dar, y, después de otros destinos en Tanzania, seguiré por Uganda y Etiopía, en ocasiones por aire y otras por carretera (sobre todo en Uganda, donde coincidiré con Manolo, mi compadre, un misionero laico al que le encanta tomar autobuses nocturnos para aprovechar mejor el día trabajando en la Misión). Caminos africanos, caminos de Misión que conllevan a menudo alguna que otra “aventurita de blancos”, a años luz de esos otros caminos africanos que llevan a padres y madres, a hijos e hijas, a despedirse de sus familiares más allegados para recorrer miles de km. y montarse en una minúscula patera con la que alcanzar, si lo consiguen, la tierra prometida en la que una sociedad abatida por 5 millones de parados y unos sangrantes recortes sociales no les acogerán para “arreglar sus pinchazos” o “limpiar sus bujías”.

Otras “hermanas Piedad” (afortunadamente conozco alguna) arreglarán pinchazos en España, o en Africa, en la esperanza de que sus caminos africanos sean lo más llevadero posible en uno y otro continente.

No puedo dejar de recordar, ya para terminar, la respuesta del Maestro cuando le preguntaron por el camino a la Vida Eterna. Su respuesta fue la parábola del Buen Samaritano. Ni más, ni menos.

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Busquemos la coherencia

Por: Alfonso Carcasona 19-02-2012

Esto de ser administrador de este ilustre blog

me da la ventaja de poder disfrutar de los artículos publicados un nanosegundo antes que todos vosotros. Y en ese nanosegundo (que a veces duras unos días) meditar sobre ellos, y de vez en cuando encontrar el tema sobre el que reflexionar conjuntamente con todos los que tenéis la paciencia de leerme. 

Esta semana publica Pepe Lorenzo su columna acerca de cómo la crisis está llenando las Iglesias. Desgraciadamente, el hombre es así, nos acordamos de Santa Bárbara sólo cuando truena… Ojalá sepamos en la Iglesia aprovechar esta segunda oportunidad que se nos da de acoger a aquellos que, como señala el obispo Sebastián Taltavull, están cerca, pero en la época de los oropeles se habían alejado… Y acercar a aquellos que estaban más lejos, no solo con las palabras, sino con nuestro ejemplo y buenas obras.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con el juicio que hace de la actividad de los bancos estos días. Criticamos el hecho de que nos hallemos en esta situación de crisis por su falta de tino, por su codicia en la concesión de operaciones que ahora se llaman hipotecas “basura”. Es decir, préstamos que se dieron y que hoy han resultado fallidos. Como el que firmó no los puede pagar y dio en garantía la casa que con ese dinero compraba, pues el banco se la ha adjudicado. Y como esto ha pasado en demasiados casos pues ahora no hay nadie capaz de comprarlos y los bancos se tienen  que quedar con ellos. Y como parece que ahora nadie está dispuesto a pagar por ellos el precio que se pagó entonces, pues nada, los bancos a provisionar (quitar) su valor en sus balances, y con ello generar pérdidas. En cualquier compañía que no sea un banco, si esas pérdidas no se pueden compensar con reservas, pues nada, a quebrar y ya está. Pero los bancos tienen nuestro dinero en forma de depósitos y claro, eso supondría la quiebra del sistema. Leo que a los clientes de Spanair que habían depositado su dinero para comprar sus billetes parece que no se lo van a devolver, sin embargo. Curioso, pero esto sería objeto de otra columna…

Aboga mi amigo Pepe porque los bancos den dinero a clientes no necesariamente solventes (entiendo que desde el punto de vista económico). Y yo me pregunto, si eso pasase, ¿no estaríamos replicando la situación previa a la tragedia de las hipotecas basura? Con el agravante de que, probablemente, para prestar ese dinero los bancos (o quien lo diese) pediría algún tipo de garantía. Los que tuviesen casa en propiedad la pondrían en garantía. ¿Y si no la pueden pagar? ¿Simplemente no se paga y ya está? Porque si se ejecuta la garantía…

Los bancos no prestan dinero porque, entre otras cosas, no lo tienen, fruto de su equivocada política de prestar a quien en el futuro igual no lo podía devolver. Y quizá sea un efecto bueno de esta crisis que nos obliga a cambiar completamente los valores. Igual la economía familiar y empresarial no debe estar tan endeudada. Igual no tenemos que firmar préstamos para viajes, o regalos, o coches. O casas que no nos podemos permitir, ni siquiera de alquiler. Igual tenemos que ser más austeros, pero de verdad. Igual, en la búsqueda del bien común, lo que tenemos que plantearnos de verdad es un cambio profundo en las reglas de nuestro selecto club. No sólo flexibilizarlas, sino cambiarlas completamente. O cambiarnos de club, si tenemos coraje. 

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Las hayas

Por: Xabier Azcoitia 16-02-2012

Cuando en esta parte del mundo en la que yo vivo,

los niños ya corretean por los patios de los colegios y las horas de luz del da se alargan lentamente, en ese otro hemisferio sin el cual la Tierra no sera la Tierra, el verano va avanzando y el otoño se vislubra a lo lejos. Aqu la primavera se anuncia a un mes vista.
El incesante ciclo de las estaciones sigue girando. Una estación alumbra la siguiente. Cada una de ellas, fecundada por la anterior, da a luz a la que ha de venir. Nada se pierde, todo se transforma.

Avanza el invierno. Silencioso. El invierno de las propias tradiciones.

El mío es un invierno de hayas y pinos. Un invierno fro, de paseos en los cuales las hojas ya muertas y cadas de los árboles, anuncian lo que está por venir.

Paisajes silenciosos. Riachuelos cadenciosos que tintinean y se abren a la búsqueda de paisajes verdosos.

Inviernos de musgos y líquenes. Aunque alguno no lo vea y por lo tanto no lo crea, los inviernos tambin están llenos de vida. Vida interior, "de profundis".

Estos paisajes, aparentemente tan hermosos, son creados por enormes árboles, hayas, que crecen inmensamente con un solo objetivo: que la luz no llegue al suelo. Taponar el paso de la luz. Llenar de oscuridad y que nada vivo crezca a los pies. Será por eso mismo, quizá, que los poderosos de este mundo tienen sus despachos en los áticos de sus altas torres de cristal y acero?

En esta semana que anticipa lla llegada de la Cuaresma, camino por los pasillos del Centro San Camilo con la sensación cierta de hacerlo por lo in-firme, por la horizontalidad. Trascender no es mirar más allá sino mirar a donde mirá el trascendente, el totalmente Otro. Es mirar más acá. Es mirar más adentro. Es mirar al corazón del hombre. Quizá sea compartir la mirada con Aquel que es el Otro. Quizá sea mirar al ser humano y compartir la mirada que dice que vio que era bueno. Y se sonrió.

Pero para ver es necesaria la luz, esa que nace de lo más íntimo, de lo más profundo. Esa que ilumina la mirada desde dentro y hace que se vea aquello que la luz exterior deja en sombra.

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El PP les aclara la voz

Por: J. Lorenzo 10-02-2012

Nueva travesía del desierto para Escuelas Católicas,

  organización religiosa que aglutina a más de 2.000 colegios católicos concertados. Si con Zapatero sufrió un fuerte desgaste a costa de Educación para la Ciudadanía (EpC) y sus esfuerzos por impartir, sin chocar con el propio ideario, una asignatura obligatoria rechazada de plano por los obispos, la reforma educativa del Gobierno de Rajoy les afecta en algo mucho más tangible, e igualmente medular: la supervivencia de muchos de sus centros. La razón: la pretensión, anunciada por el ministro Wert, de reducir en un año la Educación Secundaria Obligatoria para dárselo al Bachillerato. De esta decisión depende el futuro de unas 1.400 aulas y otros tantos profesores.

Escuelas Católicas ya ha mostrado, como es lógico, su preocupación. Pero en esta riada de destrucción de empleo a la que nos vamos acostumbrando, que un día se traga impasible a una aerolínea sin más protesta que las de los viajeros afectados, nadie más que la escuela concertada parece darse cuenta de que peligra un sistema de enseñanza que da sus frutos y que, además, está bien valorado por los padres.

Tal vez por ello, se echa de menos en este momento a aquellas asociaciones de padres y otros colectivos vocingleros colindantes con la ultraderecha que pusieron a los centros católicos a los pies de los caballos, acusándoles de venderse al Gobierno socialista para no perder el dinero de los conciertos e, incluso, cuestionando su catolicidad porque no secundaban la objeción de conciencia a la polémica asignatura. Y, sobre todo, decían, porque no obedecían a los obispos. Fue una campaña gritona, de acoso y derribo, que Escuelas Católicas superó con menos compañía de la adecuada para semejante travesía.

¿Que se hizo -que diría el gran Manrique- de aquella defensa montaraz del colegio católico patanegra? ¿Ya no hay campañas para inundar sus centros de cartas, pero esta vez de padres que se solidaricen con su suerte? ¿Es que a todos ellos se les ha atiplado la voz con la llegada del PP? Se diría que sí, viendo su reacción a algunas otras reformas anunciadas, como la del divorcio por notario.

 

 

 

 

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Decisiones judiciales

Por: Alfonso Carcasona 10-02-2012

Dos sentencias han conmocionado la opinión pública española esta semana.

Por un lado, la condena por dopaje a Contador, que le inhabilita para correr el Tour y las olimpiadas. Por otro, la del juez Garzón, que le inhabilita para ser juez.

La primera ha causado en nuestro país, en nuestra opinión pública, una reacción casi unánime de condena de la sentencia. Se argumenta que es injusta porque no prueba la comisión de la infracción. Parece ser que en otras opiniones públicas –en especial la francesa y la danesa- la reacción ha sido la opuesta, teniendo en el caso francés una mofa particular que intenta desprestigiar a los principales deportistas españoles. Por supuesto la reacción española ha sido la de gallarda indignación y casi llamada a consultas de nuestro embajador.

La segunda ha causado en una parte de la opinión pública, probablemente la más gritona, la que se arroga la defensa de los valores universales, un desgarramiento total de vestiduras, el salir a la calle e indignarse ante unos jueces a los que llama fascistas y corruptos. En este país, en cuanto no estás de acuerdo con alguien el primer insulto es el de fascista, imagino que en contraposición de demócrata, que es el que lo grita, al no aceptar la posición del contrario.

Me llama la atención que en condenado, un juez (o ex-juez, para ser más preciso), acuse a sus compañeros de tener la sentencia preparada hace meses. Me parece correcto y más que legítimo que no esté de acuerdo con la sentencia, que la recurra en todas las instancias posibles pero, después de recusar a más de una decena de compañeros, ¿todavía puede acusar a la Justicia, de la que él formaba parte de redactar sentencias antes de iniciar los juicios? 

Más moderada y digna de aplauso ha sido la reacción del deportista que, como no puede ser de otra forma, continúa defendiendo su inocencia y anuncia los recursos pertinentes. En este caso, probablemente solo el implicado sabrá si efectivamente cruzó la línea o no. Por mucho que tengan que ser terceros los que lo juzguen. 

Esta es la sociedad que nos hemos dado, en la que delegamos, para bien o para mal en terceros para que tomen decisiones cuando surge un conflicto, cuando algo no está claro. ¿Son esas decisiones verdad divina? Evidentemente no, al estar tomadas por hombres, y por tanto ser falibles. Pero si estamos sometidos a los tribunales, acatémoslas, aunque disentamos y creamos que son erróneas (en su caso) y por lo tanto injustas.  

Y respetemos a los condenados, por los que debemos sentir compasión, aunque peleen porque no la sintamos. No desear para los demás lo que no quiero para mi. Imagino que en estos dos casos, como en los innumerables casos que los medios no nos dan a conocer cada día, los sentimientos de desolación, tristeza, abandono e injusticia son tremendos. Lo menos que puedo hacer por ellos, es com-padecerlos.

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HERMANO PACO

Por: Santos Urias 08-02-2012

Un día apareció por el templo,

con sus manos encallecidas de hacer chapuzas, con su cabeza despejada, con su sonrisa llena de cojeras. Entró a saludarme, decía conocerme aunque yo sinceramente no recordaba su cara. Cuando empezó a hablarme de amigos comunes me di cuenta que habíamos compartido algún periodo del tiempo del seminario. No paraba de hablar y reconozco que daba la impresión de ser un tipo bastante rarito, con un punto de locura. 

No me equivoqué, ha seguido bajando con bastante frecuencia, siempre atento, siempre disponible; pesado, sí, muy pesado, pero con esa locura que caracteriza a los verdaderos santos. Se crió en un orfanato con los salesianos y tiene una especial devoción por S. Francisco. Vive en una pensión y es como el angel de la guarda de muchos de los que están allí. Apenas vive de su paga por incapacidad, pero no puede ver a un compañero sin compartir lo poco que tiene. 

En la Iglesia habla con unos y con otros, les pregunta, se inquieta, se ofrece, siempre con su sonrisa coja y su mirada limpia. Me dijo que le habían recomendado no leer obras espirituales o místicas, que se las tomaba demasiado en serio y no sabía integrarlas correctamente. Yo me reí por dentro: o sea que tomarte la fe demasiado en serio acaba convirtiéndose en un problema, ¿no ha sido siempre así? Aun con todo eso está leyendo las obras completas de S. Francisco, le llama la atención la pobreza, la generosidad, la vida en común, la fuerza de la oración en esos escritos. Por eso en su corazón no hay espacio para el rencor, para el odio, para los malos sentimientos y en cuanto observa que no ama a alguien como cree que debe hacerlo acude a confesarse a buscar la reconciliación y la paz. 

Paco es un regalo: pesado, raro, especial, pero un maravilloso regalo amasado por las manos de un Dios que también está un poco loco ¿o no? 

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Camino Africano

Por: Jose Maria Marquez Vigil 08-02-2012

Escribo estas líneas dando botes en un autobús tanzano

 que me lleva a Dar es Salaam, la capital, desde Makambako (el quinto pino...). Me sonrío recordando otros viajes en los que también me puse a tomar notas, en autobuses en la frontera entre Uganda y Sudán, en Angola, o por supuesto tantas veces en Malawi. Mi compañero de asiento también me miraba sorprendido en aquellas ocasiones. “¡Mzungu!” (“cosas de blancos”) Estamos de camino, viajando... ¿Cómo se pueden hacer “otras cosas” a la vez? “¡Qué estress producen estos blancos!”.

El autobús vuelve a parar para seguir llenando sus ya abarrotados asientos. Un voluntario definió en cierta ocasión los pequeños autobuses malawianos (las matolas) como “agujeros negros” que van absorviendo toda la materia que encuentran a su paso (personas, animales, todo tipo de equipaje...). Ves a una anciana con su enorme saco de maiz de casi un centenar de kgs. “¡Qué ilusa!”, piensas... “Aquí ya no hay sitio y la pobre anciana tendrá que seguir esperando...”. Pero no es ella la ilusa. Un tipo que gravita por el minibus, acomodador le podríamos llamar si realmente fuéramos todos cómodos, reorganiza el pasaje y se produce el milagro. El viaje continúa, ahora con un saco gigante vomitando harina de maiz encima de nuestras cabezas, y la matola sigue haciendo paradas para introducir una madre con un niño y dos bebés, que se acomodan sin grandes dificultades, el anciano que viaja con una bicicleta (¡también entra la bicicleta, atada a la puerta!), o la jóven vendedora de pescado seco que viaja con una cesta llena de mercancía para vender, cuya presencia ya no podrán olvidar nuestras fosas nasales durante todo el viaje. 

Este nuevo viaje, uno de tantos, en la esperanza siempre de que no sea el último, comenzó en Malawi, donde visité varios proyectos de desarrollo en la región central. Al cabo de una semana comenzamos el viaje hacia el Norte, a otro proyecto en la frontera con Tanzania. Fuimos en el coche de Devline, buen amigo malawiano y compañero de trabajo y aventuras varias, y se nos unió Javi (al que en Malawi llaman “Happy”), otro buen amigo y voluntario durante este último año en Atupele, el hospital al que íbamos. En todo el país no puedes encontrar una sola Gasolinera con combustible debido a la “Fuel Crisis” que dura ya un año (causada por la ausencia de divisas en el país tras la cancelación de varios programas internacionales de ayuda). Verdaderamente, vivimos en Europa una crisis sin precedentes, pero la crisis en Malawi tiene precedentes y lamentablemente tendrá también “consiguientes”... Hace 15 años tuve la enorme suerte de quedarme sin gasolina en la unica Gasolinera a 100 km. a la redonda, hasta que tres días más tarde apareció un camión cisterna que me permitió seguir el camino. ¿Es eso una suerte? Si lo es, sobre todo cuando la Providencia te trae esos días a la única persona blanca que trabajaba por ahi, Maaike, mi mujer en la actualidad y madre de nuestros hijos, entonces una desconocida. Pero esa es otra historia...

La solución en esta nueva ocasión, por supuesto, pasaba por comprar el combustible en los poblados, en chozas clandestinas que almacenan multitud de “drums” y “jerrycans” (bidones y garrafones traidos de los paises vecinos para vender el contenido al triple del precio oficial. Devline tenía un contacto en el que confiaba plenamente, pero los intermediarios debían haber subido las comisiones, ya que el contacto “de confianza” mezclo la gasolina con etanol para poder incrementar su margen. Consecuencia: los 500 km. de viaje a Atupele se convirtieron en 14 horas incluyendo una limpieza de bujías en un poblado, con herramientas propias de “Les Luthiers”, y multitud de paradas forzosas con un motor que cuando no se paraba, a duras penas superaba los 50 km/h.

Llevábamos un par de días disfrutando de los sorprendentes avances de Atupele, ahora abarrotado de pacientes, cuando nos llegó la noticia de una generosísima donación particular para apoyar una veintena de proyectos. ¡Magnífica noticia! Un par de ellos, para beneficiar a los huérfanos y niños sin escolarizar, por un montante total superior a los 50.000 euros, tendrían lugar en el Sur de Tanzania, a unos 350 km. de donde nos encontrábamos (a ojo de “mal cubero” tras una rápida mirada a google maps el día que conseguimos 5 minutos de conexión y tomamos indicaciones del itinerario a seguir).

Mi valor añadido para multiplicar el valor de las aportaciones recibidas consiste en aportar por mi cuenta y riesgo, mi tiempo, costes, y algo de experiencia, para visitar, identificar, ayudar a implementar o a justificar, o a veces optimizar, si ello fuera posible, la asignación de recursos y la ejecución de los proyectos. Pero nunca había visitado la diócesis de Songea en la que se encuentran Wino y Mahanje, Misiones de las Agustinas en las que se construirían la Escuela Infantil y la Casa de Acogida respectivamente. Mi relación con Fidela, Piedad, Feli o Pilar, agustinas también actualmente en España o en las Misiones de Arusha o Nairobi, es excelente. Las considero amigas, hermanas, como a tantas otras Misioneras de una veintena de congregaciones repartidas por toda Africa. Otra razón más, por lo tanto, para iniciar este viaje antes de llegar a Dar, mi destino siguiente. Así que no nos lo pensamos más. Solo podía robar un día a mi apretadísima agenda de viaje, con lo que no podíamos depender del transporte público local para llegar a misiones tan incomunicadas con ciertas posibilidades de éxito, pero tampoco podíamos dejar Atupele sin su ambulancia, que debía servir a los pacientes. Por eso se nos iluminó la cara al ver en el Hospital una yamaha verde de 125 cc, una moto pequeñita con un motor semejante al de una vespino. Y ahí nos montamos Happy y yo (a diferencia del Peck y la Hepburn en “Vacaciones en Roma”, dos bigardos de metro noventa y casi noventa kgs. de peso cada uno). ¡Cómo se nos vería a los dos con nuestras mochilas sobre esa motito que ningún africano intentó pararnos para montarse en esta especie de ciclomotor para el que la teoría de los “agujeros negros” no parecía ser ya de aplicación.

Nos fuimos como los Apóstoles, con las alforjas vacías, sin mapas ni herramientas, confiando en la fuerza con la que se manifiesta la Providencia en las aldeas africanas que atravesaríamos. Y por supuesto las distancias se duplicaron en la realidad, llegando a parecer que más bien de cuadriplicaban durante esas subidas interminables en las que me sonrreía recordando ese viejo tren de “Dumbo” que a duras penas hacía cima.

Mil problemas (“hakuna matata”), en la frontera y en los caminos... Pero en Tanzania sí hay gasolina, y las pequeñas complicaciones las conseguíamos superar con ayuda de la tranquilidad y optimismo con los que tantos africanos nos habían regalado en el pasado, Devline sin ir más lejos en este último viaje.

( Continuará la próxima semana... )

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¡Qué pereza!

Por: Alfonso Carcasona 04-02-2012

Escribo estas lineas sin saber cual de los dos candidatos ha ganado.

Y he de decir, que poco me importa, a tenor de su trayectoria y de sus postulados. Pero me ha llamado la atención el resumen que han hecho los informativos, de menos de un minuto, de sus últimos discursos, antes de la elección.  Destacados dirigentes, muchos de ellos responsables de la situación de pobreza, económica y moral, en la que nos encontramos,  aparecían ante los micrófonos felices y destacaban la brillantez de los mismos. Y después de esto,  decían, “es imperativo que todos nos pongamos, unidos, sin discordancias, detrás del líder que elijamos.” 

Como digo, no he oído por entero los discursos, y a riesgo de ser injusto, me quedo con el resumen que de ellos se han hecho,  refrendado con las  palabras de uno de sus dirigentes más controvertidos: “ha sido un gran discurso y sobre todo muy laico”.

¡Laico! ¿Pero es de verdad este el problema que afronta España estos días? ¿Es lo que importa a los más de cinco millones de parados, a las más de millón y medio de familias sin ingresos, a los dos millones de personas que probablemente perderán su empleo entre 2012 y 2013? Y desde el punto de vista no económico ¿nos encontramos ante la disyuntiva de un estado religioso o laico?

La falta de ideas, la trayectoria de los candidatos, y por sus discursos, la endeblez intelectual y moral de los delegados a los que se dirigen, me dan mucha pereza, a la vez que confirman mi preocupación acerca de la sociedad que estamos construyendo. Cualquiera que gane distraerá la atención acerca de su incapacidad de liderazgo con la demagogia laicista. Le dio resultado a su antecesor, y posiblemente les de también a ellos. Rasgarse las vestiduras es un acto que ha venido realizando el hombre desde hace miles de años., y por lo que se ve, los políticos de nuestra época siguen adoptando esa pose.

Chacón escoltada por Pajín y Zerolo, Rubalcaba anunciando en su discurso la revisión de los acuerdos con la Santa Sede (prioridad absoluta, lo que necesita la sociedad española, sin duda). 

Cualquiera que gane nos hará perder. Serán cuatro años marcados por el ansia de poder, no por la búsqueda del bien común. ¡Qué pereza, y qué tristeza!

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA. KAIRÓS

Por: Dolores Aleixandre 03-02-2012

Cuando empecé a usar Google, me hacía gracia

que junto al número de entradas de cada búsqueda aparecía el tiempo empleado: 0,75 seg; 0,30 seg… Los perros hacen lo mismo, pensaba yo: les tiras un palo lejos y te lo traen en la boca, orgullosísimos de lo poco que han tardado en encontrarlo, ni siquiera ellos escapan de esta manía de calcular el tiempo. Nos encanta dividirlo en fracciones minúsculas  e inventar para ello  instrumentos de altísima precisión. Las marcas de los atletas se miden en centésimas de segundo y nos irrita que el tren de alta velocidad se retrase unos minutos porque nos hemos vuelto súbditos del reloj y de la agenda y les permitimos reinar sobre nosotros, como una despótica pareja sentada en su trono. Rendimos homenaje al tiempo con frases rotundas: “Cuida los minutos, pues las horas ya cuidarán de sí mismas” “Consulta al tiempo, porque el tiempo es la máxima sabiduría”. “Es el tiempo que has perdido por tu rosa lo que hace que tu rosa sea tan importante”… Son expresiones impregnadas por el aroma de ese incienso con que rendimos homenaje al dios Cronos

Pero frente a su tiranía,  el Nuevo Testamento se atreve a pronunciar otra palabra: kairós como un  desafío al cronos ritmado por el curso de los astros y dividido por calendarios y cronómetros. Kairós es otra clase de tiempo y está marcado por un deseo, un proyecto, un acontecimiento. Sus ritmos son esos momentos (kairoi) en los que algo llega a término u  ofrece nuevas posibilidades: el parto después de un embarazo (Lc 1,57; 2,6); la cosecha tan esperada (Mc 12,2); el momento de llevar a cabo un proyecto largamente acariciado (Mc 14,12). Son ocasiones emergentes que exigen una atención vigilante para no dejarlas escapar.

Jesús comenzó su predicación proclamando que el kairós se había cumplido y el reino de Dios se había acercado (Mc 1,35). Era una noticia que desbordaba todas las  expectativas y llegaba como una ráfaga de alegría,  como un evangelio

Cuando ese kairós rozaba la vida de alguien, lo transformaba: Nicodemo, consciente de la medida de sus años,  pensaba con realismo que cambiar a su edad era ya imposible. El paralítico tumbado junto a la piscina respondía con escepticismo a Jesús: -“Si llevo ya aquí 38 años…!” Aquella mujer encorvada sabía que, después de 18 años así,  el paso del tiempo no haría más que seguir deformando su espalda. Pero de pronto en sus vidas prisioneras por las ataduras del chronos, irrumpía de manera inesperada una posibilidad insólita: nacer de nuevo, ponerse en pie, volver a erguirse.

A otros los acechaba el kairós cuando iban de camino: a Pablo que galopaba camino de Damasco para detener a los seguidores del nazareno, se le cruzó el mismo Jesús al que perseguía y le cambió de itinerario y de orientación vital. Al  samaritano que caminaba al paso de su mula, el encuentro con el hombre herido en la cuneta le aceleró los pasos y el corazón;  y, en vez de alejarse y seguir el ritmo de sus planes, acogió el imprevisto que se le presentaba. Y desde entonces, allá donde de anuncia el evangelio, se sigue recordando su gesto de acercarse al otro, en memoria suya.

“Un acontecimiento, dice el filósofo Miguel García Baró,   es la llegada súbita de lo inesperable, de lo que no nos cabe en la cabeza ni en el corazón, de lo que desde entonces pasa a ser por completo inolvidable. Es como un exceso tal de la experiencia, que se interrumpe la trama tranquila de la vida (…). Ya no podemos seguir contando nuestra vida como si tuviera un seguro argumento cuyo hilo central es nuestro proyecto sobre ella, lo que para ella hemos pensado y querido y que habitualmente se iba realizando”.

Haber conocido a Jesús y tener en nuestras manos su Evangelio pertenece a esa clase de “excesos de experiencia” que son por completo inolvidables.

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