Sábado 16 de Diciembre 2017

Itinerarios Pascuales

Por: Xabier Azcoitia 17-04-2012

Llevo tiempo en silencio y os aseguro que no es una mala praxis,

no solo porque de ese modo se evitan decir necedades sino sobre todo por el bien que hace poner la propia tierra en barbecho.

Cuando uno se detiene, la primera de las experiencias que se percibe no es la de la gran

cantidad de tareas o labores que uno hace o hacía hasta ese momento, sino otra mas

elemental, todo lo que hay que hacer para no hacer.

Alguna de las que yo he hecho tienen que ver con dejar el coche quieto y volver a usar el

transporte publico. Hacer que la radio no atruene ni siquiera en su versión clásica y

escuchar los sonidos de la mañana. Tengo la impresión de viajar rodeado de personas

que escuchan trinos de pájaros enlatados, eso sí, parapetados tras sus blancos y

"amanzanados" audífonos; junto a ellos hay otros compañeros de camino a los que

observo como son aparentemente trasladados a paradisiacos escenarios, eso sí,

atrincherados tras sus analógicos libros forrados de papel de periódico junto a los que son

trasladados de un modo mas "cool", que imagino que será algo parecido a más "in", tras

presionar el botón "on" del e-book que alguien les obsequio en las pasadas navidades o

en el reciente día del padre.

A la vez que miro, veo y observo con íntimo aprecio y respeto a todos estos que son como

yo, sigue creciendo en mí la impresión de que muchos hemos sido arados para

"liberarnos" de rastrojos orgánicos que generen en nosotros un humus que nos vincule a

nada distinto del dueño de la hacienda, colocados bajo techos translucidos de plástico

para dar fruto en cualquier estación del año, bien fumigados para que ninguna "plaga"

afecte a la cosecha, pero sobre todo sembrados con unas duras, resistentes y trasgenicas

semillas que aunque dan fruto y el fruto alimente, es estéril. Si plantas la semilla del fruto,

no da nada. Para volver a dar fruto necesitas ser replantado por las mismas semillas que

habiendo sido manipuladas genéticamente son fruto de una patente que por casualidades

de la vida son propiedad del dueño de la hacienda.

Hoy Domingo II de Pascua, mientras el tren surca por las andaluzas tierras de Jaén y

Córdoba camino a Madrid, bajo un espléndido cielo azul del que se descuelgan enormes

pompas blancas en forma de nubes, detengo incluso este post de hoy porque quizá lo que

ahora toque sea aquello que hicieron quienes llegando al final del camino del desierto, al

trepar a la colina desde la que se divisaba lo que pensaban que era la tierra prometida;

asombrarse y descubrir que todo era la tierra prometida, la que dejaban detrás y la que

estaba por delante. La de los 40 años de cuaresma y la de los 50 días de pascua. Que

toda tierra es prometida. Que toda tierra nos es prometida. Y antes de seguir caminando

se detuvieron y contemplaron. Esta semana contemplaré cada paso que doy.

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Estirar la Pascua

Por: J. Lorenzo 16-04-2012

El Viernes Santo del obispo Reig Plá

se ha comido el Domingo de Resurrección de Benedicto XVI. Incluso el lunes de Pascua de los afortunados que aún tienen trabajo y se han reincorporado sin el gesto mohíno de costumbre al finalizar sus vacaciones. Al fin y al cabo, benditos sean los madrugones y atascos antes que quedarse en la cama sin más horizonte existencial que ir a la oficina de empleo más próxima, otra Pascua al sol de las colas del paro, llenas también de infiernos personales que queman a familias enteras, víctimas de pecados que aotros han cometido por ellos. 

Para algunos, la vivencia de la Semana Santa se ha quedado reducida a los ecos de esa homilía del obispo. Pero es porque quieren, pues la vida de la Iglesia, de sus comunidades esparcidas por todo el mundo, están llenas de gestos pascuales, a tiempo y a destiempo, estirando las señales de la resurrección a lo largo de todo el año, apuntalando la esperanza donde otros abren boquetes en la moral de tantos fieles con condenas y anatemas, cuando no con silencios incomprensibles. Ahí están, sino, la carta pastoral, de ese otro obispo, Algora, tratando de salvaguardar, al menos con la palabra, la dignidad en extinción de los trabajadores. Ahí están los religiosos y religiosas de CONFER, poniendo a disposición de las víctimas de la crisis no solo su voz para denunciar las injusticias que les han llevado a esa situación, sino sus propias personas y los recursos materiales que les sean posibles para paliar tanta necesidad. Allí están, en Homs, cuando ni siquiera quedan periodistas, esa comunidad de jesuitas que no ha querido marcharse de la martirizada ciudad siria, sino que ha querido permanecer junto a los discapacitados a los que atienden y dando cobijo entre las ruinas a una cuarentena de refugiados, la mitad de ellos musulmanes.

Todos ellos, y tantísimos más, cerca o lejos, nos siguen ofreciendo el calor de la Pascua. Sacudámonos, pues, el escalofrío.

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Cumplir con sus objetivos

Por: Juan María Laboa 15-04-2012

En Málaga existe desde hace muchos años la Casa Museo de Picasso,

que incluye el piso donde nació el pintor y que es visitado por un número relevante de personas. Consta de un archivo bastante interesante, de un buen número de grabados y de unas salas de exposición.

Comprendo que, encontrándose situada a un tiro de piedra del museo Picasso, no ha resultado fácil dotarle de una identidad que resulte atractiva para el visitante y que, sobre todo, responda a su razón de ser y a lo que buscan los visitantes. De hecho, desde que se inauguró y hasta hace unos meses ha dado la impresión de un “totum revolutum” bastante desconcertante. Nos encontrábamos en sus salas con cerámicas poco interesantes, cuadros irrelevantes y noticias desvaídas. Si yo fuese un discípulo de Picasso como maestro de vida, tal vez, acudiría peregrinante a su casa aunque estuviera completamente vacía, pero no es el caso. Acudo a ella para conocer más sobre sus orígenes.

La recorrí de nuevo hace unas semanas y observé un inicio de cambio en el buen sentido, es decir comenzó a interesarme. Naturalmente, la Casa Museo tiene que ver y tiene su razón de ser con el nacimiento y los primeros años de vida del artista, transcurridos precisamente dentro de sus muros. Conozco su museo de París, el de Barcelona y el de Málaga, además del pequeño museo de Buitrago,  y considero que llenar su casa natalicia con cerámicas de poca sustancia y con algún grabado insulso constituye un despropósito y una pérdida de tiempo. Por el contrario, salir de ella conociendo  a su familia y sus primeros años de vida satisface nuestro interés y responde a la razón de ser de un museo que puede, de esta manera, pasar de ser un engaño a convertirse en un lugar sugestivo.

Me dio la impresión de que el nuevo director tiene las ideas claras y conoce su oficio, a juzgar por los primeros cambios constatados, y espero volver dentro de un año para confirmarme en la idea. Conozco bastante la pintura y la vida adulta del artista, pero poco sobre sus antecedentes y su adolescencia y por ello insisto en visitar el lugar de sus primeros pasos. Ahora existen medios técnicos capaces de recrear un ambiente, presentar el perfil, intereses y vida de una familia, introducirse en los primeros estudios y en el origen de una vocación. Todo esto, allí donde nació y manifestó sus primeras dotes, tiene su encanto y, de hecho, repetiría el objetivo de multitud de casas natales de genios de todo género.

En el fondo, una vez más, se trata de dar aquello que se anuncia y desea el que lo busca.

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SEMANO SANTO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 15-04-2012

Vivimnos la Semana Santa de modos muy diferentes.

Para unos, los más, es sinónimo de vacaciones escolares e inicio de la temporada playera, un viajecito… Otros tratan de vivir la Pasión ya sea viendo la película de Mel Gibson u otra de época, o porqué no, en la Eucaristía del Jueves y Viernes Santo y la Vigilia que desemboca en la alegría del Domingo de Resurrección. ¡El que tiene más suerte! Porque os aseguro que aunque cada año trato de disfrutar esos días vacaciones con mi mujer y mis hijos en un pueblito asturiano al que siempre vamos, y trato de compaginarlo con una cierta vivencia de la Semana Santa en familia… casi dría que me da un poco de vergüenza llevar a mis hijos a Misa. ¡Menos mal que el aburrimiento haga que se duerman y no presten verdaderamente atención a la lectura de los Evangelios y a la Homilia! Si, ya lo sé… ¡Una verdadera pena pensar así!

¡Magnífica la homilía de Benedicto XVI este Jueves Santo! Su lectura me llevó de lleno a esos días de la Pasión y me hizo recordar mis mejores Semanas Santas en Calcuta, en Malawi, e incluso en Madrid. Para el que no la haya leído, empieza así:  “El Jueves Santo no es sólo el día de la Institución de la Santa Eucaristía, cuyo esplendor ciertamente se irradia sobre todo lo demás y, por así decir, lo atrae dentro de sí. También forma parte del Jueves Santo la noche oscura del Monte de los Olivos, hacia la cual Jesús se dirige con sus discípulos; forma parte también la soledad y el abandono de Jesús que, orando, va al encuentro de la oscuridad de la muerte; forma parte de este Jueves Santo la traición de Judas y el arresto de Jesús, así como también la negación de Pedro, la acusación ante el Sanedrín y la entrega a los paganos, a Pilato. En esta hora, tratemos de comprender con más profundidad estos eventos, porque en ellos se lleva a cabo el misterio de nuestra Redención. (…)” (Se puede descargar entera en este link: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/homilies/2012/documents/hf_ben-xvi_hom_20120405_coena-domini_sp.html )

Pero Benedicto XVI dice muchas otras cosas, y entre ellas, según los medios, se enfrentó una vez más ese mismo día al sacerdocio femenino. Por más que leo esa Homilia, no veo yo el enfrentamiento, pero tal vez lo hiciera en otro momento…

Como cristiano querría escuchar esta Homilia del Santo Padre y sentir y disfrutar el verdadero significado de la Semana Santa. Pero aunque monte a los niños en el coche y huya de nuestro párroco para acudir una hora más tarde a la misa del pueblo más cercano, ahí está también él, omnipresente. Enfermo el pobre hombre, muy mayor, con diabetes… ¡No puede leer el Evangelio! Hay momentos en los que te recuerda a Les Luthiers cuando leían aquello de “una vieja leyendo ebria” en vez de “una vieja leyenda hebrea”… Y en sus homilías se le va la pinza para hablar de los temas más peregrinos.
En una empresa, el director se acaba jubilando cuando no puede ya ejercer sus funciones, pasando así a disfrutar de su retiro y descanso. También hay renovación en los equipos de fútbol o en la vida en general. Pero la falta de vocaciones lleva a nuestra Iglesia a encomendar a estos párrocos la dirección espiritual de sus fieles, que, como es de esperar, dejan de ser tan fieles y acaban abandonando estas Iglesias.
Una maravilla compartir una vez al mes con un grupo de amigos la Eucaristía dirigida por Juan Mari en la calle Alenza. Pero para los que no tengan la inmensa suerte de contar con Juan Mari, habrá que echar mano de “Juanas Marías” o quien sea para revitalizar esta Iglesia nuestra que verdaderamente, en algunos pueblos de nuestra España profunda, parece que debiera ser rescatada como los países mediterráneos, y no me refiero en este caso a un rescate económico.

Dice también Benedicto XVI en su homilía del Jueves Santo: “Jesús sale en la noche. La noche significa falta de comunicación, una situación en la que uno no ve al otro. Es un símbolo de la incomprensión, del ofuscamiento de la verdad. Es el espacio en el que el mal, que debe esconderse ante la luz, puede prosperar.” Lamentablemente veo así a nuestra Iglesia cuando no es capaz de entender en el sentido más amplio el mandato divino de “Id y proclamad la Buena Nueva”.

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CUÉNTAME UN CUENTO

Por: Santos Urias 15-04-2012

Casi dormido, acurrucado en un rincón de la cama,

 con esa luz tenue que acaricia los párpados. El sueño y el cuento se mezclan como la fantasía y la realidad: “érase una vez que se era…” Y arranca el viento de la voz cálida y envolvente, la que te traslada al centro del espíritu, donde las aguas primordiales se convierten en deseos y los primeros animales reptan por el sol. Sólo sé viajar a través de los sentidos, respirando profundo, tocando la piel, escuchando los ecos de la música celeste, saboreando los silencios, cortejando con mi mirada el vuelo de un pájaro. Y sigo ahí, debajo de mi edredón, con los barcos navegando entre mis piernas, con las hormigas mordiéndome los dedos de los pies. 

¿Quién puede creer en un mundo sin cuentos? 

La palabra del anciano se ha escondido tras las botellas de cristal: no nos reúne la sabiduría, nos congrega la evasión, o los falsos profetas; llenos de voces sin sonidos, articulando en blanco y negro, con subtítulos y fotogramas perdidos. Quiero escuchar al que conoce, al que el tiempo le ha sembrado la vida de margaritas y girasoles. Los palabreros no cantan sólo se escuchan a sí mismos. 

Por eso el cuento me arrulla, me deja soñar y dormir tranquilo. Como la niña que sin miedo se queda acurrucada mientras su madre la observa. No hay miedo, sólo la confianza del que cree. 

Cada noche vuelvo a pensar en la vida y en la muerte, en lo que la jornada me ha regalado, en el tiempo que inexorable va mordiendo mis entrañas. Y así entre callado y cautivo, vuelvo a asomarme a tu pecho y a pedirte como un niño: Por favor, cuéntame un cuento. 

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Entre los años 33/36

Por: Juan María Laboa 15-04-2012

El grupo de discípulos de Jesús

 encuentra la oposición más encarnizada sobre todo en los saduceos, es decir, aquellos que tuvieron responsabilidad directa en la muerte del Señor. Estos trataron de impedirles predicar y anunciar la buena nueva de Jesús. Esteban, uno de los diáconos, judio helenista, es lapidado, pero los discípulos del señor siguen predicando y atrayendo nuevos discípulos..

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Abierto en Domingo

Por: Alfonso Carcasona 14-04-2012

Vivimos, sin duda, una de las mayores crisis que la economía española ha tenido que soportar

 en las últimas décadas.  Gente como yo, que frisa los 50, no nos hemos enfrentado a una situación igual.

Leía esta semana artículos que hablaban de que nos hallábamos en medio de una guerra financiera, en la que no hay sangre, pero si destrucción. Destrucción en forma de pérdida de riqueza, de actividad económica, de puestos de trabajo. Más de cinco millones en nuestro país, con perspectivas de incrementar esta cifra, y de manera considerable, en los próximos meses. Más de la mitad de nuestros jóvenes aún no han encontrado su primer puesto de trabajo, y los que lo pierdan cumplidos ya los 40 tienen serías posibilidades de no volverlo a encontrar. La contracción de la actividad hace que se destruya empleo. La deuda asumida, tanto por particulares como a nivel de estado hace que los que todavía nos prestan dinero lo hagan mucho más caro de lo que parece razonable nuestra economía puede soportar.

Nubarrones negros sobre los que no quiero insistir en esta reflexión, como tampoco de las causas. Más al contrario, me gustaría compartir algunas ideas sobre una medida en concreto que obviamente no va a resolver el problema, pero que puede aportar un granito de arena: la aproximación de un cristiano (yo) ante la apertura dominical de comercios.

Parece que nuestra Iglesia se opone a esta medida, y se ha alineado,  como no suele ocurrir a menudo, la jerarquía con algunos movimientos “progresistas”. Sospecho que por motivos distintos. Los primeros en su celo de santificar el domingo, el día del Señor. Los segundos para evitar la alienación del trabajador y proteger sus derechos.

Ambos se amparan en la Doctrina Social de la Iglesia para defender el que los cristianos nos debemos oponer al trabajo dominical (por cierto, hay mucha gente, fuera del ramo del comercio, que trabaja los domingos y no he oído manifestaciones al respecto…). No me considero un experto, pero algo he leído de la DSI, incluida la Carta Apostólica Dies Domini (DD), en la que aboga por un domingo de “fiesta y alegría”, unido al de descanso. En ella se hace referencia a que es “ciertamente difícil…”santificar” el domingo, no disponiendo de tiempo de descanso suficiente” (número 64).  La lectura literal, de un documento del año 1998, parece dar a entender que los cristianos debemos no trabajar los domingos, y dedicarlos al Señor. 

Mi pregunta sería, honestamente, ¿cuántos cristianos dedicamos el domingo al Señor? ¿De verdad el tiempo que dedicamos a no trabajar, lo dedicamos a Dios? ¿es nuestro día de la solidaridad? (números 69 y ss) los horarios actuales de 8 horas como máximo, ¿hacen incompatible nuestro trabajo con la asistencia a la asamblea del domingo, a la misa de nuestra comunidad por excelencia? ¿qué diría Jesús si le viesen dar trabajo a quienes no lo tienen en domingo?

El número 81 de DD nos puede dar una clave:  habla que es de “importancia capital que cada fiel esté convencido de que no puede vivir su fe…sin tomar parte regularmente en la asamblea eucarística dominical”. Creo que los cristianos nos tenemos que preocupar por recuperar los tiempos de santificación de Dios (además de los domingos), de participar conscientemente en la Eucaristía dominical, encontrar el tiempo para prepararlas en nuestro corazón, ser solidarios no solo el domingo, o en los días de descanso. Y si habilitar nuevos puestos de trabajo –para aquellos que no trabajan ni un solo día-, generar riqueza todos los días de la semana, se puede hacer compatible con nuestra participación en oración en nuestra comunidad pues creo que cristianos y no creyentes nos tenemos que alegrar. Nadie está discutiendo, que no se tenga derecho al descanso, a días de descanso. Pero hoy no necesariamente tienen que ser en domingo.

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La alegría de la fe

Por: Juan María Laboa 10-04-2012

La resurrección de Cristo es el fundamento de nuestra fe.

 Un Cristo no resucitado hubiera sido una figura histórica interesante y admirada, pero, obviamente, no era Dios. Su resurrección presupone la nuestra, pero su muerte nos hubiera dejado en el limbo histórico. Las palabras del ángel a María Magdalena, María la de Santiago y Salomé tienen este sentido: “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado”. Por eso este convencimiento nos llena de alegría como comunidad y como personas individuales.

La fe en Jesús provoca alegría incontenible y permanente. El origen de nuestra vida y su desarrollo tienen sentido si Jesús es Dios. Se convierte en piedra angular de nuestra existencia. Quien cree tiene los motivos para ser feliz, la causa para centrar una existencia, a menudo, difícil y complicada. San Máximo de Turín escribió que “la resurrección de Cristo es vida para los difuntos, perdón para los pecadores, gloria para los santos”.

El tomarse la vida en serio no es contrario a la alegría, a la felicidad, a la capacidad de disfrutar con los hermanos y de los dones de Dios. El ser humano que permanece siempre en tensión y permanentemente adusto no ha comprendido que la resurrección ha cambiado la historia y completado la creación. El sonido glorioso del despertar de un alma es precisamente la alegría, el convencimiento de que Dios está conmigo y da un sentido a mi vida.

“Un santo triste es un triste santo”, comentó san Francisco de Sales, un santo amable y acogedor. A Francisco de Asís le alegraba la naturaleza y la contemplación de la presencia de Dios en sus hermanos. El magnífico ángel sonriente de la fachada de la catedral de Reims así como los ángeles sonrientes del Pórtico de la Gloria de Compostela ofrecen su risueña bienvenida a los fieles que penetran en sus catedrales. “Alégrate hija de Sión, canta hija de Jerusalén” señaló Zacarías, y el pregón pascual de la Vigilia anima todos nuestros sentidos: “Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo”, “goce también la tierra, inundada de tanta claridad”…”Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante”.

Nuestra felicitación pascual es, pues, pura alegría personal: “Aleluya, Cristo ha resucitado” y se extiende a todos los creyentes, a todos los seres humanos, a todas las criaturas del Señor.

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¡ANGELES AL INFIERNO!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 08-04-2012

Al principio de los tiempos, un Angel fue desterrado

(del cielo, ¿se dirá “descielado”?) para adentrarse en los Infiernos por su rebelión y su enfrentamiento a su Dios.

Bueno… Yo eso no lo vi. Pero si os voy a contar lo que vi esta semana.

Como uno ya va entradito en años, ya voy teniendo mis achaques… Un proceso infeccioso y altas fiebres me llevaron a Urgencias, donde me dicen que me tienen que ingresar. ¡Qué pereza! Gracias a Dios, excepto una operación de menisco, no recuerdo haber estado hospitalizado en dos o tres décadas. Cuando hace diez años me quisieron ingresar en España por una malaria les miré asombrado y firmé el alta voluntaria para automedicarme como siempre había hecho en África. Quinina, un wc o campo abierto cerca, mucho líquido y resguardado un poco del sol…

Pero no estamos en las batallitas africanas del abuelo, sino que esta vez, no entiendo porqué, por el dolor, porque llevaba un par de días sin comer y sin dormir, o porque me hago viejo y obedezco, me quedé en esa sala de espera abarrotada, con multitud de gente sentada en frias sillas metálicas y varios como yo buscando las esquinas para mejor colocar la percha del suero que nos proporcionaba la medicación intravenosa (tubos “chupavidas” los llamaban en Malawi porque muchos niños malnutridos ya muy malitos, fallecían al poco de intentar el último recurso de la medicación intravenosa).

Miraba alrededor. Rumanos, subsaharianos, latinoamericanos, magrebíes, polacos, españoles que venían de algún pueblo vestidos aún como en la serie de “cuéntame cómo pasó”… Recordaba la foto de Obama con el niño que perdió a su madre, y esa promesa de que el primer país del mundo llegaría a ser un día tan grande como… Pues como España, con esta Sanidad pública universal de alta calidad. Me sentí muy orgulloso.

Al anochecer, pasadas casi 10 horas, me tenían que dar una cama. Pero no habían habitaciones así que me ingresaron en un “Gallinero” al que llaman “Observación de Urgencias”, una nave de 36 camas con separadores de 6 en 6 y varias enfermeras ocupándose constantemente de todos los pacientes que por ahí quedábamos depositados. Muchos pacientes esperando ser operados, otros ingresados por accidentes o urgencias varias, y algunos probablemente ingresados por dolencias reales o imaginarias mientras dormitaban en la calle… El que pusieron exactamente delante de mis narices podía ser uno de esos, probablemente un “sin techo” que no paró en toda la noche, ni un minuto, de gritar, delirar, llorar, dar sacudidas a la cama… Al principio me sentía indignado. Supongo que siempre nos sale, aunque solo sea al principio, ese diablillo que nos pincha slogans del tipo “tengo mis derechos”, “necesito descansar”… Pero gracias a Dios, el cielo nos regala siempre esa puerta permanentemente abierta hacia el crecimiento, el amor y la felicidad. Hace mucho que creo que no es fácil crecer realmente con langosta y champagne, pero acarrea tu cruz con dignidad, por pequeña o grande que sea, y el premio, la gloria, están garantizados. Y en esas meditaciones apareció por los pasillos “Santa Aida” que se acercaba a este paciente para tranquilizarle con una dulzura, una capacidad de amor y una profesionalidad que llamaban realmente la atención. Su paz y belleza interior se reflejaba perfectamente en la mirada y la sonrisa con las que nos atendía a cada uno de los muchísimos pacientes que tenía adjudicados, como si estuviéramos ahí solos cada uno de nosotros. Pero al rato la veías con otra señora probablemente perturbada también, renovando sus palabras de cariño, de aliento, consiguiendo la empatía necesaria con su paciente que la permitiera ayudarla a ayudarse. Y esas mismas atenciones recibían los otros pacientes, de Aida o de las restantes enfermeras, probablemente igual de profesionales que Aida. Tengo una gran amiga enfermera, la gran Bea, y sé que pertenece a esta legión de ángeles.

“¡Qué orgullosos estarían Obama y el niño de la foto de nuestro sistema y de nuestras enfermeras!”, pensé… Pero un nubarrón ensombreció mi alma cuando recordé que Aida, sus compañeras, o mi amiga Bea, tenían que firmar en solo dos días, una vez más, su finiquito, como cada tres meses. Aida llevaba así ya 6 años, y al comenzar el nuevo trimestre se presentaría de nuevo, como siempre, pensando que la volverían a coger. Pero nunca lo saben a ciencia cierta, y ello les va provocando poco a poco ansiedad y, crucemos los dedos para que así no sea, pero puede llevarlas a entregarse menos a ese trabajo, a esos pacientes a los que actualmente se dedican de corazón. Ya van teniendo compañer@s que no son renovad@s, que no han tenido preaviso, ni indemnización, y las facturas siguen llegando a casa… Y ya se sabe la solución… El ingeniero se va a Alemania y la enfermera a Inglaterra, o… ¡A Laponia! Entre tanto, siguen siendo ángeles pero injustamente, cada día, un poco más cerca del infierno. Y con ellos nuestro magnífico sistema universal de la seguridad social, que sin ellas se iría también “descielado” al infierno.

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Enseñanzas del Camino de Santiago

Por: Alfonso Carcasona 08-04-2012

Por quinto año consecutivo nos pusimos en marcha

 el Viernes de Dolores para completar cinco etapas del camino. Además de los peregrinos con los que nos cruzamos –pocos, a pesar de hacerlo en Semana Santa- nuestro peregrinaje a Santiago tiene como característica el aunar diferentes generaciones. Este año ha sido excepcional,  tanto por el número (llegamos a andar 18 personas), como por la calidad y la edad de los participantes. Y precisamente de las dos benjaminas del grupo quiero hablar en esta columna, de lo que he aprendido de ellas.

Como cualquier peregrinación con sentido, el Camino de Santiago es una metáfora de nuestra vida. De dificultades y alegrias, de soledad y conversaciones, de ampollas y recompensas. El camino puede ser tedioso, forzado, sin objeto. Andar por andar, afrontar cada día como uno más, y no como el más extraordinario de nuestra vida. Afrontar lo desconocido nos puede dar miedo, o nos puede motivar para descubrirlo en toda su magnitud. Lo que para algunos no es más que transitar por la vida, dejar que los días se nos escapen entre las manos como agua vertida, para otros es un reto impresionante ante el cual no dejarán que el dolor, el cansancio, el frío o el calor, o lo anodino del paisaje en algunos casos, les impida coronar cada etapa. Y lo harán con una sonrisa cómplice, con la conciencia de haber superado la dificultad, a la vez que han disfrutado y hecho disfrutar a los que caminaban con ellos. 

Setenta años separaban a las dos benjaminas del grupo. Ambas acababan mucho más cansadas que el resto de los peregrinos, ya sea solo por cuestiones de la edad. La más pequeña, además, con su dolorida pierna, que le hacía cojear los últimos kilómetros de cada etapa. Pero en ambos rostros se podía leer,  el orgullo del propósito conseguido, de la satisfacción profunda de haber vencido a lo desconocido. Pero ni ellas, ni nadie del grupo recuerda ya el cansancio y dolor que acompañaba esa alegría. Nada más acabar ya estaban pensando en la etapa del día siguiente y por la tarde nos divertían con sus chistes y risas.

Y eso me enseñaron Maria Luisa y Ana este viaje. Como casi siempre en la vida tenemos alternativas. Que nuestra cara, que nuestra actitud o gestos recuerden el dolor, el tedio y el cansancio implícito en cualquier vida, o que por el contrario, el ansia de superación, el disfrutar y hacer disfrutar, sea la característica con la que me recuerden. Ellas me han enseñado cómo afrontar las etapas difíciles del Camino.

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LA FIESTA DE LA LLUVIA

Por: Santos Urias 30-03-2012

Dicen que hemos vivido una de las sequías

más grandes desde hace cuarenta años. El anticiclón hace barrera y no deja entrar a las borrascas para que den un respiro a los campos, a las cosechas, a los pastos, al ganado, al aire saturado de monóxidos y contaminación. Ya se comentaban pérdidas millonarias en la fruta, en la verdura. Las granjas tampoco pueden sostener gastos tan elevados de piensos. Los embalses empiezan a verse en mínimos y se vuelve a hablar del fantasma de las restricciones de consumo. 

Una vez más la naturaleza, caprichosa e impredecible, vuelve a colocarnos en el lugar de la humildad. La lluvia, como tantas cosas en la vida, como lo esencial, sigue siendo un regalo, un don. Intentaremos y conseguiremos parcialmente manejar la meteorología, pero como el humo se nos escapara repetidamente de nuestras pretenciosas manos. 

Thomas Merton en un fantástico libro, “Incursiones en lo Indecible”, lo expresaba con una gran belleza y una delicada mística: “Claro que la fiesta de la lluvia no puede ser detenida, ni aun en la ciudad. La mujer de la tienda sale corriendo por la acera con un periódico por la cabeza. Las calles, lavadas de repente, se ponen transparentes y vivas, y el ruido del tráfico se vuelve un salpicar de fuentes. Uno creería que el hombre urbano bajo un aguacero tendría que darse cuenta de la naturaleza en su humedad y su frescura, su bautismo y su renuevo.” 

Llego a casa por la noche y ha comenzado a llover. El agua golpea con su repique en los tejados. Serpentea, corre, empapa y seduce al cemento con sus brillos de colores. Miro al cielo sin estrellas y me inundo de lágrimas sin sal. Permanezco un rato así, dejándome bañar por el agua viva, límpida, serena… 

La fiesta de la lluvia no puede ser detenida: salta de un lado para otro, se derrama, se desborda; una medida remecida, rebosante, donde sumergirnos y danzar, danzar, danzar, para nacer de nuevo. 

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA 8. HYPAGO

Por: Dolores Aleixandre 30-03-2012

Nombrar la muerte y sus alrededores parece,

cada vez más, algo de mal gusto. Y eso a las personas profundas, conscientes y conspicuas les parece fatal  y no les falta razón. Pero, mira por donde, unas palabras de Jesús parecen dar la razón a los que evitan nombrar a la muerte. En los preámbulos de la última cena con sus discípulos según la cuenta el evangelio de Marcos, les dijo: “El Hijo del hombre se va, según está escrito de él…”  (Mc 14,20). 

Podía haber dicho: “mi muerte está próxima”, “emprendo el camino hacia la muerte” …, o alguna otra expresión así, pero elude el término “muerte” o el verbo “morir” y escoge el verbo hypago, compuesto por la  preposición hypó (bajo, debajo,  por debajo... , como en hipotermia, hipoglucemia, hipócrita…) y el verbo ago: ir, marchar, dirigirse a…

El resultado es que está evocando un modo de caminar no escogido por propia iniciativa sino  guiado,  conducido, sometido, bajo presión de algo a alguien. “Irse” no significa “morir”, aunque haya que pasar por ahí: es una manera de  caminar que nace de su condición de “Hijo del hombre”, es una consecuencia de haber elegido esa forma de estar en la existencia. Según el texto, él “no se entrega” sino que “es entregado”. Ha sido su manera de vivir, sus elecciones, sus palabras, sus gestos, sus compañías, las que han ido tramando una red que ahora cae sobre él atrapándole. Con frecuencia para hablar de situaciones así empleamos frases como: “él se lo ha buscado”, “se veía venir…”, “ahora, que apenque con las consecuencias…”. Y ese es precisamente  el sentido del hypago.  Si no se hubiera señalado tanto, si hubiera sido un poco más prudente, si se hubiera tragado las palabras, si no se hubiera rodeado de tanta gentuza, si no hubiera provocado a los poderosos, si… 

Y además ¿no ha elegido entrar en lo más hondo de la condición humana?, ¿no se ha atrevido a  descender a los infiernos donde están los últimos?, ¿no ha abrazado  su misma condición,  comportándose  como un hombre cualquiera?  Pues que no se queje ahora,  porque ha sido él quien se lo ha buscado: si has criado cuervos, no te extrañe que te saquen los ojos y  quien mal anda, mal acaba. Por eso “se va” de esa manera: sometido a las leyes que rigen la vida de los que carecen de privilegios, arrastrado por  las consecuencias de sus opciones, aplastado por los resultados de conductas que podía haber evitado.

“El Hijo del hombre se va”. No se trata de un destino inexorable prefijado por la Escritura: él no se refiere a  ella como si fuera un banco de datos de donde extraer informaciones. Acoge y descifra ese tejido de significaciones en las que se hace oír la palabra de Otro y, al presentarse la situación que ahora vive,  se pone a la escucha. Es consciente de lo que le traen las circunstancias y asume su destino como Hijo del Padre y como Hijo del hombre. 

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1579

Por: Juan María Laboa 30-03-2012

La Resurrección

En 1579 el Greco concluyó el cuadro La resurrección pra el retablo de la iglesia del monasterio de Santo Domingo el Antiguo, de Toledo. ahora se encuentra en el Museo del Prado. En el cuadro Jesús se eleva ingrávido y sereno, sobre un grupo de ocho soldados que observan entre asombrados y temerosos el prodigioso momento.

Los colores, matizados por las sombras, propician una atmósfera agitada y sombría.

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189-198 Celebracion de la Pascua

Por: Juan María Laboa 28-03-2012

 
En el pontificado de Victor I (189-198) estalló con acritud la querella sobre las fechas de Pascua. Las Iglesias de Asia Menor, amparándose en la autoridad del apóstol san Juan, celebraban la pascua cristiana en la fecha de la judia, fuese o no domingo el 14 de nisán, es decir el día 14 después del primer novilunio de primavera. Por su parte la mayoría de las comunidades romanas celebraban la fiesta del misterio pascual de la resurrección de Cristo el domingo siguiente a la Pascua judía. Así ha quedado en la tradición occidental.

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Caminando hacia la Pascua

Por: Juan María Laboa 28-03-2012

Un grupo de amigos iniciamos este viernes

la etapa correspondiente del camino de Santiago. Todo empezó hace unos años en Saint Jean de Pie de Port y Roncesvalles y este año recorreremos la provincia de León. Desde el sábado anterior a Ramos hasta el miércoles santo, cinco días y unos ciento veinte kilómetros nos exigen y nos recompensan, nos hacen soñar y pensar en metas importantes.

Se trata de una preparación estupenda de la conmemoración de la muerte y resurrección de Cristo. Caminamos a buen paso, nos compenetramos con el campo y las montañas, tenemos tiempo para charlar y para reflexionar con calma. Resulta más fácil encontrarse con una Persona que desquicia el mundo tal como lo conocemos para conseguir que todas las cosas resulten nuevas.

El sábado por la mañana iniciamos el camino con una misa y el domingo de Ramos leemos la Pasión con un espíritu que nos acerca a esa historia que está en el inicio de nuestra fe y de nuestra madurez humana y espiritual. Este próximo domingo de Ramos, el grupo se reunirá alrededor del altar mayor de san Isidoro de León y estoy seguro de que seremos capaces de integrar lo que conmemoramos con tanta historia encerrada en el templo y con nuestra historia personal. 

Son días de alegría, de buen humor, de quejas por el cansancio y de admiración por los paisajes y por las sensaciones que experimentamos. La belleza de la creación es la ternura que Cristo nos dirige a través de la materia. Creo que nos sentimos más libres de nosotros mismos, más desprendidos de las inquietudes y los egoísmos habituales. Al explorar el país interior de nuestra alma, nuestra vida se nos presenta con más transparencia, nuestras limitaciones y pequeñeces con más nitidez, de forma que podemos decidirnos a cambiar.

Somos conscientes de que contamos con tiempo abundante, sin urgencias ni prisas y esta consideración nos hace más humanos, porque, al estar condenados a vivir al día, perdemos horizonte y profundidad. Hay viajes que nos enseñan qué es la vida y estas caminatas, si dirigimos la vista a nuestro interior, constituyen la ocasión de madurar, convertirnos y renovarnos.

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La tercera generación

Por: Jose Maria Marquez Vigil 26-03-2012

Asustan las imágenes de Mohamed Merah,

 el asesino de la moto, acorralado, sitiado, agazapado a la espera, según dice la prensa, de “morir matando”. ¡Tanto odio! ¿Por qué tanto odio?

Escucho a periodistas denunciando los comentarios supuestamente xenófobos de Le Pen (la hija de Jean Marie). El asesino es de ultraderecha, o el asesino es extranjero que mata a nacionales patriotas, o los asesinados eran tan extranjeros o tan poco extranjeros como el asesino… En realidad, en esta aldea global, todos eran, asesino y asesinados, todos franceses con ascendentes extranjeros… ¡Qué más da!

Pero escucho también otro comentario que nos lleva a otra reflexión. Se trata una vez más de “la tercera generación”, como en muchas otras ocasiones… Según comentan, Al Qaeda se alimenta a menudo de esa llamada “tercera generación”. Nunca lo había escuchado antes, pero recordé cuando trabajaba en Banca… Teníamos muy claro un axioma respecto a las empresas familiares que potenciaba en ciertos momentos las fusiones y adquisiciones. El abuelo funda la empresa, el hijo la mantiene, y el nieto, muy a menudo, “se la pule”.

Reflexionaba sobre las similitudes con un inmigrante que tiene un proyecto y se arriesga, y lo consigue… Se esfuerza por hacer “las Americas” o “las Europas”, consigue un trabajo, regulariza su situación, escolariza a sus hijos, se inculturiza la familia hasta que llegan a celebrar un gol en los mundiales de su nuevo país de adopción… Y entonces uno de sus nietos, por supuesto y gracias a Dios solo uno de tantos, muestra su rebeldía, su inconformismo, su agresividad frente al proyecto de su abuelo que “le sacó de Egipto para establecerse en la tierra prometida…”.

Un tema interesante éste, aunque sin dejar de tener en cuenta a los policías que defienden el país y que en muchas ocasiones son también de una tercera generación, o los padres de esos niños asesinados…

Por mi parte sigo sintiendo una enorme pena por un mundo en el que algunos jóvenes, por odio o por rebeldía, o por querer destacar, o por estar enormemente perdidos, se dejan echar a perder de ese modo para acabar causando tanto sufrimiento a tantas familias. Y no puedo dejar de recordar a nuestra querida Ainhoa, que sigue 5 meses después en manos de unos terroristas afines a Al Quaeda, probablemente escondida en un país que acaba de sufrir un golpe militar con las dificultades que ello suponen para las negociaciones ya iniciadas.

Mohamed Merah no se rindió cuando podía haberlo hecho, cuando podía haber salido de su infierno pidiendo perdón a pesar de haber causado tanto daño. Pero rezo y mantengo la esperanza de que los raptores de nuestra Ainhoa, y Enric, y Rosella, sepan entender que siempre hay tiempo de escribir otro final diferente…

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Vivir como un cura

Por: J. Lorenzo 26-03-2012

Le ha salido un buen video

a la Conferencia Episcopal para el Día del Seminario. Tanto que, hasta Cayo Lara ha dicho que los únicos puestos de trabajo que se van a crear este año en España serán los de cura… aunque le guste menos que sus sueldos los pague el Estado, ha añadido con esa prosa tan suya, inflamada de queroseno.

A mí, lo que menos me ha gustado ha sido precisamente esa promesa de “un trabajo fijo” para toda la vida si te haces seminarista. Efectivo desde el punto de vista del márketing, viene a reforzar aquella viaje imagen de “vivir como un cura”. Pero que no se equivoque el líder de Izquierda Unida. Ser sacerdote hoy en este país no es ningún chollo, por más que los comentarios generados a la información ofrecida en los medios digitales a propósito de la campaña para las vocaciones sacerdotales abunde en los topicazos sobre la figuras de los curas y las prebendas, de todo tipo, que

tendrían. Más de lo mismo.

Si ya José Luis Martín Descalzo dejó recogido en alguno de sus escritos el cambio de época registrado en la estima social de los sacerdotes, hoy, su imagen no les hace ni un poquito de justicia. Los hay que se ven obligados a apurar el paso, azuzados por adolescentes eternos que se mofan de su indumentaria y les lanzan chascarrillos a cuenta del triste asunto de los abusos sexuales.

Pocas veces como ahora, el sacerdocio se reviste de una decisión tan personal como arriesgada. Cuando ya casi nada es para toda la vida, salvo las hipotecas y la precariedad, ellos asumen una opción llena de renuncias que una inmensa mayoría mantendrá hasta que acabe sus días en una residencia. Ya no tienen que evadirse de ningún arado ni les empuja a esa opción la escasa heredad familiar. No pocos podrían ganarse dignamente la vida con las carreras que han estudiado antes de tomar la decisión definitiva que cambiará su vida y, probablemente, las de quienes estén a su alrededor. Hoy, vivir como un cura, es hacerlo con plena conciencia de renuncias, tanto más difícil en medio de una sociedad que nos ha acostumbrado a no tener que privarnos de nada. Esté o no a nuestro alcance.

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Profesión o vocación

Por: Alfonso Carcasona 17-03-2012

Desde esta tribuna hemos criticado a veces

el inmovilismo de nuestra jerarquía en cuanto a la comunicación de lo que es la Iglesia y de sus acciones. Instalados en los métodos de comunicación del siglo XIX, no llegan a los fieles laicos, y por supuesto a los no creyentes. Sólo los grandes mensajes negativos, los escándalos, las tergiversaciones, parecen tener hueco entre las noticias cotidianas.

Pues bien, la Conferencia Episcopal Española parece haber decidido cambiar el chip y ponerse a la vanguardia, con una página web (www.teprometounavidaapasionante.com) en la que se ha colgado un video de más de dos minutos para motivar a las personas a entrar en el seminario y convertirse de profesión en sacerdote.

Desde el punto de vista de la forma, me recuerda mucho al anuncio de captación de soldados de las Fuerzas Armadas, lo cual no sé si es necesariamente bueno. Sorprendentemente está subtitulado en inglés, por lo que parece dirigido a personas bilingües, pero no a los sordos. Imagino que al estar en Internet la conferencia querrá engordar los números del seminario con postulantes que no dominen el español.

En el primer mensaje, que es el que se retiene, una persona que oculta su alzacuellos (en la segunda parte del spot aparece con él) “no promete un gran sueldo, pero sí un trabajo fijo”. ¡¡¡Pero qué barbaridad y qué sandez!!! Luego se enumeran decenas de no promesas/promesas eclipsadas por esta primera.

O sea, que como hay paro, o te conviertes en empresario o en sacerdote. O en militar. Los que no podáis hacer otra cosa, ya sabéis, a cualquiera de estos tres colectivos. Da igual que tu carácter no sea de emprendedor, y que cuando tengas dificultades te vengas abajo. Lo importante es sacarte de la lista del paro, aunque eso te lleve a fracasar en pocos meses, arruinándote a ti y a tus allegados. O si eres un poco religioso, pues ya sabes, empleo fijo como sacerdote. Si te van las armas (o las misiones de paz, en este enmarañado mundo político en el que vivimos), pues nada, a las fuerzas armadas… ¿Cuál será el segundo video? ¿www.desdeelseminariohastalapurpuracardenalicia.com? Puestos a convertirnos en agencia de colocación, el mensaje puede resultar incluso más atractivo, al igual que pasaba en siglos anteriores…

Yo no soy sacerdote, y entiendo la preocupación que existe por el descenso de vocaciones. Lo que no entiendo es que este descenso se trate de arreglar con profesionales del sacerdocio. Mi interpretación, sé que superficial y no tan profunda como la de los que han aprobado este spot, es que Jesús condenaba este tipo de sacerdotes, los profesionales, que hacían del sacerdocio no una vocación, sino un trabajo.  Mis amigos sacerdotes no lo consideran así, desde luego, y eso hace que su vaciamiento hacia los demás sea independiente de si reciben un salario o no.

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Gallardón, padre espiritual

Por: J. Lorenzo 16-03-2012

Probablemente, la reforma del aborto que planea el PP

dejará esta normativa en los mismos términos que cuando fue aprobada por primera vez, en 1985, podando de la actual, impulsada por el Gobierno de Zapatero, aquellas medidas más controvertidas, como la de que las menores de 16 años no necesitasen permiso paterno para abortar. ¿A qué, pues, semejante cabreo del PSOE ante las palabras del ministro de Justicia en el Congreso?

Alberto Ruiz-Gallardón, que ha pasado de horadar Madrid a perforar la moral del pensamiento feminista, haciendo aflorar lo más radical y excluyente del mismo, ha introducido un elemento nuevo en el tradicional discurso sobre el aborto: el de la “violencia de género estructural”.

Según el exalcalde, esta violencia obliga a las mujeres a abortar por el simple hecho de estar embarazadas. Que existe esta presión es indiscutible, y no solo en los hogares (ya sea la que ejercen los padres de las embarazadas o sus propias parejas), sino también, y de manera muy recurrente, en el trabajo. Y, en este campo, la reforma laboral del Gobierno de Rajoy no ayudará mucho a evitar la presión a las gestantes. Esto es lo más incoherente en la postura sostenida ahora por Gallardón.

Pero el enfado viene también (hay que oír a Elena Valenciano, vicesecretaria general del PSOE, para darse cuenta de hasta qué punto les ha descolocado) porque el ministro que, personalmente, no recurriría las bodas gays ante el Constitucional, ha rescatado el argumento de la opresión del poder sobre los más débiles, utilizado tradicionalmente por la izquierda, para poner en el centro del debate el del derecho de la mujer a ser madre, un sí a traer vida al mundo, y a traerla en unas condiciones que no siempre facilitan ni la sociedad ni el Estado.

Este de Gallardón es también el discurso que al respecto mantiene la Iglesia, el derecho a dar y tener vida, aunque ella no siempre logre verbalizarlo sin dejar un poso de culpabilización.

De ahí que el anuncio del ministro le huela a Valenciano a moralina de “padres espirituales”, a los que no quiere ver ni en pintura. Cuando, de verdad, esa apuesta es la más progresista que, efectivamente, jamás haya hecho Gallardón. 

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COMO UN ALIENTO

Por: Santos Urias 16-03-2012

Se celebraba este pasado 8 de marzo el dia de la mujer trabajadora.

Una vez más convocatorias, reivindicaciones, controversias, ideologizaciones desde uno y otro lado sobre lo que es la mujer, sus derechos, su emancipación. Sin duda, debates que mantienen vivo el papel de aquellas que son un punto de referencia para nuestra sociedad, para nuestro mundo, para nuestra iglesia. Desde el afecto de la infancia, a la incondicionalidad de tantas vidas, o a las vejaciones muchas veces consentidas, silenciadas. 

Pero mucho más allá de las proclamas, tantas llenas de sentido y otras producto del resentimiento o del dolor, el foco ese día se concentró en una imagen: Tara. Una joven adolescente de trece años que sin saber muy bien la razón, sin mezclar ideologías, ni reivindicaciones, sin premeditación, ni miedo, y porque llamó la atención de algún busca páginas de internet, rescató un aliento sencillo, callado, pero lleno de música y color. La pequeña iraní se expresaba con el corazón y con la voz sin reparar en que alguien captaría su video para los telediarios y las portadas de muchas webs. Hizo de la fascinante canción de Adele, Someone Like You, un verso en el tiempo, una semilla de mostaza, una flor que se despierta. 

Muchos dijeron que se había enfrentado con el régimen, que había transgredido las asfixiantes y restrictivas normas de los Ayatotolás, que era un desafío. Sus amigos saltaron de inmediato a la red: era algo familiar, sin pretensiones, como la respiración, como las estaciones del año. Un aliento sencillo, el que mueve la vida, el que la transforma de verdad, desde dentro, a golpe de corazón y de canciones. 

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