Martes 17 de Octubre 2017

Cuentos con moraleja

Por: Xabier Azcoitia 16-03-2013

Había tres árboles en un bosque:

Uno soñaba con viajar y ver mundo.Otro en convertirse en un arca de tesoros.Y el tercero, con ser, sencillamente, un árbol. Y seguir albergando la vida. Y un día los talaron.

El primero fue vendido a unos pastores, que lo convirtieron en abrevadero para el ganado; el segundo lo compraron unos pescadores que construyeron con él una barca y el tercero quedó apilado simplemente junto a una caseta. Se acabaron los sueños, pensaron los tres árboles.

Pero un día aquellos pastores auxiliaron a una pareja en apuros, ella estaba embarazada y a punto de dar a luz; les prestaron el cobertizo de su ganado y arreglaron uno de los abrevaderos para acomodar al recién nacido.

Años más tarde un hombre pidió a los pescadores su vieja barca y remaron lago adentro; en mitad del lago se levantó una tormenta y la barca comenzó a zozobrar, pero el hombre se levantó e increpó a los elementos y el sol volvió a salir danzando sobre las aguas.

Tiempo después unos soldados agarraron el tronco apilado junto a la caseta y se lo colgaron sobre los hombros a un hombre herido y coronado de espinas. Y luego le clavaron al árbol hasta quedar hombre y tronco empapados por la misma sangre.

Moraleja: Sólo puedo ver lo profundo, lo real, aquello en lo que realmente me estoy posibilitando convertir, si vivo y actúo desde la contemplación, desde la extrema atención a la realidad. desde el discernimiento.

 

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Bajo la mirada del Hijo

Por: Juan María Laboa 08-03-2013

Los cardenales entran con diversos estados de ánimo.

Todos son adultos, la mayoría ancianos y algunos pueden dar la impresión de encontrarse casi en la meta. Pocos tendrán la inquietud de poder ser elegidos y muchos el convencimiento de su capacidad aunque sin ninguna posibilidad de recibir el voto de sus hermanos. ¡Cuántas esperanzas fallidas y cuántas ilusiones de acertar y conseguir unos años mejores de los pasados!

De repente se encuentran ante el Juez inapelable de Miguel Ángel, esa imagen arrolladora, poco afectuosa, pero decididamente sobrecogedora. Quién podría atreverse a hacer política ante el Señor de la Historia tan cercano y vigilante. Además, por si quedara alguna duda, a su izquierda, entre los condenados, tres desconcertados cardenales con todos sus capisayos se ven arrastrados hacia el Averno. Nadie está asegurado, ni siquiera disfrazado con la púrpura.

¿Sabrán cómo se encuentran los cristianos y cuál la medicina acertada para sanar tanta debilidad? “El poder es servicio” les enseñó el Maestro y ellos no tienen que adivinar quién de ellos será capaz de servir sino que tienen que saber quiénes llevan a cuestas una vida de servicio fiel y generoso para con sus hermanos. Ellos no son los dueños de su voto sino los notarios de la realidad eclesial y de sus verdaderas necesidades, olvidándose de sus gustos y de la pequeñez de sus juicios.

Sobre ellos el afilado dedo de Dios acercándose a la mano de Adán. Si Cristo domina la historia humana, el dedo de Dios nos acompaña y dirige. Ni la barca, ni la Iglesia, ni el futuro es nuestro sino de Dios. Los cardenales en la Sixtina no deben sentirse ni mostrarse protagonistas sino simplemente testigos de la voluntad del Señor. También el que ellos elijan, el nuevo papa solo será siervo de los siervos del Señor.

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El papa que quieren los que no quieren papa

Por: J. Lorenzo 08-03-2013

Si el Sínodo sobre la Nueva Evangelización aún no se hubiera celebrado,

creo que su desarrollo vendría marcado indefectiblemente por el gesto histórico de la renuncia de Benedicto XVI. Esa decisión ha abierto un tiempo nuevo en la Iglesia y convertido la última lección magistral del viejo profesor en el signo más elocuente de lo que debería ser esa evangelización nueva en una sociedad que ya solo entiende imágenes que reflejen la autenticidad en muchísimo menos de mil palabras. Y la de un papa que se oculta al mundo sobrevolando las históricas ruinas de una ciudad que un día dominó sus confines, planeará sobre nosotros largo tiempo.

Por eso, a la hora de elegir a su sucesor, que en realidad es el sucesor de aquel tipo que dejó casa y familia para seguir a un individuo que se juntaba con prostitutas y mendigos, con leprosos y demás marginados por los convencionalismos sociales y religiosos de la época, sería conveniente  aprovechar esta energía renovadora y reformadora que ha dejado este Papa antes de gastarse en su entrega.

Ese gesto profético, el mejor símbolo de la nueva evangelización que está por llegar una vez que se disipe la nebulosa que la envuelve, ha reconciliado, aunque sea por unos instantes, a muchísimos que veían a la Iglesia como a un club rancio de gruesos cortinones, ambiente cargado y moqueta roja sobre la que hacía mucho que no se pasaba la aspiradora. Un gesto que, aunque no todos tengan la grandeza de reconocer, ha admirado a los más furibundos críticos de la institución; también a tantos que se sienten injustamente tratados por ella, como son, entre otros, los que no tuvieron suerte con el amor de su vida, los homosexuales, aquellos a los que despreciamos, como hace dos mil años, por vender de cualquier manera su dignidad sin preguntarnos qué les lleva a ello… Muchos de estos no querían ni a este papa ni al anterior. Y tal vez poco les importe quién salga del próximo cónclave. Pero este gesto les ha descolocado por un instante. Y aunque aún tienen mucho dolor y algunos son terminales, ya dijo Jesús, a quienes criticaban sus compañías, que “no necesitan médico los sanos, sino los enfermos”. Ojalá el próximo papa quiera preguntarles qué les duele.

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Nosotros, los hijos pródigos

Por: Xabier Azcoitia 08-03-2013

Salamanca, retiro con Jesuitas mayores. Las personas a las que acompaño sólo puedo describirlas como excelentes. Sencillas, acogedoras, humildes, rebosantes de vitalidad y de ternura. Maestros en el camino de la vida.

Llegados a este 4º domingo de Cuaresma nos encontramos con un texto de Lucas que nos habla de un hombre, en concreto un padre cuya característica fundamental es que es un ser sano rodeado de personas enfermas.

Sin pretender ser especialmente original quisiera invitarte a posar tu mirada en ambos hijos. Lo primero y mas inmediato es exclamar, ¡vaya pena! ¡que dos patas para un banco! 

El mayor, que vive en casa, con todo al alcance de su mano ha decidido vivir como un asalariado, mas bien como un criado. en cambio, el pequeño, rebelde pide su parte y se va de casa. 

Lo cierto es que cada uno a su manera son como para apiadares de ellos. Y he aquí la sorpresa: el padre que desde nuestros criterios tendría justificado darle la espalda al mezquino del mayor como al manirroto del pequeño, SÍ SE APIADA DE ELLOS. Es un Padre sano, con dos hijos que tienen el corazon enfermo. Es un padre compasivo y es su compasión, su capacidad de mirarles como lo que nunca pueden dejar de ser, lo que permite que quienes estaban muertos vivan y sean hijos. 

Es tu, mi, nuestra gran oportunidad para ser hijos. Estos dos de la parábola estaban tan perdidos como cualquiera de nosotros puede estar en muchos momentos de nuestra vida. Es en Jesús en quien aprendo que mirando al Padre puedo convertirme como el padre. Siendo sano y misericordioso como es el.

Buena semana  

Más en http://camilos.es/uploads/media/DaD_135.pdf

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Para qué sirve la crisis

Por: Alfonso Carcasona 08-03-2013

Inmersos en unos días particularmente importantes para la Iglesia,

en los que los príncipes de la misma tiene la enorme responsabilidad de elegir al siguiente papa, y tras un periodo de sequía, quisiera compartir con vosotros la reflexión que me está guiando durante esta cuaresma.

¿Para qué sirve la crisis? Para la gran mayoría para nada bueno. Sólo para quejarse, para ver cómo nuestro nivel adquisitivo baja, como nuestras posibilidades de desarrollo se estancan, para perder el trabajo y quedarse parados (además de en paro). Para ser más mezquinos. El otro día me decía una amiga que la miseria nos hace miserables. Le dije que no estaba de acuerdo. Pero sin duda la miseria, en cualquiera de sus percepciones, nos hace perder la confianza y lo peor de todo, la esperanza. Comienza haciéndonos pensar que el día nuevo nada bueno traerá, continúa haciéndonos pensar que solo cosas malas acontecerán, y termina con el convencimiento de que nada, ni bueno ni malo, ocurrirá.

 Y no es verdad. La crisis económica, como la moral o la de salud sí que traen algo bueno, de verdad importante. La cura de humildad, la caída de la venda en los ojos con la que nacemos, nuestro pecado original. El convencimiento de que la autosuficiencia no es sostenible, que necesitamos la ayuda del prójimo, al igual que él/ella necesita indefectiblemente de la nuestra. El egoísmo que en la abundancia nos cegaba no puede ser sustituido por el del autocomplaciente sentimiento de pena o vergüenza propia.

Encontrar nuestro verdadero sitio en el mundo, equilibrar nuestra presencia para que nuestra inutilidad nos permita contribuir a crear un mundo mejor. Antes de cualquier crisis podemos creernos omnipotentes, mientras que durante y después de ella podemos sentirnos irrelevantes.

Decía el padre Arrupe que él no se resignaba a que, cuando muriese, siguiese el mundo como si no hubiera vivido.

A su vez, San Francisco calificaba a su orden como la de los menores, de los inútiles, de los pobrecillos.

Busquemos en la crisis el balance y el sentido de ambas posiciones que nos permita vivir el resto de nuestros días. Contradictorias en apariencia, encuentran en el servicio a los demás la total coincidencia.

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Sede vacante

Por: Xabier Azcoitia 04-03-2013

Cuando escribo estas líneas es tarde,

muy tarde, ya de madrugada. 
El viento ya no arrecia, el frío es intenso. La nieve arropa la noche
como si fuese una helada sabana. 
Tercer domingo de Cuaresma a las puertas. Mañana viernes, Via Crucis
en el Centro San Camilo. 
Mañana viernes, Via Crucis en el mundo. Todos los días se celebran
Via Crucis en el mundo. 
Es 1 de marzo, la sede de Roma está vacante... 
Tampoco hay que preocuparse mucho, pronto estará ocupada. Además
tengo la impresión de que hay más candidatos para cubrir esa Sede
que para ser párroco de alguna de las parroquias del extraradio de mi
ciudad o para ser animador de jóvenes, agente de cáritas o cualquier
otro sencillo ministerio que haya que ejercer en la iglesia. 
Solo me hago una pregunta, si la misión fundamental de todos los
obispos es el SERVICIO A LA COMUNIÓN, y en especial la del OBISPO DE
ROMA, el modo de entender su ministerio y ejercicio desde GREGORIO VII
y sobre todo desde el VATICANO I, ¿facilita o dificulta esa
comunión? ¿Será acaso cierto aquello que Pablo VI en su discurso a
los miembros del Secretariado para la Unidad de los cristianos
reconocía con un tacto extraordinario: "El Papa, lo sabemos muy bien,
es el obstáculo más grave en el camino del ecumenismo. ¿Qué
diremos? ¿Tendremos que apelar una vez más a los títulos que
justifican nuestra misión?". 
Sería adecuado que la Iglesia católica se preguntara a sí misma en
qué medida la verdad de sus definiciones dogmáticas encierra toda la
verdad. No se trata de negar sus propias formulas doctrinales, sino de
confrontarlas con las posturas de las demás iglesias tan preocupada
como ella por la fidelidad a Cristo y a su Espíritu. 
La Iglesia Católica debería de pensar no ya en sí misma, sino a
ampliar su horizonte, dado de lo que se trata es de llevara la Iglesia
a la Unidad querida por Dios. 
Os dejo con una oración de Pedro Casaldaliga. Buen provecho. 

DEJA LA CURIA, PEDRO:

Deja La Curia, Pedro,

desmantela El Sinedrio Y La Muralla,

ordena Que Se Cambien Todas Las Filacterias Impecables

por Palabras De Vida, Temblorosas.

Vamos Al Huerto De Las Bananeras,

revestidos De Noche, A Todo Riesgo,

que Allí El Maestro Suda La Sangre De Los Pobres.

La Túnica Inconsútil Es Esta Humilde Carne Destrozada,

el Llanto De Los Niños Sin Respuesta,

la Memoria Bordada De Los Muertos Anónimos.

Legión De Mercenarios Acosan La Frontera De La Aurora Naciente

y El César Los Bendice Desde Su Prepotencia.

En La Pulcra Jofaina Pilatos Se Abluciona, Legalista Y Cobarde.

El Pueblo Es Sólo Un «resto»,

un Resto De Esperanza.

No Lo Dejemos Sólo Entre Guardias Y Príncipes.

Es Hora De Sudar Con Su Agonía,

es Hora De Beber El Cáliz De Los Pobres

y Erguir La Cruz, Desnuda De Certezas,

y Quebrantar La Losa—ley Y Sello— Del Sepulcro Romano,

y Amanecer

de Pascua.

Diles, Dinos A Todos,

que Siguen En Vigencia Indeclinable

la Gruta De Belén,

las Bienaventuranzas

y El Juicio Del Amor Dado En Comida.

¡No Nos Conturbes Más!

Como Lo Amas,

ámanos,

simplemente,

de Igual A Igual, Hermano.

Danos, Con Tus Sonrisas, Con Tus Lágrimas Nuevas,

el Pez De La Alegría,

el Pan De La Palabra,

las Rosas Del Rescoldo...

...la Claridad Del Horizonte Libre,

el Mar De Galilea Ecuménicamente Abierto Al Mundo.

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¡A cuidarse!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 04-03-2013

Se acerca la Primavera

¡Ya estamos tardando! Apuntémonos todos corriendo al Gimnasio tal y como nos comprometimos aquel ya lejano uno de enero... ¡Que se nos echa ya encima la operación bikini!

Bueno, esa podría ser la primera lectura del famoso latinajo: “mens sana in corpore sano”. Pero luego empezamos a conocer detalles sobre la vida de algunos deportistas… Y aunque la gran mayoría son admirables y envidiables, ahí están también los ciclistas dopados, o aquel famoso jugador de balonmano, ahora de sangre azul, que se pasa el día en los juzgados. O el gran atleta surafricano que en su empeño por defender sus posesiones le pegó un tiro al pibón ese que tenía por compañera de piso…

¡Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy! Casi que voy a pasar de estimular mi vigorexia a base de pesas y demás maquinitas infernales…

Según la wikipedia, en su sentido original, lo del “corpore sano” se refiere más bien a la necesidad de orar para tener un espíritu equilibrado. ¡A ver si es éste el “Gimnasio” en el que ha decidió meterse el Papa! Menudo ejemplo nos ha dado a todos, ¿no?

Yo ahora mismo me estoy acordando de otro magnífico ejemplo. Estaba hace un par de semanas en Ediofe, una pequeña ciudad ugandesa muy cercana a las fronteras de RD Congo y de Sudán. Ahí llevamos muchos años ya trabajando en varios proyectos educativos, sanitarios, un proyecto muy bonito de dotación de agua a toda la ciudad… Desde el principio tuve la enorme suerte de conocer allí a Sister Paola, un auténtico terremoto, una hermana Comboniana que lleva más de medio siglo trabajando por su Hospital, un lugar que es un auténtico privilegio visitar con ella. Tan pronto te muestra un enorme flamboyant con la copa roja, inmensa, florida, un árbol que plantó ella misma hace cincuentaytantos años, como te pasea por las salas atestadas de pacientes regalándoles amor y cuidados mientras te agradece la llegada de fondos para renovar el equipamiento o para adquirir medicinas… Siempre te vas absolutamente renovado tras visitarla, tanto por la satisfacción por compartir con ella el trabajo bien hecho por los más pobres, como por su presencia, su capacidad de amar, su fuerza debilitada por la edad pero aún palpable. Esa es la palabra, te vas de verdad renovado. A mí que me expliquen ese fenómeno los que no tienen fe…

Junto a ella aparece en la foto Sister Rosa, 10 añitos más mayor. Toda la vida trabajando como radióloga, sin cortinas de plomo, con equipos de rayos X antiguos, desechados de los hospitales europeos por su peligrosidad… Sister Rosa se ríe llena de vida. “Dicen que las radiaciones te matan, pero yo me encuentro llena de salud”. Y es que va ya para centenaria…

Vamos a quedarnos mejor con la segunda versión. Vamos a aceptar que a ese espíritu equilibrado se llega por medio de la oración. ¡Y vamos a ver si somos capaces de meternos un día en su Gimnasio!

Entre tanto oímos en las noticias que el Papa deja vacante su sillón por la edad o por la Curia. Viendo a Sister Rosa y Sister Paola que tienen edad, casi 180 años entre las dos, pero no tienen Curia, va a ser más bien lo segundo…

Y en la foto, junto a Sister Paola, el amigo Manolo del que tanto he hablado en esta columna. ¡Menudo podio de “corpores sanos” de oro, plata y bronce!

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ESTOY CANSADO

Por: Santos Urias 28-02-2013

Hace tiempo que dejé de creer en superman.

No porque no me gusten los super héroes, al contrario, me encantan, si no por la vida. Ella se encarga de ir colocando las cosas en su sitio, un accidente, una enfermedad, un imprevisto, los años, te devuelven a la tierra y te dejan tumbado, eso sí boca arriba, con los ojos bien abiertos hacia el cielo. Mi añorado, buen amigo y pequeño maestro Laurentino me lo supo decir, no sólo ni principalmente con palabras, si no con un saber estar con regusto a evangelio. Tantos años de Párroco, en los quehaceres del ministerio, entregado, sin horarios, a veces hasta el exceso. Después pasando a la sombra, a un humilde segundo plano, al que las fuerzas y el sentido común le fueron llevando. Perdiendo vista, ganando claridad; perdiendo movilidad, ganando reflejos; perdiendo corazón, ganando entrañas y sentimiento. Sus palabras siguen teniendo eco en mis oídos: “Descansa Santos. Búscate tus tiempos. Reza. Nunca te tomes tan en serio como para pensar que todo depende de ti”. 

Hoy veo a otro amigo, digo amigo porque pido por él todos los días desde hace tiempo, que junto con S. Pablo ha formulado la valentía de mostrarse débil. Es esa fragilidad la que siempre ha testimoniado la fe más autentica, la que se ha desnudado de formalismos y de formulismos, para llegar a la médula del mensaje de Cristo. La humildad siempre plantea preguntas, escandaliza a los poderosos, descoloca a los sedientos de honores o de no sé qué santidad a la carta. 

Lo mejor es que todo se juega en su terreno: los que siempre han apostado por una autoridad irrefutable, casi idolátrica, con tintes mágicos, no pueden decir nada. Esto reconcome las vísceras y nos hace sencillamente más vulnerables, dolientes, donde lo realmente grande es la mirada preciosa y amorosa de Dios. 

Gracias Jose o Joseph. Yo también a veces me siento sin fuerzas, cansado, agobiado y necesito saber colocarme en mi lugar, o mejor dicho, en el lugar que realmente Dios quiere de mi. Con tu gesto has sido otro pequeño maestro poniéndonos en el espejo de las palabras del magníficat, haciéndonos sentir instrumentos sencillos, pobres y frágiles, eso sí siempre en sus manos. 

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Horror Vacui

Por: Juan María Laboa 28-02-2013

Aparentemente, durante este periodo de Sede Vacante,

 la Iglesia parece sentirse huérfana y desvalida y tiende a llenar con urgencia el hueco. Sin embargo, la muerte o la dimisión de un papa señala nuestra constitutiva fragilidad, pero, también, nuestra condición de peregrinos necesitados únicamente de alpargatas y bastón, con los que poder caminar y anunciar la buena nueva.

Una Iglesia demasiado instalada tiende a la rutina y a la estabilidad, pero una Iglesia en camino, capaz de aceptar con naturalidad el cambio, la debilidad propia y la muerte, está más dispuesta a escuchar y aprender, a seguir al Maestro y a testimoniar. La urgencia desenfrenada por encontrar otro papa no está justificada.

No deja de sorprendernos la poca atención restada por los Hechos a la muerte de los apóstoles. Benedicto XVI comentó hace unos días a un grupo de seminaristas que el centro eclesial no es la organización sino los orantes. ¿No resultaría una revolución religiosa el que cardenales, obispos y sacerdotes, sin mostrar demasiado apego a su silla, se retiraran a conventos y eremos para consagrar sus últimos días a rezar por las Iglesias?

En una Iglesia de fe, que cree en la vida eterna, nunca hay puntos muertos, vacíos inquietantes ni tiempos de luto o de nostalgia. El Resucitado no es solo su destino sino su vida permanente.

Es decir, vivimos una situación providencial que debe ser afrontada con fe y con sentido común. Podemos considerar con toda verdad que si Dios abandonase a los humanos no sobreviviríamos ni un día, pero no es el caso. Aunque la Iglesia sin papa se encuentre incompleta no se encuentra en estado de emergencia. No debemos sucumbir al “horror del vacío” ni al desconcierto de la aparente soledad. Ni estamos solos ni sin pastor. Cristo permanece con sus hermanos, los obispos siguen cuidando de sus diócesis y la Providencia no abandona a los creyentes.

Por el contrario, estos períodos pueden resultar provechosos y convenientes. Se trata de un momento ideal para repensar nuestras prioridades, examinar el funcionamiento eclesial y caer en la cuenta de que la organización, la estructura, no constituye un fin en sí misma sino un medio para que los creyentes, el pueblo de Dios, sea capaz de encaminarse hacia su Señor. 

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Desvelos de cardenal

Por: J. Lorenzo 25-02-2013

Los cardenales que participan en un cónclave

han de guardar secreto sobre las deliberaciones que se producen mientras están “bajo llave” en la Capilla Sixtina. Pero no creo que nadie pueda reprochar nada a nuestro cardenal Amigo por haber desvelado cómo temblaba cada vez que depositaba la papeleta con el nombre de su candidato en las sesiones del de 2005. Se entiende la responsabilidad.

El próximo cónclave tiene unas características muy especiales, como especiales se antoja que habrán de ser las deliberaciones sobre quién ha de sustituir a un Papa que vive a tiro de piedra. Un cardenal español reconocía haber estado dos días noqueado por la noticia de la renuncia de Benedicto XVI. La mayoría también reconoce haber saludado la íntima decisión del todavía papa como un gesto de grandeza, libertad evangélica, humildad y preclara inteligencia.

Así pues, parece previsible que los efectos espirituales de la carga de profundidad detonada por Joseph Ratzinger durarán hasta esos días del cónclave. Pero, ¿se mantendrán tras el extra omnes? ¿Se dejarán interpelar los 117 electores por el gesto de un pontífice que se reconoce exhausto y que les ha dicho, además, que la Iglesia es de Cristo, no de Pedro? ¿Cómo se afronta el gobierno de una milenaria institución que aún comunica sus grandes decisiones con humo después de que su máxima autoridad haya dado una inequívoca señal de que han llegado los tiempos para la renovación? ¿Hablarán los que consideran que el Papa ha ido demasiado lejos, como también lo pensaron algunos cuando Juan XXIII convocó, contra todo pronóstico, un concilio igualmente histórico?

Imagino más pesada de lo normal la carga de responsabilidad de los cardenales en este cónclave. Les auguro desvelos y temblores de rodillas. El mundo les observa como pocas veces antes. Una expectación que tampoco es normal, como muestra el eco mediático. Pero es que no se trata de una mera sustitución de un hombre por otro que ha fallecido. Saben que con este cónclave se está jugando gran parte de la credibilidad futura de la Iglesia en un mundo que busca dioses en otras instancias, pero también donde el gesto papal ha encandilado a creyentes y a quienes no tienen fe. Y esperan a un sucesor consecuente. Aunque solo sea para ver que la película tiene un final feliz.

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Celestino y Benedicto testigos del problema

Por: Juan María Laboa 25-02-2013

A la muerte de Nicolas II

 once cardenales se reunieron en abril de 1292 con el fin de encontrar un candidato aceptable para ser elegido papa. No fueron capaces por que estaban divididos y enfrentados. Tras más de un año de forcejeos, encontrándose en estado de absoluto desconcierto, se enteraron de la predicación apocalíptica de un eremita muy conocido y respetado en el sur de Italia en la que amenazaba a la Iglesia con toda suerte de calamidades si no llegaban a una elección rápida. Los cardenales decidieron elegir por unanimidad precisamente a ese eremita, convencidos de que estaba movido por una cierta inspiración divina. El anciano eremita, aunque fue asaltado por todas las dudas del mundo, imprudentemente o, tal vez, proféticamente, aceptó la designación y tomó el nombre de Celestino V.

Celestino, que nada tenía que ver con la Curia ni con el ambiente romano, representaba la tendencia que más detestaba la riqueza, la mundanidad y la mezcla de la Iglesia con la política, es decir la línea contraria a la de aquellos cardenales que le había elegido y que, ciertamente, no estaban dispuestos a muchos cambios, sobre todo, personales. Por otra parte, el nuevo papa, hombre sencillo y profundamente espiritual, no estaba preparado para afrontar los problemas, manejos e intrigas de los personajes que le rodeaban.

¿Por qué lo eligieron? Confluyeron diversas causas: por el cansancio ante una situación que no eran capaces de dominar y por la convicción de que el santo hombre sería dócil y no les causaría problemas; porque pensaron que, dada su edad elevada, duraría poco y durante ese tiempo cambiaría la situación en el equilibrio numérico de los cardenales; por el sueño típico del siglo XIII de un papa angélico que habría inaugurado la era del espíritu y la ilusión de que un santo conseguiría transformar la Iglesia, sin darse cuenta de que el Espíritu Santo y los santos resultan siempre imprevisibles y difícilmente siguen las normas de los mundanos, incluso si son cardenales con púrpuras y anillos.

Al poco tiempo Celestino V comenzó a madurar la idea de abandonar el cargo y preguntó a los expertos en derecho canónico si era posible que un papa dimitiese. Le respondieron que ninguna ley ni divina ni humana lo impedía.

Aunque Dante juzgó con enorme severidad este abandono en “La Divina Comedia”, fundamentalmente por opciones políticas, parece que resulta más justo considerar su decisión como una muestra de su libertad de espíritu y de la aceptación humilde de que por edad y por su incapacidad de ejercer un cargo en el que debía vérselas con la ambición, los juegos sucios y la deslealtad de quienes le rodeaban, no podía ejercerlo debidamente.  Aparece también en el trasfondo de este caso la permanente dificultad de conjugar convenientemente las exigencias de una Iglesia política con las propias de la Iglesia mística. Demasiadas contradicciones para un espíritu sencillo que había decidido en su juventud seguir a Cristo sin condiciones ni glosa.

Liberado del pontificado, Pietro Morrone pretendió volver a su amada ermita, pero su sucesor, temiendo que sus enemigos lo utilizaran chantajeándole con un cisma, le secuestró y mantuvo prisionero en el castillo de Fumone, donde murió el 19 de mayo de 1296 a los noventa y cuatro años de edad. Inmediatamente corrió la voz de que había sido asesinado, y aunque nada probó la acusación, el pueblo que lo admiraba lo consideró mártir.

Clemente V lo canonizó el 5 de mayo de 1313 en la catedral de Avignon. La visita de Pablo VI a Fumone en septiembre de 1966 alimentó las especulaciones sobre una eventual abdicación del papa. Hace dos años, Benedicto XVI visitó, también, el castillo y dejó su manto sobre la tumba de Celestino. Qué espléndida imagen la de ese encuentro ideal a través del tiempo de dos personajes tan diferentes y tan unidos por su gran rechazo de una situación que no aceptaban!

Siempre resulta peligroso comparar dos situaciones tan separadas en el tiempo y en las condiciones históricas, aunque sigue siendo verdad que la capacidad del ser humano para el bien y para el mal ha cambiado poco a lo largo de la historia.

Los cardenales reunidos en el conclave de 2005, en una Iglesia inmensa, más compleja y desconcertada que nunca, en una sociedad joven, en permanente cambio, que constituía un reto para el cristianismo de proporciones inéditas, incluso comparado con la situación de los primeros siglos, eligieron a un anciano de setenta y ocho años posiblemente por inercia y por incapacidad de ejercer la radicalidad evangélica en su examen de la situación eclesial existente a la muerte de un papa que, en sus últimos larguísimos años, dio ejemplo de sobreponerse heroicamente al sufrimiento, pero, también, de demostración de que esta heroicidad no era compatible con el gobierno necesario e imprescindible de una Iglesia tan piramidal.

El nuevo papa no era simple como Celestino sino que valía más que la mayoría de los cardenales que le eligieron y quiso cambiar-reformar-renovar la situación en la que se encontraba la iglesia, tal como lo intentó Celestino, pero, siendo anciano como él, se encontró con una oposición semejante aunque de diverso carácter y circunstancias.

Benedicto XVI tiene, ciertamente, las condiciones de mando requeridas, pero, seguramente ya no posee el vigor necesario y, sobre todo, no ha estado dispuesto a utilizar el rigor ni los mismos medios de sus oponentes en una curia que nunca le ha interesado demasiado. Hace unas semanas dijo a un grupo de seminaristas que el centro eclesial se encontraba no en su administración sino allí donde se rezaba. Siguiendo esta convicción ambos papas han decidido retirarse a un desierto interior para seguir “sirviendo a la Iglesia con una vida de oración”.

Benedicto ha sido libre como Celestino y deja su puesto, y ha sido a lo largo de su vida eminentemente transparente. La transparencia no soluciona todos los problemas de la Iglesia ni de la sociedad, pero es una actitud que pone a todos, empezando por el mismo que la ejerce, en su sitio. En efecto, esa transparencia es la que ha dejado más descolocada a la gente  empezando por la Curia romana, aunque luego empleen otros argumentos más espirituales o dialécticos. Esa transparencia deja a muchos ante el horror del vacío, del vacío de sus vidas y de sus argumentos. Menos mal que en nuestros días no parece viable encerrar a Ratzinger en una mazmorra.

En una palabra, Celestino V y Benedicto XVI no han sido un problema ni han creado un problema a la Iglesia con su dimisión sino que han sido, desde el mismo día de su elección, los testigos y voceros de unos problemas que existen en nuestra comunidad y que, esperemos, el sucesor elegido en el próximo cónclave estará dispuesto a plantear en toda su intensidad.

Finalmente, como aviso para navegantes, tras estudiar el tema, me pregunto si en la sociedad civil somos capaces de tener esta libertad y transparencia, esta capacidad de apartarse para que venga otro más capaz o más dispuesto, este abandono neto de casa, coche y sueldo para ir al desierto, si eso ayuda a nuestro espíritu y a la sociedad a la que amamos y decimos servir.

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Cuaresma II

Por: Xabier Azcoitia 22-02-2013

Han pasado 8 días desde el miércoles de ceniza.

 Antes de seguir adelante quiero preguntarte: ¿dónde estás? ¿A dónde has llegado? ¿Hacia dónde te estás encaminando? No solo te pregunto a ti, somos compañeros de camino, también me lo pregunto a mí.

De un modo aun más sencillo, ¿Cuál es la meta de tu vida? Y más en concreto aun, ¿Cuál es la meta de estos 40 días? Y si tienes alguna meta para ellos, qué cosas estás haciendo ¡ya! para ir logrando eso que te has propuesto. Ponlo en un papelito, en el recordatorio del teléfono móvil o en la Tablet. No lo olvides, por favor.

Nuestra sociedad no es la “sociedad del ocio”, todo lo contrario, es la sociedad de la distracción. Nos invita a vivir despistados. Con la mirada distraída, desatenta. Descentrados.

Si quieres lograr algo de lo que te propones, has de poner eso en el Centro y todo lo demás ha de ir a un segundo lugar. Como dice mi amigo Javier Barbero, por mucho que pretendas estirarla “la falda no da pa más”. En la vida espiritual ocurre del mismo modo. Si no tenemos una meta clara estaremos distraídos y gastaremos nuestras fuerzas en lo secundario.

En el Evangelio de este domingo Lucas nos presenta la Transfiguración. Dice el teólogo ortodoxo Jean Corbon que “el objetivo de la Transfiguración, conforme al de toda la Economía revelada en la Biblia, es la salvación del hombre. Como en la Zarza ardiente, el Verbo “deja ver” en su Cuerpo la Luz de su divinidad no para hacer saber, sino para hacer vivir, para salvar: se revela dándose y se da para transformarnos en Él”.

Jesús tuvo claro su objetivo: Vivir y anunciar el Reino a sus hermanos los hombres. El objetivo es la vida del Reino, es decir, la vida eterna, la vida de Dios y con Dios. Y la vida eterna no está para llegar, no es algo del futuro, no es algo que esté por venir. Es ya, comenzó, el reino está presente, Dios está aquí. Dios está donde yo estoy, aquí y ahora.

“Permaneced en mí como yo permanezco en vosotros”. Comprender esto es comprender que Dios está en el Centro de nuestra vida. Dios está activo en el Centro de nuestra vida. Comprender espiritualmente que Dios nos inhabita, nos llena, nos colma, se hace misteriosa y silenciosamente presente es el suelo que permite decir con John Donne (1572-1631): “muerte morirás”. Ya no hay un antes ni un después. Todo está bien y seguirá estándolo, “porque yo he vencido a la muerte”.

Como dice Jean Corbon, “Moisés y Elías pueden abandonar la cueva del Sinaí sin taparse la cara con un velo: ahora contemplan la Fuente de la Luz en el Cuerpo del Verbo”. Nosotros también podemos abandonar la cueva del miedo que nos tiene tan despistados y descentrados, porque en Jesús podemos ver la Compasión de un Dios que vive con nosotros.

 

Termino copiando a Henry Nouwen y haciendo mías sus palabras:

 

"Si me preguntaran a bocajarro: 

Qué significa para tí vivir espiritualmente?,

 tendría que contestar: 

Vivir con Jesucristo en el centro".

 

Feliz camino

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Desvelos del Papa

Por: J. Lorenzo 15-02-2013

¿Cómo habrá dormido Benedicto XVI la primera noche de su nueva vida?

 O mejor, ¿cómo durmió la víspera de despojarse de ese manto cuasi divino con que se reviste a los pontífices y mostrarnos su fragilidad entrañablemente humana? ¿Le desveló la decisión de una renuncia histórica al ejercicio de un poder por el que otros se desvelan también de día?

Tras la espuma generada por la lógica conmoción mediática, saturado de análisis sobre las mil y unas variables que esta noticia de repercusión mundial ha puesto en danza, me cautiva la imagen de un hombre que pide perdón y reconoce con humildad que ya no le quedan fuerzas, que las últimas las ha gastado en el servicio a la Iglesia. Así de sencillo; así de natural. Siglos de entender el primado y miles de páginas de fundamentaciones teológicas amenazadas de salir volando por la rendija entreabierta por quien fue considerado el paladín de la ortodoxia.

Algunos digieren mal esta debilidad. Creen que es una flaqueza que perjudica a una institución que, ante la increencia, ante la secularización, tiene que sacar pecho. Aunque ahora lo nieguen y aplaudan la libertad de espíritu desde la que este anciano achacoso ha tomado su difícil decisión, son los mismos que hace solo una semana encenderían una pira por sugerir tan solo la posibilidad de poner un tope de edad al ejercicio del ministerio petrino.

Reconocer esta debilidad como ha hecho este hombre que anhelaba su jubilación cuando le eligieron Papa es, por otra parte, una carga de profundidad controlada, el último servicio de Joseph Ratzinger –a quien ya empezamos a echar de menos– contra la burocracia y el carrerismo (por él ya denunciados) con el que algunos han entendido su forma de ser y estar en la Iglesia. Muchos, sobre todos quienes contemplan a la institución desde una dolorosa lejanía o acomodaticia indiferencia, así lo han entendido.

Este gesto les ha hecho ver que detrás de los ropajes suntuosos hay un hombre menguante que no quiere aferrarse a ningún poder más que al de la oración ni estimular una gerontocracia que se aísla del mundo porque no lo entiende. Estos, tras el roto hecho por Benedicto XVI a la ‘papolatría’, se habrán acostado un poco más congraciados con una Iglesia que nació a orillas de un lago infestado de mosquitos. Ahora, los desvelos comienzan para otros.

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LAS CARICIAS DEL ALMA

Por: Santos Urias 15-02-2013

Ayer quedé con mi buen amigo Alberto.

 Me dijo que en la Iglesia de S. Jerónimo iban a interpretar la Misa de la Coronación de Mozart y que porque no íbamos juntos. Me pareció una muy buena idea. Quedamos con una hora de antelación y fuimos dando un paseo y charlando. Cuando llegamos estaba ya la Iglesia llena, pero pudimos hacernos un hueco junto a una columna. Salió la orquesta, aplausos; el coro, los solistas y el director; más aplausos. Comenzó el concierto. Un silencio místico acompañaba los compases de una obra de tanta belleza. Al final y después de ovacionar un buen rato, ofrecieron un par de bises. Cuando estaba comenzando el primero de ellos, Alberto se acerco a mi oído y me dijo: “La música es como una caricia para el alma”. Sin duda nos habíamos sentido acariciados por esa mano invisible, cálida y bondadosa. Esta música religiosa, que no de Dios, por toda música que nace del corazón es algo divina, pero religiosa porque fue concebida para celebrar y cantar al misterio, nos hizo entrar en una realidad que se superpone a las quejas, al “callo” y “las durezas” de las noticias, a los palos y a las bilis. 

Hay que dejarse acariciar más. Quizás es una realidad más profunda, más clara, más verdadera, que sale gratis y que se ofrece gratis. Sólo hay que tener una disposición del corazón a dejarse rozar, a sentir, a que los problemas puedan verse abrazados y las alegrías acompañadas. Belleza, amistad, solidaridad, milagro cotidiano, caricias del alma que nada ni nadie puede borrar 

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA 16.- TSAJAQ-reir

Por: Dolores Aleixandre 15-02-2013

Sobre Dios decimos y leemos muchas cosas,

 los teólogos reflexionan constantemente acerca de su misterio y la liturgia le invoca con muchos títulos: “Todopoderoso”, “Eterno”, “Señor”, “Santo”….  Pero no es muy frecuente hablar de Él como “el que hace reír” aunque es uno de los primeros nombres con que se le invoca en el libro del Génesis. Conocemos la historia: Sara, la esposa de Abraham, después de muchos años de esterilidad y siendo ya muy vieja, da a luz un hijo al que ponen  el nombre de Isaac (del verbo tsjaq, reír). “Y Sara dijo: -Dios me ha hecho reír, y todos los que lo oigan reirán conmigo (Gen 21, 3-6). Un salmista hace la misma experiencia: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, éramos como los que sueñan. Entonces nuestra boca se llenó de risa, y nuestra lengua de gritos de alegría” (Sal 126, 1-2). De nuevo, una acción de Dios llena de risa la boca de quienes la han recibido y  se convierte en la mejor de las promesas que se le pueden hacer a alguien uno de los amigos de Job le anuncia: “El Señor aún ha de llenar de risa tu boca, y tus labios de gritos de júbilo” (Job 8,21)

La historia de la risa en la relación con Dios viene de lejos: cuando Abraham escuchó la promesa de Dios de que Sara iba a tener un hijo: “cayó rostro en tierra y se puso a reír pensando para sí: ¿Puede un nombre de cien años tener un hijo, y Sara ser madre a los noventa?” (Gen 17,15-17). También Sara se rió al escuchar el mismo anuncio: "Sara se rió por lo bajo, pensando: “Cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?”. Pero el Señor dijo a Abrahán: ‑ ¿Por qué se ha reído Sara, diciendo: “¿Cómo que voy a tener un hijo, a mis años”?  ¿Hay algo difícil para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.  Pero Sara, que estaba asustada, lo negó: ‑No me he reído. El replicó: ‑No lo niegues, te has reído” (Gen 18,11-15).

Aunque parezca extraño para nuestra mentalidad de hoy, el narrador habla con total frescura de ese “reírse de Dios” y de sus promesas, como si reaccionar así no desdijera en nada la categoría creyente de dos personajes tan emblemáticos como Abraham y Sara.

 

A nadie le gusta convertirse en blanco de las risas y burlas de otros y los salmistas lo temen frecuentemente en forma de  queja: “Al verme se burlan de mí,  hacen visajes, menean la cabeza…”(Sal 22,8). “Soy la burla de todos mis enemigos, la irrisión de mis vecinos (Sal 22, 8). “Cuando me aflijo con ayunos, se burlan de mí; cuando me visto de sayal, se ríen de mí; sentados a la puerta cuchichean, mientras beben vino me sacan coplas” (Sal 69 11-12).   Por eso le reprochan a Dios: “Nos haces el escarnio de nuestros vecinos,  irrisión y burla de los que nos rodean. Nos has hecho el refrán de los paganos,  nos hacen muecas las naciones (Sal 44 14-15).

En el Nuevo Testamento vuelve a aparecer esta situación humillante de ser puesto en ridículo y  Jesús es objeto de burla en distintas ocasiones: cuando afirma la imposibilidad de servir a la vez a Dios y al dinero, los fariseos, que eran amigos del dinero,  se burlaban de él” (Lc 16, 14); y cuando entra en casa de Jairo y dice que la niña no estaba muerta sino dormida, también “se burlaban de Él” (Mc 5,40)

 

Las burlas que recibe durante la pasión son especialmente dramáticas: “Los soldados,  tejiendo una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y una caña en su mano derecha; y arrodillándose delante de Él, le hacían burla, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!

 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberse burlado de Él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron para crucificarle (Mat 27,28-31).  Y este modo de afrenta continúa al pie de la cruz: “Los principales sacerdotes junto con los escribas, burlándose de él entre ellos, decían: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse…” (Mc 15,31).

             Pablo será también puesto en ridículo en Atenas después de hablar de la resurrección en el areópago: “Cuando oyeron hablar de la resurrección de los muertos, algunos se burlaban, y  otros dijeron: Te escucharemos en otra ocasión acerca de esto.  Entonces Pablo salió de entre ellos” (He 17,32).

Y es que lo propio de un discípulo es compartir la suerte de su Maestro.

 

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UN STOP EN LA A-6

Por: Jose Maria Marquez Vigil 14-02-2013

Sr. Presidente del Gobierno, Señor Jefe de Estado,

Perdónenme que no les llame honorables ni excelentísimos ni majestades, pero es que llevo unas semanas ya fuera de España, visitando proyectos de cooperación al desarrollo, y se me debe estar olvidando el español. Fíjense hasta que punto estoy perdido, que probablemente confundido, me sale mucho antes llamar honorables a las misioneras que están en Africa entregando su vida al servicio de los más necesitados, o me sale llamar excelentes a los niños huérfanos y discapacitados que van como pueden a la escuela tratando de labrarse un futuro mejor a pesar de sus dificultades, o incluso majestuosas a aquellas mujeres que cada día van a por agua, a por leña, que piden un microcrédito y montan una pequeña tiendita para pagarles a sus hijos los estudios y una comida al día. ¡Qué equivocado estoy! ¿Verdad? ¡Si todos sabemos de sobra que excelentísimo es algo completamente diferente!

Bueno, pues les escribo para darles una idea majestuosa y excelentísima. Hace un par de semanas estuve en Burundi visitando unos proyectos que estamos desarrollando allí con un “noexcelentísimo” padre blanco (Padres Blancos es como se llama coloquialmente a los Misioneros de Africa), que lleva ahí la friolera de 50 años dedicado a los demás. Por supuesto nada tan importante como todo lo que a vds. les mueve… Tan solo visitando la escuela que habíamos construido para 3.400 niños, u otra escuela para cerca de 2.000 niños más, o un dispensario, o un proyecto de traída de agua que distribuye por gravedad 250.000 litros diarios de agua para estas estructuras sociales y para las comunidades más olvidadas…

Pero pasemos ya sin más preámbulos a la honorabilísima idea que les quiero hacer llegar. Cuando cruzaba Bujumbura, la capital, por la calle principal, el Bulevar 28 de Noviembre (una avenida que hace las funciones de la castellana y la M-30 en Madrid, la única con una mediana con árboles y farolas separando ambos sentidos), quedé atónito cuando el misionero que me llevaba paró en seco su coche (al igual que todos los demás) para ceder el paso a una pequeña carretera que se cruzaba con ésta. No había ninguna señal que te lo indicara, pero todo el mundo se paraba, y extrañado le pregunté. Es que la calle que se cruza es donde vive el (honorable-excelentísimo-majestad-suseñoría-supercalifragilísticoespialidoso) Pierre Nkurunziza, presidente de Burundi – me viene a decir el misionero – “y por supuesto hay que cederle el paso por si decide salir con su escolta”.

¿No les parece una gran idea que copiar? De momento están vds. copiando con tanta precisión a los líderes africanos, reduciendo el gasto social, educativo, sanitario, a niveles de sus camaradas subsaharianos, forzando a sus súbditos a migrar tal y como hacen sus compañeros del otro lado del estrecho, perpetuándose también en el poder aprovechándose de antiguas leyes… ¿Y no viven vds. cerca de la A6? Pues pongan un stop sin señal ni nada, y que todo el mundo se tenga que frenar en seco al pasar por la Moncloa o La Zarzuela, y el forastero que no sepa la regla, pues se le pone una multa por asungu o forastero, que nunca viene mal a sus bolsillos…

Otra posibilidad que tenemos los españoles es ser nosotros mismos los que copiemos… Y si el mundo del futbol (en el que como vds saben somos campeones del mundo y de europa y del universo, para mayor gloria suya y poder asi perpetuarse con el “pan y circo”), si en el futbol como digo somos tan buenos porque importamos a gente como el Messi, el Ronaldo o el Falcao. ¿Porqué no importar algún político? A lo mejor así podemos encontrar alguno que no esté demasiado corrupto… No les digo yo a una primera fila como la Merkel, que no creo que se quiera venir. Pero, ¿qué tal esa ministra de su gabinete que acaba de dimitir en Alemania porque hace muchos años había copiado en la facultad? Para los alemanes eso es un drama, pero con lo que tenemos en casa, ¡una copiota puede ser capitán general sin despeinarse! ¿O le pedimos a Florentino que nos traiga un galáctico? El Obama por ejemplo está ahora empeñado en la fórmula de “gastar más para crecer”, proponiendo más ayudas a la educación para la clase media y más inversiones e infraestructuras… ¡Justo lo contrario a lo que están vds. haciendo! A lo mejor conseguimos traérnoslo y nos arregla esto que ni Zapateros, ni Rubalcabas, ni Rajoys, ni Bárcenas, ni Borbones nos lo iban a poder arreglar en mil años más.

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CUARESMA I

Por: Xabier Azcoitia 14-02-2013

Es el primer domingo de Cuaresma.

Primera estación en un itinerario que dura 40 días, como 40 años dura una

generación. Sí, una generación que caminó por el desierto, como la nuestra que tendrá que caminar por su propio desierto.

El pueblo de Israel fue llevado al desierto antes de poder entrar en la tierra prometida. El desierto que era amenaza, peligro, pérdida, riesgo de muerte y desaparición, se convirtió en un poder transformador. Del mismo modo todo aquello que atravesemos en la vida será una fuente de energía en nuestra vida. Todo en la vida se puede convertir, como en Jesús, lugar para la fidelidad. Fidelidad que nace del amor, fidelidad que nace del vínculo al Padre.

La fidelidad tiene sus senderos, pasa por la escucha a aquel que nos llama y convoca. Exige entrenar un oído fino mediante un silencio atento, un corazón dócil. ¡Feliz Cuaresma!

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El drama de no ser creíbles

Por: J. Lorenzo 11-02-2013

Amargo despertar el de nuestra sociedad,

tantos años acostándose autosatisfecha, sin aceptar consejos de nadie, para levantarse ahora abatida por su convencimiento de que está inmersa en una crisis de valores, fruto de la cual le cuelga esta ristra de casos de corrupción que está siendo la comidilla mundial. Sí, sí, increíble, pero casi el 70% de los españoles cree que el espectáculo que estamos dando como país (ahora con la corrupción, pero antes con una crisis incubada al sol de la especulación) se debe a una falta de valores “morales y cívicos”. Si hace un par de años alguien hubiese citado en la prensa la expresión “valores morales”, enseguida le hubiesen acusado de ir a misa o algo peor.

Pero al final, la Iglesia tenía razón. Y mira que lo ha repetido veces. Esta crisis –ha dicho desde el Papa hasta el catequista de la parroquia más recóndita– tiene su base en una crisis que no solo afecta al bolsillo, sino que tiene que ver con aquellas otras moneditas del alma que se han ido perdiendo por el camino por no darlas al prójimo. Es una crisis fundamentada en el individualismo, máxima instancia ante la que se sacrifican nociones como las de justicia, equidad, solidaridad…

Sí, la Iglesia lo ha repetido hasta la saciedad, pero casi nadie la ha escuchado. Es este uno de sus grandes dramas: lo que dice suena bien, pero como a los políticos honestos, ya casi nadie la cree. Una contradicción que apunta también a que esa crisis de valores ha afectado a la propia institución, a la que la sociedad, en porcentaje nada desdeñable, ve con desconfianza por sus propias incoherencias. ¿Cómo podemos denunciar la corrupción si algo huele a podrido en las finanzas vaticanas, a pesar de los esfuerzos que, dicen, se hace por la transparencia? ¿Cómo podemos exigir más humanidad en nuestra sociedad cuando se conoce que grandes figuras eclesiásticas no fueron todo lo celosos que debían en el cuidado de los menores en casos de abusos sexuales?

El cercano tiempo de Cuaresma señala a nuestra sociedad el camino para iniciar su siempre necesaria purificación. No será tarea fácil. Para la Iglesia, la meta la ha marcado ya el Papa: “No se trata aquí de encontrar una nueva táctica para relanzar la Iglesia. Se trata más bien de dejar todo lo que es mera táctica y buscar la plena sinceridad”.

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La sorpresa razonada

Por: Juan María Laboa 11-02-2013

Me llaman del Correo para que ofrezca mi opinión

 sobre la insólita e inesperada dimisión de Benedicto XVI. Naturalmente podría escribir algo a partir de la historia de los papas o reflexionar sobre las consecuencias que puede acarrear al futuro eclesial este abandono voluntario de un puesto considerado de por vida. Tendremos tiempo antes del 28 de febrero o antes del cónclave para analizar este interesante y complejo tema. Ahora me atrevo a ofreceros una primicia de carácter personal.

Dentro de unos días saldrá a las librerías un libro que he escrito con calma a lo largo del último año. Se titula “Jesús en Roma” y trata de la visita de Jesús rodeado de algunos apóstoles y algunos santos a la ciudad eterna. Es como un examen de conciencia del papa y los cardenales, del clero y de los cristianos movidos por su encuentro personal y, cara a cara, con el Señor. Es verdad que todo creyente sabe que se encuentra directamente con Cristo en la eucaristía y en la oración, pero el ser humano se impresiona doblemente cuan oye, siente y ve. Tiene la misma fe, pero sus sentidos ayudan a la inmediatez. ¿Qué piensa el papa y la curia romana, qué piensan los creyentes de lo que piensa y juzga Cristo?

No voy a adelantar el contenido del libro, pero me resulta sugerente decir que en un capítulo hablo de la decisión de Benedicto XVI de dimitir y retirarse a un convento franciscano al que acostumbraba retirarse S. Francisco para rezar y encontrarse con el Señor.

¿Por qué dimitía el papa? Era consciente de que el momento era único, de que la Iglesia necesitaba una conversión y renovación en profundidad volviendo a las enseñanzas de Cristo, cuando insiste en el “No así vosotros”, no como actúa, gobierna, se enriquece, el mundo. “Mandar es servir”, “No utilicéis el nombre de Dios en vano. Ratzinger, que había vivido recoletamente en el Vaticano durante años, se encontró en un ámbito con el que no congeniaba, demasiado sometido a tradiciones y oropeles que ya no correspondían, probablemente demasiado condicionado por su sicología e historia para tomar resoluciones ambiciosas y, en su caso, radicales.

Hace unos años, en pleno cónclave, escribí en “El Correo” que no creía que los cardenales eligieran a Ratzinger. Una Iglesia tan menesterosa de valentía evangélica necesitaba un papa más joven, más libre de ataduras, más abierto a cambios que a los que tenemos cierta edad nos cuesta pensar. Me equivoqué entonces, pero hoy pienso que tal vez tenía razón en mis razones.

Sin embargo, a pesar de cómo se le ha juzgado habitualmente, Papa Benedicto ha demostrado ser más sensible y frágil de lo que imaginábamos. El mundo es inhumano y la Iglesia actual tiene demasiados cuervos, pasotas e inhábiles. Ha hecho lo que ha podido y ha mostrado su valentía al marcharse con elegancia y sin molestar, diciendo con claridad que el único señor de la Iglesia es el Señor y abriendo más caminos con su gesto de lo que podemos ahora imaginar.

Siento que no haya decidido-a no ser que lo haga antes del día 28- lo que el Benedicto de mi libro hace: tomar las decisiones más difíciles sobre cambios y transformaciones de la Iglesia, en un sentido puramente evangélico, con el fin de que su sucesor encuentre resuelto parte de los problemas más complicados. Esperemos que los cardenales comprendan que las decisiones aparentemente más fáciles facilitan la vida de la Iglesia.

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Renuncia, resignation

Por: Alfonso Carcasona 11-02-2013

Hoy, 11 de febrero de 2013,

 hemos asistido, católicos y no católicos, a un acontecimiento histórico que,  aunque fuera sólo por su infrecuencia, merece la pena ser reflexionado.  Benedicto XVI ha anunciado su voluntad de renunciar a su puesto de papa en unos días. Hecho sin precedentes en los últimos seiscientos años, y con pocos antes de 1415.

 El papa se va porque no se ve con fuerzas de seguir al frente de nuestra querida Iglesia. Ha llegado a la extenuación y cree que es necesario un relevo. Pablo VI y  otros papas modernos, incluido Juan Pablo II, creyeron que la renuncia de un papa es inaceptable, al igual que no se puede renunciar a ser padre. Desde el punto de vista político, además, sentaría un precedente grave para futuros papas, que podrían verse presionados por la curia para abandonar por razones no relacionadas del todo con la salud.

Pero al igual que un padre debe dar paso a sus hijos cuando éstos tienen la fuerza suficiente, creo que el gesto de Benedicto hoy es una verdadera muestra de liderazgo. Y liderazgo es lo que necesita cualquier organización, y nuestra Iglesia no escapa a ello. Cuando Jesús eligió a Pedro fue para que liderara su Iglesia, obviamente mientras tuviese la fuerza para hacerlo. Y no creo que pensase mucho en las consecuencias políticas de su decisión.

En inglés renuncia se traduce por resignation, que a su vez podríamos traducir de vuelta como resignación, o lo que es lo mismo, capacidad para aceptar adversidades. La enfermedad, la falta de fuerzas sin duda lo son a la hora de dirigir. Y la humildad de apartarse, de ponerse a un lado, es un don que escasea no solo en nuestro tiempo, sino como se ve, a lo largo de la historia.

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