Domingo 15 de Septiembre 2019

Conmemorar en tiempos revueltos

Por: Juan María Laboa 10-04-2011

Todos tenemos a punto el programa de Semana Santa. Queremos disfrutar a tope de estos días y

nos disponemos a visitar nuestra segunda casa o a viajar a esos lugares que nos encandilan, o esquiar, tomar el sol y conocer ciudades. Son días de vacaciones, de descanso merecido, de interrupción de tareas.

 

Sucede que estos días coinciden con una de las conmemoraciones cristianas más significativas, los días en que recordamos con una liturgia que nos viene de los primeros siglos la muerte y resurrección de Jesucristo. En multitud de pueblos los acompañan de actuaciones que subrayan llamativamente la simbología litúrgica, atrayendo turistas y paisanos emigrantes: tambores, empalamientos, azotes, representaciones teatrales.

Sin embargo, poco a poco, el turismo, el descanso, la pereza, tienen más importancia que la razón de ser última de esta semana, empobreciendo nuestra experiencia cristiana y privando a nuestros jóvenes de puntos de referencia importantes para su identidad cristiana.

No resultaría difícil, sin embargo, compaginar ambos intereses colectivos y personales. Está claro que no volverá a repetirse el ambiente de tristeza y austeridad (y aburrimiento) que acompañaban estos días hace unos decenios, pero tampoco resulta necesario ni, probablemente bueno. Una conmemoración participada de la misa del jueves santo, en la que recordamos la institución de la eucaristía, de los ritos llenos de fuerza y emoción del viernes santo y de la alegría de sentirnos involucrados en la resurrección de Cristo, el domingo de Pascua, puede perfectamente compaginarse con el descanso gozoso de la vacación. El sentirnos creyentes en momentos tan especiales enriquece nuestra vida y fortalece nuestras creencias y sentimientos. Los jóvenes, por su parte, necesitan introducir en su vida estos signos y celebraciones que jalonan los tiempos del año y que forman parte de nuestra fe y de nuestra cultura.

El amor de Dios se nos ha dado. Está ahí, a nuestro alcance. Podemos gozarlo o no, aprovecharlo o no. Depende de nosotros. Una vez más, podemos elegir entre lo que es correcto, lo acorde con un sentimiento religioso que renueva una historia que forma parte de nuestra vida, y lo que es fácil, es decir la pereza de la rutina.

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¿Ficción?

Por: Alfonso Carcasona 07-04-2011

Me sorprende el anuncio de la Sexta para promocionar el partido de fútbol Madrid-Barsa.

Escena: una joven embarazada llega a su casa con dolores. Abre la puerta con dificultad y se encuentra a su compañero/marido/colega, vaya usted a saber. Se miran a los ojos, ella con cara de dolor, él con cara de incredulidad. La siguiente escena es en la puerta de la casa. Llega el taxi, ella se sube en él, y el individuo le dice al taxista, desde fuera del taxi: al hospital central, deprisa… Y se sube a casa a ver el partido.

Uno de los requisitos de la publicidad es que llame la atención. Conmigo desde luego lo ha conseguido. Nos podríamos encontrar ante la eterna pregunta acerca de si el fin justifica los medios, pero me temo que en este caso, ni siquiera nos la planteamos. Probablemente, mucha gente lo verá como algo normal. Es una cuestión de prioridades, y me da la sensación que nuestra progresista sociedad las ha subvertido de tal manera que a muchos el anuncio ni siquiera les haya llamado la atención. Pobres creativos. Cada vez han de ser más salvajes ante nuestra retorcida lista de valores.
 

El anuncio es emitido por supuesto en horario infantil, de manera que tus hijos vean como algo normal anteponer tus intereses egoístas a los de la pareja, o tu ocio al nacimiento de tu hijo. ¿Qué cosas más importantes puede haber en la vida que asistir al nacimiento de tu hijo? Desde ahora, según la Sexta, un partido de fútbol.
 

¿Es esta la sociedad que estamos construyendo? Pan y circo fue inventado hace muchos años, en plena decadencia del Imperio. ¿Signo de nuestros tiempos? Hoy los acontecimientos se precipitan a una velocidad infinitamente superior a la de antaño. Nuestra adormecida sociedad necesita de gestos distintos. Podríamos aprender de otras culturas, podríamos bucear en nuestra historia. ¿Pero quién tiene tiempo en esta hedonista sociedad?
 

Desde esta bitácora me permito reflexionar en voz alta. Me obliga a pensar, a pararme. A compartir mis pensamientos con los que tenéis la paciencia de leerlos. ¡Qué importante es prestar atención a los signos! E intentar actuar en consecuencia.
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Me miras mientras duermo

Por: Santos Urias 06-04-2011

Me miras mientras duermo. Como se mira a la luna; como se observa un punto en el horizonte; como abraza la bahía la luz del atardecer.

Me miras mientras duermo y acunas mis silencios, arrullas soledades, “naneas” esos miedos que se esconden en mis parpados.

Me muevo inquieto entre el desconcierto y la premura, pero tus ojos acallan los pensamientos, inventan un cuento nuevo para cada nuevo despertar.

El flujo de tu aliento me envuelve como una bruma matutina. Pero eres el faro que parpadea inerme, constante, repetido. Tus manos mesan mis cabellos. Yo no sé nada, estoy dormido; entonces tus dedos se quedan enredados en mi pelo, juegan al escondite, cuentan hasta cien. Las sábanas parecen protegerme aunque en realidad estoy desnudo: descanso desnudo; vivo desnudo; muero desnudo.

Es tu música la que me hace sentir seguro. Ese canto de estrellas que danza por el aire. Esa voz cálida que no siempre se escucha pero está.

La tierra sigue girando y yo en mi lecho giro con ella. Vuelta con vuelta; mareando la perdiz. La cabeza es como la tierra: gira y gira; vuelta con vuelta; mareando la perdiz. Y al fin el ocaso. El momento de la inactividad; el instante en el que cesa la prisa; la ocasión de la humildad; el guiño del don. Entonces, vencido por el cansancio y por mis ganas de ser dios, me duermo. Y tú a mi lado me miras con ternura. Te ríes y me piensas. El silencio de la noche salta en diálogo fecundo: Tu mirada, tu pequeño. Podríamos estar así una eternidad, pero basta una vida.

Cuantas veces te busco y no te encuentro. Pero cuando todos se esconden, cuando se apagan las luces, cuando las nubes se mecen con los halos de la luna, al pie de mi cama me miras mientras duermo.

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Secretas Palabras de Vida: MENUJAH

Por: Dolores Aleixandre 02-04-2011

Nos la venden desde todas partes, y nosotros sin saberlo:

tiene que ver con los paisajes solitarios, serenos perfectos para el descanso de los anuncios turísticos. Los bancos nos la prometen como tranquila seguridad para nuestras inversiones y los planes de pensiones nos la garantizan para disfrutar de una vejez sin sobresaltos. Los que frecuentan los spa aseguran haberla conseguido junto con el relax y también los que, después de un chequeo médico satisfactorio, se sienten en completa armonía corporal.

 

La conocía ya la gente que puebla la Biblia y la llamaban menujah: un estado de tranquilidad, reposo, descanso y sosiego que tiene mucho que ver con lo que se vive el Sábado, ese día santo en que el Señor descansó y al que, como si fuera un ser viviente, “bendijo y santificó” (Gn 2,3). Por eso el Sábado no debe parecerse a ninguno de los otros días de la semana: los otros seis, dice la tradición judía, nos han sido entregados para continuar la obra de la creación y el trabajo que realizamos en ellos nos convierte en cooperadores de Dios. Pero el séptimo día ya no estamos vueltos hacia el mundo para transformarlo, sino enteramente dirigidos a Dios para asimilarnos con Él. “El mundo es el dueño de nuestras manos, dice el judío Abraham Heschel, pero nuestro corazón pertenece a Otro. Durante seis días de la semana luchamos contra el mundo, arrancando sus riquezas a la tierra: el Sábado cuidamos la semilla de eternidad plantada en el alma”. Por eso el Sábado es el día de la menujah.
 

Es un término que abarca muchos sentidos: Jer 51,59 habla de un “jefe de la menujah” refiriéndose a la intendencia que hace desaparecer la inquietud del desabastecimiento. La paloma que soltó Noé después del diluvio fue la primera en buscar la menujah de un lugar para posarse: no lo encontró y Noé tuvo que extender su mano, tomarla y meterla otra vez consigo en el arca (Gen 8,9).
 

Se desea para las personas a las que se quiere: Noemí quería que sus dos nueras viudas volvieran a encontrar menujah en la casa de nuevos maridos (Rut 1,9) y, cuando Rut decide quedarse con ella, su suegra le dice: “Hija mía, ¿no tengo que buscar yo menujah para ti para que te vaya bien?” (Rut 3,1).
 

A David se le ocurrió que tenía que construir un templo para menujah del arca (1Cro 28,2), pero el Señor le deja muy claro que eso de “conceder menujah” es cosa suya y no tarea humana. Y eso desde el tiempo en el que cuando caminaban por el desierto, “el arca de la aliaza del Señor iba delante de ellos buscándoles un lugar de menujah (Num 10,33). Por eso será Él mismo quien elegirá Sión como lugar de su menujah (Sal 132,14).
 

A veces Israel es consciente de ese don y lo agradece: “Bendito sea el Señor, que ha dado menujah a su pueblo Israel, conforme a todo lo que prometió (1Re 8,56), decía Salomón; él había recibido como nombre “hombre de menujah” según la promesa de Dios: “Yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor, pues Salomón será su nombre y en sus días daré paz y menujah a Israel” (1 Cro 22,9). Por eso el orante del Salmo 23 es consciente de que si se dirige a “las fuentes de la menujah es porque su pastor lo conduce a ellas. 
 

Cuando el pueblo se aleja de la alianza con el Señor, lo primero que pierde es la menujah y escucha una tremenda amenaza: “Ciertamente no entrarán en mi menujah “(Sal 95,11). Su dura cerviz le acarreará el no hallar menujah ni reposo para la planta de su pie (Dt 28,65) y cuando marche al destierro de Babilonia, los que se lamentan de su destino le compadecerán porque “habita entre las naciones sin hallar menujah” (Lam 1,3) .
 

A lo largo de su historia, Israel va aprendiendo trabajosamente que “entrar en la menujah” de su Dios (Sal 95,11) no es nunca resultado de su esfuerzo ni de la ansiedad con que lo busca, sino que la recibe siempre como un regalo inmerecido
 

La última invitación a disfrutar ese don viene de la promesa de Jesús en el evangelio de Mateo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os daré descanso” (Mt, 11,29). El término empleado, anapausis, es uno de los que con más frecuencia emplea la Biblia griega para traducir la menujah hebrea
 

Nosotros podríamos preguntarnos por el rincón secreto de nuestro corazón en que se esconde esa menujah y también a qué o quiénes hemos dado poder para arrebatárnosla
 

Y también si vamos persiguiéndola y buscándola por cuenta propia o si nos vamos arrimando a Aquel que es su fuente y se la pedimos como un regalo maravilloso que luego podremos compartir con otros.
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Empezar de nuevo

Por: Xabier Azcoitia 01-04-2011

Esta reflexión está dedicada a la gente de mi quinta.

Transitamos por unas edades en las que corremos el riesgo de ser desplazados profesionalmente por la siguiente generación. Este riesgo se ve agravado por la crisis de empleo que azota nuestro país, y que en este ejercicio no tiene pinta sino de agravarse.

Llevamos más de veinte años trabajando, generalmente en los mismos sectores que empezamos. Nuestro mundo profesional ha cambiado de manera terrible desde nuestros inicios. ¿Alguien recuerda cómo trabajábamos sin teléfono móvil, sin correo electrónico, sin acceso a internet? ¿Cómo hacíamos las operaciones en pesetas, recién estrenado nuestro ingreso en la unión europea? Y hemos sido capaces de adaptarnos hasta el uso de las redes sociales, de la incorporación del comercio electrónico a nuestra carrera profesional.

Pero el mundo, como siempre, no se detiene. Seguimos necesitando de esa capacidad de adaptación al medio, cada día más cambiante, y de manera más rápida. Tenemos la experiencia, sí, no solo la acumulada en contenidos, en gestión, sino en adaptación. Tenemos la responsabilidad, asimismo, de asumir más protagonismo en la sociedad civil. Tengo la impresión de que seguimos eclipsados por la generación anterior, y que solo la indolencia de los que nos siguen ha impedido que seamos una “generación perdida”. Quizá estemos demasiado preocupados mirándonos el ombligo, y estemos dejando pasar la oportunidad. Nos quejamos, nos sentimos impotentes. Apuntamos soluciones, pero no nos comprometemos. Y alguien lo hará por nosotros, o nos iremos al carajo.

Mi amigo Cami es uno de mis referentes en este campo. Coherente con sus ideas, tomó una valiente decisión profesional hace meses, que le supuso un recorte en sus ingresos. Desde ese mismo día fue enteramente libre para hacer lo que sospecho le incomodaba en su anterior situación profesional: empezar cada día de nuevo. No se preocupa de si su entorno le entiende, porque sabe que está haciendo lo correcto. Trabajar, buscar oportunidades de mejora, nichos de mercado donde su influencia pueda hacerle un hueco, facilitar las cosas a los consumidores, y con ello mejorar sus ingresos.

Otro amigo, antes de causar un desastre en mi ordenador, me dijo que la vida era de los valientes. En aquel caso, también tuvimos que empezar de nuevo, ya que formateo, sin saber, el disco duro. Aprendimos, y no volvimos a formatearlo, al menos sin quererlo. Busquemos la excusa que nos dé la posibilidad de poder empezar de nuevo cada día, y mejoraremos no solo nuestra vida, sino la de la sociedad que nos rodea. Y que, sin duda, nos necesita.

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No temáis al extranjero

Por: Juan María Laboa 27-03-2011

El patio de gentiles nos circunda, ya vivimos con los gentiles a nuestra espalda y de frente

A la escuela municipal al pie de mi casa acuden niños de padres católicos, cristianos de diversas nominaciones, musulmanes, ateos y desconcertados. En el colegio en el que ayudo hay niños de padres fundamentalistas, cristianos de diversas sensibilidades, agnósticos y ateos. En mis misas participan familias católicas y otras en las que, al menos, uno de los padres no es creyente.

 

Solo si nos hemos recluido en un gueto nos libramos de este pluralismo y, aun así, necesariamente trabajamos y nos relacionamos permanentemente con no creyentes. Podemos optar por ser políticamente correctos y no hablar nunca de nuestra fe, ni de nuestros sentimientos ni de política, y ceñirnos al tenis o al balonmano, deportes socialmente asépticos. Conviviremos, poco, con nuestros vecinos, y, sobre todo, no participaremos con ellos. De cuanto nos interesa y nos preocupa.

 

Benedicto XVI y el cardenal Ravasi han decidido salir a la intemperie y dialogar con libertad e intensidad con los conciudadanos de las cosas que nos preocupan e interesan. Han ideado la posibilidad de crear en ciudades de diversos países espacios de encuentro y reflexión a partir de las grandes preguntas de la existencia humana, de aquellos temas que en la historia y en la cultura de la humanidad han resultado siempre esenciales: Dios, la vida, la muerte. Se trata de dialogar, escuchar, proponer, acoger, entre seres humanos que comparten la existencia, pero manifiestan convicciones diferentes y difieren en cuestiones importantes.

 

Muchos no pertenecen a una religión, pero desean un mundo nuevo y más libre, más justo y más solidario, más pacífico y más feliz. Esto implica poner en juego no solo la razón sino también los sentimientos. Nos exige salir del ámbito de seguridad de la fe compartida para abrir nuestra conciencia a la de los demás, acercándonos con humildad y capacidad de acogida. Dispuestos a escuchar y a aprender. En realidad, entre los gentiles se encuentran, también, muchos que comparten nuestra fe, pero no nuestra sensibilidad.

 

En París se ha hablado de la existencia humana en el cosmo, de la fragilidad de la vida, de los caminos que conducen al amor y a la belleza. Pablo VI pidió a los jesuitas entablar el diálogo con los ateos y Benedicto XVI nos emplaza a los cristianos a ser capaces de convivir con el extraño desde nuestro amor al hermano.

 

El Espíritu Santo no actúa solo en instituciones duraderas que persisten a través de los siglos, sino, también, en aventuras que parecen no tener futuro y que siempre han de empezar de nuevo, pero que lo tienen porque dependen del Espíritu.

 

En París se ha reunido gente interesante, muy plural, que han planteado con libertad y respeto muchos temas, han discutido y cambiado impresiones, dando a entender que hay muchos puntos de encuentro, con ánimo de seguir dialogando.

 

Se pensó continuar la experiencia en Madrid, pero se han puesto dificultades que señalan la cerrazón y el orgullo persistente en algunos ambientes. No hacen, pero no dejan hacer. Y, sin embargo, el tema ha echado a andar. Si muove…

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La verdadera libertad

Por: Alfonso Carcasona 24-03-2011

Encontré el Convento de las Clarisas de Belorado por casualidad, como se suelen producir los grandes descubrimientos.

Retomábamos nuestro discurrir por el camino de Santiago donde lo habíamos dejado un par de años atrás. Recuerdo que era la última etapa del camino de 2008, y que el pueblo no nos decía nada. Si acaso, el recuerdo que teníamos era más bien prosaico, comercial. Las grandes tiendas de piel nos despidieron, devolviéndonos a nuestra realidad, a nuestro siglo, si queréis. Dejábamos atrás cinco días de duras caminatas y esas tiendas nos devolvían al mundanal ruido. Nos lanzamos a comprar bolsos, zapatos…

 

En 2010 volvíamos a Belorado, esta vez como punto de partida. Como es tradición, iniciamos el camino con una eucaristía, y por casualidad, Juan Mari conocía a gente con acceso al convento, que hacía dos años ni habíamos visto. Con algo de estrés, el último que sufríamos antes de imbuirnos de peregrinos, llegamos para la misa de 9:00. La pequeña iglesia del convento, con su reja para proteger la vida de clausura de la vorágine con la que convive, nos acogió y la belleza de las voces de las monjas nos transportó sin demora a la espiritualidad del camino. Tras la misma, tuvimos la fortuna de ser agasajados con un espectacular desayuno y con el saludo de todas las monjas. Desde ese momento quedé prendado y prometí volver.

La ocasión se presentó pronto, y a los pocos meses pasé un par de días allí. Volvimos a tener la fortuna de compartir la eucaristía con las monjas, de aprender a vivirla al verlas y oírlas, y de charlar con alguna de ellas.

Este año hemos repetido, con el grupo de matrimonios que nos reunimos todos los meses. Han sido unas pocas horas, ya que nuestro complicado siglo no da para más, por ahora. Además de nuestras reflexiones, de una carrera espectacular la mañana del domingo hasta Villambistia, volvimos a tener la fortuna de poder conocer mejor la vida de clausura y su sentido. Para unos laicos como nosotros, presumo que no muy por detrás de la media de conocimiento del tema, la clausura parecía carecer de sentido. Enclaustrase de por vida, renunciar a todo. Vale, que es por Dios, por Jesús… Pero aún así, nuestra economicista formación hace que difícilmente lo entendamos. Parece que debes tener algún defecto en tu personalidad para ingresar en un convento de clausura.

Sin embargo, viendo su felicidad, su seguridad, la sencillez con la que nos explicaron su vocación, la importancia de la oración, la humildad, su enorme humanidad… su compromiso. Su pasión por la Humanidad, por la que entregan su vida a la oración. Su huida de nuestro tiempo no les hace ser ajenas a él. De hecho, si lo piensas, su procupación por nuestro hoy, por nuestro mañana, es mucho más verdadera y profunda que la de muchos que, a diferencia suya, no paramos de dar pedales en nuestra bicicleta estática.

Belorado se ha convertido en uno de mis referentes, al igual que lo es la Verna en Umbría. Me atrae de Belorado el lugar y sus moradoras. De la Verna por ahora, su historia y significado. Nada como acercarse a lo desconocido para poder entenderlo. Nada como aprender de lo sencillo para avanzar pasos de gigante. Gracias hermanas por lo que hacéis por nosotros, de manera tan gratuita que muchos no solo no nos damos cuenta de ello, sino que incluso desacreditamos.

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Porque sí

Por: Santos Urias 21-03-2011

Me he levantado de la cama porque sí. Hoy no he visto mi agenda, la cascada de ocupaciones, las tareas por realizar.

No han sido el resorte que me ha hecho saltar del colchón. Simplemente me levante y disfruté de un café saboreado despacio, en silencio.

Hace un día soleado no porque lo haya anunciado el hombre del tiempo, ni por la fuerza del anticiclón del atlántico: brilla porque sí. Muchos darán sus fundamentaciones sobre las constelaciones, el universo, teorías que desde siglos cambian, evolucionan, se aproximan, se alejan. Yo me dejo seducir por sus rayos y cierro los ojos porque sí.

He llamado a un amigo, un compañero de trabajo, y lo he hecho porque sí. No buscaba que me resolviera nada, ni que hiciéramos planes, ni que arregláramos un problema, ni tan siquiera que me comprendiese en mis desahogos. Le he llamado por hablar con él, por escuchar su voz, simplemente porque quería llamarle. Porque sí.

Me detuve un rato a escuchar una música que me envió alguien desde lejos, y lo hice porque sí. Su música es como la banda sonora de muchas vidas, suave, sencilla, tierna y melodiosa. Que mayor placer que cerrar los ojos y dejarme invadir por sus arpegios, porque sí.

Me acerqué a aquel chico que vende mecheros en el metro. Algunos se preguntarán: ¿y por qué se acerca a alguien desconocido y con esas pintas? Pues lo hice porque sí. Su sonrisa me invitaba continuamente a parar, a decirle algo, a que escuchara el tono de mi voz. No le dije gran cosa, pero no había ningún interés por medio, nada que comprar, nada que vender, nada con lo que comerciar, sólo con un hola y un adiós, una mirada, un gesto… Porque sí.

Al pie de una cama, cuando alguien sufre se pueden buscar mil excusas para estar: es mi familiar; ¿cómo voy a dejarle?; sereno mi conciencia; le ayudo y me hace sentir bien. Pero quien permanece día tras día, contra viento y marea, aguantando risas y reproches, adioses y silencios, lo hace porque sí.

Hoy he salido al desierto donde el sol quema, el alimento es escaso y el agua breve. Donde no hay nada, sólo tiempo. Las cosas giran entre la arena y las estrellas son como los lunares de Dios. Un por qué para tanta belleza. Un por qué para tanto abandono. Un por que en la sequedad, en la ausencia. Un por qué que se haga verbo de lo infinito. Como todo lo verdadero, lo realmente importante la vida, se responde con un único y humilde por qué: porque sí.

Gratuidad y regalo, ¿es tan difícil de comprender?

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Civilización de la pobreza

Por: Xabier Azcoitia 26-02-2011

A pocos días del transcurso del año, en el que las restricciones presupuestarias fruto de la crisis económica se vislumbran incluso en los adornos

y las luces de las calles, somos testigos y protagonistas de múltiples conversaciones en las que incesantemente se repite la crisis económica como tema central de conversación.

En no pocas de estas conversaciones de las que somos participes, escuchamos cómo alguien afirma que esta crisis económica es fruto y resultado de una crisis previa que se formula como crisis de los valores éticos o crisis moral. Cuando uno escucha esta afirmación no le queda más remedio que preguntarse: ¿Si no hubiera habido esa crisis ética, no se hubiera dado o se hubiera podido evitar la crisis económica? Mejor aún, ¿si la economía hubiese seguido funcionando, si el crecimiento hubiese seguido creciendo, eso hubiese sido garantía y prueba de que no había una crisis ética?

 

Antes de seguir avanzando me parece necesario detenernos, aunque sea un instante, en señalar, tal como decía José María Setien “que el éxito del buen funcionamiento de la economía no tiene por qué asegurar necesariamente el bien humano que la economía ha de promover”.

A la vuelta de Honduras (Septiembre de 2010) y de El Salvador (Diciembre 2010) quien escribe estas líneas es testigo de la veracidad de esas palabras. El éxito económico del mundo rico, aquel que ha acuñado becerros de oro en forma de términos como Crecimiento, PIB, Desarrollo… se ha erigido sobre los cimientos del neoliberalismo que como indica Jon Sobrino pone el “sentido de la historia en la acumulación y en el disfrute que dicha acumulación permite”.

Para no pocos, el motor de la historia es acumular. Lo acumulado se gasta vía consumo. El consumo se convierte en cauce para la satisfacción de las necesidades y a todo ello le llegan a llamar bienestar e incluso felicidad. Que el acumular se convierta en el verdadero motor de la historia permite que en estos países que he citado la gran mayoría de los ciudadanos del país viva con menos de 2 € al día. A quien le parezca exagerado le aporto los datos oficiales de los respectivos gobiernos: solo el 13% de la población Salvadoreña tiene posibilidad de acceder a la Seguridad Social vía un trabajo, el salario mínimo que percibe un trabajador es de 150 € al mes. Si la canasta básica (pan francés, tortillas, arroz, carnes, grasas, huevos, leche fluida, frutas, frijoles, verduras, azúcar y una cuota por cocción) de una familia de cuatro miembros, según datos de la Dirección General de Estadísticas y Censos es de 123 € al mes, ¿cómo vistes, pagas los materiales escolares, productos higiénicos… con 27 €? ¿Y la consulta del médico? Si quien trabaja en una maquila (empresa que confecciona ropa) salvadoreña ingresa una media de 5 € al día, ¿qué ingresara quien ni siquiera tiene un trabajo remunerado?

Es cierto, mientras unos acumulan/mos bienestar, crecimiento, desarrollo, otros acumulan pobreza, miseria, enfermedad, violencia. Es la “civilización del capital” tal como la denominaba Ignacio Ellacuria, la que está detrás de una realidad tan enferma y llena de injusticia. Es la civilización del capital la que hace que el mundo se divida entre opresores y oprimidos. Es la civilización del capital la que permite que veamos entre anestesiados y alelados el BarÇa-Madrid cuyos presupuestos anuales suman 900 millones de euros, el doble del presupuesto anual del ministerio de educación de Honduras. No es difícil de entender, que según datos de la Unesco, la Tasa Bruta de escolarización en Honduras en el año 2007 se encontrara por debajo del 40%, llegando al 70% en secundaria. Eso sí, los niños andarán por la calle con raídas camisetas de estos equipos de futbol que les habrán llegado en los fardos de ropa, que alguna ONG bienhechora habrá hecho llegar mediante un convoy de ayuda humanitaria.

Toda esta injusticia clama. Grita silenciosamente. No son pocos quienes desde el mundo rico denuncian esta situación y reclaman una ética económica “más justa”. Observamos cómo se desarrollan centros de estudio y programas de bussines ethics, se otorgan certificaciones éticas a empresas… pero lo ético no busca la acomodación al sistema sino la justicia y el verdadero bien del hombre.

La ética tiene una función humanizadora y su fin es la humanización del hombre y de los sistemas socio-político y económicos. Ante la civilización del capital cuyo único objetivo es la acumulación es necesario contraponer la “civilización de la pobreza”. Si en la primera la acumulación era el motor y el disfrute el sentido, en la civilización de la pobreza el motor de la historia es solucionar las necesidades básicas de 2/3 partes de la humanidad y el sentido es la solidaridad con espíritu.

En un mundo donde el acumular es buena noticia y el goce de lo acumulado su sacramento principal, la noticia de que para la humanidad es, no solo necesario, sino imprescindible el compartir, tener todos menos y algunos mucho menos para que los que nada tienen puedan siquiera tener algo, llega como una pésima nueva. No es difícil de entender porqué nunca hemos escuchado a nuestros líderes políticos, sociales o económicos proponernos vivir un poco peor para que muchos puedan vivir un poco mejor. No imagino a los presidentes de las empresas del Ibex-35 haciendo tamaña oferta a sus accionistas, ni a los líderes políticos a sus afiliados o electores.

Para la civilización del capital los pobres no son, no existen, no son reales. Nada es posible esperar de una civilización que ha invisibilizado a 2/3 partes de la humanidad. Solo una civilización de la pobreza, que ponga en el centro a los frágiles y sufrientes, haciéndolos visibles, es capaz de comprender y hacer comprender como decían Ellacuría y Segundo Galilea que “la dignidad es lo único que le queda al ser humano más pobre, a la víctima de la mayor injusticia, para rebelarse cuando se lo han quitado todo”.

Quiero dedicar estas líneas a esas personas que he conocido tanto en Honduras como en El Salvador y cuyo sentido es promover esta civilización de la pobreza. Mujeres y varones cuya pasión es humanizar, personas que se dedican a reconocer, nombrar, potenciar y canalizar aquello que nunca nadie puede perder, la dignidad. Lo único que le queda al ser humano más pobre cuando ya le han quitado todo lo demás.

Personas que hacen carne estas palabras leídas hace años a Rahner y a Metz y que me acompañan desde entonces: “Sólo se puede esperar cuando se comienza a hacerlo para los demás, cuando se osa esperar para los otros, para todos, lo que se espera para uno mismo. Solo al esperar para los demás, la propia esperanza supera la pusilanimidad resignada o el optimismo superficial. Solo al esperar para los demás, mi propia esperanza se hace tan ilimitada, tan incondicional, tan intrépida que se vuelve digna de Dios y de sus promesas”.

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Bienvenidos a mi blog

Por: Xabier Azcoitia 23-02-2011

Bienvenidos todos

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Los cristianos en la sociedad

Por: Juan María Laboa 21-02-2011

Desde su inicio, uno de los problemas acuciantes de los cristianos fue el de su ubicación en la sociedad

Ya Jesucristo recordó que sus discípulos no debían actuar como se actuaba en el mundo: “no así vosotros” y desde ese mismo momento nos hemos encontrado con dos actitudes siempre complejas. Si no actuaban como el mundo sus relaciones con el medio ambiente eran precarias, pero si identificaban su actuación su compromiso evangélico resultaba precario. De mil maneras diversas, este problema se ha repetido hasta nuestros días, complicado con la necesidad de discernir en qué consistía actuar como el mundo y en qué consistía “no actuar así vosotros”. Hay momento en los que cada término resulta muy claro y otros en los que los intereses propios, la dificultad de juicio o la sicología personal, complican la situación.
Es verdad que el Espíritu Santo actúa siempre con su libertad absoluta, y que en aquellos casos en los que los creyentes se ven movidos por el amor fraterno y por la generosidad evangélica, todo resulta más acorde con la promesa de que “el reino de los cielos ya está entre vosotros”.
Todo esto condimentado con dos principios que considero fundamentales y que todos los creyentes debiéramos mantener impresos en nuestras mesillas: Somos “vasos de barro” en los que se desarrolla una historia maravillosa movida por el espíritu, que, a veces, nos supera y, otras, nos encamina hacia una meta que da sentido a nuestras vidas. El otro es el “ya pero todavía no”. Nos encontramos en camino, somos peregrinos de nuestra vida, de nuestras ilusiones y aspiraciones, de nuestra fe y de nuestro deseo de colaborar en la construcción de un mundo mejor. Mucho hemos hecho, pero todavía nos queda mucho por completar en nuestra vida personal, familiar, eclesial y social. “Ya pero todavía no” es un programa y una capacidad de juzgar, discernir y decidir. Aquí cabe la historia, el pasado; la acción, el presente y el futuro incierto, pero lleno de esperanza.
Ese es mi programa en estas reflexiones: la consideración de nuestra historia, la reflexión sobre nuestro presente y el anhelo de ese futuro que soñamos. Buscando la compañía de san Francisco.

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Secretas Palabras de Vida

Por: Dolores Aleixandre 16-02-2011

El deseo de escribir lo que sigue nació la víspera de Pentecostés de 1967 (¡que ya son años!), unos meses antes de matricularme en la Universidad

Para prepararnos a la fiesta de Pentecostés vino un marianista a mi comunidad a darnos un retiro y comentó el texto de Gal 5 sobre los frutos del Espíritu. Cuarenta y pico años después aún conservo la impresión que me produjo escuchar por primera vez las palabras griegas que estaban detrás de lo que yo sabía desde niña por el catecismo. Según el del P. Ripalda, los frutos del Espíritu eran doce: caridad, gozo espiritual, paz, paciencia, benignidad, bondad, longanimidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia y castidad. Ojo a los que van en negrita porque lo que descubrí es que no salían las cuentas: Pablo sólo habla de nueve y además no dice “frutos” sino “fruto” en singular invitando a leer así: El fruto del Espíritu es el amor, es decir, alegría, paz, magnanimidad, esplendidez, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí. Observen las añadiduras: alarmado quizá por la ausencia de alusiones al 6º mandamiento en la lista, el P. Ripalda, (Dios le tenga en su gloria), añadió de propina y por su cuenta la modestia, la continencia y la castidad y precisó que el gozo debía serespiritual, que empiezas a ponerte contento y vete a saber dónde acabas...

A partir de ese momento, se me dispararon las preguntas y los deseos: ¿por qué nos han traducido tantas veces mal esos términos que en su origen significaban otra cosa? ¿Pasará lo mismo con otros textos bíblicos? (y algo me decía que sí…). Qué maravilla debe ser leerlos en la lengua en que se escribieron y no tener que depender de traducciones que no siempre aciertan con el sentido de las palabras porque, por ejemplo, ser “benigno” o “longánime” difícilmente puede apetecerle hoy a nadie, pero resulta que la palabra macrothymía sería algo así como tener un corazón generoso y magnánimo, todo lo contrario de quisquilloso, rígido o estrecho. Y la que en el catecismo aparece como “benignidad” era el término chrestótes que calificaba en Atenas a los ciudadanos que colaboraban gratuitamente y sin contrapartida a los gastos de la armada. El último de la lista,dominio de sí (y no “castidad”) resulta de lo más actual en la vida cotidiana a la hora de aguantar estoicamente los contratiempos diarios, sin ponerse como una hiena en los atascos de circulación, con la cuñada insufrible o con la incompetencia del jefe.

 

Estos pensamientos me influyeron a la hora de elegir carrera y cuando vi en la lista “Filología Bíblica Trilingüe” de reciente creación, no lo dudé. Al pedir el impreso de matrícula, intuí oscuramente que algo muy bueno iba a llegar a mi vida a través de aquello y que las tasas que pagaba no eran nada en comparación con el regalo de poder acceder a secretas palabras de vida que iban a iluminar mi camino.

Es la pequeña luz de algunas de esas palabras lo que querría ir ofreciendo por si sirven para iluminar también las vidas de quien las lea y esté dispuesto a detenerse en ellas y a saborearlas. No son las más “graves” ni las más “rotundamente bíblicas” (amor, vida, alianza, verdad, gracia…). Sobre éstas hay ya mucho escrito y el camino que conduce hacia ellas es ya un camino real, luminoso y bien señalizado. Las que iré proponiendo aquí son vereditas más sombreadas y menos transitadas, no dan muchas facilidades para darse a conocer, les gusta pasar inadvertidas y aguantan traducciones banales y planas que no despiertan preguntas ni suelen invitar a más búsquedas.

Mientras, ellas están ahí silenciosas y ocultas, escondidas bajo la capa de yeso que las hace invisibles, esperando quizá que llegue alguien que las acaricie, y les haga preguntas y les pida permiso para tomarlas y albergarlas en el propio corazón. Y pasearlas luego por toda la Biblia, para ver si se encuentran con sus hermanas gemelas que andaban perdidas por otras páginas y disfrutar de verlas encontrarse, reconocerse, abrazarse y contarse cómo y por qué han ido a parar a ese lugar en el que están.

 

Pronto hará su debut la primera. Sean pacientes.

 

Dolores Aleixandre RSCJ

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Hola Navegantes

Por: Alfonso Carcasona 15-02-2011

Inauguramos hoy esta bitácora compartida por cinco amigos. Tenemos en común nuestra continua búsqueda, y la necesidad de reflexión compartida. Nos dirigimos en primer lugar a vosotros, los que nos habéis encontrado en las redes modernas. Pero también nos dirigimos a nosotros, buscando en nuestro corazón noticias, sentimientos, ideas que al aflorar en forma de palabras, nos ayuden a continuar en el camino, y nos acerquen, como se saludan los peregrinos. Ultreia, et suseia

 

 

Espero que este camino que empezamos, del que desconocemos el final, y si me apuráis incluso el contorno, se vaya fijando en nuestra cotidianeidad. Y que vuestros comentarios nos ayuden a enriquecer nuestro pensamiento.

 

No tenemos una línea editorial definida. Escribiremos sobre aquello que nos parezca interesante compartir, sin cortapisas. Ninguna de nuestras opiniones, reflexiones o columnas deberá describe el pensamiento de los demás participantes, si bien, a priori, no debería tampoco sorprenderles.

 

¿Qué esperamos de nuestros lectores? Todo y nada. A vosotros sí que esperamos sorprenderos. Esperamos que alguna de nuestras reflexiones os haga pensar, y que seáis capaces de compartir vuestras ideas con nosotros. Como he dicho antes, que enriquezcáis nuestro camino, que forméis parte de él. Muchos ya lo hacéis en el plano de la amistad, pero os proponemos una nueva forma de que caminar juntos.

 

No os sorprenderá que las reflexiones se hagan desde una óptica cristiana, al fin y al cabo, todos los que escribimos lo somos. Tampoco que a veces no estén en consonancia con las planteadas por la jerarquía, ya sea eclesial o seglar. Disentir, en nuestro caso desde dentro, es sano, siempre que se haga desde el respeto, que es lo único que pedimos a los que, seguro, disentiréis de alguna o de muchas de nuestras ideas.

 

No tenemos reglas en cuanto a la publicación de artículos, si bien procuraremos que la mayoría se renueven con una periodicidad semanal. Tampoco en cuanto a la extensión, ni por supuesto en cuanto al contenido. Tampoco las habrá en cuanto a las respuestas, más allá de lo que las restricciones tecnológicas impongan.

 

Sin más, bienvenidos! Ultreia et suseia!!!

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