Martes 17 de Octubre 2017

Los cuervos de Bergoglio

Por: J. Lorenzo 15-04-2013

También el cardenal Bergoglio tenía su propio "cuervo" en la curia de Buenos Aires.

 En el corazón de su puente de mando, donde ejecutaba sus decisiones pastorales. Concretamente, encima de su escritorio. Era una fotografía de Juan José Jaime, “el Cuervo”, ahora de 43 años, y que se topó con quien es ya el papa Francisco en una de las villas miserias que le han salido como pústulas a Buenos Aires, a las que el arzobispo solía presentarse incluso sin avisar. No se habían encontrado nunca antes los dos hombres, pero Bergoglio le dijo: “Te conozco sin haberte visto”. Era Jueves Santo. Luego le lavó los pies. “El Cuervo” sí era un viejo conocido de los “curas villeros”, que le sacaron de volquete en donde dormía y del infierno de la droga. “Yo no creía en nada ni en nadie, pero me enseñaron a ver a un Dios generoso que me quiere”.

Esta anécdota, de las muchas que recorren ahora los medios de comunicación, es una de las que retrata bien la opción pastoral de Bergoglio durante sus años de ministerio episcopal. A falta de un pensamiento magisterial más elaborado como Papa del que advierten algunos para ver por dónde va a transitar Francisco, las anécdotas nacidas de sus encuentros con la gente nos dan una idea al menos de por dónde ya ha caminado. Y en esos caminos –como también podemos ver en casi todas las homilías que ha pronunciado hasta ahora como sucesor de Pedro– hay dos palabras –una actitud, en definitiva– que se repiten: ternura y misericordia.

Siempre habrá quien se las eche en falta durante la época de plomo de la dictadura argentina. ¿Logrará zafarse alguna vez de esa sombra? En las villas miseria parece ser que sí. Allí le recuerdan –y suspiran– por el arzobispo al que veían como un párroco más, un cura que compartía en medio de ellos las sopas de carne cocinadas al aire libre, que no se escandalizaba porque las parejas que no estaban casadas quisieran bautizar a sus hijos y que se admiraba del sensus fidei de aquellas sencillas gentes, que no siempre encontraba en reputados especialistas.

Francisco aún no ha escrito ninguna encíclica, pero sus gestos están componiendo una partitura que todos son capaces de leer. Aquellas anécdotas y estos comportamientos que siguen sorprendiendo guardan el mismo ritmo.

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Roma, ¿un parque temático?

Por: Juan María Laboa 15-04-2013

Mateo y Felipe decidieron visitar la basílica de san Pedro

 acompañados de Juan el Bautista, Juan Evangelista, Tomás , Francisco de Asís, Francisco de Javier y Felipe Neri. Al pasar el control previo a la entrada de la basílica sonaron todas las alarmas, pero nada pudo encontrar la policía porque ellos solo llevaban la túnica y una enorme curiosidad. “Debieran examinar las buenas intenciones y su capacidad de amar antes de reunirse con la comunidad” señaló Tomas, ligeramente molesto. “En realidad, sonrió el Evangelista, casi todos entran con buen ánimo y con ganas de aprender, aunque me pregunto si salen del monumento con el espíritu renovado”. Les llamó la atención el que muchos grupos fueran dirigidos por un hombre o mujer con un banderín en la mano. ¿”Será el maestro de oración que guía sus pasos”? “¿No había algo parecido entre los esenios”?. Juan rememoró el pasado y llegó a la conclusión de que tanto los judíos como los primeros cristianos habían mantenido una sencillez que tenía poco que ver con lo que estaban admirando. “Las riquezas son capaces de corromper todo, incluso aquello que parece estar consagrado solo a Dios”.

Francisco Javier examinó con enorme atención los personajes de aquel peculiar panteón de celebridades: “Sigue siendo un templo al Dios desconocido, pero, en esta ocasión, acompañado de personajes mundanos demasiado conocidos. Antes del Juicio definitivo se han colocado en los primeros puestos, tal vez convencidos de poder influir así en el Padre eterno”. “La verdad es, propuso Felipe Neri, que los humanos buscamos inconsistentemente a quienes han conseguido el trofeo o han sido seguidos o admirados. Somos débiles que admiramos la fortaleza de quienes la demuestran, somos inconsecuentes y seguimos a los fieles y, aunque desconozcamos su identidad, nos amparamos en quienes manifiestan seguridad y constancia. Lo malo es que, a menudo, juzgamos frívolamente y seguimos a quienes no lo merecen o son tan inconsecuentes como nosotros. Repetimos “solo Dios basta”, pero multiplicamos las muletas”.

Al atardecer se encontraron en la Plaza Farnese, se sentaron alrededor de dos mesas de café y la conversación fluyó torrencialmente a propósito de tantas ideas provocadas por sus experiencias recientes. Juan el Bautista, que había pedido un vaso de agua de ortigas, atacó con violencia la danza desmelenada de unos jóvenes alrededor de una radio que emitía sonidos desgarrados y furibundos. “Qué ejemplo hemos dado y cómo nos hemos explicado para que se mantengan estas vestales semovientes, estos maniquíes con sotana en calendarios y en las antesalas de espera, tanto anciano purpúreo, tanto desfile descocado de uniformes clericales masculinos o femeninos que parecen ocultar algo inconfesable? Yo recuerdo las filacterias y algún gorro pintoresco, pero aquello solo se debía al espíritu provinciano y pobretón de nuestro pueblo, mientras que ahora demuestran satisfacción y arrogancia”.

Todos sonrieron con sorna ante el enfado de quien todos admiraban. Por su parte, Juan Evangelista y Tomás, que habían encontrado al maestro de ceremonias del Templo, explicaron con detenimiento las sutiles diferencias existentes entre los diversos rangos de roquetes, sus puntillas y bordados, o la riqueza de matices entre las casullas “góticas” o de “guitarra”. “Su estudio exige una dedicación minuciosa y concienzuda. Espero que los principados y potestades no lleguen a enterarse de tan sutiles distinciones”.

 Francisco hacía gestos de asentimiento, pero su rostro denotaba una cierta tristeza. Con los siglos nada parecía haber cambiado aunque todo resultaba más complicado. En su san Damián del alma daban gracias al Señor con el corazón y con sus actos de entrega y generosidad. No necesitaban disfrazarse. “Espero que el nuevo papa introduzca la sencillez y la austeridad. La gloria de Dios no necesita bordados ni puntillas, armiños ni metales preciosos. Solo un corazón puro y contrito es capaz de agradarle”.

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Derecho a tener un ferrari...¡y un yate!

Por: Jose Maria Marquez Vigil 15-04-2013

Los derechos humanos a menudo parecen una broma inalcanzable.

Si incluyéramos en la declaracion de derechos que todo el mundo tiene derecho a casarse con el Clooney o la Bundchen, o que tenemos derecho a que nuestro equipo gane la Champions o la NBA podríamos reírnos todos. Pero realmente no tiene tanta gracia cuando pensamos en el drama que supone para tantas familias el actualmente inalcanzable derecho a la educación, sanidad o vivienda para los habitantes de un slum africano, de un país en guerra, o incluso de algunos barrios y pueblos de nuestra España actual. Y qué decir sobre el derecho a un trabajo digno en un país con más de 5 millones de desempleados oficiales…

Por una vez no voy a viajar desde esta columna a mi querida Africa, donde nuestros hermanos caminan durante meses para embarcarse en pateras que les traigan a nuestro mundo a costa a veces de su propia vida. Voy a hablar de derechos humanos violados en esta otra parte del mundo, al lado de nuestras casas, en esta sociedad que hemos construido y que, sobre todo últimamente, parece que se va a derrumbar en cualquier momento.

Esta semana asistí al acto de presentación del informe “Atrapados tras las rejas” para escuchar a mis muy queridos y admirados Cristina Manzanedo y Daniel Izuzquiza en representación de mi también muy querida y admirada ONG “Pueblos Unidos”, quienes llevan ya muchos años trabajando por los derechos de los inmigrantes en España. Y cuando hablo de sus derechos no me refiero a declaraciones vacías de contenido desde un frío despacho, sino que por el contrario tienen un centro en la madrileña calle de los Mártires de la Ventilla en el que puedes ver a diario grandes colas de inmigrantes a los que ayudan y promocionan con multitud de actividades que incluyen un verdadero derecho a la vivienda (les acogen en varios pisos en Madrid en los que realmente conviven con ellos), a la educación (desde la enseñanza de español al principio hasta la formación específica para que puedan tener un trabajo digno), y a tantos otros aspectos ya que les asesoran y acompañan en sus muchos problemas legales y financieros, con multitud de casos de éxito. Personalmente conozco muy bien a un chico del Mali llamado Seydou, un buen amigo mío y de mis hijos, que gracias a ellos tiene ahora papeles y un trabajo, y una grandísima sonrisa que refleja su esperanza por una vida mejor para él y los suyos.

Pero en este acto en la Oficina del Defensor del Pueblo no se habló de sus muchos logros, sino que se denunció la situación del CIE de Aluche (Centro de Internamiento de Extranjeros). Para el que esté interesado, se puede descargar este informe en el siguiente link:http://www.pueblosunidos.org/cpu/formacion/InformeCIE2012.PDF

A modo de resumen, os dejo unas pinceladas de lo que más me chocó escuchar:

- Desde Pueblos Unidos acompañan a varios centenares de inmigrantes que han sido privados de su libertad injustamente en el CIE, entre los cuales existían 24 personas con enfermedades físicas o mentales, 56 personas con hijos menores a su cargo (de los cuales once son menores de nacionalidad española), y otras personas especialmente vulnerables por diferentes razones. Todos ellos han sido privados de su libertad injustamente.

- El informe está dedicado a Samba Martine, congoleña que fue privada de su libertad por el “gravísimo delito” de no tener papeles. Murió en el CIE ya que era seropositiva y no tuvo atenciones médicas suficientes teniendo en cuenta su situación.

- Según las autoridades, casi un 90% de los expulsados tienen antecedentes penales, pero los voluntarios de Pueblos Unidos nos demuestran que las cifras son muy distintas en la realidad: tan solo uno de cada cuatro, un 27%, tienen antecedentes. Lo cual implica que tres cuartas partes, casi un 75%, son personas como tú y como yo, que no suponen ningún tipo de peligrosidad.

- Escuché a Cristina y a Daniel contar de sus propios labios testimonios verdaderamente escalofriantes. En el CIE de Aluche se producen torturas y gravísimas injusticias de todo tipo. Entre otras muchas, aunque parezca más propio de una película americana del KKK de hace medio siglo, comentaban que en nuestros días se pueden escuchar por la megafonía SONIDOS DE MONOS, mientras algunos trabajadores del Centro les dicen que su madre ha venido a visitarlos. ¡Qué poca gracia, qué poca inteligencia, qué pobreza de espíritu y falta de la más mínima humanidad!

- Daniel, Sacerdote Jesuita, decía que incluso el derecho a la libertad religiosa se ve constantemente limitado para todos, cristianos y musulmanes.

Muchos los ejemplos, inaceptables todos ellos en una Europa que pretende ser el baluarte de los derechos humanos. Os aseguro que a mí no me han tratado así en África, ni si quiera en países en guerra…

¿Y qué podemos hacer nosotros? Os aseguro que podemos hacer mucho, muchísimo. Yo me he acercado a menudo a Pueblos Unidos y siempre acogen a los voluntarios con el mismo cariño que a los inmigrantes. Otra oportunidad para alcanzar la vida eterna mientras experimentamos en primera persona que “el que da, recibe”. Si alguien quiere que le presente a estos ángeles de Pueblos Unidos, que no deje de escribirme en esta misma columna.

Y para terminar, como al fin y al cabo se trata de un blog de espiritualidad, voy a ver qué me dicen nuestras lecturas de hoy, a ver si nos hace reflexionar algo…

“El sumo sacerdote los interrogó diciendo:
«Les habíamos advertido y prohibido enseñar en nombre de ése. Pero ahora en Jerusalén no se oye más que su predicación y quieren echarnos la culpa por la muerte de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles respondieron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.”

A los de Pueblos Unidos también les acusan de alteración del orden y apología de la desobediencia… Yo tengo muy claro cuál es en este caso mi equipo. ¿Y tú?

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Sic gloria transit mundi

Por: Alfonso Carcasona 15-04-2013

No pretende ser esta reflexión una elegía de Margaret Tatcher

Lo que motiva mi reflexión es la violencia con la que se comporta nuestra sociedad occidental en los últimos tiempos.

 Cuando murió Tatcher pensé en la famosa cita “sic transit gloria mundi”. Sin duda, fue uno de los personajes de mayor relevancia en la década de los 80, capitaneando un país en serias dificultades económicas y políticas. Tuvo que tomar decisiones difíciles, impopulares, con el objetivo de sacar a su nación de una grave crisis. No es objeto de esta breve columna el analizar o intentar concluir si sus reformas fueron o no acertadas, sino del injusto protagonismo que los defensores del libertinaje de expresión asumen en estas ocasiones.

Murió 23 años después de perder el poder, víctima de una larga enfermedad de Alzheimer. No cabe duda que, como dije anteriormente, fue un personaje relevante en el Reino Unido al menos durante 11 años. ¿No es lógico que se le despida convenientemente? No creo que sea el momento de sacar las camisetas llamándoles bruja (en España seguramente le estaríamos llamando cosas peores) u organizando fiestas anti-Tatcher en Trafalgar Square.

Se quejan los libertinos demagogos de los costes que un funeral especial, militar, que no de estado, va a ocasionar a las arcas públicas. Olvidan, como siempre, que los mayores gastos se irán en seguridad, y de manera paradójica, esos gastos de seguridad se incrementan debido a su participación violenta en los mismos.

No es de recibo celebrar la muerte de nadie. No cabe más odio que festejar, injuriando, el momento de dolor de la familia. Los mediocres han asumido el poder, y las masas, debidamente adocenadas por ellos, reaccionan de las formas más primitivas. Nos espantamos de cómo se celebraban las victorias en la antigüedad, o en los países “incivilizados”, con saqueos y profanaciones de los pueblos vencidos. Pero hoy no solo se lacera a los enemigos, sino que son los propios líderes, los que intentaron huir de esa mediocridad tomando decisiones en la creencia de favorecer el bien común, los objetos del mayor desprecio e intención de enterrar en el olvido.

Por otra parte, en España dedicábamos más tiempo a despedir a Sara Montiel que a recordar a Margaret Tatcher. Exponente final de nuestra, como mínimo, mediocridad intelectual.

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Sonata para chelo

Por: Alfonso Carcasona 10-04-2013

Cada día asistimos a la degradación de nuestra sociedad.

No me refiero a la que denuncian los medios de comunicación, acerca de la corrupción, los desahucios o los escraches. Corrupción ha habido siempre, y mientras no cambie nuestra educación y valores, seguirá habiéndola, en mayor medida cuando haya abundancia, y más miserable, en términos cuantitativos y cualitativos, en épocas de crisis. Desahucios, lanzamientos, sea por impago de la hipoteca o del alquiler, los seguirá habiendo. 

Me refiero a la pobreza que nos rodea, sin que muchos de nosotros queramos verla. En todas las ciudades españolas empieza a ser difícil encontrar una esquina o un semáforo sin “inquilino” pidiendo. Españoles y extranjeros.

Desgraciadamente, en muchos casos se intuye fácilmente la existencia de mafias detrás de las personas, lo que lo hace todavía más doloroso. Eso puede servir de excusa, incluso en muchos casos justificada, para darles la espalda. Total, con mirar a otro lado, o ni siquiera, solo al frente negando con la cabeza, basta. Todos los días las mismas personas, en los mismos semáforos o esquinas. De alguna manera, se ha convertido en una profesión, dura donde las haya, con el único valor añadido para el sistema de acallar conciencias, en el mejor de los casos.

Me pregunto que haría Francisco, el que decidió en su día, antes de su conversión, no dejar a un pobre que le pidiese algo sin limosna. No me refiero al trato humano, a ese que como dice el papa de su mismo nombre exige no solo dar unas monedas, sino entregarlas como hermanos, con una caricia o apretón de manos, mirando a los ojos, interesándonos por quien pide. Me cuestiono, en voz alta, el cómo atender a esos hermanos que nos rodean, ¿cómo lo haría él?

Por no citar el Evangelio acerca del juicio final, en Mateo 25 31-46, “me visteis con hambre y me disteis de comer, me visteis desnudo y me vestisteis…” 

Cada persona tiene su historia, sus tristezas y sus alegrías. La foto que acompaña esta columna me ha hecho reflexionar sobre una realidad que cada día me preocupa más.

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MEDIOCRELANDIA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 08-04-2013

Como soy un mediocre,

y copiando a los ministros extranjeros copiones que han dimitido últimamente en Alemania y UK, he decidido ser yo mismo también un copión, todo para dar mayor difusión si es posible a esta acertadísima carta que me ha llegado por email atribuida a Forges.

Creo que en esta ocasión no tengo nada más que decir, solo leer nuevamente su carta, alegrarme por pensar igual que él y por ello sentirme apoyado, y entristecerme terriblemente porque mi DNI dice que soy español y mi libro de familia que tengo 5 hijos… ¡Dios los guarde!

Gracias, Forges, por ponerte tan serio.

  LA MEDIOCRIDAD ESTÁ GANANDO TERRENO PELIGROSAMENTE; EN REALIDAD, ES UN  RIESGO PARA EL DESARROLLO DE TODA UNA SOCIEDAD.
  
  
El triunfo de los mediocres 
 
 
Quienes me conocen saben de mis credos e idearios. Por encima de éstos, creo que ha llegado la hora de ser sincero. Es, de todo punto, necesario hacer un profundo y sincero ejercicio de autocrítica, tomando, sin que sirva de precedente, la seriedad por bandera.

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo.


Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, con una huelga general, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros.
 

Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel.
  
Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. 

Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente.

Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan, alguien cuya carrera política o profesional desconocemos por completo, si es que la hay. Tan solo porque son de los nuestros.
 

Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado  natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre, reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.
 

- Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente
basura.
 

- Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional.
 

- Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo.


- Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo tres veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado.
 

- Mediocre es un país que tiene dos universidades entre las 10 más antiguas de Europa, pero, sin embargo, no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

- Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro, que sin embargo, encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas.
 

- Mediocre es un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada.
 

- Mediocre es un país en cuyas instituciones públicas se encuentran dirigentes políticos que, en un 48 % de los casos, jamás ejercieron sus respectivas profesiones, pero que encontraron en la Política el más relevante modo de vida.
 

- Es Mediocre un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.
 

- Mediocre es un país que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.
 

- Es Mediocre un país, a qué negarlo, que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo.

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CARTA A FRANCISCO, OBISPO DE ROMA

Por: Dolores Aleixandre 06-04-2013

Hermano Francisco: nunca pensé que me dirigiría así a un Papa,

pero como  en tu saludo inicial no nos llamaste “hijos e hijas” sino “hermanos y hermanas”, siento que tengo permiso para hacerlo. Y me sale también un tú,  aunque llenísimo de respeto, porque no me imagino llamando de usted a un hermano de verdad y el vos argentino no me va a salir. 

En el diario “La Nación” del 14 de Marzo he leído que tu elección “ha resultado balsámica” y me ha parecido un adjetivo perfecto para calificar lo que nos está pasando desde que nos saludaste desde el balcón, con aquel tono en el que se mezclaban la  timidez y la confianza.  Primer efecto balsámico: te vemos distendido y hasta bromista (¡qué maravilla, un papa con sentido del humor…!), sin dar en ningún momento la impresión de estar abrumado por el peso de esa responsabilidad agobiante  y desmesurada que los Papas se han ido echando sobre los hombros, como si les tocara a ellos solos encargarse de toda la Iglesia universal. Como si no existieran los otros Pastores,  como si el pueblo de Dios fuera un fardo con el que cargar y no una comunidad de hombres y mujeres capaces de iniciativa y con deseos de participar  y de colaborar, como soñamos con el Concilio.   

Tú, en cambio, estás consiguiendo comunicarnos la convicción de que ese camino que comienzas lo vas a hacer acompañado por todos nosotros. Qué manera tan franciscana por lo sencilla y tan ignaciana por su lucidez de señalar un nuevo estilo eclesial.  Porque si lo que deseas es que se nos reconozca por la  fraternidad, el  amor y la confianza, empiezan a sobrar y a estorbar  (hace tiempo que a bastantes ya nos estaban sobrando y estorbando…) tantas conductas,  prácticas y costumbres en las que se han ido confundiendo la dignidad con la magnificencia y  lo solemne con lo suntuoso. Resulta una sorpresa balsámica sentir que ahora te tenemos como cómplice en el deseo de ir cambiando esas usanzas e inercias que nadie se decidía a declarar obsoletas y ante cuya incongruencia habían dejado de dispararse las alarmas. No son cuestiones irrelevantes, son indicadores que revelan una preocupante atrofia de los sensores que tendrían que haber puesto alerta, hace mucho, de que estaban en contradicción con los usos de Jesús. Así que bienvenida sea esa tarea que emprendes  de volver a la frescura del Evangelio y a la radicalidad de sus palabras: ya nos estamos dando cuenta de que, en lo que toca a los pobres, no vas a darnos tregua.

Comienzas tu camino en momentos de extrema debilidad de la Iglesia: lo mismo que aquel joven que huyó desnudo en el huerto, a ella le han sido arrancadas las vestiduras con las que se protegía: secretismo,  hermetismo, ocultamiento,  negación de lo evidente. Pero es precisamente ahora, cuando aparece desnuda y despojada  ante la mirada enjuiciadora del mundo, cuando se le presenta inesperadamente una ocasión maravillosa: la de revestirse por fin, únicamente, del manto de la gloria de su Señor.

Nos has confiado la tarea  de sostenerte con nuestra oración y en estos momentos estoy pidiendo para ti unas cuantas cosas: paciencia ante el rastreo que la prensa está haciendo de tu pasado y que es una consecuencia de lo que dijiste a los periodistas: “Habéis trabajado ¿eh?, habéis trabajado…”. Pues eso, se han crecido y siguen trabajando. También pido que no te agobien más de la cuenta  las expectativas descomunales que estás despertando y que te sientas muy libre (y muy hábil también) para elegir a quienes creas que pueden ayudarte en el gobierno de la Iglesia, aunque suponga un ERE para la curia.

Vas a encontrar muchas piedras en ese camino: críticas, resistencias y hasta zancadillas así que, siguiendo la recomendación de tu preciosa homilía el día de San José, trata  de custodiarte un poco a ti mismo. Y por si no aciertas del todo, que se ocupen de ello las santas de la Iglesia de Roma: Cecilia, Inés, Domitila, Tatiana, Agripina, Demetria, Martina, Basilisa, Melania, Anastasia, Digna, Emérita, Martina, Sabina.

Han ido a buscarte casi hasta el fin del mundo y ha sido un acierto: gracias por haber aceptado quedarte, sin poder volver a recoger tus cosas. Menos mal que los zapatos que llevas parecen cómodos.

Muchos nos sentimos ahora responsables de rezar por ti, aunque no seamos de tu diócesis y nos alegra saber que estás también encargado de velar por la Iglesia universal. De pronto, está recobrando sentido llamar Papa al Obispo de Roma.

Que el Señor te bendiga, te guarde y derrame sobre ti el bálsamo de su paz. 

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Creer y ver

Por: Xabier Azcoitia 06-04-2013

El "ver" y el "creer" son dos acciones fundamentales

respecto a Cristo resucitado. La exigencia de Tomás tiene en Juan la función de crear las premisas para la enseñanza que Jesús dirigirá a toda la Iglesia (20, 29).

Recuerda también que, frente a los no fáciles signos de la presencia de Dios en la historia, hay que saber atender y ponerse al acecho de ella 

sin rechazarla. Jesús se revela siempre, más pronto o más tarde, y a cada uno según su propia manera de ser. Para todos cabe la posibilidad de acercarse al misterio y a Cristo revelador, con tal que se abran y se muestren dispuestos.

¿Qué añade de novedoso este texto respecto a las escenas anteriores? Juan pretende mostrar cómo Jesucristo resucitado conduce a los discípulos y a los futuros creyentes después de ellos a la madurez en la fe: creer sin ver, basándose únicamente en el anuncio de los primeros testigos. [...] Las palabras de Jesús son una clara invitación a crecer en la fe superando la etapa de lo sensible para entrar en la visión de la fe. Es menester despojarse de lo superfluo y de la pretensión de ver para realizar una verdadera experiencia de Cristo glorioso. [...] Juan no nos 

dice si el apóstol respondió a la invitación del Maestro de tocarlo y de poner las manos en sus cicatrices. Basta el encuentro con Jesús y su presencia para hacer que Tomás llegue a la profesión de fe, después de haber hecho un cambio radical en su vida, con estas palabras: ¡Señor mío y Dios mío! Estamos frente a una confesión de fe explícita y directa en la divinidad de Jesucristo, la más elevada de todo el evangelio. Efectivamente, el evangelio se había abierto con este solemne reconocimiento de la divinidad de Jesús (cf. 1, 1); ahora se cierra de la misma manera. Jesucristo ha sido el verdadero pedagogo que ha ido conduciendo a sus discípulos en el camino 

de la fe. [...] Es creyente aquel que, superando las dudas y las pretensiones de ver, acepta el testimonio autorizado de los que han visto. El signo que conduce a la fe no es ya objeto de visión directa, sino de testimonio. Lo cual no significa que actualmente esté cerrada para los creyentes toda experiencia personal del Cristo resucitado. Todo lo contrario. A los creyentes se les ofrece ahora la experiencia de la alegría de la paz, del perdón de los pecados, de la presencia del Espíritu Santo. Pero la «historia» de Jesús tiene que ser aceptada a través del testimonio.

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Francisco y la vieja evangelización

Por: J. Lorenzo 06-04-2013

Con el papa Francisco no hay nueva evangelización.

Al menos de momento, la suya es la “vieja” de siempre, la de ese cura bonachón que hace reconocible el Evangelio sin necesidad de citas a pie de página (¿será por eso que ha pedido a la Iglesia ser menos autorreferencial?); la del sacerdote que, aunque no lo tenga, encuentra el tiempo suficiente para pararse, escuchar, aconsejar, preguntar, acompañar, confiar y perdonar. A lo mejor, simplemente era eso lo que se estaba necesitando en lugar de sesudas conferencias para poner nariz al futuro y catar los vientos de los cambios sociales, cambios que no pedían más refinamientos ni introspección espiritual para gourmets de lo divino, sino, básicamente, mayor autenticidad y empatía con un mundo en donde aún sobreabunda el sufrimiento.

Lo ha dicho recientemente: la Iglesia tiene que salir de sí misma, encaminarse hacia “las periferias”, que no son solo geográficas, sino también existenciales. Ahí necesita, es cierto, nuevos estilos pastorales (que quizá tampoco sean tan nuevos, véase el del testimonio en primera persona) en los sacerdotes, y que no consisten en un par de manos de ese barniz de impostada modernidad; pero también en los laicos, que estas maneras forzosamente habrán de ser nuevas porque la suya es una corresponsabilidad casi inédita, salvo que se entienda por tal el creciente clericalismo al que se han entregado no pocos. Ni coleccionistas de antigüedades ni de novedades, ha dicho. ¿Qué, entonces? Pues diríamos, en versión libre de aquella famosa máxima de un asesor de un candidato a la presidencia norteamericana: “La ternura, idiota, es la ternura”, las entrañas de misericordia, la misma que muestra una madre con sus hijos.

Hay ya mil y una fotos de este Papa en donde se le ve derrochando ternura. Algunos –los que siguen atribulados con su elección y han caído en una especie de silencio de los corderos- lo confunden con populismo. Pero de lo que hoy habla la gente es de su cercanía y sencillez, de su búsqueda de la gente para fundirse con ella en sus audiencias, y que nace “de la dulce y confortadora alegría de evangelizar”, esa en la que le gustaría que viviese la Iglesia que ahora conduce. Así, nada más y nada menos. Sin otros epítetos.

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DESDE LO ALTO

Por: Santos Urias 06-04-2013

Todo parece diferente si se mira con la perspectiva adecuada.

 Acabamos de llegar, un amigo y yo, de unos días de descanso y desde la terraza del apartamento se contemplaban unas vistas de la costa realmente maravillosas. Conversación; silencios; música; mesa. La respiración del mar que con sus olas barre los residuos de la vida y exhala un aliento que lo llena todo. Los pinceles de la primavera han pintado un paisaje impresionista e impresionante. Con razón la resurrección viene con las luces de la luna y salta con las primeras flores. 

Todas nuestras miserias conviven en el día a día. Salpican, empañan, nublan los ojos. Por eso tomar distancia es tan importante. Beber la copa de la esperanza con la mirada llena de ternura. Que el licor te corrija el destino y la guitarra suene, que es Dios quien escurre sus dedos sin temor. 

Este ventanal es un altar perecedero. Como todo en el tiempo. Una consagración que, como la de Stravinsky, busca la primavera, reclama lo eterno, un morir y un vivir permanente. 

No hemos celebrado la Pascua, es la Pascua la que nos ha salido a buscar. Se ha hecho la encontradiza y ha chocado con nosotros: descarada, sin pedir perdón. 

Feliz banquete; feliz música; feliz noche; feliz y feliz. Desde lo alto todo se ve distinto, con ojos de Pascua, como en la terraza de nuestro pequeño apartamento 

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Cambiando el cuento

Por: Jose Maria Marquez Vigil 02-04-2013

Ya ha pasado otra Semana Santa

 en la que nuevamente he aprovechado para viajar al pueblo (una maravillosa aldea asturiana junto al mar Cantábrico y los montes de el Sueve). Otra Semana Santa en la que he disfrutado con los niños todo lo que nos han permitido la lluvia y el frío. Y entre vacaciones, familia y descanso, acudimos a los oficios viviendo en nuestra imaginación, cada uno dentro de sus posibilidades, la entrada en Jerusalén, la Última Cena, y por supuesto toda la Pasión desde el arresto de Jesús en el Monte de los Olivos, hasta la entrega a Anas y Caifas, a Poncio Pilato, y finalmente la Cruz… Se sigue haciendo duro, muy duro, el Calvario de Alguien que con los años y a pesar de esa incomprensible distancia con la que de vez en cuando nos alejamos de Él, Alguien digo a quien valoras, quieres y admiras cada vez más. Y no sé si os pasa también a vosotros, pero constantemente espero que cambie el cuento por una vez, porque no esta misma Semana Santa…

De pequeño, como no existía el vídeo ni el dvd, fui varias veces al cine a ver Bambi con mis padres o mi abuela, y siempre pensaba que definitivamente esta vez sucedería, alguien avisaría la madre de Bambi y cambiaríamos la historia para que el cazador no la pegara ese tiro que tantos chavales de mi generación hemos sentido en nuestras entrañas...

¿Y no os pasa ahora algo parecido con la Pasión? ¿Y si esta vez se echa atrás Judas una vez que se ha visto descubierto por Jesús en la Última Cena? ¿Y si Pilatos toma partido por el inocente, o el pueblo judío no elige a Barrabás, o el Padre finalmente decide intervenir apartando ese cáliz…? ¿No se os pasa nunca por la imaginación un cambio en una historia que os gustaría haber evitado?

Pero entonces te quedas sin el calvario de la Cruz, y también sin la gloria de la resurrección. Y, ¿no es esa la auténtica enseñanza de la Cruz que la da sentido?

Hay otra historia cuyo final también he modificado alguna vez en mi imaginación. Cuentan que cuando San Francisco de Asis fue a visitar al Papa Inocencio III, éste soñó con un hombrecillo que se echaba la iglesia a hombros para rescatarla de su destrucción. Así atendió a Francisco de Asis, que quería solicitar su autorización para la Orden más adelante conocida de los Franciscanos. Cuando terminó la reunión, cuentan que un Obispo preguntó al Papa Inocencio III si Francisco le había conseguido convencer y el Papa negó con la cabeza. - “¿Entonces no aprueba su Orden?” - preguntó el Obispo. – “Por supuesto que sí” – dijo el Papa Inocencio. – “Pero no me ha convencido de lo otro ya que debido a mis obligaciones actuales y sintiéndolo mucho he tenido que declinar la invitación de unirme a ellos” -.

¿Qué hubiera sido de la Iglesia con un Papa que se une a la Orden de los hermanos menores? Pues parece ser que el cuento ha cambiado, y con el Papa Francisco lo vamos a poder ver.

Y el cuento de la cruz… ¡También ese cuento cambia si somos capaces de mirarlo con la mirada de la fe! Y entonces ese gran calvario, o los más pequeños a los que nos enfrentamos nosotros cada día, toman su verdadera dimensión de crecimiento, de gloria, de vida y de resurrección. ¡A ver cuánto me dura esta alegría de la Pascua!

¡Feliz Pascua a todos!

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Pascua, un camino

Por: Xabier Azcoitia 01-04-2013

Nadie vio la hora de tu victoria.

Nadie es testigo del nacimiento del mundo. Nadie sabe cómo el infierno de la noche del sábado se convirtió en la luz de la mañana de Pascua. Mientras dormíamos fuimos transportados, volando, sobre el abismo, mientras dormimos recibimos la gracia pascual. Y nadie sabe cómo sucedió. Nadie sabe qué mano le acarició la mejilla de tal manera que, de pronto, el mundo descolorido brilló con mil colores y tuvo que sonreír, sin quererlo, por el milagro que se acababa de realizar en él. [...]

¡Yo soy la resurrección y la vida! Quien cree en mí, quien es tocado por mí, quien oye su nombre de mi boca, ese vive y ha resucitado de entre los muertos. Y hoy es para ti el día más nuevo, el más joven de los días, nunca más no habrá otro día como hoy, ya que la vida eterna te llama por tu nombre. [...]

¡Ve y anuncia! Y, mientras que se precipita en la lejanía, el espíritu del Señor empieza a soplar y de un cielo claro relampaguea por doquier e ilumina a las almas sin esperanza y las levanta al mismo tiempo y les inculca la mima llama. Y, cuando llenas de felicidad intentan tocarlo con ojos y manos, les indica, mientras va desapareciendo, el camino: ¡Id y anunciad! Y los arremolina hasta perder el aliento.

Finalmente, al atardecer, reunidos en la sala, llenos de su amor, se lo van explicando unos a otros, y mientras todavía están hablando, míralo, él está ahí en medio y los saluda: la paz esté con vosotros.

La paz, que el mundo no conoce, que no puede dar. La paz que supera todos los sentidos y descubrimientos, tan alta, tan profunda y tan fuerte que su corazón tendría que morir por exceso, si no fuera que precisamente es paz. ¡Oh oleaje salido del silencio, oh tempestad surgida de la quietud! El paraíso de Dios es tan simple, que es un banquete con miel y pescado asado. El paraíso de Dios es tan terrenal, que es una mañana de pescadores a la vera del lago de Genesaret, las olas murmuran, el primer sol atraviesa la niebla, en la playa hay un hombre que grita, hace señas, se tiran las redes a la derecha y ya están repletas de pescado, en la playa está el desayuno preparado, todos reposan mientras que las piedras se secan y, como que nadie tiene que preguntar quién es el extranjero, las olas murmuran en el silencio. ¡Oh paz, más allá de toda pregunta: Es el Señor!

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Francisco y la justicia poética

Por: J. Lorenzo 01-04-2013

Hay algo de eso que llaman justicia poética en la salida al balcón

 del nuevo Papa tras cargar en sus hombros con semejante responsabilidad. La monumental sorpresa tras descorrerse las cortinas nos habla de que no todo está hecho ni dicho, de que hay margen para que un requiebro de última hora desbarajuste el guión, zancadillee lo previsible, reconcilie con la esperanza a quienes la han perdido. Y Francisco parece invitar a ello en estos pocos días que lleva de pontificado. La alegría con la que sus gestos y palabras están siendo acogidos en todo el mundo nos habla de lo necesitada que andaba la Iglesia de ellos, de la fuerte anemia que padecía, y que muy bien intuyó su predecesor. No es justo contraponer ahora el estilo de Bergoglio con el de Ratzinger y arrojárselo a aquel como una crítica. Sí, acaso, a aquellos que navegaban la Iglesia con sus pequeñas barquitas y creían por eso que todo el lago era suyo; o a los que entendían que la “conversión pastoral” salida de las cabezas de obispos como el de Buenos Aires en Aparecida no iba con ellos. Esos obispos hablaron de esa conversión en el pasado Sínodo para la Nueva Evangelización, pero no todos supieron escucharlos. Tal vez ahora no les quede más remedio.

Hay algo de justicia poética en el rictus que se le ha quedado a tanto inquisidor. No se apuren, pues están recomponiendo el gesto sin perder del todo la dignidad ya que, como Francisco ha dicho –¡qué lema para un pontificado!–, “Dios no se cansa de perdonar”, aunque muchos de ellos no hayan sabido hacerlo. Es esta una ocasión inigualable para observar al especimen de aberroncho “más papista que el papa” reinventándose tras una indisimulada decepción y ver reverdecer en él con savia franciscana su amor por todas las criaturas, religiosos y religiosas incluidos, con los muchachos de san Ignacio a la cabeza, por supuesto

Y hay algo de justicia poética en la reformulación de conceptos que trae este hombre de Dios, que nos habla del poder del servicio, que es meterle la propiedad conmutativa a quienes solo ejercían al servicio del poder, ya saben, ese sentimiento alfombrante que arraiga siempre donde se cuece algo, por muy magro que sea. Y realmente poético es ver que la gente cae rendida ante la seducción de unos zapatos desgastados, el triunfo del polvo de las “villas miseria” en la capital de la cristiandad. Ya quisieran los asesores de imagen de los Obama, Merkel, Putin y demás encontrar la fórmula para fabricar esta brisa tonificante que acaricia en los últimos días el rostro de la Iglesia.

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Coche escoba

Por: Alfonso Carcasona 01-04-2013

Como ya es tradición, hemos vuelto al camino de Santiago,

 a andar cinco etapas con las que resumimos nuestro peregrinar anual, justo antes de la pasión de Jesús. Me gusta hacer coincidir nuestro caminar con estas fechas, de manera que le demos un sentido adicional a nuestro transitar por el año.

 Este año nos han tocado etapas recias, tanto por el recorrido montañoso, la longitud de las etapas y el clima gallego, que ha hecho impermeable la ropa, el suelo y todo lo que dejaba completamente anegado. Sin duda ha contribuido a forjar nuestro espíritu, dotando alguna etapa de contenido épico. No voy a sobreabundar en los adjetivos de admiración hacia mis muchos compañeros peregrinos de este año, en los que sigo destacando la valentía y lecciones que nos dan los extremos de edad, María Luisa y Ana, claros ejemplos a seguir.

Este año me quiero detener en la función sorda y aparentemente poco apreciada de un peregrino que, a pesar de tener más sellos que cualquiera en su acreditación, no ha sido objeto de suficientes agradecimientos todos estos años. Se trata de mi padre, al que su condición física no permite acompañarnos en el caminar, pero que se ocupa con el coche de que estemos todos bien cuidados, especialmente este año en el que había diferentes salidas y llegadas en cada etapa, en función de las posibilidades de cada uno. Y si cada día andábamos entre 25 y 30 km, él se recorría más de 120 en coche, yendo de adelante a atrás, dejando a cada uno en el punto que pedía, o recogiéndole si las fuerzas le fallaban. Y al final de cada etapa acercaba a los conductores al los coches, todo con una sonrisa  y sin queja alguna, a pesar de lo que odia conducir. Sin él, sería imposible realizar el camino con de la manera que lo hacemos y disfrutamos. Me consta que todos los caminantes le están muy agradecidos, pero nunca está de más el que me dirija a él en esta bitácora, rincón en el que comparto con mis amigos mis reflexiones y sentimientos más profundos. Un buen momento para agradarle no solo ser el mejor coche escoba del mundo, sino todo lo que me ha dado desde el principio, sin lo que no sería lo que soy. Gracias papa.

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Sobrecitos a Francisco

Por: Jose Maria Marquez Vigil 17-03-2013

El pasado 13 de marzo fue una fecha memorable para la cristiandad,

 la fecha en la que se hizo realidad un milagro deseado por todos. ¡El Málaga pasaba a cuartos de la Champions tras derrotar al Oporto 2-0!

Ese mismo día aparecía en el Vaticano la fumata blanca que anunciaba un nuevo papa, Francisco, de nacionalidad argentino. Era evidente la influencia del mismo en la victoria del Málaga, un equipo con uniforme albiceleste como la selección de fútbol de su Argentina natal.

Los poderes fácticos llevaban ya semanas preparándose para el acontecimiento y debían reaccionar inmediatamente. La relación del máximo mandatario de la cristiandad con la Kirchner podría suponer un paso adelante para las aspiraciones de Repsol a la hora de recuperar YPF. Tan solo habría que “cristianizar” la misión y valores de la Compañía y tal vez situar algún Obispo en el Consejo de Administración. Los políticos y empresarios españoles se preparan para enviar a sus hijos a estudiar a Nuestra Sra del Recuerdo o a ICADE, instituciones jesuitas ambas. Yo mismo, en mi labor de cooperación internacional, voy a dimitir como director de Africa Directo para enviar mi CV a Entreculturas, la ONG de los jesuitas. Queda totalmente descontado que la intervención del Santo Padre permitirá que ésta ONG se beneficie de numerosas subvenciones públicas y privadas una vez entreguen al papa Francisco algún que otro sobrecito de los que manejaba Bárcenas.

Gracias a Dios, nos reímos de una situación tan absurda como la descrita previamente, pero en algunos momentos todo apuntaba que fuera a ocurrir algo así cuando los telediarios y periódicos cubrían su información internacional con numerosas quinielas sobre el nuevo Papa, recordándonos a la berlanguiana escena de “Saza” pretendiendo comprar influencias para vender sus porteros automáticos en la finca de la “Escopeta Nacional”.

El gran profeta Juan Mari, que ya vaticinaba en su parábola “Jesús en Roma” la abdicación de Benedicto, me hacía pensar en todo esto durante en su homilía de la semana pasada. El interés de los medios en el cónclave, más parecía el seguimiento de la carrera electoral de un país poderoso cuya política monetaria nos iba a acabar haciendo a todos la vida imposible, o el de la república bananera cuyos recursos naturales harían tambalear las Bolsas internacionales y con ello a nuestros ahorros. Pero realmente se trataba de la aparición de un nuevo sucesor de San Pedro, de un modelo espiritual, de un ejemplo para los que nos consideramos religiosos. No iba a traer nuevas leyes para la lucha contra la pederastia ya que de eso se encargarán los Estados, pero su ejemplo nos dará fuerzas a todos, y como la caída de una serie de fichas de dominó, nos ayudará a propagar con más fuerza las palabras de ese Jesús renovado que según Juan Mari está ahora en Roma, y que también está en España, y en todas partes mientras esté realmente en nuestros corazones.

Y a partir de ahora el anecdotario, con un Papa Francisco que va a pagar la cuenta del hotel, y viaja en vehículos sencillos, y que se refiere sencillamente durante su primera homilía, de pie, sin leerla, a las palabras caminar, construir y confesar, y que pide a sus Obispos que gasten en obras de caridad los fondos que pretendían destinar a viajes para ir a verle a Roma. Con sus palabras y su nombre, más parece que el sueño del Papa Inocencio III se está haciendo realidad hoy, cuando un Papa parece abrazar con todas sus fuerzas al poverello de Asis para mantener viva nuestra Iglesia.

¿Y qué hacemos con los sobrecitos? Pues parece que el Papa Francisco lo ha dejado muy claro… No parece que deban alimentar los tesoros del Vaticano sino más bien al verdadero tesoro de la humanidad, los pobres como Francisco de Asis, como tantos niños, mujeres y hombres que abrazan actualmente a la Cruz con todas sus fuerzas y a los que entre todos podemos darles fuerzas de resurrección en forma de “sobrecitos”.

Siempre me he sentido muy orgulloso y agradecido de ser cristiano. Y hoy enormemente orgulloso y agradecido también de ser católico, de pertenecer a esta Iglesia renovada en la que el Santo Padre antes de darnos su bendición, pide a la Iglesia, a sus feligreses, que primero recemos por él y le demos las fuerzas que va a necesitar.

¡Dios te bendiga Francisco!

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Carta abierta al papa Francisco

Por: Alfonso Carcasona 17-03-2013

Querido papa Francisco,

Apenas llevas 4 días como obispo de Roma, pero tengo la necesidad de escribirte esta carta, que comparto con nuestros amigos de Bitácora de Peregrinos. 

Vivimos en un mundo de gestos, de titulares. Vamos muy deprisa a todas partes, nos dejamos arrastrar por las toneladas de información que tenemos accesibles a un solo click, en cualquier radio, o cadena de televisión. En un mundo en el que los tertulianos –con t minúscula, diminuta- son los creadores de opinión, los mismos de tertulianos para cualquier tema de actualidad. Hasta hoy todo (o casi todo, que ya han empezado a remover tu pasado en busca de gazapos que les den titulares con los que alimentar sus aviesos intereses) todo son parabienes. Pero vendrán desgraciadamente tiempos menos boyantes, en cuanto empieces a tomar decisiones. Desde el mundo católico, y por supuesto, desde su exterior, empezarán a tornarse en lanzas lo que hoy son podaderas, en espadas lo que hoy son arados.

Será el momento de hacer que esos gestos se conviertan en hechos duraderos, con verdadera influencia en esta sociedad enferma que nos ha tocado vivir. Jesús le dio a Pedro y al resto de sus discípulos la facultad de sanar, de curar, de erradicar el pecado del mundo.   La tarea recae sobre todos los cristianos, tus seguidores y, sobretodo, en ti, en quien nos miramos y queremos vernos representados ante el resto del mundo al que somos llamados a convertir. 

Tus antecesores han dejado grandes signos con una clara vocación de sanar nuestra sociedad. El último del papa Benedicto con su renuncia.

Tú te enfrentas, como lo hicieron ellos, como lo hicieron tus 265 predecesores, a grandes retos, dentro y fuera de la Iglesia católica. Tu formación, tu historia, tus primeras decisiones desde el 13 de marzo, no hacen más que encendernos el corazón a los católicos, y me atrevería a decir que a muchos no católicos y no creyentes. “Una Iglesia pobre y para los pobres”, será para mi la esencia de tu ministerio. Guíanos santo Padre por ese camino, enséñanos a ser fieles al evangelio.

Gracias por haber aceptado la responsabilidad y por la cercania que has mostrado, que me permite atreverme a escribirte esta humilde carta.   

 

 

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DE LA FAMILIA

Por: Santos Urias 16-03-2013

Me llama mi amiga Fátima.

Su voz tiembla, pero esta vez de alegría. Después de algunos tristes episodios de maltrato y situaciones de oscura convivencia, me dice que va a casarse. Lleva ya un tiempo conviviendo con un chico que la cuida, la respeta, con el que ha conseguido una gran complicidad y que la ha devuelto la sonrisa. Ella marroquí, él Guardia Civil; me dice: “parece sacado de una película de Almodovar”. La realidad normalmente supera a la ficción y nos prepara bromas y sorpresas que no siempre resultan fáciles de interpretar. 

Sus padres y sus hermanos viven en Tánger. Una relación difícil, por llamarla de alguna manera, y por llamarla relación. Años sin una llamada, sin una letra, sin un abrazo, sin un hogar. Algo tóxico se le debió pegar a la piel, y como un tatuaje de henna siguió marcando un destino de dolor y de tristeza. Ojeras en la piel por los sueños robados. Pero creer para el desvalido, para el que sufre y llora, para el que se siente cansado y agobiado, es más que una palabra. Se hace actitud de vida, búsqueda y baluarte. 

Me pide que sea su padrino, tímidamente, es una boda civil, claro. Para mí es algo más. Es una pincelada de bienaventuranza, es un “tal vez”, es un seguir compartiendo camino. La digo que sí, que por supuesto. Hay un momento de silencio. Su voz vuelve a temblar: “Sabes que eres mi familia, ¿verdad?” Ahora soy yo quien se estremece recordando al maestro: mi madre, mi padre, mis hermanos… Esa familia que nos hace sentir vinculados a lo esencial y vivos más allá de la sangre y de la carne 

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SECRETAS PALABRAS DE VIDA. AKERA (estéril)

Por: Dolores Aleixandre 16-03-2013

Terrible palabra junto al nombre de una mujer bíblica.

 Es un adjetivo que marca con su sello dramático una existencia y hace que una estéril sea comparada con un muerto viviente, un ciego, un leproso o un pobre. La vida en la Biblia no tiene sentido más que en referencia a la promesa de Dios en Abraham de llegar a ser una gran nación, no vale más que abierta al infinito de las generaciones: por eso  la esterilidad supone muerte y desolación.  Una estéril lleva el signo del castigo de Dios por sus supuestos pecados (cf.Gen 20,18) y  su situación la imposibilita para ser digna compañera de su marido. Israel estimaba y respetaba a la mujer sobre todo por su maternidad, no por su femineidad y eso aparece tan acentuado que, en alguna ocasión y por metonimia, se habla de ella como rajam:  “un vientre” (Jue 5,30).

Aparece por primera vez al presentar a Saray, la mujer de Abraham y vuele a calificar después a Rebeca (Gen 25,21), mujer de Isaac;  a Raquel, mujer de Jacob; a Ana, la que será madre de Samuel (1Sam 1,5) y a la madre de Sansón (Jue 13,2). Resulta llamativo que, de las cuatro matriarcas que engendraron en sus orígenes al pueblo de Israel, (Lía es fecunda desde el primer momento), tres aparecen marcadas por la esterilidad.

Para calificar su situación ellas recurren al término ´oni : desgracia, desdicha  que LXX traducirá casi siempre al griego como tapeinosis, que no significa “humildad” sino “humillación”, uno de los términos más fuertes del vocabulario de pobreza del AT. Quizá por eso Raquel pide angustiada a Jacob: “¡Dame hijos o me muero!” y obtiene una respuesta irritada que revela a quién se atribuía el origen de toda fecundidad: “¿Hago yo las veces de Dios para negarte el fruto del vientre?” (Gen 30,1-2).

Los textos  presentan a las matriarcas usando todos los medios a su alcance para vencer la desgracia de su suerte: dan sus esclavas a sus maridos, lloran, ruegan, pelean, usan artimañas... , pero en todas sus historias se pone de relieve que fueron arrancadas de su condición humillante gracias a la acción de Dios mismo que es reconocida por Lía y Raquel en estos términos: “Dios me ha hecho justicia”; “Dios me ha hecho un buen regalo”; “Dios me ha retirado mi afrenta”; “El Señor ha visto, ha oído” (Gen 29, 6.20.23.32). La acción de Dios se expresa a través de los verbos bendecir, escuchar, recordar, abrir el seno, visitar (cuidar): “Dijo Dios a Abrahán: - Saray tu mujer ya no se llamará Saray, sino Sara. La bendeciré y te dará un hijo y lo bendeciré; de ella nacerán pueblos y reyes de naciones” (Gen 17,15-16); “Isaac rezó a Dios por su mujer, que era estéril. El Señor lo escuchó  Rebeca, su mujer, concibió.” (Gen 25,21); “Dios se acordó de Raquel, la escuchó y abrió su seno. (Gen 30, 22)

Son verbos que vuelven a aparecer cuando Ana, la madre de Samuel,  aún estéril, acude a Siló para “derramar su corazón ante el Señor”. El sacerdote Elí le desea: “Vete en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido” (...) Elcaná se unió a su mujer Ana y el Señor se acordó  de ella. Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: -¡Al Señor se lo pedí!” (1Sam 1,19-20) “El Señor visitó a (cuidó de) Ana, que concibió y dio a luz tres niños y dos niñas” (1Sam 2,21). En el caso de la madre de Sansón: “El ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: - Eres estéril y no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz un hijo.(...) Ella fue a decirle a su marido: -Me ha visitado un hombre de Dios.”(Jue 13,3.6)

Su acción se celebrará en la liturgia: “Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre,

para sentarlo con los nobles de su pueblo, y pone al frente de la casa a la estéril, madre feliz de hijos.”(Sal 113,7-8)

 

Las mujeres llamadas a gestar un pueblo para Dios fueron estériles y esto no supone una coincidencia casual, ni un detalle superfluo introducido en los textos. En la intuición de los autores, esta convergencia recobra un sentido profundo que toca el origen de la fecundidad: ellas dieron inicio al pueblo de Dios no a pesar de ser estériles, sino a causa de ello.

Es una manera de dejar claro que, cuando Dios interviene para cambiar la suerte de su pueblo,  nada tienen que ver los “méritos” de éste (su fecundidad en este caso), sino Su absoluta gratuidad.  Esa es una de la principales “convicciones fundantes” que inspiran los relatos bíblicos, tanto a los sabios que ponen por escrito las antiguas sagas sobre los patriarcas y matriarcas, como a los narradores de las tradiciones sobre los orígenes del mundo y de la humanidad. Todos ellos están inspirados por el recuerdo del Éxodo en el que todo aconteció a partir de la impotencia absoluta de un pueblo humillado: el Señor cambió su suerte sacándolo de una situación de muerte y lo llevó a una tierra fecunda que manaba leche y miel. También los profetas postexílicos  acuden a esa fuente de inspiración para cantar el poder del Señor ejercido, una vez más, sobre el vacío y la incapacidad de un pueblo sometido a poderes enemigos. La esterilidad ha ensanchado su significado, las narraciones en torno a las matriarcas se han vuelto poesía y cántico, la esterilidad se ha convertido en metáfora para ilustrar el “cambio de suerte”, lo mismo que lo son el vacío, el caos, las tinieblas, la opresión o la muerte.

 Hablar de “la estéril” es evidentemente una referencia a Sara, pero su recuerdo se estiliza y lo acontecido en ella sirve para iluminar la experiencia presente de Israel en el exilio de Babilonia. YHWH puede seguir haciendo ahora, en esta nueva situación de esterilidad que vive el pueblo, lo que hizo con Sara bendiciéndola con la fecundidad. El pasado se ha introducido en el presente, arrojando su luz sobre el momento que vive una generación acostumbrada ya a ver a Babilonia como su único horizonte posible y poseída por la misma ironía escéptica que hizo murmurar a Sara por lo bajo: “Cuando ya estoy seca, ¿voy a tener placer, con un marido tan viejo?” (Gen 18,12).

Los exilados de Israel, amenazados de la  misma reticencia e incredulidad ante el anuncio de su retorno a Sión, necesitaban escuchar también las mismas palabras que el Señor dirigió a Abraham  y Sara en el encinar de Mambré: “¿Por qué se ha reído Sara diciendo:-Cómo que voy a tener un hijo a mis años? ¿Hay algo imposible para Dios? Cuando vuelva a visitarte por esta época, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo.” (Gen 18,13-14). La pregunta no va dirigida a las posibilidades de Sara, sino a las de Dios, y su recuerdo encierra una energía subversiva capaz de movilizar imágenes alternativas y de despertar esperanzas dormidas.  De pronto, todo cambia de perspectiva y de significado: la esterilidad  pierde su poder de muerte, deja de cerrar el futuro para convertirse en ocasión de irrupción del poder de Dios, dador de vida y de fecundidad.

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Un papa sin retrovisor

Por: J. Lorenzo 16-03-2013

Bueno, ya está. La Iglesia tiene nuevo papa.

¿Era el candidato que había soñado o también le ha sorprendido? Poco importa ya. Esos sueños pertenecen al breve interregno de sede vacante donde los cardenales se vuelven lenguaraces y los hombres y mujeres que forman el pueblo de Dios se atreven a decir en voz alta lo que piensan sin encomendarse más que al Espíritu Santo, antes de que este sea convocado a soplar entre los frescos de Miguel Ángel.

Ya no cuentan los perfiles papales esbozados en esas efervescentes jornadas. Ya tenemos al nuevo servidor de los servidores de Jesucristo. Y ya sabemos –incluso antes de la fumata blanca– que, tras los acontecimientos vividos en la Iglesia en el último mes, sería impensable (y un suicido colectivo) una marcha atrás. El papa emérito ha abierto un camino que no admite miradas al retrovisor.

Estamos hablando de cambios en la forma de ejercer el ministerio petrino, en la manera de pastorear un rebaño atribulado, en cómo acercarse al mundo en vez de temerlo, en cómo se dialoga con él, en cómo se deja que la transparencia transfigure a la hierática institución en una comunidad acogedora y cercana, siempre dispuesta a purificarse y que anuncia el Evangelio con misericordia y fidelidad.

La carga del pontificado sobre los hombros mortales del nuevo papa se antoja aún más pesada que antes. El mundo ha estado pendiente de una chimenea como si fuese la lámpara de la que hubiera de salir el genio que hará realidad los sueños que ha dejado esbozados Benedicto XVI. Y seguirá expectante, sobre todo para comprobar que el club de cardenales no se ha equivocado al elegir.

Ese “miniconcilio” de bolsillo en que se convirtieron unas congregaciones generales en donde los purpurados no solo querían saber de lo divino, sino, fundamentalmente, de lo humano, ha reafirmado la esperanza de que, en el gobierno de la Iglesia, muchas cosas no vuelvan a ser como antes.

Hoy se antoja impensable justificar decisiones y conductas como las que, hace solo una década, todavía se adoptaban y consentían. Hoy, el mundo mira a Francisco porque quiere ver en él al reformador que introduzca sin miedo a la Iglesia en el siglo XXI. El nombre, al menos, le va al pelo.

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Papa francisco en la Sixtina

Por: Juan María Laboa 16-03-2013

Papa Francisco acaba de salir al balcón de San Pedro con su miedo,

 su sonrisa y su sencillez incorporados. Lo uno y la otra  le acompañarán durante su pontificado, el miedo al constatar que su oficio resulta siempre superior a sus capacidades, la sonrisa de sentirse elegido y amado. Ser conscientes de que solo Jesús es el Señor de su barca conforta y redimensiona la situación

Hace unos meses terminé la redacción de Jesús en Roma, una narración de la presencia de Jesús y algunos de sus santos en la Ciudad Eterna (Editorial Khaf . Madrid 2013). Que conveniente resulta siempre considerar que Jesús se encuentra presente en nuestras vidas y en nuestras instituciones, aunque no podremos menos de asustarnos si consideramos cuál puede ser su juicio sobre nuestra vida y nuestra gestión de las instituciones cristianas.

Tras su visita a parroquias, familias, lugares de trabajo y otros espacios de la ciudad, Jesús se encuentra con los religiosos, con los jóvenes y finalmente con el papa, los cardenales y otros miembros de la organización eclesial. Quienes le escuchan no pueden menos de examinar si su vida y su actuación tienen sus mandatos como ejes fundamentales de sus vidas: no he venido para ser servido sino para servir, no así vosotros, no actuéis como el mundo, los últimos serán los primeros, perdonad setenta veces, en esto conocerán que sois mis discípulos. Somos conscientes de que no podremos llamarnos discípulos suyos si no actuamos como él. A menudo nos contentamos con grandes palabras, con principios y mandatos que resultan vacios y necios si no se corresponden con la actuación y el testimonio.

Benedicto XVI, después de su encuentro con Cristo y de una reflexión profunda, decide retirarse al monasterio franciscano de La Verna, dando paso a la elección de un nuevo papa. En sus palabras comunicando su decisión explica que “en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor  tanto del cuerpo como del espíritu”. En el ánimo de los cardenales que poco después se reúnen para elegir su sucesor se encuentra la decisión de elegir un papa que se haya enfrentado con el mundo moderno y con el pueblo pobre y abandonado y que haya dado muestras de ser capaz de anunciar la buena noticia de modo comprensible, transparente y esperanzado para los hombres y mujeres de nuestro mundo. La elección del Papa Francisco responde indudablemente a este convencimiento.

Dado que la información resulta exhaustiva en las crónicas de este número, me permito imaginar cómo han sido las primeras horas de Francisco, nombre que corresponde al misionero admirable Francico Javier y al seráfico Padre de los pobres y amante de la naturaleza.

 El nuevo papa, tras saludar muy sencilla y fraternalmente al pueblo cristiano desde el balcón de la basílica, decide pasar la primera noche en completa soledad en la capilla Sixtina donde horas antes le han elegido obispo de Roma. Sentado en la silla donde ha permanecido unas horas como cardenal, en penumbra, con  el espléndido portón cerrado y con dos guardias suizos alertas al otro lado, permanece sumido en oración. Se siente vacío ante la omnipotencia del Creador y del Juez Supremo. Se siente tan poca cosa! Cristo le pide que permanezca en esa actitud, siguiendo a su Maestro que no vino a servir y no a ser servido. Papa Francisco es muy consciente de su poquedad ante el creador y se siente dispuesto a ser el servidor de todas las criaturas y de todas las comunidades. “Tú solo eres mi fuerza, Señor” y te prometo hablar y actuar siempre  siguiendo tu máxima “No así vosotros”.

Horas antes, cada cardenal ha puesto sus manos sobre el Evangelio y, aunque vestido de púrpura y de dignidad, se ha considerado pura nada, consciente de que su única fuerza y razón de ser era Cristo. Nuestro papa Francisco se ha prometido no considerarse superior a nadie y tomarse en serio el título asumido por Papa Gregorio de ”Siervo de los siervos del Señor”.

Los hombres andamos en círculos, dando vueltas a lo mismo, viéndonos siempre las mismas caras. Papa Francisco  decide mirar hacia arriba y se encuentra con el rotundo dedo de Dios dirigido al hombre, dándole vida y sentido. Toda la potencia del Altísimo parece cubrir en ese instante la Iglesia y al recién elegido. En un momento en el que el poder  reside solo en el Señor de la Vida, la criatura, desnuda de cuanto no sea fe y esperanza, se siente confortada y respaldada. Francisco se promete ser el centro de comunión de los seres humanos, el hermano de los hijos del Padre, el punto de referencia de los solos, los excluidos, los abandonados, los heridos por el pecado. Dispuesto a que la Iglesia sea fundamentalmente un espacio de convivencia, acogida y escucha, convencido de que el núcleo de la enseñanza de Cristo se centra en la paternidad de Dios, pide a Cristo su protección.

La figura impresionante que Miguel Ángel pintó  ante el altar parece moverse cuando pregunta al nuevo papa: “Francisco, ¿me amas?”. Con toda su alma, desde lo más profunda de su corazón, el papa Francisco musita emocionado : ”Señor, tu sabes que te amo”, y Cristo, bajando su potente brazo (Al menos, así lo experimenta el papa) y apuntándole con su mano le  encomienda con dulzura: “apacienta a mis ovejas”.

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