Sábado 16 de Diciembre 2017

¿Rescate al Vaticano?

Por: J. Lorenzo 15-06-2012

Gian Franco Svidercoschi, antiguo subdirector de L' Osservatore Romano,

 influyente periodista que ha trabajado de cerca con relevantes personalidades que han marcado la historia de la Iglesia en las últimas décadas, está en crisis. Lo cuenta en Me duele la Iglesia (Editorial San Pablo), una especie de desahogo espiritual, el lamento de un indignado que, en vez de ir a acampar en solitario a la Plaza de San Pedro, ha puesto por escrito sus dudas –también sus esperanzas– sobre el presente y el futuro de la Iglesia justo cuando se cumple medio siglo de la apertura del Vaticano II. Un hecho este que también a él le cambió la vida, o mejor, la forma de vivir su fe.

Con dolor, por las páginas desfilan los graves hechos que están conmocionando a una parte importante de la comunidad creyente (abusos sexuales, escándalos financieros, intrigas curiales…). Es un dolor que nace del desconcierto, de la pena, incluso de la rabia.

Pero con amor, también al Papa, al que percibe solo y desasistido, lanza un grito para enderezar el rumbo, para volver a fijar la mirada en la Iglesia de las Bienaventuranzas, una Iglesia que no solo sea maestra, sino también madre, que predique el Evangelio de la esperanza, de la alegría, del consuelo y la acogida.

Su alegato nace también de una constatación: los propios cristianos ya no están dispuestos a agachar la cabeza ante los comportamientos inmorales de quienes se han consagrado a Cristo, desvirtuando el concepto asumido de “servicio” y, además, causando “una fortísima carga de sufrimiento” a los creyentes, que ven a la institución eclesial a los pies de los caballos de un mundo descreído, que apenas es capaz de contener la risa burlona ante el espectáculo.

Ahora que estamos con rescates, estas páginas semejan una petición en toda regla al pueblo de Dios para rescatar al Vaticano de los cuervos y demás pájaros que anidan en él al calor del carrerismo. Una llamada para que la Iglesia de mañana siga teniendo un pueblo y esta sea capaz de acampar en medio de él. Y cree que, para eso, habría que retomar lo que empezó hace cincuenta años. Volver al Vaticano II. Recapitalizar de fe las estructuras.

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Pentecostés en Salzburgo

Por: Ignacio Bañon 14-06-2012

Tuve la fortuna de pasar el pasado fin de semana en Salzburgo,

 haciendo turismo musical. Salzburgo es una cuidad preciosa, pero como otras ciudades bellas es también víctima de su belleza. Se ha convertido en un “parque temático de Mozart”, con hordas de turistas que se fotografían en las plazas y comen dulces. Pero la belleza de la cuidad se impone al turismo casi siempre feo (aquí me incluyo), y es fácil encontrar un rincón precioso y tranquilo, escuchar un concierto inolvidable, o vivir alguna experiencia sorprendente.

Nuestra experiencia sorprendente fue visitar la Catedral coincidiendo con las celebraciones juveniles de Pentecostés. Maravillados por el ambiente, fuimos tres veces a la Catedral. La tercera vez para asistir a la misa del domingo. Una misa de más de dos horas de la que entendimos pocas palabras (mi alemán se limita a lo que he aprendido escuchando óperas de Wagner, y llegué a la conclusión mediada la ceremonia de que Geist seguramente querría decir Espíritu), pero que difícilmente olvidaremos. 

La Catedral estaba abarrotada de gente. Muchísimos jóvenes, pero también menos jóvenes. Gente con camisetas junto a elegantísimos austriacos con trajes locales. Muchos sentados en el suelo del crucero, donde una banda de música con guitarras, batería, teclado y trompeta cantaba preciosas canciones, amplificadas con un señor equipo de sonido. Un coro opuesto a la banda añadía todavía más música (que no ruido), e incluso coreografías. Y las cientos de personas que asistían a la misa coreaban las canciones (coreábamos, aunque yo por lo bajito porque vi enseguida que desafinaba demasiado). La misa fue cantada en casi su totalidad. La primera palabra no cantada llegó en la homilía. Las lecturas, incluyendo el Evangelio, fueron cantadas por sacerdote, con una voz asombrosa, por cierto (como le dije a Adela, aquí el más tonto hace relojes, en el tema musical, claro). La música era preciosa y sonaba de forma impresionante.

Pero más allá de la música, allí, en el corazón de esta Europa relativista, pasota y descreída del sigo XXI, se vivía la Eucaristía con una contagiosa alegría y devoción. Nadie tenía prisa, nadie bostezaba, nadie miraba el reloj. Todos cantábamos (o casi) y rezábamos. Fue un espectáculo maravilloso. Y vivimos esa Eucaristía sin entender apenas las palabras, pero entendiendo y viviendo intensamente todo lo demás.

Pensé a la salida que estos tiempos de crisis constante de fe en Europa, estos tiempos en que la Iglesia parece retirarse a sus trincheras en medio de tanta crítica e indiferencia, estos tiempos quizás sean también tiempos de poda, en que mueren muchas ramas pero otras, menos numerosas y más pequeñas, crecen con más fuerza y alegría, como seguramente crecían las primeras comunidades cristianas. Gracias al Geist, claro, que estuvo con nosotros también esa mañana.

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Se buscan mártires

Por: J. Lorenzo 14-06-2012

La muerte es una cosa muy seria,

 que no se toman a broma ni los cómicos más conspicuos. Le acaba de pasar a Santi Rodríguez, conocido humorista sobre todo tras su papel de frutero en la serie “Siete vidas” a pesar de su título, descatalogada de la parrilla televisiva hace ya unos años. Pero Santi, además de chistes, no tiene reparos en contarle su fe a quien se la pregunte. Y a alguno de sus más de cien mil seguidores en Twitter, eso no le ha hecho gracia y le han amenazado de muerte “por ser católico”. No es la primera vez que le sucede a un personaje popular. Hay mucho zumbado emboscado entre esos 140 caracteres, y para meter miedo nos basta una palabra. El caso es que Santi, junto con la denuncia al troll que le ha amenazado, le ha echado el cierre a su cuenta en esa  red social.

El asunto es triste, pero querer convertirlo en un caso paradigmático de la persecución a los católicos en España, país cuya Constitución cita expresamente a la Iglesia, parece un poco desproporcionado. Y da la sensación de que algunos están deseando encontrar un mártir (lo han intentado también con algún obispo) con el que puedan justificar su inquina al ver refrendadas sus teorías sobre el acoso que sufriría todo lo católico en nuestro país, cuando en la mayoría de los casos son sarpullidos que surgen de la mera convivencia democrática, algo a lo que parece que aún no nos hemos acostumbrado. 

Es cierto que crece en una parte pequeña de nuestra sociedad un cierto resentimiento contra Iglesia, la mayoría de las veces fruto de lo que les han contado y de lo que nos han entendido. En ambos casos brotan de prejuicios y desinformaciones que en nuestra mano está saber corregir simplemente con la verdad por delante, esa que nos hará libres y más dignos. Para empezar, podríamos preguntarnos, con humildad, por qué no nos quieren… Pero no lo haremos, porque empieza a escasear la caridad. Los mismos que buscan mártires para la causa emplean el tiempo sobrante (que es mucho) en perseguir a herejes y a denunciar heterodoxos con el mismo ahínco, pidiendo credenciales de cristiano viejo a obispos, laicos, curas, monjas… La diferencia es que estos nuevos policías de la fe lo hacen en nombre de Dios, aunque sea difícil de reconocer.

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Seamos amables

Por: Juan María Laboa 14-06-2012

Dice Jesús en el Evangelio de hoy:

” Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Sospecho que se puede ser mejor que los fariseos de muchas maneras, en aspectos transcendentales diarios, en pensamiento, palabra y obra, pero hoy quisiera centrarme en un aspecto, aparentemente, trivial, pero que considero importante.

A Henry James le preguntaron en una ocasión: ¿Qué es lo más importante que ha aprendido en esta vida”? y respondió: “Lo más importante es ser amable, ser amable, ser amable”. En el evangelio, la amabilidad aparece como una actitud muy propia de Cristo, y en la vida diaria constituye una cualidad propia de los seres buenos y humanamente grandes.

Ser amables, hacer felices a los demás, introducir un ambiente de simpatía y optimismo en las relaciones humanas, constituye un elemento fundamental de convivencia. Vivir civilmente, vivir amorosamente, vivir educadamente, favorece la vida comunitaria y la maduración de la sociedad civil.

Con un poco de buen sentido, un poco de tolerancia y un poco de buen humor, podríamos encontrarnos mucho mejor en una sociedad, a menudo, bronca y conflictiva, una sociedad en la que, a menudo, nos encontramos rodeados de masas, pero en la que vivimos con un individualismo atroz. La amabilidad, la paz y la alegría interior transforman a los interlocutores en ciudadanos y compañeros de camino. 

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Viernes de VIDA ETERNA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 14-06-2012

Frente a la búsqueda de la trascendencia, de eternidad,

 por medio del apego y la acumulación de los que hablaba en cierto modo hace una semana, existe una rara avis que la busca en la generosidad, la entrega y el difícil desapego.

Hace cerca de seis años, con las vacaciones a punto de finalizar, uno de esos luminosos días previos al mes de Septiembre, recibí una dolorosísima llamada en la que me comunicaban que Pablito no estaba ya con nosotros. ¡Se nos iba con solo 11 años! ¡Dios mío! ¿Cómo iban a superarlo sus padres, Ana y Peter? ¿Y sus hermanos?

A Ana, una de las personas más inteligentes que conozco, una muy querida y admirada amiga, la había conocido hace ya muchos años, estudiando inglés cuando éramos casi niños, y nuestras vidas se cruzaron nuevamente en Africa, donde puso sus conocimientos de medicina al servicio de los más pobres en una de las áreas más inhóspitas del continente.

Ana y Peter lo tuvieron muy claro. Pablo seguía con nosotros y en su memoria se constituiría una Fundación: www.fundacionpablo.org

Este pasado viernes hicieron, como cada año, balance de sus principales actividades. El Hospital pediátrico Pablo Horstmann que construyeron hace unos cuatro años sigue creciendo en Lamu, Kenya. Desde él siguen ofreciendo la mejor atención médica a decenas de miles de niños cada año. También siguen apoyando a las escuelitas de los turkana, en la frontera entre Kenya y Sudán, y han inaugurado ahora una clínica en Meki, Etiopía, haciéndose cargo también de una casa de acogida que con 35 niños huérfanos va a abrir sus puertas a otros treinta huérfanos más. En España realizan también una labor de voluntariado que llega a los más chicos ingresados en las unidades oncológicas trayéndoles alegría, compañía y diversión en tres de los principales hospitales madrileños.

El viernes por la tarde fuimos muchos los que acudimos un año más a escuchar a cada uno de los voluntarios y protagonistas, a disfrutar con tantas fotografías, con esos videos, a viajar con la imaginación a cada uno de los lugares a los que se extienden las cálidas manos de esta fundación.

Pero no era un acto más de otra organización. Os aseguro que los que allí estuvimos abrazamos y besamos a Pablito, lo tuvimos muy presente, lo escuchamos reir y aplaudimos su fortaleza escondida tras lágrimas emocionadas que recorrían esas mejillas que estoy seguro de haber visto y tocado este viernes.

Y una vez más recordé que la respuesta de Jesús cuando le preguntaban por el modo de alcanzar la vida eterna fue la parábola del buen samaritano.

Va por ti Pablito! Sigues con nosotros, y con Ana, y con Peter, y con tantos familiares y amigos, y con los niños de Lamu, y los huérfanos de Meki, y los niños de la planta de Oncología del Gregorio Marañón, o de la Paz… Y que gran regalo de fe la que tus padres nos siguen dando. ¡Muchas gracias Pablo por cuidar también de ellos!

Y por mostrarnos a los que somos más burros y aún nos cuesta reconocerla… ¡la vida eterna!

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El aborto fallido

Por: Alfonso Carcasona 10-06-2012

Una noticia que debería sobrecogernos solo ha tenido un pequeño hueco en las noticias de la semana

joven de 24 años ha conseguido que el médico que le practicó un aborto fallido le costee los gastos de su hijo nacido hasta su mayoría de edad.

El caso es que la responsable joven acudió a las ocho semanas de embarazo a que le practicasen un aborto. Algo fue “mal” (o bien, según se mire), y el embarazo siguió adelante. Creyendo estar embarazada de nuevo acudió, imagino que ya como una rutina, a que se le practicase un segundo aborto (que se sepa era, como mínimo, el segundo). Pero fíjate tú por donde, el mismo médico le dice que en este caso está de 22 semanas, y que legalmente no se lo puede practicar. Ante el follón que se le avecinaba, la “clínica” abortiva le dio diferentes soluciones –imagino que menos legales- costeándole todos los gastos de viaje y estancia. Pero la joven renunció, no porque le asaltase un atisbo de humanidad o de maternidad, sino que se asesoró y como le dijeron que podía ser ilegal, siguió adelante con el embarazo y denunció al médico.

Ahora la criatura ha nacido, un juez de palma ha condenado al médico (o a su seguro) a pagar 600.000 euros a la desconsolada madre. Esta ha comparecido ante los medios de comunicación y ha explicado, sin rubor, el caso. La única pregunta comprometida, políticamente incorrecta para nuestra cínica sociedad, representada por la joyita entrevistada, es la referente al hijo. ¿Y qué le dirá cuando crezca? ¿Cómo le explicará este desagradable incidente? La respuesta, más o menos fue la siguiente: “Bueno, intentaré que no se enfade mucho. Antes no quería que naciese, pero ahora que ha nacido, pues nada, sí que le quiero”. Ni un ápice de arrepentimiento en sus palabras. Mal futuro le auguro al chaval, y a nuestra atontada y dormida sociedad.  

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Prisioneros del silencio

Por: Juan María Laboa 10-06-2012

El cardenal Martini ha sido durante un cuarto de siglo

 testigo eminente del catolicismo renovado y propositivo. Para muchos constituía un punto de referencia y de esperanza y, en Italia, mantuvo intacto su prestigio en el mundo laico y más reticente con la Iglesia. Sus conversaciones públicas con intelectuales y exponentes de los medios fueron seguidas y comentadas, y sus opiniones nunca dejaban indiferentes. Se habló de que en el último cónclave, habiendo conseguido votos,  el cardenal anunció que estaba enfermo y no podía considerarse candidato.

Ahora tiene grandes dificultades para hablar y, en unas preciosas reflexiones, comenta que poco a poco se va convirtiendo en prisionero del silencio. Recuerdo lo que sucedió al papa Juan Pablo II cuando viéndose incapaz de comunicarse dio con la mano un fuerte golpe sobre la mesa. En realidad, estos dos personajes pueden o han podido expresarse de muchas maneras y quienes estaban con ellos tenían muchos medios para conocer su pensamiento. 

Siempre me ha parecido un elemento humano inapreciable la capacidad de administrar nuestros silencios. Los pastores en sus soledades, los cartujos y tantos otros religiosos en sus tiempos de encuentro con Dios y consigo mismos, los sordomudos o los ancianos que pasan sus días en puro abandono y silencio. ¿Qué hace con su tiempo un enfermo, aparentemente, en coma pero consciente?

¿Prisioneros del silencio o prisioneros de sí mismos, de la vaciedad de muchas vidas, de muchas maneras de ser? Dice el proverbio chino que, si no tienes nada que decir que sea mejor que el silencio, conviene callar. En realidad, el silencio nos confronta a nosotros mismos y es en ese momento cuando somos capaces de detectar nuestra insignificancia, la falta de riqueza interior, de ideas propias, de pensamientos contrastados.

En las comunidades de creyentes la dificultad de una oración personal tiene mucho que ver con la incapacidad de adentrarnos en nuestro interior  y de quedar en manos de Dios. Vivimos tan pendientes de la imagen que el discurso abstracto puede resultarnos muy penoso.

A menudo, se confronta en el creyente la fe serena de sus creencias y las dudas más o menos angustiosas. Una vida de oración, de reflexión y de lectura puede conseguir una síntesis personal en la que sobresale la autenticidad. En ese momento uno es capaz de adentrarse en los senderos más personales de la vida del espíritu y para ello es necesario el silencio, el descubrimiento de un mundo que nos hace más intuitivos, más conscientes de la complicidad de alma, cuerpo y naturaleza. Los místicos y los poetas y los grandes orantes saben mucho de esto y sobre ello han escrito páginas preciosas.

 

El silencio bien llevado, sobre todo, cuando uno es rico interiormente, lleva a hablar con el corazón. Para el que ama el tiempo es la eternidad y el silencio está poblado de afectos, de ternura, de generosidad. Me encontré hace unas semanas con una señora de 85 años en el descansillo de un hospital. Se sostenía sobre taca taca y caminaba abstraída. Hablamos largo rato y me explicó el abandono y marginación en el que había quedado. Cuando le pregunté si se encontraba angustiada o se sentía inútil, me contestó con una cierta sonrisa de complicidad: “sabe, creo que, mientras sea capaz de amar, todavía puedo ser útil”. Un silencio poblado de amor constituye un inmenso tesoro capaz de mantener airosas las bóvedas celestes y este mundo nuestro.

Nosotros que creemos en el Cuerpo místico de Cristo, en esos misteriosos vasos comunicantes que traspasan la bondad y la generosidad de tantos para compensar tanta vaciedad y egoísmo de otros, somos capaces de comprender que el estalinismo, que asesinó tantos millones de personas, o el nazismo que llegó a los extremos conocidos o Pol Pot, que realizó el genocidio de dos  millones de camboyanos, o tantos otros que en el mundo han sido, no han conseguido acabar con el futuro y la esperanza de la especie humana gracias a los millones sin nombre que con su dolor, su amor y su humilde sostén han sido capaces de mantener el fuego del espíritu y de la humanidad.

Creo que puedo afirmar algo parecido de este mundo de vaciedades, mediocridad, palabras inútiles, noticias y murmuraciones pestilentes, basura y pestilencia de todo orden, tan presentes en una era de comunicación malgastada. No consiguen contaminar del todo gracias a tantos silencios nutrientes, a reflexiones mantenidas, a caricias y sonrisas en los rostros de tantos ancianos doloridos que se han vaciado de sí mismos para darse a los demás.

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"Creer a"

Por: Xabier Azcoitia 07-06-2012

Las personas que participamos en ámbitos

 que tienen que ver con el final de la vida, más en concreto en la enfermedad avanzada en fase terminal, solemos describir como resultado de nuestra labor con personas que mueren “sentimientos de satisfacción y gratitud y una apreciación aumentada del ámbito espiritual y existencial de la vida”. Poco importa si quien se manifiesta  así es un profesional o un voluntario. Es cierto que no todo el mundo lo experimenta así, pero somos muchos quienes reconocemos que nuestra vida ha sido enriquecida, profundizada o potenciada tras la dicha de haber podido acompañar a pacientes o familiares que viven mientras mueren. Ellos son nuestros maestros y es de ese legado, de ellos recibido, de lo que quisiera dar testimonio mediante estas líneas.

Tal como dice K.D. Singh yo también he observado en el desempeño de mi trabajo con moribundos, que independientemente de lo complicado que haya sido el tiempo de enfermedad, el tiempo de morir es, en sí, seguro. Las personas que se encuentran en esa circunstancia poco a poco se van desentendiendo de lo exterior, muchos hacen un giro hacia el interior, hacia el centro de su Ser; en no pocos aparece un mayor sentido de lo sagrado, una sabia lectura de la vida, una actitud comprensiva y bondadosa sobre uno y sobre los demás. 

Es cierto que la mayoría de las personas cuando se encuentran en las fases iniciales de su enfermedad no desean morir,  pero tan cierto como lo anterior es que quienes en el proceso de la enfermedad ahondan en la profundidad de su Ser y se encaminan al centro de su yo, allí en lo más profundo, independientemente de que hayan practicado o no alguna vez en su vida, descubren la gran oportunidad espiritual de encontrarse con Alguien que es “más intimo a mí mismo que yo mismo” y en consecuencia, muchos finalizan este itinerario con el deseo de abandonarse en los brazos de Dios.

El término Fe proviene del latín fider y quiere decir confiar. Las creencias, como diría Gabriel Marcel son “creer que”, la fe en cambio es “creer en”. La fe cristiana  es “creer a”. 

Desde nuestra visión, la fe es un don. Nadie se da la vida a sí mismo, nadie se da la fe a sí mismo. No es extraño ver cómo las creencias se resquebrajan, como se resquebrajan los apegos y los egos y aparentemente todo tiende al caos; pero es más cierto aun que por las grietas resquebrajadas de esas creencias surge una fe que lleva a las personas en el final de su vida a confiar en el amor de Dios. A confiar en la plenitud de Dios. Y citando a Willigis Jäger a confiar que “el presente es el ahora eterno de Dios”. 

No son pocos quienes se acercan a Jesús al modo de la hemorroisa, o al de aquella samaritana que se acerco al pozo. Otros se acercan al estilo de aquel  ciego de nacimiento, y otros al modo de aquel leproso. Unos se asemejan al paralítico y muchos familiares a aquel centurión. Sino todos, muchos se acercan, inicialmente, creyendo en que Él puede hacer algo por ellos. Poco a poco observas que se acercan solo “a Él”. No lo dicen así, pero percibes que se acercan porque “solo Tú tienes palabras de vida eterna”. 

Y cuando parece que la muerte me lo va a quitar todo, y tras haberle dicho múltiples veces "aparta de mí este cáliz", desde la más humilde debilidad escuchas como hay quien dice "Confío en Tí. Hágase tu voluntad".  Aun me queda la libertad de confiar y abandonarme. No solo rendirse o resignarse, sino abandonarse.

Abandonarse como dice Edward Farrell es “cortar los hilos mediante los cuales se manipulan, controlan y dirigen las fuerzas de la propia vida. Abandonarse es recibir todas las cosas del mismo modo que se recibe un regalo, con las manos y corazón abiertos”. Abandonarse es lo que hizo Jesús. Quizá por ello, solo por ello, abandonarse a Dios, al modo de Jesús, es el punto culminante de la vida de todo hombre. Abandonarse y confiar. Confiar que a pesar de todo, nada malo va a pasar porque Tú estás conmigo.

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"DESHERENCIA"

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-06-2012

Hace 13 años tuve la enorme suerte de visitar

 un parque maravilloso en Zambia, un auténtico paraíso en el que pude ver al anochecer un leopardo cazando un pequeño antílope. Y como tantas veces en Africa, bajo las estrellas, en comunión con ellas, ese episodio me hizo pensar en nuestra naturaleza humana, en nuestra avaricia en este caso… El leopardo subió a una rama su recién cazado (inmenso) trozo de carne y lo degustaría los días siguientes hasta que volviera a tener hambre y se viera nuevamente obligado a cazar. El “Pan nuestro de cada día” propiamente dicho en contraposición con un ser vivo (nosotros) que decidiera que eso no era suficiente, que dejara a otro leopardo asalariado vigilando esa pieza mientras iba a cazar otro antílope más, y así infinitamente llenando las acacias de antílopes degollados, usando información privilegiada para robar antílopes a sus hermanos, corrompiendo a los leopardos vigilantes de otros árboles para repartirse su custodiado tesoro, o tal vez creando activos basura con opciones sobre antílopes inexistentes, e incluso, porque no, recalificando el parque de al lado para quedarse más antílopes que acabarían putrefactos colgados de la arboleda del parque.

Escapamos del Paraíso, de la ley de Dios, porque no queremos morir, queremos ser eternos, y para eso acumulamos indefinidamente convencidos de que así no moriremos nosotros ni nuestra estirpe. ¿Y cuál es el límite de ese juego de codicia? Yo no creo que lo haya. No hay más que mirar a personas que lo tienen todo y aún así se lo juegan todo para poder tener aún más. ¡No cabrían tantos nombres en esta bitácora!

Pero igual que existe la suma, también existe la resta. Uno de los hombres más ricos del mundo, Warren Buffet, cuando le preguntaban por la futura herencia de sus hijos contestaba que les dejaría “lo suficiente para poder ser algo pero no tanto como para ser nada”. Pues este es un comienzo, que podría ser mejorable si fiscalmente se potenciara un mayor reparto de las herencias… Pero ese no es el tema del que quería hablar, sino de la “desherencia” que debería potenciarse en los casos delictivos para la acumulación de capital (robo, corrupción, información privilegiada, estafa…).

Heredamos la calva, o la inteligencia, o la gordura, o cualquier virtud o defecto de nuestros progenitores, y del mismo modo heredamos también sus bienes legalmente transmitidos a sus hijos. ¿Y por qué no la obligación de restituirlos en casos como los ya comentados? Entiendo que al hijo de un asesino no haya que meterlo en la cárcel por el delito cometido por su padre, pero el hijo de un secuestrador, si a la muerte de su padre siguiera manteniendo en un zulo a la persona secuestrada por su padre, sería encubridor y cómplice al principio, pasando a la muerte de su padre a convertirse en autor penalmente responsable. ¿Por qué no se responsabiliza al hijo que se adueña de los bienes que el padre robó en su día y continúa produciendo el mismo daño a los accionistas estafados o a los ciudadanos desposeídos?

Prescripción le llaman…

 

Poderoso caballero… 

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Exenciones y otras drogas

Por: J. Lorenzo 04-06-2012

Bien, ya estamos donde solemos en estos pagos:

enfrascados en diálogos glandulares, ocupados en secreciones variopintas. La polémica sobre la exención del IBI a la Iglesia ha entrado en una nueva fase tras el golpe de pecho dado por el PSOE impulsando en todos los ayuntamientos un modelo de moción para solicitar que se gire este impuesto a los inmuebles registrados a nombre de la Iglesia (ahora añaden también el de otras confesiones religiosas) cuyo destino no esté vinculado al culto, así como una revisión de los Acuerdos de 1979 entre España y la Santa Sede. Era previsible en un partido que se quedó con las ganas de una reforma de la ley de libertad religiosa cuando pudo hacerla; no lo fue tanto que quienes comenzaran este acoso fuesen ayuntamientos vinculados al PP. Como también es previsible que la medida se quede en poco más que en fuegos de artificio, porque las corporaciones poco podrán hacer frente a las disposiciones legales, a las que los responsables de todas las confesiones afectadas se agarrarán, hurtando un debate sobre la conveniencia de este modelo en este momento de recesión brutal, y ahondando en el descrédito de las religiones (bueno, de unas más que otras). Y hablando de descrédito, ¿cómo hemos podido dilapidar en tan poco tiempo el que la Iglesia había levantado durante los últimos años del franquismo y en la Transición? ¿Podrá volver a recuperarse algún día?

En todo caso, este asunto del chocolate del loro que es el IBI para el agujero negro que tiene nuestra economía tiene un tufillo claramente narcotizante. Se agitan los tópicos de los privilegios, se vierten en un molde laicista y se le añade un poco de elixir comercial y el vapor resultante te lleva del estado de malestar en el que está la sociedad a culpar a Rouco de la caída de Lehman Brothers. Y de paso nos olvidamos de Bankia, de los 20.000 millones que nos va a costar y de investigar el papelón que jugaron en ella los consejeros políticos y sindicales (de todos los colores) que estuvieron bajo sus ubres hasta antes de ayer. 

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La Roma sin mayordomos

Por: Juan María Laboa 01-06-2012

Roma cristiana nació gracias a la solidaridad

 de unos pocos cristianos nuevos, alejados de la corrupción existente y desentendiéndose de los caprichos de los emperadores. Fue una comunidad admirada por su generosidad para con los necesitados de todo género, se sentían hermanos y actuaban en consecuencia.


Muchos de ellos murieron en el coliseo por fidelidad a su fe causando la admiración de gente descreída que jamás se hubieran sacrificado por nadie. Aumentó el numero de las comunidades y no faltó el pecado, pero la mayoría mantuvieron con entusiasmo su identidad, Comenzaron los herejes a crear dificultades y, a medida que aumentaba su importancia, aparecieron los interesados, pero el sentido de comunión de las pequeñas iglesias prevaleció.


El Imperio era mucho Imperio y el ansia de poder constituye una de las pasiones y de las tentaciones más comunes al género humano. Con la protección del Imperio aumento el prestigio eclesial y su influjo y, a menudo, los hombres de Iglesia olvidaron el mandato de Jesus: "vosotros no así", pero nunca faltaron los santos, los profetas y los locos de Dios que recordaron "polvo eres y en polvo te convertirás".


En la Iglesia no tiene que asombrarnos que exista el pecado en todas sus formas en los pliegues de los mantos y de las mitras. Tendría que preocuparnos si no contamos en todo momento con cristianos que aman, que reprendan, que señalen el mal, que azoten con su ejemplo y su palabra a cuantos son incoherentes con cuanto representan y predican.

En Roma y en la Iglesia entera han abundado siempre los mayordomos infieles, pero no importa si sobreabundan los pobres de Jahvé, las hermanitas de Calcuta, los hermanitos de Foucauld, los obispos que trabajan hasta extenuarse por el reino de los cielos.


Sigamos defendiendo cuanto sonó el concilio: más comunión y austeridad, menos tramoya y ambición en una curia desproporcionada, inflada y degenerada en su concepción, más responsabilidad en las Iglesias locales y, sobre todo, más presencia operante y respetada de los laicos.


Aunque no se admita, ha llegado el momento de la esperanza y del cambio: quitar el polvo acumulado por los siglos, poner al ser humano en el centro de la atención de la Iglesia, Cristo es el único Señor, la única piedra angular, y cuando predicamos a Cristo no tenemos que predicarnos a nosotros y tenemos que hacerlo de forma que los cristianos entiendan, y cuando celebramos la eucaristía tenemos que hacerlo de forma que los fieles entiendan y participen, y cuando presidamos la comunidad tenemos que hacerlo que solo Cristo preside y nosotros no le sustituimos sino que somos solo siervos infieles.

En este momento de chismes, dimes y diretes, desconcierto y escándalo, seamos conscientes de que no tenemos que quedarnos mirando el dedo sino lo que este señala, y en la Iglesia sólo se señala a Cristo. Todos los demás, del papa a bajo somos siervos inútiles. Y no digamos nada los mayordomos infieles, por mucho solideo que luzcan.

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SECRETAS PALABRA DE VIDA 15.- QUIRÓGRAFO

Por: Dolores Aleixandre 31-05-2012

"Nos complace mucho comunicarle que un cliente de nuestro banco

que no ha querido identificarse, se ha hecho cargo del total del débito de su hipoteca. Puede pasarse por nuestra oficinas para firmar su cancelación definitiva”. Esta situación,  tan improbable como la de que el beneficiario de un pagaré lo rompa en presencia de su deudor, es precisamente la que evoca la carta a los Colosenses: “Dios os ha dado vida con Cristo, perdonando todos nuestros delitos y, cancelando el recibo (quirógrafo) que nos pasaban los preceptos de la Ley,  lo quitó de en medio clavándolo en la cruz” (Col 2, 14). Quizá el quirógrafo designaba el “libro divino” del que hablan muchos escritos judíos intertestamentarios en el que están consignados los pecados humanos. La anulación de esa deuda consiste en un perdón gratuito de esos pecados y en su desaparición total y definitiva.

En los iconos de la Iglesia de Oriente Jesús aparece con frecuencia llevando en su mano un rollo de pergamino (“escrito a mano”, de ahí lo de “quirógrafo”) que simboliza un supuesto documento jurídico donde queda cancelada nuestra deuda, consumando así nuestra reconciliación con Dios

Estamos ante una metáfora bellísima que puede ser interpretada de dos maneras: cargando sombríamente el acento en nuestra condición de “deudores” y reforzando nuestra conciencia de culpa; o celebrando el aspecto luminoso de su simbolismo: Cristo enarbola triunfante el “documento” de nuestra liberación, recordándonos al mismo tiempo con las heridas de sus manos, que el amor tiene siempre un precio. La carta a los Efesios dice lo mismo con otras palabras: “De balde os han salvado en la fe, no por mérito vuestro, sino por don de Dios; no por la obras, para que nadie se jacte. Sois una obra de arte de Dios” (Ef 2,8).

Si estiramos un poco más el símbolo, podemos reconocer que, a la hora de relacionarnos unos con otros, todos somos portadores de un quirógrafo particular en el que llevamos escritos los fallos y defectos de los otros, junto con  lo que creemos nos “adeudan”. Vamos apuntando en ese particular libro de contabilidad las carencias, deficiencias y errores ajenos y, cuando entramos en relación con ellos,  ese quirógrafo invisible se interpone entre nosotros y nos distancia.

En el texto evangélico en que Jesús cura al paralítico al que habían descolgado por el tejado, le dice antes de curarle: “Hijo, tus pecados están perdonados” (Mc 2,5). Podemos visualizar la escena imaginando a Jesús rompiendo en pedazos el quirógrafo de las culpabilidades de aquel hombre, como si le dijera: “No hay nada que se interponga entre tú y yo;  entre nosotros no existen barreras, ni distancias, ni reproches”. 

¿Qué ocurriría si fuéramos al encuentro de los otros “sin quirógrafo”?. El gesto de dar la mano de alguien expresaba en la antigüedad la ausencia de armas amenazadoras ¿no podría decirle al otro silenciosamente que llevamos la mano libres para ir a su encuentro?

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MARAVILLOSO

Por: Santos Urias 31-05-2012

Durante toda esta semana hemos estado viendo en las tutorías

del colegio de aquí del barrio un fantástico corto que anda circulando por la red: El Circo de las Mariposas. Es una bonita historia sobre la superación personal, una mirada positiva hacia el ser humano, hacia sus capacidades; una pequeña parábola sobre la felicidad. 

Hay una frase reiterativa a lo largo del metraje que uno de los protagonistas, el director del circo, no cesa de decir: “eres maravilloso; es una maravilla; el mundo está necesitado de pequeñas maravillas…” Frente a la visión tétrica y pasiva del que ahonda en las miserias de los demás o en el paisaje desolador que nubla la vista, nacen las pupilas de aquellos que saben ver las mariposas que preñadas en sus sedas, ansían salir volando por las esquinas, llenando de colores cada rincón gris, cada desaliento y cada falta de fe. 

Me llamaba la atención ver a algunos chavales taparse la cara para cubrir ciertas lágrimas furtivas que se escapaban sin pedir permiso. Llorar en clase no es muy frecuente. Expresar sentimientos profundos no es muy frecuente. 

Y una pregunta al auditorio: ¿Alguien nos ha dicho alguna vez que somos maravillosos? ¿Alguien nos ha hecho sentir alguna vez que somos maravillosos? Silencio. Como dice la expresión popular: “ha pasado un angel”, o una mariposa… 

Pues lo somos: eres maravillosa; eres maravilloso. No lo olvides. Dios nunca lo ha olvidado. Y a otra cosa mariposa.

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Al César lo que es del César

Por: Alfonso Carcasona 31-05-2012

Reconozco que he sido bastante crítico en esta columna

 acerca de la política de comunicación que hace nuestra jerarquía ante los problemas actuales.

De hecho, criticaba la semana anterior las palabras del presidente de la CEE acerca de la repercusión que el pago del IBI podía tener en la labor caritativa de la Iglesia, y en concreto de Cáritas.

Pues bien, a la semana de esas desafortunadas manifestaciones, D. Isidro Catela,  director de la Oficina de Información de la CEE ha salido al paso de las mismas, con un documento breve, claro e irrebatible titulado “10 preguntas, 10 respuestas sobre la financiación de la Iglesia y régimen de fiscalidad” (http://www.agenciasic.es/2012/05/31/10-preguntas-10-respuestas-sobre-la-financiacion-de-la-iglesia-y-regimen-de-fiscalidad/).

El documento responde a las preguntas que se hacen en la calle, sin ningún tipo de cabida a la demagogia. Preguntas acerca de si el estado financia a la Iglesia, o si esta paga el IBI o la tasa de basuras, o quien y qué es Cáritas, o si la Iglesia ahorra dinero al Estado, son contestadas en muy pocas palabras, con datos.

Las únicas preguntas que me quedarían por responder son menores al lado del decálogo de respuestas que contiene el documento: ¿por qué no se contesta desde un primer momento así a los medios, cuando la campaña viene de lejos? ¿no estaba preparado el cardenal Rouco para esa pregunta? ¿o sí? ¿cómo vamos a dar difusión los católicos a este documento, de manera que restañemos la herida causada por las declaraciones de la semana pasada? (ésta reflexión es mi pequeño granito de arena a la causa) ¿seremos capaces de continuar con esta política de comunicación?

En definitiva, enhorabuena y gracias D. Isidro. En el próximo debate que se abra, por favor, plantéense responder con la misma claridad y contundencia.

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"El Señor me quiere despojada de todo"

Por: Jose Maria Marquez Vigil 28-05-2012

Hermana María Mallo recién llegada a España tras huir de Mali por el desierto

Esta semana se cumplirían los 30 primeros días de gobierno del nuevo presidente electo del Mali. Ya se conocería el vencedor de los últimos comicios democráticos, los últimos tras 20 años de democracia, y el presidente Touré (popularmente conocido por sus siglas, ATT) habría traspasado ya los poderes tras haber agotado ya dos legislaturas en el poder (razón por la que no se iba a presentar).

Pero el capitán Sanogo dio un golpe de estado un par de meses antes ya que “no le gustaba el modo en que ATT estaba manejando la crisis del Norte”. Una razón que, si no fuera por las trágicas consecuencias de este golpe de estado, sonaría a ocurrencia humorística de Tip y Coll. ¿Un golpe de estado para derrocar a alguien que iba a dejar el poder democráticamente un par de meses más tarde? Pero puede ser aún más absurdo, ya que a partir del golpe de estado se recrudeció la revuelta de los tuaregs en el Norte, los cuales se levantaron en armas para proclamar su independencia con la colaboración de una fuerte potencia extranjera (Al Qaeda según unos, Francia según los otros).

Por supuesto nada de esto es tan absurdo como parece cuando se empieza a reconocer el tufillo de una lucha por el poder económico. Desde que se descubrieron importantes yacimientos petrolíferos en el norte del país, esta gran zona trapezoidal de Mali otrora dibujada por los colonizadores para repartir un desechable trozo del desierto, ha pasado a figurar en las agendas de los americanos, chinos, y ahora de los franceses que se habían sentido perjudicados en sus intereses.

Fuera cual fuere la razón (o sinrazón) de este nuevo conflicto, a la hermana Maria Mallo la encontró en su Misión en plenas actividades educativas para las mujeres. Las hermanas de San Jose de Cluny llevaban varios años levantando su Misión para escolarizar a los más pequeños y capacitar y promover la independencia económica de las mujeres. Desde Africa Directo habíamos colaborado con ellas para mejorar el programa educativo y la pasada semana me encontré a Sor María en nuestra humilde oficina para contarme que había regresado sana y salva y explicarme los pormenores de estas últimas semanas.

Había escuchado bombardeos, cada vez más cerca, y cuando sintió realmente el pánico de la gente supo que había llegado la hora de dejar la Misión muy a su pesar. La Sharía (ley islámica) se había impuesto ya hacía unas semanas hasta el punto de imponer fuertes palizas a ciudadanos por el mero hecho de hablar por un móvil o escuchar música, muestras de la presencia del diablo según estos fanáticos que no son sin embargo capaces de descubrir al diablo en su fanatismo ni en su violencia y sadismo. Una mujer, según me relataba Sor María, recibió una enorme paliza por hablar con dos hombres por la calle (los cuales, para colmo, no eran sus pecaminosos amantes sino… ¡sus propios hijos!). Pero ahora iban a por ellas, según las informaron, y debían huir ya que eran un botín apetitoso para los terroristas que instigaban toda esta violencia.

Una hermana se quedó petrificada y empujada por Sor María decidió finalmente coger una maleta negra. Una maleta que, presa del pánico, había olvidado llenar de ropa o elementos con algún valor económico o sentimental. Sor María mientras tanto se despidió del Staff de la misión pagándoles algo parecido a una indemnización por cierre de negocio, y echo una última mirada a las bonitas aulas con su mobiliario, con sus perchitas, armarios… Sabía que iban a pasar muchos años hasta que estos niños pudieran volver a alfabetizarse, si es que algún día pudieran volver a tener esa oportunidad. Sabía que no volvería a abrir su ordenador, que no recuperaría tanta información acumulada, que no volvería a ver estas lustrosas puertas ni estas paredes recién pintadas que me enseñaba con tanta ilusión en una veintena de fotos que había podido llevarse consigo. “Todo destruido”, me decía. “El Señor me quiere despojada de todo”.

Esa frase, o algo similar, se la había escuchado ya a alguna otra misionera que había tenido que abandonar forzadamente la misión de sus ruegos, sus sueños, sus esfuerzos, sus oraciones…

Y me sigue sorprendiendo como el primer día… La fuerza de la fe, el positivismo de una religiosa que tras huir por el desierto en un vehículo con balas de ametralladoras silvándole la cabeza, tras dejar atrás a su gente, su trabajo, sus sueños y “pertenencias”, es capaz de brillar mientras bebe un largo sorbo de este amarguísimo cáliz.

Siempre que me encuentro cara a cara con el desapego de estas “cracks” de espiritualidad, me restriego lo lejos que estoy aún y el largo (infranqueable) camino por recorrer.

Tampoco pude dejar de acordarme de Pilar, la madre de Ainhoa, que nos había llamado esa misma mañana a Africa Directo. Allí se supone que está Ainhoa secuestrada desde hace ya más de medio año. En el Norte de Mali. Esperemos que la legión de ángeles que acompañaron a la hermana María por el desierto estén ahora con nuestra Ainhoa.

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Nuestra generosidad en tiempos de crisis

Por: Alfonso Carcasona 26-05-2012

Durante los años de bonanza he dedicado una pequeña parte de lo que ganaba

 a la caridad. Incluso, como me iban bien las cosas, me iba antes del trabajo y dedicaba un poco de tiempo a gente con menos recursos. Pero ahora que viene curvas, que gano menos, que tengo que trabajar más, tendré que reducir mis donativos, y por supuesto, ya no podré acompañar a esas personas. Desafortunadamente, primero tengo que mantener mi ritmo de vida –que ya está sufriendo- y ya no me sobra ese dinero y ese valioso tiempo. 

Claro está que la jerarquía del club al que pertenezco con orgullo, la Iglesia Católica, está en la misma línea. Decía nuestro cardenal que si la ley le obliga a pagar el IBI lo hará encantado, pero claro, “…en detrimento de otras acciones”, que los medios, tan atentos siempre, enseguida han entendido y titulado como “obra caritativa”. Como caridad significa amor, si la Iglesia paga el IBI será a costa de menguar sus actividades en el ámbito del amor, precisamente la única definición de Dios que existe en los Evangelios… Curioso.

Ya he reflexionado anteriormente sobre la comunicación de nuestra conferencia episcopal, de cómo la aleja de los no creyentes, e incluso irrita a los que nos precisamos de serlo. Pero ¿cómo se puede decir que si se paga el IBI afectará a otras acciones, sin precisar que de ningún modo, o que las últimas en verse afectadas, serían precisamente las relativas a Cáritas (que llega a mencionar un par de párrafos más abajo, por si quedase alguna duda), o las relacionadas con la caridad?

Estoy plenamente convencido de que mi Iglesia, incluso la parte relativa a los jerarcas, buscará con toda su energía seguir acompañando al solitario, vistiendo al desnudo, alimentando al hambriento, educando al menos favorecido, cuidando enfermos… A pesar de pagar el IBI, si llega el caso.

Como yo, a su vez, intentaré redoblar esfuerzos, ya que, por muy mal que llegase a pasarlo, seguiría siendo un privilegiado. Muchos de mis hermanos necesitan de mi obra caritativa, por insignificante que sea. Aunque me suban los impuestos, aunque gane menos dinero, aunque trabaje más horas y con más estrés. 

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Si queda poco tiempo conviene centrarnos

Por: Juan María Laboa 25-05-2012

En la vida nos acechan dos realidades que estúpidamente intentamos olvidar:

el que nos espera la eternidad y el que no tenemos tanto tiempo a disposición. “El carpe diem” clásico puede tener una traducción positiva: aprovecha inteligentemente el tiempo que tienes a disposición, y otra disfuncional: disfruta cuanto puedas el momento que vives porque todo se acaba.

 Nada puede enseñar más que el ser consciente de que te queda poco tiempo, pero, también, nada ayuda más a perfilar cuidadosamente la vida que el saber que hay un después tras el ahora. La cercanía del fin terreno obliga a priorizar, a valorar lo importante y a relativizar aun más las menudencias. La muerte próxima nos fuerza a examinarnos con honradez y a conocernos mejor. Y digo próxima en cualquier caso, tengamos la edad que tengamos, porque “tempus fugit”, el tiempo transcurre tan velozmente que el mañana siempre está en el ahora. En ese momento valoras con intensidad la familia, los amigos, lo que quieres dejar detrás de ti. Quien tiene sentido de la limitación del tiempo disponible tiene más capacidad y generosidad para preocuparse por las generaciones futuras, por la herencia que va a transmitirlas.

La vida es lo que más de cerca nos ha tocado vivir, pero tener en cuenta la muerte, ese misterio aparentemente intangible y siempre ajeno, puede centrar, valorar y encauzar esa vida.  

 Sintiéndose próximo al fin es más consciente de su responsabilidad con las generaciones futuras, lo contrario de cuanto sucede en nuestros días en los que parece que nadie tiene en cuenta que no podemos endeudar a las generaciones futuras ni podemos dañar un mundo que no es nuestro y que pertenece, también, a quienes aun no han nacido.

Ser consciente y enseñar a nuestros hijos desde su niñez que nuestra vida tiene un futuro más allá de la muerte no condiciona nuestra vida, la redimensiona y enriquece. Quien no teme la muerte, porque la considera transitoria, es inmortal. Por el contrario, aunque la certeza de la muerte y del amor recorren nuestra vida, si no somos conscientes de ello, caemos en la levedad y la mediocridad absoluta.

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¿Debe la Iglesia renunciar a algunos derechos?

Por: J. Lorenzo 21-05-2012

Se dice que el hambre agudiza el ingenio,

 lo que traducido a la famélica realidad de los ayuntamientos, les lleva a maquinar lo que sea para arañar recursos. Como al ciudadano le queda poco de donde aflojar, y además la indignación le asoma a flor de piel, los medios de comunicación les dieron la idea a las corporaciones: si, como dicen, la Iglesia no paga impuestos y vive en un paraíso fiscal, y además, tiene el mayor patrimonio inmobiliario del país, a pesar de lo cual el Estado –que recorta en sanidad y educación- costea la nómina de obispos y curas, ¿quién se va a oponer? Incluso los regidores, de los que van con el bastón de mando a misa y ponen cara contrita en las procesiones, podían imaginar en esa medida el aplauso de no pocos. Ni siquiera cuando se toparon de bruces con los Acuerdos Iglesia-Estado y la Ley de Mecenazgo se achantaron. Pues que paguen al menos por la retirada de la basura de las propiedades eclesiales que no estén dedicadas al culto, pensaron.

Pues en esas estamos, cada vez con más municipios que recaban estudios jurídicos para ver si esa medida puede llevarse a cabo. Y puede que esté bien que así sea en un momento de gran incertidumbre económica y social, con la amenaza de un “corralito” flotando en el ambiente. Al fin y al cabo, también eso es comunión de bienes. Pero, para ser del todo justos, la medida habría que aplicársela también al resto de instituciones que se benefician del mismo “privilegio”, y que los medios ocultan: partidos políticos, sindicatos, ONG, locales no dedicados al culto de protestantes, musulmanes judíos, embajadas… 

Quizás no sea el momento para que la Iglesia se enroque en una defensa numantina de unos derechos que, efectivamente, puedan ser vistos como un privilegio propio de otras épocas. El argumento de su legalidad es irreprochable, aunque las consecuencias para la pastoral puedan ser desoladoras. En este sentido, habría que valorar si lo que dejaron dicho los padres conciliares en la Gaudium et Spes, en el sentido de que la Iglesia “renunciará al ejercicio de ciertos derechos legítimamente adquiridos tan pronto como conste que su uso puede empañar la pureza de su testimonio”, tiene o no fundamento hoy.

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Patio de los Gentiles

Por: Juan María Laboa 19-05-2012

Durante este viernes y sábado se está celebrando en Barcelona

 una sesión del Patio de los Gentiles, el tercero de una serie que comenzó en Bolonia y siguió en París, un intento sugestivo de mantener un cierto diálogo entre fe católica y cultura laica, de plantear miradas de largo alcance sobre las grandes preguntas. Arte, belleza y trascendencia, estética y religiosidad como apertura hacia lo infinito, en un marco que suscita sentimientos de admiración: el Museo Nacional de Arte de Cataluña y la Sagrada Familia. Palabra, música y arte inspirados por el Cristo Panthocrator del san Clemente de Tahüll.

El cardenal Gianfranco Ravasi señalo que “el verdadero arte es como una herida, genera inquietud, no deja indemne, indiferente”, porque es capaz de plantear y ofrecer el sentido de la vida. Tampoco la presencia o ausencia de Dios puede dejarnos indiferentes. Belleza y bondad son los atributos de la divinidad, escribieron los filósofos griegos, y el cristianismo ha desarrollado en su historia el amor, atributo y definición de Dios, y el arte, que con tanta constancia y brillantez ha acompañado su historia.

Los catalanes han demostrado en esta ocasión la capacidad de diálogo, de encuentro interesado y constructivo entre la inquietud cognoscitiva y la artística. En las reflexiones que ayer plantearon conocidos intelectuales y artistas, la palabra sobrevoló en una sociedad en la que sobran palabras pero permanecemos cortos de sentido. El sábado por la tarde terminará el encuentro en la basílica de la Sagrada Familia, un espacio en el que Dalí presentó con arquitectura y escultura sus propuestas y convicciones humanas y religiosas.

El año pasado intentamos celebrar en Madrid esta mirada del y en el Atrio de los Gentiles, pero no fue posible por desidia y, sobre todo, por soberbia.

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RECESION SOCIAL Y ECONOMICA=DESCALABRO SOCIAL Y ECONOMICO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 19-05-2012

Cuando nos juzguen generaciones venideras

 “… no les parecerá lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas." (Martin Luther King)

Y así, sin hacer mucho ruido entre primas de riesgo, corralitos, enfrentamientos en Gibraltar y amoríos de sus majestades, se acaba de aprobar este jueves en el Congreso el decretazo de la reforma sanitaria.

Al día siguiente, una magnífica persona (sin papeles), me dio una lección de economía keynessiana… “¿Pero que se creerán que hago con los 500 euros que gano? Alquilo un apartamento compartido, compro comida, pago mis llamadas y sms del móvil, mi abono de transporte... ¡Lo dejo todo aquí! ¿Y si ahora enfermo? Me tendré que asegurar en sanitas, pero ¿de dónde saco este extra ahora?”

Nuestro Gobierno está recortando y cada vez me parece que lo estamos haciendo peor. Por cada 100 que ahorramos, dejamos de ingresar 300. Personas que trabajaban y compraban, y pagaban, y consumían… Están en la cola del INEM, sin consumir o al menos bajo mínimos. Menos ventas para el frutero, el pescadero, el kiosko, el bar (bueno, el bar no lo sé porque como no nos metamos un pelotazo de dyc a palo seco, a ver quién sobrevive a todo esto…).

Pero lo peor es que unas horas más tarde hablo con dos buenas personas, dos personas españolas que empiezan a dar la razón al decretazo. “¿Porqué tengo que pagar yo la sanidad de un extranjero? ¿Y si no quiero? Reconozco que cada vez me estoy volviendo más racista porque me estoy cansando ya de…”. Palabras textuales de buenas personas. Y me da mucha pena. Intento rebatirles. Intento decirles que yo tampoco necesito que el Gobierno subvencione la escuela pública en Sigüenza ya que no conozco a nadie ahí, ni que reparen la carretera de Cartagena a San Javier… Que podemos ser totalmente liberales o intervencionistas, pero en el medio está la virtud. Les intento hablar de solidaridad, de justicia, pero me siento como si estuviéramos en la Alemania del 38. Y entre tanto la extrema derecha avanza en Europa…

“Ich habe es nicht gewusst” (yo no sabía nada) decían en Alemania las “buenas personas” cuando años más tarde eran juzgadas por su apoyo a los nazis y sus campos de exterminio. Porque como dice la oración, “yo confieso… que he pecado… de pensamiento, palabra, obra Y OMISIÓN”. Y esto está ya empezando a ser omisión de auxilio debido, y nos juzgarán por ello.

¿Y cuándo te vi hambriento y deje de darte de comer, o te vi sediento y no te di de beber? Me parece que todos conocemos de sobra la respuesta…

¡Y yo que pensaba que España iba mal con Zapatero! De Málaga a Malagón…

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