Martes 12 de Noviembre 2019

Santos Urias

Contador y cantador de historias. Aprendiz de lo eterno. Buscando día a día, en los margenes de la vida, esa sabiduría escondida y humilde, la sabiduría del corazón...

CUÉNTAME UN CUENTO

Por: Santos Urias 15-04-2012

Casi dormido, acurrucado en un rincón de la cama,

 con esa luz tenue que acaricia los párpados. El sueño y el cuento se mezclan como la fantasía y la realidad: “érase una vez que se era…” Y arranca el viento de la voz cálida y envolvente, la que te traslada al centro del espíritu, donde las aguas primordiales se convierten en deseos y los primeros animales reptan por el sol. Sólo sé viajar a través de los sentidos, respirando profundo, tocando la piel, escuchando los ecos de la música celeste, saboreando los silencios, cortejando con mi mirada el vuelo de un pájaro. Y sigo ahí, debajo de mi edredón, con los barcos navegando entre mis piernas, con las hormigas mordiéndome los dedos de los pies. 

¿Quién puede creer en un mundo sin cuentos? 

La palabra del anciano se ha escondido tras las botellas de cristal: no nos reúne la sabiduría, nos congrega la evasión, o los falsos profetas; llenos de voces sin sonidos, articulando en blanco y negro, con subtítulos y fotogramas perdidos. Quiero escuchar al que conoce, al que el tiempo le ha sembrado la vida de margaritas y girasoles. Los palabreros no cantan sólo se escuchan a sí mismos. 

Por eso el cuento me arrulla, me deja soñar y dormir tranquilo. Como la niña que sin miedo se queda acurrucada mientras su madre la observa. No hay miedo, sólo la confianza del que cree. 

Cada noche vuelvo a pensar en la vida y en la muerte, en lo que la jornada me ha regalado, en el tiempo que inexorable va mordiendo mis entrañas. Y así entre callado y cautivo, vuelvo a asomarme a tu pecho y a pedirte como un niño: Por favor, cuéntame un cuento. 

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LA FIESTA DE LA LLUVIA

Por: Santos Urias 30-03-2012

Dicen que hemos vivido una de las sequías

más grandes desde hace cuarenta años. El anticiclón hace barrera y no deja entrar a las borrascas para que den un respiro a los campos, a las cosechas, a los pastos, al ganado, al aire saturado de monóxidos y contaminación. Ya se comentaban pérdidas millonarias en la fruta, en la verdura. Las granjas tampoco pueden sostener gastos tan elevados de piensos. Los embalses empiezan a verse en mínimos y se vuelve a hablar del fantasma de las restricciones de consumo. 

Una vez más la naturaleza, caprichosa e impredecible, vuelve a colocarnos en el lugar de la humildad. La lluvia, como tantas cosas en la vida, como lo esencial, sigue siendo un regalo, un don. Intentaremos y conseguiremos parcialmente manejar la meteorología, pero como el humo se nos escapara repetidamente de nuestras pretenciosas manos. 

Thomas Merton en un fantástico libro, “Incursiones en lo Indecible”, lo expresaba con una gran belleza y una delicada mística: “Claro que la fiesta de la lluvia no puede ser detenida, ni aun en la ciudad. La mujer de la tienda sale corriendo por la acera con un periódico por la cabeza. Las calles, lavadas de repente, se ponen transparentes y vivas, y el ruido del tráfico se vuelve un salpicar de fuentes. Uno creería que el hombre urbano bajo un aguacero tendría que darse cuenta de la naturaleza en su humedad y su frescura, su bautismo y su renuevo.” 

Llego a casa por la noche y ha comenzado a llover. El agua golpea con su repique en los tejados. Serpentea, corre, empapa y seduce al cemento con sus brillos de colores. Miro al cielo sin estrellas y me inundo de lágrimas sin sal. Permanezco un rato así, dejándome bañar por el agua viva, límpida, serena… 

La fiesta de la lluvia no puede ser detenida: salta de un lado para otro, se derrama, se desborda; una medida remecida, rebosante, donde sumergirnos y danzar, danzar, danzar, para nacer de nuevo. 

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COMO UN ALIENTO

Por: Santos Urias 16-03-2012

Se celebraba este pasado 8 de marzo el dia de la mujer trabajadora.

Una vez más convocatorias, reivindicaciones, controversias, ideologizaciones desde uno y otro lado sobre lo que es la mujer, sus derechos, su emancipación. Sin duda, debates que mantienen vivo el papel de aquellas que son un punto de referencia para nuestra sociedad, para nuestro mundo, para nuestra iglesia. Desde el afecto de la infancia, a la incondicionalidad de tantas vidas, o a las vejaciones muchas veces consentidas, silenciadas. 

Pero mucho más allá de las proclamas, tantas llenas de sentido y otras producto del resentimiento o del dolor, el foco ese día se concentró en una imagen: Tara. Una joven adolescente de trece años que sin saber muy bien la razón, sin mezclar ideologías, ni reivindicaciones, sin premeditación, ni miedo, y porque llamó la atención de algún busca páginas de internet, rescató un aliento sencillo, callado, pero lleno de música y color. La pequeña iraní se expresaba con el corazón y con la voz sin reparar en que alguien captaría su video para los telediarios y las portadas de muchas webs. Hizo de la fascinante canción de Adele, Someone Like You, un verso en el tiempo, una semilla de mostaza, una flor que se despierta. 

Muchos dijeron que se había enfrentado con el régimen, que había transgredido las asfixiantes y restrictivas normas de los Ayatotolás, que era un desafío. Sus amigos saltaron de inmediato a la red: era algo familiar, sin pretensiones, como la respiración, como las estaciones del año. Un aliento sencillo, el que mueve la vida, el que la transforma de verdad, desde dentro, a golpe de corazón y de canciones. 

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EL LABERINTO DE LOS ESPEJOS

Por: Santos Urias 02-03-2012

De pequeño y quizás por alguna reminiscencia cinematográfica,

me encantaban los laberintos de espejos. En el Parque de Atracciones de Madrid había uno. Entrabas y nunca sabías por donde seguir, viéndote reflejado en todos los lados, provocando la confusión óptica, con el peligro de chocar contra ti mismo. 

Una buena parábola de algunos aspectos de nuestro mundo actual. Acentos del individualismo que no para de mirarse a sí mismo. Solitarios que se buscan en los periódicos, en la webcam, en el bar ausente de diálogos, en los espejos múltiples y diversos que sólo te devuelven una imagen, tu propia imagen: reducida o aumentada, deformada u oculta. 

Y cuando sales del laberinto, allí al final te encuentras con la mirada de otro, del “otro”. Alguien que te reconoce y que te nombra; diferente a ti, pero parte también de tu humanidad. Una alteridad que crea y nos recrea. 

Es el juego del ex centrismo, de volvernos hacia los demás, de sentirte mirado. Su mirada te hace ser. Mi mirada les otorga vida. Otra forma de existir: rozándonos, percibiéndonos, dinamitando la indiferencia y haciendo la soledad no solitaria sino sonora. 

Pura gracia del que nos mira, del que nos crea y nos otorga el ser. 

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HERMANO PACO

Por: Santos Urias 08-02-2012

Un día apareció por el templo,

con sus manos encallecidas de hacer chapuzas, con su cabeza despejada, con su sonrisa llena de cojeras. Entró a saludarme, decía conocerme aunque yo sinceramente no recordaba su cara. Cuando empezó a hablarme de amigos comunes me di cuenta que habíamos compartido algún periodo del tiempo del seminario. No paraba de hablar y reconozco que daba la impresión de ser un tipo bastante rarito, con un punto de locura. 

No me equivoqué, ha seguido bajando con bastante frecuencia, siempre atento, siempre disponible; pesado, sí, muy pesado, pero con esa locura que caracteriza a los verdaderos santos. Se crió en un orfanato con los salesianos y tiene una especial devoción por S. Francisco. Vive en una pensión y es como el angel de la guarda de muchos de los que están allí. Apenas vive de su paga por incapacidad, pero no puede ver a un compañero sin compartir lo poco que tiene. 

En la Iglesia habla con unos y con otros, les pregunta, se inquieta, se ofrece, siempre con su sonrisa coja y su mirada limpia. Me dijo que le habían recomendado no leer obras espirituales o místicas, que se las tomaba demasiado en serio y no sabía integrarlas correctamente. Yo me reí por dentro: o sea que tomarte la fe demasiado en serio acaba convirtiéndose en un problema, ¿no ha sido siempre así? Aun con todo eso está leyendo las obras completas de S. Francisco, le llama la atención la pobreza, la generosidad, la vida en común, la fuerza de la oración en esos escritos. Por eso en su corazón no hay espacio para el rencor, para el odio, para los malos sentimientos y en cuanto observa que no ama a alguien como cree que debe hacerlo acude a confesarse a buscar la reconciliación y la paz. 

Paco es un regalo: pesado, raro, especial, pero un maravilloso regalo amasado por las manos de un Dios que también está un poco loco ¿o no? 

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DE LUZ

Por: Santos Urias 17-01-2012

Casi nunca tengo la oportunidad de ver

esos famosos reportajes de la dos llenos de animalitos y paisajes, que tanto gustan a todos y que prácticamente nadie ve. Pocas veces estoy en casa a esas horas, almuerzo con demasiada frecuencia fuera y no me suele dar tiempo a hacer una pausa al mediodía. Ese día, sin embargo, llegué sin prisas y me senté ante el televisor. Era una producción impecable: una cuidada fotografía, unos efectos que llamaban la atención y unos paisajes maravillosos. El contenido trataba un tema algo raro y sugerente: una especia de escarabajo que anida sus larvas en las torres de arena de los termiteros. Lo curioso no era dicha anidación sino que durante un pequeño periodo de tiempo estas larvas causaban un efecto fluorescente parecido al de las luciérnagas para llamar la atención de las hormigas, y cuando estas por curiosidad se acercaban a mirar “que era aquello” entonces: zas, se comían a la hormiga. Aquellas larvas que lograban llamar la atención y comerse su ración de proteínas conseguían seguir su proceso de crecimiento hasta ser un pequeño escarabajo. Las que no morirían sin llegar a desarrollarse como tales. 

El reportaje me provocó mucho, además de por la belleza visual, imaginaros una llanura llena de montículos que parecían árboles de navidad, porque mi cabeza empezó a pensar en nosotros los creyentes, cientos, miles, millones, encendidos como pequeñas luciérnagas en nuestro mundo, sembrando de luz los rincones más oscuros, y cuando alguien se asoma a mirar buscando calor o simplemente por curiosidad: zas, en vez de servirnos del otro y devorárnoslo, nos ofrecemos como alimento de vida para él o para ella. 

Me resulto una imagen eucarística tan preciosa: seres de luz salpicando las calles, los barrios, los pueblos, los desiertos, ofreciendo la vida como alimento de amor para que cada uno pueda llegar a ser lo que Dios ha pensado de él. Somos seres de luz. De luz 

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La belleza

Por: Santos Urias 08-01-2012

Estos días estuve con un amigo viendo un espectáculo del Circo del Sol.

 Mucha gente, mucho frío y una cierta expectación previa a estos pequeños acontecimientos. Desde el principio todo muy cuidado: artistas entre el público, juegos y bromas que iban reclamando la atención de los presentes para confluir en un escenario lleno de referencias oníricas, multiplicidad de colores y una avalancha de puntos de atención. La música se hizo presente, un sonido claro y envolvente, todo en directo a la vista de nuestros extasiados ojos. Luego se hizo la magia: malabaristas, acróbatas, contorsionistas, payasos, equilibristas, un sueño que atravesaba nuestras pupilas y que volaba a través de nuestra piel y de nuestros sentidos. 

La diferencia entre un entretenimiento, un divertimento o mucha de la basura a la que se cuelga el nombre de “arte” y que se pasea por nuestros escenarios, radica en esa belleza profunda que nos remite a la transcendencia. Una aspiración a la melodía, a la poesía, a la perfección de los gestos, a bastantes horas de ensayo, de cuidado personal y familiar, de trabajo en equipo. Me enteré por un amigo músico que la servidumbre de tener que viajar, de ir de gira de un lado para otro en esta compañía, se amortigua porque te facilitan el poder acompañarte de la familia y por una atención constante de fisioterapeutas y coordinadores. Cuidando para poder cuidar la calidad. 

Es cierto que el espectáculo era costoso pero cuando salí de allí me parecía que había merecido la pena, que podía ser incluso “barato”; que aquello que habíamos contemplado era divino, es decir, de Dios, y por tanto algo a lo que me sería muy difícil poner precio: como a un atardecer, o a una noche estrellada, o a la soledad en el pico de una montaña, o una sinfonía de Mozart. 

Que la belleza nos siga hablando de Dios o que Dios nos siga hablando a través de la belleza. 

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La Loteria

Por: Santos Urias 17-12-2011

Llama la atención estos días pasear por el centro de Madrid.

Largas colas de gente que a veces dan casi la vuelta a la manzana. Yo pensé: ¿habrá algún espectáculo o algunos almacenes en oferta? Y no, la gente se agolpa para comprar lotería, buscando ese golpe de suerte que les haga cambiar la vida, que difumine los nubarrones de la crisis o, que al menos, les ayude a sobrellevar mejor los apuros económicos con los que muchas familias se enfrentan. 

He de decir que a mí no deja de sorprenderme. Quizá porque nunca he jugado o tal vez porque el juego de la vida me ha ido regalando con algunos “reintegros” y con muchos “gordos”: disfrutar de lo que se tiene y de lo que se es; no aspirar a más que al sencillo oficio de apurar el sorbo del día a día; recibir y ofrecer escucha, sonrisas, acogida, humanidad. Me encantó aquel video que aparece en internet donde unos jóvenes con un cartel al cuello ofrecen abrazos gratis, y no había cola para recibirlos. La gente se extrañaba, algunos los eludían, sin embargo otros se dejaban acariciar por el ofrecimiento. 

Tal vez habrá un día en que caigamos en la cuenta de que la lotería nos ha tocado ya y sin hacer cola: por el hecho de nacer, por hecho de vivir, por la posibilidad de compartir, de comprender, de pensar, de amar, de servir, de perdonar, de abrazar, de reír, de llorar. Me decía un compañero recién llegado de Haití: “Lo que más me llama la atención dentro del desastre, de la injusticia, de las violaciones, de la impotencia, de la violencia, es que ellos siguen dando gracias a Dios y siempre hay una sonrisa en sus rostros”. 

El bombo sigue girando, nuestra bola esta dentro. Se abre la portezuela y los niños cantan: ¿has escuchado tú número? 

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LA FRAGILIDAD

Por: Santos Urias 28-11-2011

Me llama una madre llorando.

Acaba de hablar con el orientador de su pequeña hija de apenas siete años y le ha dicho que vive un momento difícil, que no ha asumido la ruptura de la pareja, que le cuesta socializar, que como continúe así posiblemente termine siendo una niña “problemática”. La impotencia se dibuja en su temblorosa voz. 

Un hombre se acerca a hablar aprovechando que es domingo. Se tapa la cara y se encoje en su incomodidad. El trabajo no va bien. No sabe cómo hacer frente a las necesidades de su familia, pero ante todo se siente solo, no sabe de qué forma ni con quien poder hablar, con que persona desahogarse sin que esto suponga una carga, un desequilibrio familiar. 

Una mujer entra en el despacho con el rostro desencajado. Se sienta y sin apenas mediar palabra comienza a “vomitar” todo un cúmulo de desesperaciones, de maltratos, de pesadillas, de tormentos que la acompañan desde hace unos meses y que la han acabado llevando al siquiatra y a la iglesia. Con una expresividad casi desesperada me dice que necesita un poco de paz, de serenidad, de equilibrio. 

Esta semana ha sido una semana dura, compartiendo cargas, abrazando impotencias, desnudando fragilidades. Tocando desde lo más profundo la necesidad de un Dios que te conforte, que te resitúe, que te acaricie. Nuestro punto de partida y nuestro punto de llegada: pequeños, necesitados, débiles. Recipientes de arenisca y de barro con la panza llena de semillas de espíritu. 

“Sólo tu luz Señor nos hace ver la luz”. 

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LA ULTIMA LLAMADA

Por: Santos Urias 17-11-2011

Uno de esos domingos grises por la tarde

aprovecho para preparar algunas cosas delante del ordenador. De repente se ilumina la pantalla del móvil y suena ese desagradable ruido que se produce cuando se acoplan las ondas con los aparatos electrónicos. Es un número largo de esos que utilizan las oficinas y los sitios públicos. 

- ¿Don Santos? – interroga una voz al otro lado del teléfono. 

Me dicen que llaman del hospital del corredor del Henares y que si conozco a una tal Carmen Muñoz Pulgarín. Se presenta el médico que la atiende y me pregunta si sé algo de su pareja o de algún familiar cercano. Intento explicarle que Pulgui lleva mucho tiempo sola, su novio en prisión y su familia nunca he sabido de ella. Servicios sociales si la ha puesto una chica que se encarga de llevarla la comida y arreglarla un poco la casa. Él me explica que ha llamado a todos los teléfonos de su libreta, ninguno estaba activo y que gracias a Dios en este me ha encontrado a mí. Dudaban si pasarla a la UCI, pero que su situación era muy grave. 

Cuando todos se han ido, cuando ya no queda nadie, aunque sea al final de una libreta de teléfonos, nuestra fe se construye con la presencia en el silencio, con la compañía en la soledad. Buscando ser iconos de que al “otro lado” también alguien nos espera con sus brazos abiertos, con la mirada limpia, respondiendo, aunque al límite, a la última llamada. 

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ANTORCHAS EN EL CIELO

Por: Santos Urias 05-11-2011

Joao ha muerto a manos de sicarios en la amazonia brasileña.

Una noticia que apenas ocupa unas líneas en una revista de ámbito religioso. Ni que decir tiene que ni siquiera aparece en los diarios de tirada nacional. Posiblemente yo tampoco hubiera reparado en ese texto de no conocer a Andrea, amigo y compañero, que lleva en esa región de Pará trabajando ya unos años, y que cuando estuvo por aquí por España de vacaciones me enseñaba sus fotos, con sus nuevas amistades, con su gente de las diferentes comunidades, con sus catequistas y responsables, y otras que me dijo: “estas no te las puedes descargar”, donde aparecían listas de nombres, primeros planos de algunos rostros y grandes bolsas negras. Me confesaba con profunda emoción: “Son nuestros mártires. En este año hemos enterrado ya a varios compañeros, padres de familia, encargados de comunidades, simplemente por denunciar o por ser los portavoces de nuestras iglesias”. 

Intentan defendernos a todos del atropello al que se ve sometido la selva, el que sufren miles de indígenas que siempre han poblado unas tierras llenas de inocencia y de paraíso, quizás por conservar ese rincón en el que Dios creó y sigue recreando, el que compensa nuestras manzanas podridas de dióxido de carbono y de vertidos tóxicos. 

Me recordaba la vida de Joao y la de esos rostros y esas bolsas negras llenas de cadáveres, a esas imágenes que alguna vez he visto de cientos lámparas lanzadas al cielo de la noche, iluminando la oscuridad de nuestro mundo, sumándose a las estrellas de nuestro cielo, brillando y tocando con sus llamas el propio manto de Dios 

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LA NUEVA VIDA

Por: Santos Urias 24-10-2011

Un día su madre me miró a los ojos y me dijo:

 “Cuídala, que al menos tenga a alguien en quien confiar”. Esas palabras salieron de su boca pocos días antes de morir en un hospital afectada de una neumonía. Toda la familia de esta pequeña adolescente estaba como en una tela de araña: un tío en el alcohol; tres en saltando entre la heroína y la cocaína; otra tía con un desequilibrio afectivo y psicológico manifiesto. Su abuela era el único referente, nadando entre las depresiones y los vermouths, que le ofrecía su apoyo, su cariño y sus cocidos. 

Y así, entre confidencias y confidencias, la niña se ha ido haciendo mujer, abriéndose paso desde la soledad y el hervidero de sentimientos. Madurando al sol de los pájaros que picotean los frutos caídos. Entre las lágrimas del rocío otoñal y el hastío de la piel reseca por el verano. Unos miomas sembraron una nube negra en su cielo de instinto maternal. Pero las manos de un artesano divino salvaron un pequeño útero lleno de cicatrices pero capaz de albergar la vida. 

Y esa vida hoy tiene nombre propio: Santiago. Esta mañana lo tomaba entre mis manos bajo la mirada de sus padres y nos sentíamos envueltos por un milagro sin palabras: la fragilidad, el regalo, la luz que todo lo prende. Dios con piel sonrosada, talco y mirando hacia ninguna parte, atrapando con sus pequeños deditos la nueva vida… 

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TIEMPO DE SILENCIO

Por: Santos Urias 16-10-2011

Durante el curso se acumulan cansancios, preocupaciones,

 trabajos, preparativos, reuniones, horas de ordenador, algunas alegrías, muchas contrariedades. Los pies se aceleran y hasta las manos parecen correr detrás de que se yo cuantos objetivos, proyectos y programaciones. Las horas son como polvo de estrellas: efímeras, volátiles, flotan en el aire y se escapan como un ladrón. 

Por eso la sabiduría del creador nos concedió el séptimo día, no sólo para descansar, sino para que todo encuentre su orden y recupere su sentido. Un tiempo de silencio de actividad, de distancia, de gratuidad, de contemplación y de espejo, donde poder mirarte, reconocerte y celebrar. 

Poco a poco la respiración vuelve a recobrar su ritmo, los músculos se distienden, el sueño se recupera. 

Y con la sal en los ojos y el sol en la piel observas que algo está enfermo: enfermo de eficacia, de falta de comunicación, de mercantilismo, de aceleración. 

Guardaré en un pequeño cofre tiempos de silencio, espacios de descanso y de gratuidad, pozas donde poder refrescarme y esponjar las entrañas, donde retomar mi séptimo día, ese lugar y ese orden en la inmensidad de la creación 

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LO ESENCIAL

Por: Santos Urias 01-10-2011

Hoy me enterado de la muerte de dos amigos.

 Hacía bastante tiempo que no sabía de ellos, enredados en sus rehabilitaciones, en su salir adelante, en reconstruir la vida muchas veces como una carrera de obstáculos, casi siempre en soledad. 

Uno de ellos fue el que dio nombre al primer grupo de Cáritas en el que trabajamos con enfermos de sida en el barrio, con menores, con mujeres, con inmigrantes… Lo denominó “Oasis”. Decía que así nos había sentido él, como un lugar donde descansar, donde saciar la sed, donde encontrar compañía, escucha y conversación. Y después de comer muchos días juntos, de correr la calle de arriba abajo, nos hicimos hermanos, de esos que no se engañan, que son leales, con los que puedes contar para cualquier cosa. Tu sabes lo mucho que te he recordado y como en mi oración te he sentido cerca, sabiendo que algo no iba bien. Te has bebido el mar sin saber que era salado. 

El otro llego por la puerta de atrás: su familia me dijo que si podía ir a visitarlo, que apenas conocía gente que no estuviera en el mundo de la droga, que yo sabría animarle. Desde que nos vimos él fue siempre extremadamente sincero, me previno incluso de sus posibles engaños y entonces yo le previne de los míos. Sabía ser artista del ladrillo y por eso entró en mi casa. No hay nada como lijar, amasar, enyesar y pintar juntos. Te puede separar la distancia pero siempre que mires esas paredes sabrás que juntos construimos una historia. La enfermedad te pudo y has pasado a colaborar con el arquitecto por excelencia. Seguro que sabrás brindar por lo que merece la pena. 

Sólo agradeceros en este pequeño epitafio lo que significáis para mí. Me habéis hecho recordar lo esencial, por lo que un día el Señor me hizo pan partido y sangre derramada. No os olvidéis de mí compañeros. 

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Amigos

Por: Santos Urias 20-07-2011

Intento ser cuidadoso. Cuidadoso con las cosas, pero sobretodo cuidadoso con las personas.

Me gusta anotar los cumpleaños y mantener ese contacto, aunque sea puntual, que te permite charlar un rato y decir: “no te he olvidado, has sido y eres importante para mí”. Si sé que alguien debe visitar al médico, tener una entrevista de trabajo, algún acontecimiento familiar, o está pasando por un mal momento, suelo interesarme porque estoy convencido que es por aquí por donde se empieza: una gratuita y sincera preocupación que dinamite el mercantilismo, el uso o el abuso de los demás en función de mis propios intereses, aunque estos sean aparentemente muy “santos”.

En un momento de prueba y de desierto, una voz me propuso como si del tentador se tratase: “te gastas y te desgastas en vano, si dejas de interesarte por los demás ellos te ignorarán; sino les llamas ellos tampoco te llamarán”.

Y como suele sucederme sucumbí, en parte, a esa espina en mi conciencia. He mantenido los servicios de urgencia: cumpleaños, acontecimientos ocasionales… Pero he dejado de llamar a unos cuantos amigos a los que periódicamente veía, preguntaba, compartíamos con una cierta complicidad y cercanía. Y he escuchado reírse a esa voz de mi cabeza: “ves, te lo decía”. ¿Pasividad? ¿Dejadez? Silencio.

He aprendido, al menos, dos lecciones: Aun queda mucho por hacer, y esa voz tampoco ha entendido el camino de la gratuidad, por mucho que se ría.

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Noche de San Juan

Por: Santos Urias 04-07-2011

El ladrón de atardeceres ha salido a robar un rayo de sol para esa noche.

Para mirar las arenas, para beberse las olas. El solsticio de verano nos anuncia que los días se irán encogiendo: mágica parábola de la naturaleza que con sus ciclos se estira y se recoge, crece y decrece, nace y envejece. La escuela está ante nosotros. Aprende quien mira con ojos limpios, quien “pierde el tiempo” contemplando, quien celebra la vida y sus constantes regalos.

 

Y vamos a no dormir; a cantar y a reír, a comer y a beber; a soñar junto a una hoguera tocando la bóveda del cielo; a saltarnos las estrellas o los fuegos del Espíritu.

La gente camina descalza, se regalan miradas y flores, se olvidan de las computadoras y de los móviles. Ritos paganos, pre-cristianos, celebraciones religiosas, tradiciones, costumbres… Que lo que Dios ha creado, no lo separe el hombre. Alabanza en definitiva por lo que te devuelve a la esencia.

Vamos a purificar con sus llamas la posesividad, el egoísmo, las discordias, los prejuicios. Vamos a devolver la fuerza al astro que se debilita con el crepitar de nuestros corazones.

Y mientras tanto saltemos las hogueras y abramos los ojos que la noche es corta…

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Africa

Por: Santos Urias 18-06-2011

Esta semana ha estado salpicada de referencias a nuestro continente vecino: África.

Mi amigo de la farola estaba particularmente locuaz, no era para menos, salía retratado en las páginas de la revista y ni siquiera se había dado cuenta. Se lo tuvo que decir una compradora habitual de esas que se detienen a charlar, porque el mejor artículo es el que se escribe con el sudor, las lágrimas y las sonrisas de cada ser humano.
Luego quedé con mi amiga Pili y con su nena, que sin ser negrita y sin haber nacido en esa tierra, sin embargo se llama también así: África. Su mama lleva en la mirada la tierra roja de Sierra Leona, los anhelos compartidos, la esperanza de la misión y el alimento de su pecho para tantos que pasan sed y soledad.
Después me invitaron a participar una mañana con un grupo de africanos de diferentes lugares: Camerúm, Nigeria, Guinea, Ruanda, Senegal… Nos presentamos y alguno mostró su carnet de identidad arrancándose con un canto o una oración, no sé bien, tal vez con un canto que nos ayudó a rezar, porque aunque no lo parezca hay gente que no adorna sus celebraciones con cantos, si no que para rezar canta: este es su lenguaje y, sin duda, Dios lo entiende.
Hablamos de cómo nos sentíamos; de cómo hay personas que no se sientan a tu lado en el autobús por ser negro: ¡Qué suerte poder ir más cómodo! ¡Qué pena condenarse a la mirada del reojo y al prejuicio! Autoestima, religión, historias propias de cada cultura, complicidad; todo sin prisas, “amigo sin prisas”.

Y la comida llegó como llega un sacramento: yuca, perca, pollo, arroz, plátano frito, salsa de la picante y de la menos picante… Que gusto poder reír sin temores, rozarse las almas hasta que salgan chispas y prendan. Si eso no es fuego del Espíritu que venga Dios y lo vea. Aunque yo creo que por una rendijilla de la puerta nos espiaba ese día. Y así, por lo bajito, voy a haceros una confidencia: me pareció que era negro

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Un lugar

Por: Santos Urias 01-06-2011

Busco un lugar. Detrás de la mesa o en el descansillo de la entreplanta.

Un lugar donde mirarme al espejo y reconocerme. Parece que el tiempo de locos se llena de dardos y de bilis que poco o nada tiene que ver conmigo. Unos y otros se parapetan detrás de sus miedos y de sus seguridades y se olvidan de la poesía de vivir.

 

El verbo hecho carne nos mira de reojo ante la verborrea descarnada que se expande en los mercados, en los mítines y en los púlpitos. La buena gente camina cada mañana, desayuna o ayuna, sale a pasear con los rayos del sol y, como la marea, viene y va al albor de los flujos de la luna.

Yo sigo olfateando un sitio. Me he quedado fuera de la foto, medio dentro medio al margen, abriéndome paso como puedo, cuidando de no pisar a nadie, jugando con los codos. He rastreado entre los amigos, compañeros de camino: muchos cansados han escapado del frio y de la soledad; otros complacidos se han dejado seducir por el “qué le vamos a hacer”… Y el “buscador” a tientas no quiere renunciar a la ternura ni a volar más alto.

¿Se ha perdido el lugar? ¿Tal vez lo han escondido? ¿O es que nunca ha existido? ¿Es un punto en el horizonte? ¿Un ciego espejismo?

Algo o alguien en el corazón me dice que no anda lejos. Tal vez se haga de rogar por aquello de la

utopía,

pero el viento del norte sacará la música y llenará de pájaros mis pupilas. Y si no me encontraréis roto al borde de un charco apurando las gotas de lluvia que el cielo con sus labios nos regala

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A propósito de los jóvenes

Por: Santos Urias 31-05-2011

Da la impresión de que hemos descubierto ahora la carga motivadora de los jóvenes,

de esos pocos miles que se han hecho notar porque han ocupado zonas que utilizamos todos y han impedido nuestra vida normal, tomándolos indebidamente como representantes de todos los jóvenes, de todas las clases, de todas las situaciones, en parte porque, entre sus protestas y que quejas se encontraban algunas de las nuestras.

 

Me gustaría preguntar por qué tantos jóvenes que se sienten y son cristianos, que aparentemente no cuentan o pasan desapercibidos, a pesar de que actúan, viven y se quejan en las mismas condiciones y con idénticas preocupaciones. Inicio recordando, desde luego, a grupos cristianos que formaron y forman parte de las sentadas comunitarias de Sol y otras plazas, aunque de ellos se ha hablado menos. ¿No sería bueno preguntarse qué es de ellos?
 

Entre los cientos de miles que se concentrarán en agosto en Madrid, encontraremos, naturalmente, toda clase de motivaciones, orígenes e inquietudes sociales y políticas, sensibilidades religiosas, búsquedas culturales. Ciertamente, solo los españoles, constituyen un número bastante superior al que se encontraba en las últimas semanas en nuestras plazas. La mayoría de ellos rechazan los modos actuales de hacer política y exigen transparencia y solidaridad. De hecho, muchos de ellos forman parte de ONGes, de grupos de apoyo, de asistencia en cárceles y hospitales. ¿Por qué no influyen, no se coordinan, no actúan, transversalmente, exigiendo a la Iglesia y a la Sociedad de las que forman parte? ¿Habría que ofrecerles más espacio, facilidades de encuentro, ocasión de formular en común programas e iniciativas, medios que les ayuden a ser activos ejecutores del bien común?
 

¿Por qué la Asociación de Propagandistas, de acuerdo con su historia, no atrae a jóvenes capaces de ganarse la vida por sus medios y de dedicar su tiempo en la asociación, desde su identidad creyente según el evangelio, a colaborar en la consecución del bien común, una sociedad solidaria, dialogante, plural, integradora?
 

¿Por qué los jóvenes de los movimientos no sobrepasan el útero institucional y se dedican a obras capaces de integrar a tantos jóvenes dispuestos a conseguir que la transparencia, la honradez, la justicia social, se impongan en el mundo político, económico y, también, en la gente de la calle, es decir, en aquellos que se quejan, pero no se exigen.
 

¿Por qué los jóvenes cristianos que se consideran progresistas no abandonan su espléndido aislacionismo para unirse a favor de la Iglesia y de la sociedad? Lloramos demasiado sobre la leche derramada, pero carecemos de autocrítica, necesitamos convencernos de que nuestro desinterés ha fomentado un ambiente demasiado cerrado, unilateral y, a menudo, reaccionario. En cualquier caso, la pelota se encuentra en nuestro tejado.
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Música para tiempos de crisis

Por: Santos Urias 11-05-2011

La crisis está golpeando duro en muchas familias.

Todos los días nos informan detalladamente del IPC, del valor de la deuda, de las cuentas de los bancos, de la cotización de la bolsa… Y no llegar a fin de mes está provocando preocupación, más estrés, ansiedad, tristeza. Pero como en todas las realidades de la vida hay otras lecturas que quizás pasan más desapercibidas, son menos objetivas o sencillamente no se hacen. Los sentidos se agudizan y el arte de buscarse la vida se transforma casi, casi en una profesión. Todos sabemos que hay muchas maneras de buscarse la vida, pero como si de una primavera se tratase, salen a la calle más estatuas vivientes, magos por las esquinas, acróbatas en los semáforos, músicos en los vagones y cantantes por las aceras. Una lluvia de imaginación empapa la ciudad, con más o menos calidad, pero luciendo la sonrisa del que sabe que la vida no se juega en una oficina, ni en las macro estadísticas, sino en el cotidiano verso de la poesía.

 

Estos buscavidas, no solo piden, dan. Dan calor y color a una cada vez más individualista sociedad que se encierra en sus MP3 o en sus IPODS y que prescinde mirar a los ojos, de saludar con un: “buenos días”.

Los nubarrones amenazan y la tormenta descarga con toda su fuerza, el granizo causa daños a veces irreparables, pero de las fuentes del corazón nacen flores. Flores de solidaridad y de creatividad. Flores con diferentes aromas e infinidad de matices. Flores donde reconocernos como seres humanos y no como meros instrumentos para producir dinero y llenar la alforja.

Que maravilloso es poder caminar por la ciudad y que haya música en el ambiente, que podamos tropezarnos con un artista callejero o simplemente que la magia se haga un pequeño hueco en nuestro corazón.

Tiempo de crisis. Tiempo para imaginar. Tiempo para inaugurar un nuevo tiempo

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