Sábado 16 de Diciembre 2017

Alfonso Carcasona

Peregrino en constante búsqueda. Padre de familia católica que se dedica a intentar hacer un poco más felices a los demás, a la empresa y a hacer deporte.

La estupidez de las etiquetas

Por: Alfonso Carcasona 26-07-2012

Yo creo que la mayoría estaremos de acuerdo

 en la injusticia que se comete habitualmente cuando se etiqueta a una persona. En particular, en política, se es de derechas o de izquierdas. Esa es tu etiqueta. Desde hace años defiendo que la gente no es de izquierdas o de derechas. Creo que las etiquetas nos embrutecen, en el sentido de no dejarnos pensar libremente. 

Una buena amiga mía ha sido etiquetada en Facebook al albur de un cartel en el que se convocaba a una manifestación a favor del aborto libre. Aunque ella no manifiesta sus ideas políticas (fundamentalmente habla de sus pasiones, correr y la música), no ha podido evitar que alguien la etiquete, en el sentido técnico de la palabra. Sus post, que habitualmente reciben decenas de comentarios, se han visto multiplicados por diez. Es decir, que a sus amigos de Factbook, que la tendríamos etiquetada como una persona amante del running y de la música, nos preocupan mucho más sus aparentes ideas políticas. Interesante y triste. He de reconocer que a mi también me pasa. Cuando tuiteo o publico algo en Facebook relacionado con esta bitácora (que es en el 95% de los casos de mis publicaciones) recibo pocas interacciones. Pero si publico alguna chorrada (por ejemplo, el pasado viernes que me iba de viaje), los comentarios se multiplican exponencialmente. Otro argumento más a favor de la intrascendencia aparente de las etiquetas.

Seamos sensatos en este mundo tan interactivo en el que vivimos. No etiquetemos ni nos dejemos etiquetar por nadie. Si ya era injusto antes, hoy  destrozar la reputación o la idea que tenemos de una persona está a un solo click de nuestros dedos.

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La radio

Por: Alfonso Carcasona 19-07-2012

La radio es un medio de comunicación de masas extremadamente efectivo,

 ya que acompaña al común de los mortales aún hoy durante varias horas al día. ¿Quién de nosotros no se levanta escuchándola, o lo hace en el coche, durante el día o al acostarse? 
 
Al margen de los contenidos de entretenimiento, los canales temáticos e incluso los informativos, se rellenan en el mejor de los casos con tertulianos, si no les da por democratizar hasta el extremo la información y dar paso a los escuchantes para que pontifiquen con sus opiniones. De esta manera se nos genera opinión sobre complejos asuntos económicos o políticos por parte de personas completamente desinformadas. Lo mismo ocurre, con carácter general, en el caso de los tertulianos.
 
El conductor del programa expone una serie de temas de lo más dispar que serán abordados en la tertulia. Política nacional, internacional, economía, finanzas, juicios civiles y penales, temas laborales… Y entre tres tertulianos se los meriendan sin escrúpulos, pontificando con su opinión sin dejar lugar a la duda. El común de los escuchantes se forma la suya a través de ellos, y no dejará lugar a la duda en su siguiente conversación, ya que su fuente es totalmente fidedigna… “lo he oído en la radio”. 
 
La televisión, siendo incluso más dañina potencialmente, es menos perjudicial, ya que al ver la cara de los tertulianos habituales en seguida nos podemos dar cuenta de su formación. De ahí que las que triunfen sean las tertulias del corazón, y los informativos se dediquen a informar (sesgadamente o no, pero al menos tenemos más oportunidad de formarnos una opinión más cercana a la fuente de la información).
 
Viene al caso esta perorata de una de esas tertulias de las que no pude escapar cuando trataba de escuchar un informativo.  En ella se abordarían temas de lo más variopintos, por parte de unos personajes de los que desconozco su formación, pero que debería ser cuando menos enciclopédica para atreverse a abordarlos todos. Uno de los temas era la liberación de los voluntarios españoles que llevaban nueve meses secuestrados en Mali. Como no podía ser de otra manera la primera reacción fue la de congratularse, pero en seguida una tertuliana puso en duda los métodos, asegurando que los españoles debían saber que el gobierno había pagado por la liberación, y que claro, eso fomentaba futuros secuestros. Insistió varias veces que los españoles tenían derecho a saber eso (y claro, ella era la portavoz). 
 
Pues bien, querida tertuliana, no creo que Ud. tuviese ninguna información distinta a la que tenemos el resto de españoles al respecto, por lo que como mínimo no debería asegurar algo que desconoce. Segundo, se trata de un tema lo suficientemente delicado (vidas humanas, y en este caso las más generosas que tenemos) como para no pontificar e intentar crear opinión. Tercero, los medios de comunicación social, y por ende, las personas que participan en ellos, deben tener una conciencia previa de su papel en los mismos. Y si no, que se vayan a las tertulias del corazón, que son mucho más inofensivas.
 
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Con un abrazo fraterno

Por: Alfonso Carcasona 13-07-2012

He de reconocer que por mi trabajo me toca lidiar

más frecuentemente de lo que me gustaría con lo que podríamos denominar “llamadas difíciles”. Muchas veces estas llamadas no lo son aparentemente cuando descuelgas el teléfono, pero tu interlocutor consigue enredarte de manera que acabes discutiendo, sin que ese fuese tu plan original. Si la llamada se tuerce mucho, de manera más o menos educada, termina por darse por zanjada de manera abrupta, sufriendo el auricular las iras del conversador.

Pues hoy he tenido una de esas llamadas. Vaya tema esta sacando Alfonso, que corto debe ir de ideas, pensarán Uds. Les ruego que me acompañen un ratito más, porque a mi al menos, me parece interesante contar la experiencia.

Esta vez no llamaba a ninguno de mis acreedores o clientes que no me pagan (o a los que no he pagado). Tampoco llamaba a un empleado con el que tuviese difíciles relaciones laborales. Ni siquiera llamaba a mi banco, ni a mi abogado, o al abogado contrario en un pleito. Nuestra Junta parroquial, reunida anoche durante dos horas, me había encargado llamar al vicario general diocesano para concertar una reunión en la que le expusiésemos nuestras razones para solicitar el que se repensase o pospusiese una decisión relativa a uno de los sacerdotes que nos acompañan en nuestra comunidad.

Como dirían los ingleses, “piece of cake”, o “llamada fácil”. Mi interlocutor pasa por ser una persona dialogante, y con todas las personas con las que había hablado antes me habían ponderado su simpatía y cercanía, por lo que la entrevista parecía asegurada.

Pues bien, esa llamada teóricamente fácil, probablemente dificultada por mi torpe exposición de los motivos de la misma, ha devenido en una “llamada muy difícil” o “amarga”, como la ha calificado mi interlocutor. De manera razonada y razonable, como él me ha dicho varias veces, se ha negado en redondo a mantener la reunión con representantes de la junta parroquial, por imposibilidad material en su agenda y por ser una decisión irrevocable, lo que convertiría la reunión en una mera pérdida de tiempo.

 

De manera razonada y razonable, según mi criterio, he expuesto los motivos por los que creía positivo tener la reunión, pero se ve que eran menos razonados o razonables, ya que se me ha reprendido por insistir. Eso sí, con un abrazo fraterno final.

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Carta abierta a Luis Lezama en sus bodas de oro

Por: Alfonso Carcasona 23-06-2012

Querido Luis,

Muchos han sido tus logros en estos últimos 50 años que hoy celebramos. Me sería imposible glosarlos en este momento, ya que la liturgia que nos espera, preciosa, pero ya de por si larga, lo haría insoportable. Las hemerotecas y tus libros ya se ocupan de ello.

Me gustaría robaros dos minutos para agradecerte lo que has hecho por nuestro barrio, por nuestra comunidad, en la que aterrizaste hace solo seis años. Lo que hoy somos era por aquel entonces un descampado con esqueletos de viviendas sin comenzar. Tan solo unas calles asfaltadas sin gente que las transitase.

Nos encontramos por primera vez en el santuario de Valverde, que más allá de las fiestas de la patrona, albergaba cada domingo a no más de diez feligreses, cuya edad media sobrepasaba los 80 años.

Cualquier otro se hubiese desanimado ante tal panorama, pero desde el primer día comenzaste tu predicación. Donde había un problema lo convertiste en una oportunidad. Tu primer reto, atraer a los nuevos inquilinos del barrio a la parroquia. Dicho y hecho,  un año más tarde, la misa de las 12:30 estaba atestada de gente. Los niños disfrutaban de la hora larga que duraba la celebración, donde los guiñoles catequizaban no solo a los pequeños.

Pero nuestra parroquia estaba de prestado en el santuario, por lo que había que construir un templo. Salía a concurso una parcela cuyo destino debía ser un colegio. Creatividad e innovación, dos de tus conceptos favoritos, entraron en juego. Construyamos pues un colegio, con una capilla que pudiera servir de iglesia. El colegio será  de inspiración cristiana, abierto a todos, y de esa manera prestaremos otro servicio a la comunidad. Será un colegio que innove en los métodos de enseñanza, que forme personas, que no les dé solo información.  

Hoy, Santa María la Blanca es uno de los mejores y mayores colegios de Madrid,  gracias a tu valiente apuesta, que tuvo que afrontar un nuevo reto…

La capilla que había dado lugar a toda esta historia no podía, por motivos canónicos, albergar una parroquia. Pero como nos habías enseñado, no hay que arredrarse ante las dificultades, y encomendándote a la Virgen continuaste predicando con el ejemplo. Luchando contra viento y marea, sin más apoyos que los de tus amigos y algunos feligreses, te pusiste  manos a la obra, y hoy podemos celebrar gozosamente tus bodas de oro en este templo del Señor, proyectado como capillita de un colegio cristiano.  

Termino dándole gracias a Dios por la vida de Luis de Lezama, por su obra y por lo que ha significado no solo para esta comunidad sino para todos aquellos que han tenido la suerte de conocerte y recibir tu legado. 

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Tribulaciones

Por: Alfonso Carcasona 17-06-2012

Vivimos tiempos difíciles.

Y cuándo no han sido difíciles se nos objetará. Todos los momentos de la historia han tenido su lado oscuro. 

Sin embargo hoy, gracias a la democratización de los medios de comunicación, al acceso a la información por parte de todos, somos capaces de sufrir más. Hoy todo el mundo tiene su opinión acerca de la prima de riesgo, de los embates financieros, de las políticas europeas. No hace falta haber estudiado, ni leído nada para ser un experto en cualquier tema. Se decía antes que cada uno de nosotros lleva un seleccionador de fútbol dentro. Hoy podemos decir que cada uno de nosotros puede ser ministro de economía, presidente del gobierno, o peor aún ¡tertuliano de cualquier medio de comunicación!

Decía Vargas Llosa en su último libro, “La civilización del espectáculo”, que el haberse extendido la cultura a todo el mundo, más allá de las élites, ha causado la banalización y posterior desaparición de la cultura. Quien más quien menos ha visitado las grandes ruinas de la Humanidad, y ha estado en museos. Pero para la gran mayoría esto no es más que tachar un To Do en su lista. No se disfruta de la literatura, ya que solo se busca información. Lo mismo ocurre con el resto de las artes, donde además se mezclan los intereses comerciales más espurios.

Otro tanto podríamos decir sobre la información. Hoy los medios de comunicación se han convertido, en su mayoría, en los grandes medios de desinformación. Sólo valen los titulares, con independencia de su rigor. La noticia que los desarrolla contendrá, en el mejor de los casos, una aproximación a la realidad. Nosotros, que transitamos por la vida a toda velocidad, compraremos el titular, que unido a otros nos formará opinión. Ya no hace falta profundizar en las causas de las cosas. Con el titular nos basta. Y eso hace que con poco se nos manipule, y que se demonice a quien trata de explicar el por qué de las cosas.

Victor Frankl, en “El hombre en busca de sentido”,  nos enseña como sobrevivir ante situaciones muchísimo más extremas que las que estamos afrontando en nuestra adormecida sociedad occidental. Eso sí, exige lectura tranquila y sosegada. Absténgase los buscadores de titulares.

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El aborto fallido

Por: Alfonso Carcasona 10-06-2012

Una noticia que debería sobrecogernos solo ha tenido un pequeño hueco en las noticias de la semana

joven de 24 años ha conseguido que el médico que le practicó un aborto fallido le costee los gastos de su hijo nacido hasta su mayoría de edad.

El caso es que la responsable joven acudió a las ocho semanas de embarazo a que le practicasen un aborto. Algo fue “mal” (o bien, según se mire), y el embarazo siguió adelante. Creyendo estar embarazada de nuevo acudió, imagino que ya como una rutina, a que se le practicase un segundo aborto (que se sepa era, como mínimo, el segundo). Pero fíjate tú por donde, el mismo médico le dice que en este caso está de 22 semanas, y que legalmente no se lo puede practicar. Ante el follón que se le avecinaba, la “clínica” abortiva le dio diferentes soluciones –imagino que menos legales- costeándole todos los gastos de viaje y estancia. Pero la joven renunció, no porque le asaltase un atisbo de humanidad o de maternidad, sino que se asesoró y como le dijeron que podía ser ilegal, siguió adelante con el embarazo y denunció al médico.

Ahora la criatura ha nacido, un juez de palma ha condenado al médico (o a su seguro) a pagar 600.000 euros a la desconsolada madre. Esta ha comparecido ante los medios de comunicación y ha explicado, sin rubor, el caso. La única pregunta comprometida, políticamente incorrecta para nuestra cínica sociedad, representada por la joyita entrevistada, es la referente al hijo. ¿Y qué le dirá cuando crezca? ¿Cómo le explicará este desagradable incidente? La respuesta, más o menos fue la siguiente: “Bueno, intentaré que no se enfade mucho. Antes no quería que naciese, pero ahora que ha nacido, pues nada, sí que le quiero”. Ni un ápice de arrepentimiento en sus palabras. Mal futuro le auguro al chaval, y a nuestra atontada y dormida sociedad.  

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Al César lo que es del César

Por: Alfonso Carcasona 31-05-2012

Reconozco que he sido bastante crítico en esta columna

 acerca de la política de comunicación que hace nuestra jerarquía ante los problemas actuales.

De hecho, criticaba la semana anterior las palabras del presidente de la CEE acerca de la repercusión que el pago del IBI podía tener en la labor caritativa de la Iglesia, y en concreto de Cáritas.

Pues bien, a la semana de esas desafortunadas manifestaciones, D. Isidro Catela,  director de la Oficina de Información de la CEE ha salido al paso de las mismas, con un documento breve, claro e irrebatible titulado “10 preguntas, 10 respuestas sobre la financiación de la Iglesia y régimen de fiscalidad” (http://www.agenciasic.es/2012/05/31/10-preguntas-10-respuestas-sobre-la-financiacion-de-la-iglesia-y-regimen-de-fiscalidad/).

El documento responde a las preguntas que se hacen en la calle, sin ningún tipo de cabida a la demagogia. Preguntas acerca de si el estado financia a la Iglesia, o si esta paga el IBI o la tasa de basuras, o quien y qué es Cáritas, o si la Iglesia ahorra dinero al Estado, son contestadas en muy pocas palabras, con datos.

Las únicas preguntas que me quedarían por responder son menores al lado del decálogo de respuestas que contiene el documento: ¿por qué no se contesta desde un primer momento así a los medios, cuando la campaña viene de lejos? ¿no estaba preparado el cardenal Rouco para esa pregunta? ¿o sí? ¿cómo vamos a dar difusión los católicos a este documento, de manera que restañemos la herida causada por las declaraciones de la semana pasada? (ésta reflexión es mi pequeño granito de arena a la causa) ¿seremos capaces de continuar con esta política de comunicación?

En definitiva, enhorabuena y gracias D. Isidro. En el próximo debate que se abra, por favor, plantéense responder con la misma claridad y contundencia.

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Nuestra generosidad en tiempos de crisis

Por: Alfonso Carcasona 26-05-2012

Durante los años de bonanza he dedicado una pequeña parte de lo que ganaba

 a la caridad. Incluso, como me iban bien las cosas, me iba antes del trabajo y dedicaba un poco de tiempo a gente con menos recursos. Pero ahora que viene curvas, que gano menos, que tengo que trabajar más, tendré que reducir mis donativos, y por supuesto, ya no podré acompañar a esas personas. Desafortunadamente, primero tengo que mantener mi ritmo de vida –que ya está sufriendo- y ya no me sobra ese dinero y ese valioso tiempo. 

Claro está que la jerarquía del club al que pertenezco con orgullo, la Iglesia Católica, está en la misma línea. Decía nuestro cardenal que si la ley le obliga a pagar el IBI lo hará encantado, pero claro, “…en detrimento de otras acciones”, que los medios, tan atentos siempre, enseguida han entendido y titulado como “obra caritativa”. Como caridad significa amor, si la Iglesia paga el IBI será a costa de menguar sus actividades en el ámbito del amor, precisamente la única definición de Dios que existe en los Evangelios… Curioso.

Ya he reflexionado anteriormente sobre la comunicación de nuestra conferencia episcopal, de cómo la aleja de los no creyentes, e incluso irrita a los que nos precisamos de serlo. Pero ¿cómo se puede decir que si se paga el IBI afectará a otras acciones, sin precisar que de ningún modo, o que las últimas en verse afectadas, serían precisamente las relativas a Cáritas (que llega a mencionar un par de párrafos más abajo, por si quedase alguna duda), o las relacionadas con la caridad?

Estoy plenamente convencido de que mi Iglesia, incluso la parte relativa a los jerarcas, buscará con toda su energía seguir acompañando al solitario, vistiendo al desnudo, alimentando al hambriento, educando al menos favorecido, cuidando enfermos… A pesar de pagar el IBI, si llega el caso.

Como yo, a su vez, intentaré redoblar esfuerzos, ya que, por muy mal que llegase a pasarlo, seguiría siendo un privilegiado. Muchos de mis hermanos necesitan de mi obra caritativa, por insignificante que sea. Aunque me suban los impuestos, aunque gane menos dinero, aunque trabaje más horas y con más estrés. 

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Criadas y señoras

Por: Alfonso Carcasona 15-05-2012

Magnífica llamada de atención a nuestras dormidas conciencias.

 Esta película recrea el Misisipi de hace 60 años, donde las imágenes de racismo nos repugnan. La sociedad de los blancos guapos, ricos y educados, que se consideraban cristianos. La película se centra en el servicio doméstico, y por ello son las señoras las que se llevan la crítica más ácida, siendo los señores unos peleles que simplemente dejan hacer. Imagino que la participación de una empresa de oriente medio en la producción algo tendrá que ver con esa gotita de machismo y que, sin embargo, rezuma incoherencia con los planteamientos que en la actualidad se viven en esa zona del mundo.  También se podrá decir que enterrar la cabeza cual avestruces es igualmente condenable. Pero no es de esto sobre lo que quiero reflexionar.

¿Que pasará dentro de cincuenta años si hacen una película honesta sobre nuestra educada, rica sociedad?  El retrato que imagino es el de unas comunidades cerradas, con gente guapa, con dinero –a pesar de la crisis en la que vivimos-, educada –capaz de justificar con argumentos sólidos cualquier injusticia-, tan egoístas como la de la película, tan cerradas en torno a su ombligo que espero repugnen la evolucionada sensibilidad de nuestros nietos .

Y es que seguimos sin fijarnos en los más desfavorecidos, que desgraciadamente son cada vez más. No hace falta viajar en el tiempo o en el espacio para observar la negligencia, los estúpidos escrúpulos que mantenemos hacia muchos de nuestros vecinos. En el mejor de los casos, nos contentamos con un sentimiento de compasión, de pena, que se nos pasa inmediatamente atendemos a nuestros quehaceres personales.

A diario Dios nos pone oportunidades para que produzcamos la película de nuestra vida, de nuestra sociedad, de manera que no tengamos que avergonzarnos cuando se proyecte en las pantallas de nuestro camino. Sólo se trata de fijarnos, de fijar nuestra vista en lo importante. En aplicar las consecuencias de los excesos, del pasado o de regiones más injustas, que hoy y aquí nos parecen execrables, a nuestro día a día. Con ello contribuiremos nuestro granito a crear un mundo más justo, menos vergonzante.

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De camellos y ojos de aguja

Por: Alfonso Carcasona 05-05-2012

Carmen andaba llorosa el otro día

 El médico le había diagnosticado una artrosis galopante en sus dos rodillas, recetado descanso total. Ella que andaba con su muleta por las calles de Madrid, cuando no estaba tumbada viendo la tele. Ayudada por sus sobrinos se había acercado a compartir con nosotros un rato en la plaza. No podía caminar, por lo que tenían que llevarla en volandas. No era tarea fácil. En su angustia se veía incapacitada para el resto de su vida (está por ver, porque el informe médico no era tan pesimista).

Nosotros, los ricos, mirábamos con compasión la escena. Quien más pensaba en cómo podía ayudar con algo de dinero para ayudarle a hacerse con una silla de ruedas. Quien menos nos conformábamos con sentir pena e impotencia.

Pero hete aquí que aparecieron Jiri y Ana. Ya he hablado de ellos en este foro. No tienen nada, viven en una vieja roulotte, en la que se van desplazando de calle en calle cuando los municipales les advierten que nuestras civilizadas ordenanzas prohíben vivir en estos vehículos, aunque no tengas cuatro paredes donde guarecerte. Pero esto fue harina de otra columna.

Jiri ha estado cojo durante algunos meses aquejado de una degeneración en la cadera. Nuestra universal sanidad pública fue capaz de inyectarle algo hace dos semanas que parece que le permite volver a andar, todavía con dolores. Entretanto, se había hecho en su iglesia protestante con una desvencijada silla de ruedas que le permitía moverse empujado por la incombustible Ana.

Un nanosegundo es lo que tardaron en ofrecerle la silla a Carmen. “Corriendo” fueron a la caravana a por ella y sin ningún tipo de duda se la dieron. Ella la necesitaba más que Jiri. Era evidente que eso es lo que había que hacer, al menos para ellos.

Mientras tanto, el resto asistíamos a la escena complacidos. Se nos había resuelto el problema, ya nos dejaba ir nuestra conciencia.

Lecciones que te enseñan a leer el Evangelio, en su parte de camellos y ojos de aguja (Mt 19,24). La buena noticia es que se nos ofrecen oportunidades a diario para que dejemos de ser camellos.

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6 Dirham, 1,2 euros

Por: Alfonso Carcasona 01-05-2012

Perdóneseme la licencia de parafrasear el título de la película "1 franco, 14 pesetas"

Hoy, en el día mundial del trabajo, en el que multitud de manifestaciones han desfilado por las principales ciudades de occidente, ni una sola se ha producido en Abu Dhabi, donde 6 dirhams es lo que pagan las buenas empresas (que como en todos sitios, las hay “explotadoras”) por hora trabajada. Eso sí, se les paga el pasaje, manutención y la habitación (compartida, 6 camas), además del seguro sanitario. Todo ello no en aras humanitarias, sino para asegurarse que no habrá problemas. El trabajador firma por tres años como mínimo con la empresa. Trabaja 6 días a la semana, 11 meses al año, 8 horas al día, y tiene derecho a un pasaje de ida y vuelta por año a su casa. Para ello, las empresas depositan ante el Gobierno un aval que cubre los gastos que se originen por tales conceptos. Con ello se aseguran una tasa de paro cero.

Asombra ir en tu coche, que ya en abril marca a las 11 de la mañana 45 grados (y donde no hay una sombra), y ver gente en la calle cavando zanjas, o tendiendo cable o construyendo casas. Van cubiertos completamente, imagino que para proteger la piel del tórrido sol. 

Descontado el alcohol barato con el que transitan en su día de descanso, que no se elige, es el viernes, un cálculo rápido nos lleva a concluir que su tasa de ahorro, de ser muy austeros consigo mismos, estará entre los 2000 y 3000 euros al año. Este es el salario con el que mantendrá a su familia en su país de origen.

Repugna ver junto a ellos los porsches y mercedes que transitan esas calles por ellos pavimentadas. Como repugna pensar que esta solución es mejor que permanecer en sus países, donde ni siquiera tienen  acceso a estos salarios. Y repugna que desde Occidente seamos colaboradores necesarios de estas situaciones.

Un pequeño apunte final: León XIII, ya en 1892, defendió el concepto de salario familiar. 120 años más tarde, en muchos países ni se le conoce ni se le espera.

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El paraíso fiscal de la Iglesia

Por: Alfonso Carcasona 23-04-2012

Zapeando en Internet veo que un programa de televisión

de una de esas cadenas laicistas, dirigido a los jóvenes, anuncia un reportaje con este título.

El trailer no deja lugar a la duda. Bajo una música tétrica, con fotos de cuadros macabros, desgrana los titulares: 7000 millones de euros destinados a la Iglesia, 0 recortes en 2012, 100.000 inmuebles… A continuación extractos de las entrevistas: a una monja que debe superar los 100 años les preguntan sobre la economía de la Iglesia, a varias personas les parece que la Iglesia no hace más que robar. Un diputado del Psoe explica lo que deja de percibir el estado por el IBI que no paga la Iglesia.  Supuestos escándalos en Navarra donde dicen que los sacerdotes pasan más tiempo en el Registro de la Propiedad  que en las sacristías. Para ser justos, diré que no vi el programa (me tengo prohibido ver esa cadena, tal y como comenté en alguna columna anterior), por lo que quizá solo el trailer sea tendencioso. Ojalá, pero no creo… Imagino que en breve se nos aclarará el porque es más beneficioso para la sociedad la exención de ese impuesto (o no, como habitualmente pasa).

Periodismo de actualidad. Me preocupa que cuando hablo con mi hijo de 17 años me diga que este programa es su referente para saber cómo están las cosas (por lo menos no está de acuerdo con este episodio, pero imagino que la neutralidad en el tratamiento de los temas será similar en otros asuntos).

Hoy nuestro arzobispo de Madrid habla de sacrificios, caridad y codicia. Impecable discurso con sonido a hueco que hace que la gente lo escuche lejano.  A mi me gustaría que mi obispo me diese indicaciones de lo que tengo que hacer, no que hablase de cosas tan manidas y aceptadas como que la codicia es mala, o que dirigiese a sus fieles de una manera más llana, entendible. Que nadie pudiese no interpretar que su mensaje está dirigido a los pobres, a su defensa. Que a los ricos (que todavía lo somos la inmensa mayoría de esta sociedad occidental) nos recuerde que somos administradores de bienes no propios y que, con independencia de los legisladores, tenemos que ser responsables de nuestros hermanos más desfavorecidos. Y que lo haga dando ejemplo,  evitando chistes demagógicos.  

Entretanto, la inmensa mayoría de la Iglesia asistimos impotentes al descrédito de la institución, ya sea por acción, u omisión de repuesta adecuada. Pero seguimos dando gracias a Dios por todo ese compromiso silencioso del que aprendemos día a día.

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Abierto en Domingo

Por: Alfonso Carcasona 14-04-2012

Vivimos, sin duda, una de las mayores crisis que la economía española ha tenido que soportar

 en las últimas décadas.  Gente como yo, que frisa los 50, no nos hemos enfrentado a una situación igual.

Leía esta semana artículos que hablaban de que nos hallábamos en medio de una guerra financiera, en la que no hay sangre, pero si destrucción. Destrucción en forma de pérdida de riqueza, de actividad económica, de puestos de trabajo. Más de cinco millones en nuestro país, con perspectivas de incrementar esta cifra, y de manera considerable, en los próximos meses. Más de la mitad de nuestros jóvenes aún no han encontrado su primer puesto de trabajo, y los que lo pierdan cumplidos ya los 40 tienen serías posibilidades de no volverlo a encontrar. La contracción de la actividad hace que se destruya empleo. La deuda asumida, tanto por particulares como a nivel de estado hace que los que todavía nos prestan dinero lo hagan mucho más caro de lo que parece razonable nuestra economía puede soportar.

Nubarrones negros sobre los que no quiero insistir en esta reflexión, como tampoco de las causas. Más al contrario, me gustaría compartir algunas ideas sobre una medida en concreto que obviamente no va a resolver el problema, pero que puede aportar un granito de arena: la aproximación de un cristiano (yo) ante la apertura dominical de comercios.

Parece que nuestra Iglesia se opone a esta medida, y se ha alineado,  como no suele ocurrir a menudo, la jerarquía con algunos movimientos “progresistas”. Sospecho que por motivos distintos. Los primeros en su celo de santificar el domingo, el día del Señor. Los segundos para evitar la alienación del trabajador y proteger sus derechos.

Ambos se amparan en la Doctrina Social de la Iglesia para defender el que los cristianos nos debemos oponer al trabajo dominical (por cierto, hay mucha gente, fuera del ramo del comercio, que trabaja los domingos y no he oído manifestaciones al respecto…). No me considero un experto, pero algo he leído de la DSI, incluida la Carta Apostólica Dies Domini (DD), en la que aboga por un domingo de “fiesta y alegría”, unido al de descanso. En ella se hace referencia a que es “ciertamente difícil…”santificar” el domingo, no disponiendo de tiempo de descanso suficiente” (número 64).  La lectura literal, de un documento del año 1998, parece dar a entender que los cristianos debemos no trabajar los domingos, y dedicarlos al Señor. 

Mi pregunta sería, honestamente, ¿cuántos cristianos dedicamos el domingo al Señor? ¿De verdad el tiempo que dedicamos a no trabajar, lo dedicamos a Dios? ¿es nuestro día de la solidaridad? (números 69 y ss) los horarios actuales de 8 horas como máximo, ¿hacen incompatible nuestro trabajo con la asistencia a la asamblea del domingo, a la misa de nuestra comunidad por excelencia? ¿qué diría Jesús si le viesen dar trabajo a quienes no lo tienen en domingo?

El número 81 de DD nos puede dar una clave:  habla que es de “importancia capital que cada fiel esté convencido de que no puede vivir su fe…sin tomar parte regularmente en la asamblea eucarística dominical”. Creo que los cristianos nos tenemos que preocupar por recuperar los tiempos de santificación de Dios (además de los domingos), de participar conscientemente en la Eucaristía dominical, encontrar el tiempo para prepararlas en nuestro corazón, ser solidarios no solo el domingo, o en los días de descanso. Y si habilitar nuevos puestos de trabajo –para aquellos que no trabajan ni un solo día-, generar riqueza todos los días de la semana, se puede hacer compatible con nuestra participación en oración en nuestra comunidad pues creo que cristianos y no creyentes nos tenemos que alegrar. Nadie está discutiendo, que no se tenga derecho al descanso, a días de descanso. Pero hoy no necesariamente tienen que ser en domingo.

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Enseñanzas del Camino de Santiago

Por: Alfonso Carcasona 08-04-2012

Por quinto año consecutivo nos pusimos en marcha

 el Viernes de Dolores para completar cinco etapas del camino. Además de los peregrinos con los que nos cruzamos –pocos, a pesar de hacerlo en Semana Santa- nuestro peregrinaje a Santiago tiene como característica el aunar diferentes generaciones. Este año ha sido excepcional,  tanto por el número (llegamos a andar 18 personas), como por la calidad y la edad de los participantes. Y precisamente de las dos benjaminas del grupo quiero hablar en esta columna, de lo que he aprendido de ellas.

Como cualquier peregrinación con sentido, el Camino de Santiago es una metáfora de nuestra vida. De dificultades y alegrias, de soledad y conversaciones, de ampollas y recompensas. El camino puede ser tedioso, forzado, sin objeto. Andar por andar, afrontar cada día como uno más, y no como el más extraordinario de nuestra vida. Afrontar lo desconocido nos puede dar miedo, o nos puede motivar para descubrirlo en toda su magnitud. Lo que para algunos no es más que transitar por la vida, dejar que los días se nos escapen entre las manos como agua vertida, para otros es un reto impresionante ante el cual no dejarán que el dolor, el cansancio, el frío o el calor, o lo anodino del paisaje en algunos casos, les impida coronar cada etapa. Y lo harán con una sonrisa cómplice, con la conciencia de haber superado la dificultad, a la vez que han disfrutado y hecho disfrutar a los que caminaban con ellos. 

Setenta años separaban a las dos benjaminas del grupo. Ambas acababan mucho más cansadas que el resto de los peregrinos, ya sea solo por cuestiones de la edad. La más pequeña, además, con su dolorida pierna, que le hacía cojear los últimos kilómetros de cada etapa. Pero en ambos rostros se podía leer,  el orgullo del propósito conseguido, de la satisfacción profunda de haber vencido a lo desconocido. Pero ni ellas, ni nadie del grupo recuerda ya el cansancio y dolor que acompañaba esa alegría. Nada más acabar ya estaban pensando en la etapa del día siguiente y por la tarde nos divertían con sus chistes y risas.

Y eso me enseñaron Maria Luisa y Ana este viaje. Como casi siempre en la vida tenemos alternativas. Que nuestra cara, que nuestra actitud o gestos recuerden el dolor, el tedio y el cansancio implícito en cualquier vida, o que por el contrario, el ansia de superación, el disfrutar y hacer disfrutar, sea la característica con la que me recuerden. Ellas me han enseñado cómo afrontar las etapas difíciles del Camino.

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Profesión o vocación

Por: Alfonso Carcasona 17-03-2012

Desde esta tribuna hemos criticado a veces

el inmovilismo de nuestra jerarquía en cuanto a la comunicación de lo que es la Iglesia y de sus acciones. Instalados en los métodos de comunicación del siglo XIX, no llegan a los fieles laicos, y por supuesto a los no creyentes. Sólo los grandes mensajes negativos, los escándalos, las tergiversaciones, parecen tener hueco entre las noticias cotidianas.

Pues bien, la Conferencia Episcopal Española parece haber decidido cambiar el chip y ponerse a la vanguardia, con una página web (www.teprometounavidaapasionante.com) en la que se ha colgado un video de más de dos minutos para motivar a las personas a entrar en el seminario y convertirse de profesión en sacerdote.

Desde el punto de vista de la forma, me recuerda mucho al anuncio de captación de soldados de las Fuerzas Armadas, lo cual no sé si es necesariamente bueno. Sorprendentemente está subtitulado en inglés, por lo que parece dirigido a personas bilingües, pero no a los sordos. Imagino que al estar en Internet la conferencia querrá engordar los números del seminario con postulantes que no dominen el español.

En el primer mensaje, que es el que se retiene, una persona que oculta su alzacuellos (en la segunda parte del spot aparece con él) “no promete un gran sueldo, pero sí un trabajo fijo”. ¡¡¡Pero qué barbaridad y qué sandez!!! Luego se enumeran decenas de no promesas/promesas eclipsadas por esta primera.

O sea, que como hay paro, o te conviertes en empresario o en sacerdote. O en militar. Los que no podáis hacer otra cosa, ya sabéis, a cualquiera de estos tres colectivos. Da igual que tu carácter no sea de emprendedor, y que cuando tengas dificultades te vengas abajo. Lo importante es sacarte de la lista del paro, aunque eso te lleve a fracasar en pocos meses, arruinándote a ti y a tus allegados. O si eres un poco religioso, pues ya sabes, empleo fijo como sacerdote. Si te van las armas (o las misiones de paz, en este enmarañado mundo político en el que vivimos), pues nada, a las fuerzas armadas… ¿Cuál será el segundo video? ¿www.desdeelseminariohastalapurpuracardenalicia.com? Puestos a convertirnos en agencia de colocación, el mensaje puede resultar incluso más atractivo, al igual que pasaba en siglos anteriores…

Yo no soy sacerdote, y entiendo la preocupación que existe por el descenso de vocaciones. Lo que no entiendo es que este descenso se trate de arreglar con profesionales del sacerdocio. Mi interpretación, sé que superficial y no tan profunda como la de los que han aprobado este spot, es que Jesús condenaba este tipo de sacerdotes, los profesionales, que hacían del sacerdocio no una vocación, sino un trabajo.  Mis amigos sacerdotes no lo consideran así, desde luego, y eso hace que su vaciamiento hacia los demás sea independiente de si reciben un salario o no.

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Ordenanzas municipales

Por: Alfonso Carcasona 05-03-2012

Mi amigo J. vive en una autocaravana.

 Con él mi amiga Ana. De ella ya os he hablado en alguno de estos apuntes anteriormente. 

No viven haciendo turismo, precisamente. J. es una persona extranjera, de unos 60 años, camionero de exprofesión, al que la vida ha conducido a vivir en su caravana, aparcada en la ribera del Manzanares. Como otras muchas roulottes, que cada vez más vemos acostadas en nuestras calles.  

La autocaravana está estropeada, no arranca. Si lo hiciese tampoco podría avanzar mucho, con los 5 o seis litros que me dice le quedan de gasolina. J. ha aprendido a hablar un poco de español en el último año. No tiene ningún ingreso, y sufre horrores de una cadera, que le dificulta andar.

Anteayer le visitó la policia. La ordenanza municipal del ayuntamiento de Madrid, le dijeron, prohibe aparcar las caravanas en nuestra ciudad, cuando se usen como“lugar habitable con cierta vocación de permanencia, por cuanto impide la libre circulación…y dificulta la equitativa distribución de aparcamientos”. Toma ya. Volvemos al democrático uso del término “equitativo”, en el sentido de dar a todos por igual, no a cada uno lo que necesita.

Más allá de la redacción injusta y desafortunada de nuestra ordenanza está el drama de esas familias que se ven abocadas a vivir en una caravana, en plena calle. Soportando las inclemencias del tiempo, solo resguardecidas por una plancha de plástico. Y les prohibimos que tengan acceso a una vivienda, no ya digna, pero al menos suficiente, mejor para ellos que un albergue. 

Cinco días le han dado para que mueva la caravana, de lo contrario la mandarán  al depósito, y a ellos a dormir a la calle.

Cinco días para que se vaya de la ciudad que no permite estacionar este tipo de vehículos en la vía pública, por cuanto dificultan la equitativa distribución de aparcamientos. Parece una frase del lejano oeste, de película, del pasado. Pero esto es Madrid 2012. 

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Linchamientos

Por: Alfonso Carcasona 25-02-2012

Curioso y despreciable el género humano,

 que se estremece ante conductas de otras sociedades o de otros tiempo, pero las asume con tranquilidad si son de su época. Desde el tiempo de los romanos, a la edad media, pasando por el lejano oriente o más cercano, la revolución francesa o nuestra guerra civil, cientos son las películas y novelas históricas que nos ponen los pelos de punta ante la capacidad de barbarie que tenemos los hombres. Cuerpos despedazados,  cabezas en picas, intestinos colgando. 

Hoy todavía asistimos en algunas partes del mundo a estos sucesos, a lapidaciones o ejecuciones grabadas con el móvil como la del líder libio Gadaffi.  Ejecuciones en estadios públicos, o en las plazas de los pueblos. Nuestra sensibilidad occidental nos hace repudiar estas conductas, aunque a veces, si no nos las enseñasen…

Pero con lo que disfrutamos sin pudor en Occidente es de los linchamientos mediáticos, en los que no hay sangre de por medio. Y si hubiese un poquito, pues tampoco le haríamos ascos. Si, por algún casual, en el fragor de los insultos, a alguien se le va un poco, o un mucho la mano, pues nada, a condenarlo con la boca pequeña y a seguir.

Viene esto a cuenta de los juicios paralelos que se incitan desde el cuarto poder, ávido de vender ejemplares o captar audiencia. Y la poca formación moral de los que los seguimos hace que enterremos en vida a personas que, aunque sean culpables, no deberían ser objeto de un tratamiento semejante. San Francisco condenaba como pecado grave la difamación. Pero quizás pocas veces habló Jesús tan claro, sin necesidad de palabra, como en la escena de la adultera (Juan 8). Es el único escrito que nos ha dejado, desafortunadamente borrado de inmediato por el viento. Difícilmente podemos los cristianos no entender su mensaje en este punto. Pues bien, muchos que así nos consideramos, de los de golpe en el pecho,  desatendemos esta elemental norma de convivencia todos los días. 

 

 

 

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Busquemos la coherencia

Por: Alfonso Carcasona 19-02-2012

Esto de ser administrador de este ilustre blog

me da la ventaja de poder disfrutar de los artículos publicados un nanosegundo antes que todos vosotros. Y en ese nanosegundo (que a veces duras unos días) meditar sobre ellos, y de vez en cuando encontrar el tema sobre el que reflexionar conjuntamente con todos los que tenéis la paciencia de leerme. 

Esta semana publica Pepe Lorenzo su columna acerca de cómo la crisis está llenando las Iglesias. Desgraciadamente, el hombre es así, nos acordamos de Santa Bárbara sólo cuando truena… Ojalá sepamos en la Iglesia aprovechar esta segunda oportunidad que se nos da de acoger a aquellos que, como señala el obispo Sebastián Taltavull, están cerca, pero en la época de los oropeles se habían alejado… Y acercar a aquellos que estaban más lejos, no solo con las palabras, sino con nuestro ejemplo y buenas obras.

Sin embargo, no estoy de acuerdo con el juicio que hace de la actividad de los bancos estos días. Criticamos el hecho de que nos hallemos en esta situación de crisis por su falta de tino, por su codicia en la concesión de operaciones que ahora se llaman hipotecas “basura”. Es decir, préstamos que se dieron y que hoy han resultado fallidos. Como el que firmó no los puede pagar y dio en garantía la casa que con ese dinero compraba, pues el banco se la ha adjudicado. Y como esto ha pasado en demasiados casos pues ahora no hay nadie capaz de comprarlos y los bancos se tienen  que quedar con ellos. Y como parece que ahora nadie está dispuesto a pagar por ellos el precio que se pagó entonces, pues nada, los bancos a provisionar (quitar) su valor en sus balances, y con ello generar pérdidas. En cualquier compañía que no sea un banco, si esas pérdidas no se pueden compensar con reservas, pues nada, a quebrar y ya está. Pero los bancos tienen nuestro dinero en forma de depósitos y claro, eso supondría la quiebra del sistema. Leo que a los clientes de Spanair que habían depositado su dinero para comprar sus billetes parece que no se lo van a devolver, sin embargo. Curioso, pero esto sería objeto de otra columna…

Aboga mi amigo Pepe porque los bancos den dinero a clientes no necesariamente solventes (entiendo que desde el punto de vista económico). Y yo me pregunto, si eso pasase, ¿no estaríamos replicando la situación previa a la tragedia de las hipotecas basura? Con el agravante de que, probablemente, para prestar ese dinero los bancos (o quien lo diese) pediría algún tipo de garantía. Los que tuviesen casa en propiedad la pondrían en garantía. ¿Y si no la pueden pagar? ¿Simplemente no se paga y ya está? Porque si se ejecuta la garantía…

Los bancos no prestan dinero porque, entre otras cosas, no lo tienen, fruto de su equivocada política de prestar a quien en el futuro igual no lo podía devolver. Y quizá sea un efecto bueno de esta crisis que nos obliga a cambiar completamente los valores. Igual la economía familiar y empresarial no debe estar tan endeudada. Igual no tenemos que firmar préstamos para viajes, o regalos, o coches. O casas que no nos podemos permitir, ni siquiera de alquiler. Igual tenemos que ser más austeros, pero de verdad. Igual, en la búsqueda del bien común, lo que tenemos que plantearnos de verdad es un cambio profundo en las reglas de nuestro selecto club. No sólo flexibilizarlas, sino cambiarlas completamente. O cambiarnos de club, si tenemos coraje. 

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Decisiones judiciales

Por: Alfonso Carcasona 10-02-2012

Dos sentencias han conmocionado la opinión pública española esta semana.

Por un lado, la condena por dopaje a Contador, que le inhabilita para correr el Tour y las olimpiadas. Por otro, la del juez Garzón, que le inhabilita para ser juez.

La primera ha causado en nuestro país, en nuestra opinión pública, una reacción casi unánime de condena de la sentencia. Se argumenta que es injusta porque no prueba la comisión de la infracción. Parece ser que en otras opiniones públicas –en especial la francesa y la danesa- la reacción ha sido la opuesta, teniendo en el caso francés una mofa particular que intenta desprestigiar a los principales deportistas españoles. Por supuesto la reacción española ha sido la de gallarda indignación y casi llamada a consultas de nuestro embajador.

La segunda ha causado en una parte de la opinión pública, probablemente la más gritona, la que se arroga la defensa de los valores universales, un desgarramiento total de vestiduras, el salir a la calle e indignarse ante unos jueces a los que llama fascistas y corruptos. En este país, en cuanto no estás de acuerdo con alguien el primer insulto es el de fascista, imagino que en contraposición de demócrata, que es el que lo grita, al no aceptar la posición del contrario.

Me llama la atención que en condenado, un juez (o ex-juez, para ser más preciso), acuse a sus compañeros de tener la sentencia preparada hace meses. Me parece correcto y más que legítimo que no esté de acuerdo con la sentencia, que la recurra en todas las instancias posibles pero, después de recusar a más de una decena de compañeros, ¿todavía puede acusar a la Justicia, de la que él formaba parte de redactar sentencias antes de iniciar los juicios? 

Más moderada y digna de aplauso ha sido la reacción del deportista que, como no puede ser de otra forma, continúa defendiendo su inocencia y anuncia los recursos pertinentes. En este caso, probablemente solo el implicado sabrá si efectivamente cruzó la línea o no. Por mucho que tengan que ser terceros los que lo juzguen. 

Esta es la sociedad que nos hemos dado, en la que delegamos, para bien o para mal en terceros para que tomen decisiones cuando surge un conflicto, cuando algo no está claro. ¿Son esas decisiones verdad divina? Evidentemente no, al estar tomadas por hombres, y por tanto ser falibles. Pero si estamos sometidos a los tribunales, acatémoslas, aunque disentamos y creamos que son erróneas (en su caso) y por lo tanto injustas.  

Y respetemos a los condenados, por los que debemos sentir compasión, aunque peleen porque no la sintamos. No desear para los demás lo que no quiero para mi. Imagino que en estos dos casos, como en los innumerables casos que los medios no nos dan a conocer cada día, los sentimientos de desolación, tristeza, abandono e injusticia son tremendos. Lo menos que puedo hacer por ellos, es com-padecerlos.

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¡Qué pereza!

Por: Alfonso Carcasona 04-02-2012

Escribo estas lineas sin saber cual de los dos candidatos ha ganado.

Y he de decir, que poco me importa, a tenor de su trayectoria y de sus postulados. Pero me ha llamado la atención el resumen que han hecho los informativos, de menos de un minuto, de sus últimos discursos, antes de la elección.  Destacados dirigentes, muchos de ellos responsables de la situación de pobreza, económica y moral, en la que nos encontramos,  aparecían ante los micrófonos felices y destacaban la brillantez de los mismos. Y después de esto,  decían, “es imperativo que todos nos pongamos, unidos, sin discordancias, detrás del líder que elijamos.” 

Como digo, no he oído por entero los discursos, y a riesgo de ser injusto, me quedo con el resumen que de ellos se han hecho,  refrendado con las  palabras de uno de sus dirigentes más controvertidos: “ha sido un gran discurso y sobre todo muy laico”.

¡Laico! ¿Pero es de verdad este el problema que afronta España estos días? ¿Es lo que importa a los más de cinco millones de parados, a las más de millón y medio de familias sin ingresos, a los dos millones de personas que probablemente perderán su empleo entre 2012 y 2013? Y desde el punto de vista no económico ¿nos encontramos ante la disyuntiva de un estado religioso o laico?

La falta de ideas, la trayectoria de los candidatos, y por sus discursos, la endeblez intelectual y moral de los delegados a los que se dirigen, me dan mucha pereza, a la vez que confirman mi preocupación acerca de la sociedad que estamos construyendo. Cualquiera que gane distraerá la atención acerca de su incapacidad de liderazgo con la demagogia laicista. Le dio resultado a su antecesor, y posiblemente les de también a ellos. Rasgarse las vestiduras es un acto que ha venido realizando el hombre desde hace miles de años., y por lo que se ve, los políticos de nuestra época siguen adoptando esa pose.

Chacón escoltada por Pajín y Zerolo, Rubalcaba anunciando en su discurso la revisión de los acuerdos con la Santa Sede (prioridad absoluta, lo que necesita la sociedad española, sin duda). 

Cualquiera que gane nos hará perder. Serán cuatro años marcados por el ansia de poder, no por la búsqueda del bien común. ¡Qué pereza, y qué tristeza!

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