Martes 12 de Noviembre 2019

Santos Urias

Contador y cantador de historias. Aprendiz de lo eterno. Buscando día a día, en los margenes de la vida, esa sabiduría escondida y humilde, la sabiduría del corazón...

CON LA BOLSA POR LOS SUELOS

Por: Santos Urias 09-08-2016

Venía de la compra semanal:

leche, yogures, zumos, fruta, embutidos, alguna conserva… Una bolsa bien repleta que me iba pasando de mano en mano para no cargarme demasiado la espalda y que los brazos no se cansasen. De repente noté que el plástico cedía. Casi no me dio tiempo de reaccionar, apenas pude bajar un poco la compra para que los frascos de cristal no se llegaran a romper con el impacto. En apenas unos segundos alimentos y bebidas rodaban entre mis piernas, con las que intentaba sujetar lo que podía. Algunos viandantes se solidarizaron con su mirada y sus expresiones: “vaya se ha roto”, “que mala suerte”. Cuando abrazaba el mayor número de productos e intentaba ponerme en pie con ellos, un chico se acercó saliendo de una tienda de tabaco. Había ido a preguntar si tenían alguna bolsa y corría con ella hacía mi: “no es muy grande pero es resistente”. Mi cara agradecida y mis apuros para caminar lo decían todo. Me ayudo a meter algunas cosas y en ese momento apareció de la tienda de al lado una mujer china con dos bolsas más: “toma, toma”. Yo me deshacía repitiendo: “muchas gracias, muchas gracias”. Recolocamos todo en dos bolsas y con más comodidad que antes pude regresar a mi casa con la compra, entre el calor y la sonrisa.

Nunca una bolsa por los suelos me hizo sentir tan bien. A veces tienen que romperse los mimbres para poder construir algo nuevo. Esta vez en forma de preocupación, de vecindad, de ayuda. ¿Quién dice que cada uno va a lo suyo y no le importan los demás? Puede que estemos equivocando a veces nuestros acentos educativos con individualismo, competitividad, hedonismo, pero en el fondo del ser humano está el sello de la bondad, de la belleza, de la cercanía… Una bolsa rota me llenó la semana no sólo de alimentos, sino de ternura y de esperanza; de que hay gente buena; de que la gente es buena. En China, en Madrid y en Tombuctú.

Gracias. Muchas gracias. 

 

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CUESTIO DE COHERENCIA

Por: Santos Urias 26-07-2016

Rejuvenecer una sociedad envejecida

y rechazar los flujos migratorios. Estar a favor de la pena de muerte y condenar el aborto. Desear una familia unida y favorecer un sistema económico que alarga los horarios de trabajo y dificulta la conciliación. Estar contra los transgénicos y apoyar el transgénero. Buscar la extensión de los derechos humanos a los animales lesionando los derechos humanos. Ofender la libertad religiosa de múltiples maneras justificándolo como una forma más de libertad de expresión, y juzgar y condenar opiniones discutibles pero fundadas tachándolas de homófobas y dogmáticas. Promover fundaciones o ayudas de carácter social y explotar a niños o mano de obra barata con contratos basura. Defender los derechos de la mujer y alimentar la instrumentalización sexual. Criticar a los políticos, los banqueros, los sindicatos, la iglesia, y reproducir sus errores a escala en nuestras vidas. Quejarnos del nivel intelectual y de formación viendo algún programa de la llamada telebasura. Hablar de solidaridad y no saludar a un transeúnte. Lanzar soflamas contra el sistema capitalista injusto y su consumismo desmesurado mientras me fumo un porro, hago botellón y manejo mi móvil de última generación. Tratar a las personas como objetos y no querer que me traten como un objeto. No cuidar mi ciudad y quejarme de sus servicios. Comprar tan, tan barato, sin preguntarme porque es tan, tan barato. Proclamarse antifascista y utilizar métodos fascistas. Gritar y armar jaleo de madrugada y molestarme que griten y armen jaleo de madrugada. Fomentar las relaciones virtuales y quejarme de la deshumanización de las relaciones. Sexo bueno, bonito y barato, y no asumir las enfermedades derivadas, los embarazos no deseados, las consecuencias afectivas. Proclamarse anticomunista y utilizar métodos stalinistas. Querer vivir más años y con más calidad de vida, y arrinconar a nuestros mayores porque son una carga y un estorbo. Pedir una sociedad reconciliada y no estar dispuesto a perdonar. Querer que mis hijos tengan un trabajo digno, y mantener mi empresa a costa de becarios, contratos en prácticas, temporalidad sin estabilidad. Evitar la muerte, los tanatorios, los funerales y no querer estar solo ante una perdida. Rechazar los prejuicios y prejuzgar por cuestiones ideológicas, religiosas, sociales… Querer un mundo más justo, más solidario, más pacífico y no mover un dedo cuando se produce una injusticia, una falta de solidaridad, una agresión o forma de violencia (o lo que es peor, justificarla). Sentirme rechazado por estar fuera de mi país y rechazar de alguna forma al que viene de otro país. Acusar de falta de transparencia, de verdad, de rigor y no contrastar las informaciones que me llegan y que difundo.

Intentar quejarme menos del otro y de los otros, y aprender a conjugar dos términos: coherencia y sentido común.

Coherencia: conexión, relación o unión de unas cosas con otras. Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

Sentido Común: capacidad de entender o juzgar algo de forma razonable. 

 

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LUCA

Por: Santos Urias 06-07-2016

Luca a venido a Madrid a aprender castellano.

 Por no sé qué carambola cayó en sus manos un ejemplar de mi segundo libro: “El Reloj de Arena”. Quería que nos conociésemos. Sincero, sencillo, pausado. No concibe la vida sin ese Dios que se ha hecho compañero de camino. “No sólo creo, es que lo siento aquí”, me dice mientras se señala el pecho. Toma un sorbo de café y sigue hablando una mezcla de inglés, italiano y español. Me pregunta acerca de la Parroquia, de su carrera de empresariales y derecho, de su mundo afectivo bajo el prisma de la homosexualidad. 

Lleva algún tatuaje y quiere hacerse uno nuevo en la muñeca: un reloj de arena. Le ha impactado la imagen de ver pasar el tiempo con una mirada contemplativa. “Es que es verdad”, me dice con entusiasmo. El tiempo es sagrado; el tiempo nos habla de la vida; el tiempo es maestro y discípulo; es tiempo de Dios. Cae la arena de los días, de las horas, de los minutos, de los segundos. Cae despacio o, a veces, con la sensación de que cae demasiado deprisa. Los ritmos, los silencios son importantes. Luca me lo ha recordado. Todos llevamos tatuado un reloj de arena a la altura del pecho.

Le he regalado mi libro. El me ha regalado un buen rato en una terraza, de esos encuentros que tienen gusto a evangelio. Y le prometí contarlo. Y aunque acumulo multitud de defectos y me acompañan cientos de flaquezas, intento no faltar a mis promesas.

 

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DE UN HILO

Por: Santos Urias 20-06-2016

La vida es caprichosa.

 Se mueve grotescamente entre el orden y el caos. Orden que maravilla y fascina; caos que desconcierta y embelesa. Tú sacas tu entrada para el espectáculo de las veinticuatro horas, pero no sabes lo que se esconde tras el muro de los minutos y los tiempos. Hoy toca lo programado y saltas seguro sobre las baldosas. Mañana vuelas en parapente por detrás del silencio y con los ojos cerrados. 

No me acostumbro a no ser dueño de nada, y quizás esta es una de las lecciones que se aprende por el camino: Todo a tus pies sin que nada realmente te pertenezca, ni tu propia vida. Los muy racionalistas me dicen que como puedo creer en Dios en el siglo veintiuno; yo lo que no me explico es cómo puedes levantarte y acostarte sin creer, sin confiar, sin hacer de cada momento una pequeña oración de diálogo con el Eterno.

Así las heridas, los malestares, la violencia, el egoísmo, la rabia, los complejos, la prepotencia, el abuso, la venganza, el dolor, el aislamiento, la muerte…

En el fondo es una cuestión de fe. De aquello en lo que creemos, lo que compartimos, lo que generamos. Más allá de teorías, de ideologías, de palabras. 

La vida es caprichosa. La vida nos educa. Sólo hay que estar dispuesto a aprender. Es quizás la única condición que se nos pone para este viaje: andar en humildad. Conscientes de que todo, al fin y al cabo, pende de un maravilloso pero frágil hilo.

 

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CON LA MÚSICA A OTRA PARTE

Por: Santos Urias 17-05-2016

Lo confieso: soy melómano.

 Enamorado de la música. Consumidor impulsivo de sonidos y melodías. 

Esta semana una amiga me dejó un libro muy curioso, cada capítulo lleva al comienzo una pieza clásica para escuchar durante la lectura. El texto es de una crudeza inusual. El autor es un pianista que arrastra traumas, conflictos, dolores del “alma”. La sinceridad con que está escrito, a veces con desgarro, y la banda sonora de cada parte me han cautivado. El momento de la lectura se ha convertido en una especie de pequeña oración. Sin duda, los sentimientos, lo profundo, conecta con esa matemática de las sinfonías, de las sonatas y de los conciertos. Al fin es un lenguaje que aunque se pueda estudiar y explicar, va más allá de toda lógica. Es la maravilla de la creación, el vomitar poéticamente todos los pensamientos, las pasiones, la desesperación, la fe. He encontrado dolor en las teclas golpeadas de un piano; paz en las cuerdas rasgadas de los violines; súplica en la temblorosa voz de un coro. Es algo que transciende, que nos transciende.

El libro se subtitula: “Memorias de música, medicina y locura”. Música para volar. Medicina para sanar. Locura para creer. 

Siempre nos queda la posibilidad de hacer la maleta de nuestras emociones y viajar con la música a otra parte.  

 

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DIARIO DE UN CIUDADANO

Por: Santos Urias 18-04-2016

Me levanto por la mañana.

 Suena ese horrible despertador que compré en lo chinos y que falla cada dos por tres. Su pitido es como una taladradora en mis tímpanos.

Después de una ducha rápida bajo al bar de la esquina. Voy con cierta prisa, pero allí está ese “Peru” que parece que se le están acabando las pilas. Puede tardar en servirte un café lo que empleas en leer el periódico.

El metro como siempre a estas horas por la mañana está bastante abarrotado. Cada vez cuesta más encontrar un españolito, es como una plaga que se extiende. Unos gitanos rumanos o búlgaros tocan el acordeón. Casi pagaría para que se callaran de una vez.

Por fin llego al trabajo, no sin antes pasar por delante de un grupo de marroquíes con muy mala pinta que yo creo que trapichean a la puerta de ese instituto.

En la obra nos han puesto un nuevo maestro que parece polaco, ruso o algo así. Trabaja mucho pero apenas dice nada y si abre la boca sólo es para dar órdenes. Ya podía aprender a hablar bien en vez de mandar tanto. 

En la hora de la comida me compro unos zumos y algún sándwich en los ultramarinos del barrio. Ahora los lleva un Hindú que parece tonto, no para de decir: “si, si…” y sonríe y sonríe.

Por fin a la salida del trabajo intento relajarme en el Gym del barrio. Ahora van muchos argentinos. No sé, los argentinos me caen bien y las argentinas más.

Bueno, me tomo un yogurt griego para cenar y me quedo adormilado viendo Españoles por el Mundo. Algún día me gustaría viajar por ahí para conocer cosas diferentes y conocer gente.

 
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DIFÍCIL DE ENTENDER

Por: Santos Urias 25-03-2016

que la guerra se instale en nuestras casas.

 Que los niños se acostumbren a las bombas. Que alguien rechace a otro por el color de su piel o su procedencia. Que los ancianos se apaguen en soledad sin el roce de una caricia. Que alguien se inmole por odio y no por amor. Que maltratemos nuestro planeta sobreexplotando o acumulando basura. Que se mire por encima del hombro. Que los jóvenes se conmuevan con las imágenes de los móviles y pasen de largo ante el que sufre a su lado. Que se utilice el nombre de Dios en vano. Que las niñas comercien con su cuerpo. Que alguien viva bien a costa del sufrimiento de otros. Que se pierda el respeto, la educación, la cortesía. Que la poesía se tenga que esconder en las alcantarillas. Que las ideologías se conviertan en armas arrojadizas contra nuestra esencia común de seres humanos. Que se comercie y se manipule el valor de la vida. Que no aceptemos al diferente. Que acumulemos y no disfrutemos de los regalos que nos trae cada día. Que las sonrisas se vendan tan caras. Que el agua no alcance para todos. Que se abuse y se maltrate. Que se manipule la información. Que robemos los sueños con guante blanco. Que la hospitalidad sea una amenaza. Que cueste tanto pedir perdón. Que cueste tanto perdonar. Que escondamos la cabeza cuando el dolor llama. Que la muerte sea una extraña.

Hermana vida, hermana muerte. Tú caminas con nosotros. En tu fraternidad se fraguan nuestras ausencias y nuestras presencias. Si te perdemos el miedo todo es posible… por amor.

Eso significa vivir agarrado a una cruz, por difícil que sea de entender.

 
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DOLOR DE MADRE

Por: Santos Urias 24-02-2016

Una madre joven

 se acerca para hacer una confidencia. Su sufrimiento crece. Sus dos hijos, pequeños todavía, llevan diez días sin hablarse. Comida separada. Juegos sin cruzar miradas. Frialdad y desapego. Es como una herida que la rompe el corazón, que se desangra cada día que pasa.

Otra madre de mediana edad llora por sus crianzas. Jóvenes aun, llevan diez meses distanciados. Opiniones diversas, encontronazos frecuentes. El contacto es inexistente. Bajo el mismo techo, pero con los cuchillos afilados; esas pocas palabras que cuando se utilizan, son para herir o desgarrar.

La gran madre, ya anciana, sufre en sus últimos alientos. Sus hijos, incapaces de compartir nada juntos, tienen diez años a sus espaldas de reproches, de insultos, de rencores… El dolor se mide por ese tiempo que puede ser puente o abismo. Y cuando el abismo asoma, el pecho maternal tiembla, suspira, gime en silencio.

¿Os imagináis mil años sin hablarse? ¿Qué madre aguantaría este calvario? Viendo a sus hijos caminando sin cruzarse,  en sus proyectos y en sus mundos. Con el orgullo de ser hijos pero sin dirigirse la palabra. Así la Iglesia llora. Ese Dios Padre- Madre seca sus lágrimas porque mil años de dolor son muchos años esperando un abrazo. Y ese abrazo ha llegado: Francisco y Cirilo, dos hermanos de sangre, han visualizado la ternura de Dios.

Es tiempo de encuentros. Gente diferente: culturas, religiones, formas de pensar, ideologías, procedencias, razas, sensibilidades sociales. Pero por encima de todo, hijos de un mismo Dios. Una madre que nos mira, y que se debate entre el dolor de observarnos ausentes y confrontados, y la confianza del encuentro y del abrazo. Tiempo para buscar zonas comunes. Para la escucha y la paciencia. Para calzarse los zapatos de nuestros hermanos. 

Todo es posible después de mil años… 

 

 

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El mar, santuario y faro

Por: Santos Urias 08-02-2016

Los puedes ver,

como zurcidos en el litoral por haces de luz. 

El océano inmenso, insólito, desbocado. Revolviéndose y mordiendo con dientes de espuma. Cada golpe es como un tambor celebrando la vida. Algo religioso: entre el misterio, el temor, lo inabarcable, el asombro.

Otra puntada en el Santuario. Serena piedra con ojos de madre. Viendo pasar náufragos y aventureros, conquistadores y esclavos. Repartiendo bendiciones a golpe de campanas y encomiendas. Cuantos deseos se habrán amarrado a sus torres dichas con la mirada, pronunciadas sin mover los labios.

Y en el último pespunte la luz que guía. Esa torre que en la humildad de su cabo, pide permiso para que nadie tropiece. Cuántas vidas se habrán salvado por esa pequeña luz pálida e intermitente. Fuegos que despiertan, que encauzan, que orientan. Vocación de traslucir la claridad, de romper oscuridades, de evitar naufragios. Como mirando con un ojo. Como un sol que parpadea o una estrella que rutila.

 

Mar, Santuario y faro. Vamos a coser el tiempo haciendo presencia; y que esta aguja nos pinche porque seguimos despiertos.

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EL TRABAJITO

Por: Santos Urias 18-01-2016

Buenas, vengo por lo del trabajo.

Y así recibido por el mismísimo San Pedro, Salva presentó su currículum hecho así en un trozo de papel de periódico, con faltas de ortografía y manchas de aceite. Pedro se puso las gafas y examinó con cuidado cada apartado.

-       Parece que no has perdido el tiempo. – Le dijo con una sonrisa en la boca.

Ocupado y preocupado por los suyos, familiares y amigos, con los que no en pocas ocasiones hubo más que palabras. Buscavidas profesional: técnico en venta de clínex y guiños cautivadores. Experiencia probada en sustancias, con capacidad para diferenciar un speed o un trankimacin. Organizador de eventos a precios muy asequibles: botellones en el parque que incluyen tabaco y pipas. Una cabeza dicen que enferma, pero que no tiene que ver con la inteligencia. Hacedor de sudukus y lector incansable. Y un corazón noble y sano; mirada clara y directa; que sabe abrazar y llorar. 

-       Te estábamos esperando. Tienes buenas referencias del frio y del banco de la Plaza de España. Tenemos una oferta muy especial para ti. Necesito alguien que me ayude a hacer las entrevistas de admisión. ¿Estarías dispuesto?

A Salva que aun se le notaba el amoratado de la noche se le iluminó la cara con un rojo de entre vergüenza y orgullo.

-       ¿Yo, ayudarte a ti? ¿Al mismísimo San Pedro?

-       Nadie como tú conoce del ser humano, lo que se esconde tras su apariencia. Sabes del fondo y de los transfondos. Tú no vas a juzgar, vas a ser puerta de misericordia y eso es lo que necesito. ¿Aceptas?

Y Salva, disimulando las lágrimas, se puso la gorra y grito:

-       ¡El siguiente!

 

 

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REZAR

Por: Santos Urias 21-12-2015

Me gusta rezar.

Desde el silencio, con la palabra. Rezar iguala. No sé de tu procedencia, de tu estatus social, de tus miserias o de tus fortunas. Tampoco de tus ideologías, esas que tantas veces separan, juzgan o prejuzgan: que sabio fue Cristo que no ideologizo su mensaje, sino que lo encarno en el terreno de lo más humano, en las entrañas de la vida, en el mundo de los afectos, del perdón, de la sanación integral. Rezar nos pone en juego: ya no es hablar de los otros, somos nosotros los que nos descalzamos ante Dios y allí en lo escondido danzamos la danza de la transparencia y de la verdad. Cara a cara. Rozamos lo sagrado, aceptamos la miseria, gustamos la belleza. 

Cuando el templo queda vacío y unas cuantas personas oramos por sus rincones, siento la fuerza del universo. Ese motor que no es el motor de los intereses creados, del ogro de nuestro vecino, del miedo de nuestros miedos. Es la maquinaria de la confianza, que activa la escucha. Sólo se puede oír el rumor de los ríos si permanecemos callados. Disparates, incoherencias, tenebrismos, incertidumbres. Sólo Cristo salva. No esperes otros profetas. Para nosotros la luz ya está: presente, muy presente, tan presente…

Rezar iguala. Corazones en búsqueda. Espíritus inquietos. Manos abiertas orientadas hacia un mismo Dios. 

 

 

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CON EL VIENTO A FAVOR

Por: Santos Urias 20-11-2015

la mar.

Inmensa, mágica, que infunde respeto y genera admiración. Maravilla salada cortada por los puertos y las playas. Navegamos por la vida como se navega por el océano. Marcamos el rumbo y señalamos itinerarios. Pero al fin nos sometemos a la grandeza de las mareas, al designio de las tormentas, al flujo de los vientos. El marinero vive con la piel curtida: el sol inagotable, la brisa permanente, las heridas de las cuerdas y de la madera quebrada. Algún tatuaje motea nuestra piel para recordarnos amigos, amores, tristezas, deseos. 

Y sin saber muy bien el por qué, a veces las velas se hinchan y una estela de espuma sale desde popa. Mar en calma, cortando el horizonte.

Estos días pareciera que el viento sopla a favor:

Niños y niñas jugando en torno al misterio, dejando volar su imaginación

Amables compañeros de camino edificando corazones, proponiendo asfaltar de flores los rincones grises de la ciudad.

Gargantas con sed de infinito rebuscando entre los acordes de esta sinfonía inacabada.

Las familias preguntan y comparten miserias y sonrisas. Los que rezan se sientan y respiran el incienso y la esperanza.

 

No me preguntes la causa, posiblemente son las estrellas que nos miran y soplan con sus labios de coral. Voy a disfrutar del paisaje. Voy a dejarme llevar. Sé que Dios lleva el timón… en todo momento.

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CON EL VIENTO A FAVOR

Por: Santos Urias 04-11-2015

La mar.

 Inmensa, mágica, que infunde respeto y genera admiración. Maravilla salada cortada por los puertos y las playas. Navegamos por la vida como se navega por el océano. Marcamos el rumbo y señalamos itinerarios. Pero al fin nos sometemos a la grandeza de las mareas, al designio de las tormentas, al flujo de los vientos. El marinero vive con la piel curtida: el sol inagotable, la brisa permanente, las heridas de las cuerdas y de la madera quebrada. Algún tatuaje motea nuestra piel para recordarnos amigos, amores, tristezas, deseos. 

Y sin saber muy bien el por qué, a veces las velas se hinchan y una estela de espuma sale desde popa. Mar en calma, cortando el horizonte.

Estos días pareciera que el viento sopla a favor:

Niños y niñas jugando en torno al misterio, dejando volar su imaginación

Amables compañeros de camino edificando corazones, proponiendo asfaltar de flores los rincones grises de la ciudad.

Gargantas con sed de infinito rebuscando entre los acordes de esta sinfonía inacabada.

Las familias preguntan y comparten miserias y sonrisas. Los que rezan se sientan y respiran el incienso y la esperanza.

 

No me preguntes la causa, posiblemente son las estrellas que nos miran y soplan con sus labios de coral. Voy a disfrutar del paisaje. Voy a dejarme llevar. Sé que Dios lleva el timón… en todo momento.

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BILLETE DE IDA Y VUELTA

Por: Santos Urias 02-10-2015

Si te miro,

así frágil y oxidada, viajo. Viajo al borde de mi mismo. Alimento las sombras de mi silueta. Me veo en las voces de la noche, recónditos misterios del subconsciente, diálogos con la almohada o con ese ángel de la guarda que reposa en el cabecero de cada cama. Viajo a las dunas de Marruecos, al Paris de Montmartre, al Danubio de Buda y de Pest, a las ensoñadoras montañas de la Capadocia, al silencio de los templos faraónicos… Tú no recuerdas. Tus viajes ahora van del supermercado a la Iglesia. Pero tus manos deformes son el testigo y la llave del tiempo. En ellas queda el polvo del desierto y el agua de los ríos. Cuando te veo con el miedo de no saber, de no poder, me nace la ternura más atroz. Me enfado conmigo mismo porque quiero seguir rodando por el mundo, pero falla la maquina. Sólo queda combustible para la mirada, para la caricia, para el corazón. Viajo como un polizón entre mi sangre, sabiendo que este puerto siempre me llevará a la raíz. 

Que dicha poder seguir viajando. La sabiduría más profunda es la de aquel que se atreve a ponerse en camino, a salir de sí mismo, a comprender o admirar lo que otros no entienden o no agradecen. 

 

Por eso si te miro viajo. Tan lejos como me pueda llevar la imaginación; tan cerca como una carne guisada o un pescado con patatas. Con billete de ida y vuelta. 

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HASTA LAS LAGRIMAS

Por: Santos Urias 05-07-2015

No es fácil llorar.

 

¿O sí? Quizás es una necesidad reprimida. Aunque para otros es un recurso contagioso. El llanto no necesita palabras. Su lenguaje tiene sal y es como un los versos que se declaman a la luz de una vela. Explicarse es como justificar un beso. La lágrima respeta los silencios, navega entre ellos, susurra sus cuentos.

Aunque no conozcas su casa, ni su nombre, ni su equipo de futbol, ni su programa favorito, si has mojado tus dedos en sus ojos cansados, sabes la pasta de la que tiene amasada la piel. Es como el adobe que edifica tu alma, un alma que busca, que anhela los ecos que le devuelvan la voz, los oídos que le dibujen el respeto. Quien se siente escuchado, se siente único, precioso, amado. Por eso es un tesoro tan preciado, y tan difícil de encontrar. Si nos preguntan, todos somos grandes amigos, escuchadores atentos. Pero si nos vuelven a preguntar cuando nos hemos sentido escuchados, tenemos que rebuscar en nuestra memoria esos espacios escasos, profundos, con personas concretas, especiales.

Uno no va llorando sus desamores, sus enfermedades, sus vicios y desencantos, sus recompensas, los sueños y las pesadillas. Uno finge la vida mientras se muere por dentro. Teatraliza los instantes, porque somos actores del sobrevivir. Pero atrás, entre bambalinas, en  donde no hay maquillaje ni caretas, la vida sigue. Una vida que navega entre emociones, silencios, ladridos. 

Como decía el músico: “podrás olvidar con quien has reído, pero nunca olvidarás con quien has llorado”. Cuestión de pudor, uno no se desnuda delante de cualquiera y recuerda a aquellos que le han visto en cueros.

Quiero decir muchas más cosas, expresar otras que aun no sé como formular, pero tal vez en esto consiste, en llegar hasta las lagrimas, en escribir textos con tinta salada.

 

 

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Calvario

Por: Santos Urias 16-06-2015

Una fantástica película circula estos días por la cartelera,

se quedará en los video clubs y ojalá permanezca en los archivos para disfrute de todos. Bueno, disfrute, disfrute. La película es tremendamente dura. Tan dura como llena de luz, porque ofrece un retrato sincero, sencillo, de una vida entregada, con la mezcla de torpezas, normalidad, sentido común, prejuicios, estereotipos, retratos del alma… Todo un cuadro lleno de pinceladas, de matices, que aunque a veces estremece, actualiza un evangelio que sigue chocando contra las rocas de los acantilados, como en la preciosa Irlanda del film.

En un momento de la cinta el protagonista habla con su hija por teléfono. Este la dice que a veces estamos demasiado pendientes de los pecados y poco de las virtudes. Ella le pregunta que de estas virtudes cual sería la primera. Él le contesta que el perdón está muy infravalorado. “Yo te perdono”, dice la hija, “y ¿tú a mi?”. “Siempre”; es la respuesta de este hombre que busca, se enfada, reza, acude al bar, escucha, carga con su pasado, con su presente y con su futuro. Hace de su historia personal historia de salvación. En el barro, en el dolor, en la mueca, también en el valor de lo eterno.

Creo que no he dicho el nombre de este trabajo cinematográfico: Calvary. Nunca he compartido esa visión que hace del mundo y de la fe un valle de lágrimas. Pero sé que este Calvario sí que nos acompaña: cuando miramos de frente, cuando no nos escondemos, cuando amamos de verdad, cuando rozamos con la punta de los dedos ese cielo del perdón.

El final os lo dejo a los que tengáis el ánimo de ver la película.

 

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ROSA MOSQUETA

Por: Santos Urias 01-06-2015

Una amiga acaba de sufrir una operación importante.

Veintidós grapas en la tripa. La cicatriz bien visible recuerdo de esa intervención. En la farmacia la han aconsejado ponerse aceite de rosa de mosqueta. Un bálsamo que ayuda a regenerar, a restaurar, a revitalizar la piel. Hay recuerdos que son inevitables, pero que importante es una buena cicatrización que sane, que permita la movilidad, un ritmo recobrado; y porqué no, que maquille y de también belleza a la herida cerrada, para que no asuste el mirarla, el tocarla, el besarla. 

A veces siento que la mañana nos podría traer un rocío húmedo y despierto, un rocío aceitoso y aromático impregnado de rosa de mosqueta. 

Rosa de mosqueta para los oídos taponados y sordos. Los que sólo se escuchan a sí mismos. Saturados de ruidos y de palabrería. Incapaces de saludar el silencio, de meterse en los labios de los demás. 

Rosa de mosqueta para los que transitan huyendo de la guerra y del horror. Para los que el valor de la vida ha cotizado a la baja y se miran en el espejo del sol, del océano, del pan. 

Rosa de mosqueta para el que no quiere cerrar las heridas. Para que el que la memoria es rascarse continuamente la ulcera sanguinolenta. Para el que las palabras perdón y reconciliación, son sólo parte de un diccionario en el trastero. 

Rosa de mosqueta para pensar libres, para soñar libres, para cantar libres. Para que la libertad no sea la excusa de la agresión, sino el instrumento del respeto. Para seducir, para conocer, para aprender de los diferentes. 

Rosa de mosqueta que, cuando se agitan las alas del Espíritu, nos salpica a todos y nos deja gozosamente pringosos, como niños embarrados, como una tormenta junto al mar. 

 

Con todo y por todo rosa de mosqueta 

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EL DIA DE LA MARMOTA

Por: Santos Urias 12-05-2015

Me voy a levantar.

 Ponerme de pie. Sentir el aire en mi rostro. Dejar que la brisa lo haga todo nuevo. El Espíritu renueva, enciende, alegra, vivifica, sonríe, sana, acompaña… Como cuando el sol te relame las comisuras de la boca. La sensación de libertad, de estar vivo. Una voltereta en el aire, saltando con fuerza, sin red. Cada vez que amanece es una nueva oportunidad, la que te hace tomar decisiones, la que abre la puerta de la oportunidad, la que te saca de ti mismo, la que te lleva a descalzarte, a salir de tu tierra. Me voy a levantar con fuerza, como un cohete buscando las estrellas, explotando en mitad de la noche oscura, derramando su lava de chispas a las pupilas de los extraños. Acariciar los sentimientos de mis vecinos: las heridas del Africano desorientado y rítmico; de la abuela solitaria y empeñada en limpiar la calle como si fuera a sacarla brillo; el sudor del camarero que se arrastra tras la barra derramando mirra en las mentes de los costaleros. Me voy a levantar de esta rutina de querer siempre lo mismo, de hacer siempre lo mismo, de comer siempre lo mismo, de… lo mismo. Me voy a levantar porque son tiempos de renovación, o eso dicen, o eso te devuelve al espejo, a la postración y a la cama. Vuelve a sonar el despertador: agudo y lacónico, madrugada de pequeños sueños con muletas. Me voy a levantar. Ponerme de pie. Sentir el aire en mi rostro. Dejar que la brisa lo haga todo nuevo. El Espíritu renueva, enciende, alegra, vivifica, sonríe, sana, acompaña… Como cuando el sol te relame las comisuras de la boca. La sensación de libertad, de estar vivo. Una voltereta en el aire, saltando con fuerza, sin red. Cada vez que amanece es una nueva oportunidad, la que te hace tomar decisiones, la que abre la puerta de la oportunidad, la que te saca de ti mismo, la que te lleva a descalzarte, a salir de tu tierra. Me voy a levantar con fuerza, como un cohete buscando las estrellas, explotando en mitad de la noche oscura, derramando su lava de chispas a las pupilas de los extraños. Acariciar los sentimientos de mis vecinos: las heridas del Africano desorientado y rítmico; de la abuela solitaria y empeñada en limpiar la calle como si fuera a sacarla brillo; el sudor del camarero que se arrastra tras la barra derramando mirra en las mentes de los costaleros. Me voy a levantar de esta rutina de querer siempre lo mismo, de hacer siempre lo mismo, de comer siempre lo mismo, de… lo mismo. Me voy a levantar porque son tiempos de renovación, o eso dicen, o eso te devuelve al espejo, a la postración y a la cama. Vuelve a sonar el despertador: agudo y lacónico, madrugada de pequeños sueños con muletas… 

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GRACIAS

Por: Santos Urias 26-04-2015

Gracias por el tiempo.

Gracias por los latidos de tú corazón. Gracias por la lluvia sonora y que limpia. Gracias por las manos que tejen caricias. Gracias por el perdón en forma de silencio. Gracias por las voces que cantan en la calle. Gracias por el olor a hierba recién cortada. Gracias por la mirada furtiva en el metro. Gracias por el sueño reparador. Gracias por la llamada inesperada. Gracias por la vejez que te refleja como un espejo. Gracias por los amigos que vuelven. Gracias por la poesía construida sobre locura y fe. Gracias por el techo de mi casa que me mira cada mañana. Gracias por el olor de la espuma de mi peluquera. Gracias por las mujeres que caminan despacio. Gracias por el empleado del servicio de limpieza que barre y recoge mi calle. Gracias por el café, por su sabor, por su aroma. Gracias por los compañeros que abrazan cada día sus sueños y sus miserias. Gracias por el ciclista que casi me atropella. Gracias por el que hace las cosas como si no hiciera nada. Gracias por un buen vaso de vino compartido. Gracias por las voces que te recuerdan quien eres. Gracias por el sol cuando entra por la ventana, cuando calienta mi cama. Gracias por esos niños que molestan constantemente. Gracias por la bella sonrisa de los Banglas que me venden cerveza. Gracias por la danza que mueve mi cuerpo y me expresa. Gracias por los que han vuelto. Gracias por el profesor amigo del rock and roll. Gracias por el que reza al final del templo. Gracias por el cuadro que me deja mirando. Gracias por volar sin alas. Gracias por el guiri que curiosea con un mapa. Gracias por la monjita incombustible. Gracias por el comunicador que me dice las noticias. Gracias por el cine. Gracias por el centro de salud y los que nos cuidan. Gracias por los juglares del siglo XXI. Por los maestros que te enseñan de la vida. Gracias por caminar descalzo. Gracias por los pájaros en sus ramas. Gracias cuando pasa un ángel. Gracias por ese perfume que no se te olvida. Gracias por el aceite de oliva. Gracias por los profetas urbanos. Gracias por el cuento de luz. Gracias por el atardecer en el Templo de Debod. Gracias por creer. Gracias por las torres que salpican la ciudad. Gracias por los amigos que no preguntan.

Gracias porque puedo dar las gracias. Porque tengo un caudal de gratitud que sólo tú puedes comprender. Y aunque mi corazón se detenga o mis ojos se cierren: gracias.

 

 

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EL FINAL DEL INVIERNO

Por: Santos Urias 09-03-2015

Lo nuestro es el abrazo.

 Lo nuestro es el retorno, la restauración, la acogida, la esperanza contra toda esperanza. Sabemos muy bien del barro y de la ceniza. La destrucción propia y ajena forma parte de la agenda. Como decía el apóstol: “tantas veces hago aquello que no quiero”, lo que se clava en mi carne como un aguijón envenenado, lo que me rompe por dentro y, en ocasiones, por fuera. La santidad no es una hoja intachable de servicios, es un lento ejercicio de humildad. El que te devuelve a la centralidad, el que te sitúa bajo la mirada misericordiosa de un Dios Madre y Padre. Amaremos en la medida que nos sintamos agradecidos; en la medida en que seamos capaces de desprendernos de nuestra imagen exitosa, “bondadosa”, de reconocimiento, para tocar todos los rincones de nuestro espíritu: sin temor, puesto que “no hay temor en el amor”. 

El invierno, con toda su crudeza, desnuda los árboles, desborda los ríos, aísla con su manto blanco pueblos y aldeas. Asoman los primeros rayos de sol de la primavera que viene. Toca reconstruir, florecer, desprenderse de los mantos y de las mantas y ponerse frente al sol. Tiempo para la música y la danza, para la contemplación y la escucha, para el perdón y el silencio. 

 

Termina el invierno. Los primeros brotes asoman con curiosidad. Feliz Cuaresma. Feliz deshielo. 

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