Domingo 18 de Febrero 2018

SOBRE MONJES E ISLAS

Por: Dolores Aleixandre 16-02-2018

 

Voy a ver  La isla de los monjes animada por la valoración de la crítica y porque, de entrada, las películas dirigidas por mujeres (Anne- Christine Girardot en este caso), tienen  mucho a su favor para gustarme. Leo comentarios sobre el documental:  “Ocho cistercienses de una antigua abadía de Holanda enfrentados al difícil trance de buscar un nuevo hogar donde vivir”, “hombres de oración expuestos a turbaciones internas y externas, a dudas y temores y a todo un mundo fuera de la clausura que desconocen, desde ir al supermercado a comprar un billete de autobús”, “un cuidado documental”, “una hermosa película”. Pues sí, coincido con las opiniones y me ha gustado, aunque me ha quedado a la vez la impresión de que tiene una “esquina rota”, como aquella primavera de la que hablaba Mario Benedetti. Porque por un lado entiendes lo que tiene de desafío  para los monjes lanzarse a la aventura de una nueva fundación, pero es imposible no recordar que, según los datos de ACNUR, hay en el mundo  65 millones de desplazados y refugiados y que a lo largo del año se ha ido  sumando un promedio de 20 personas por minuto obligadas a huir de sus hogares y buscar protección en otro lugar, ya sea dentro de las fronteras de su país o en otros países. 

Por eso me ha faltado en la película alguna alusión a ese contexto, alguna referencia, aunque fuera mínima, a la existencia de esas situaciones por las que están pasando hoy tantos millones de personas. Porque es verdad que “apagar la luz” y cerrar un monasterio es duro,  que esos monjes experimentan sentimientos de desarraigo y pérdida,  pero en una situación  infinitamente menos dramática que la vivida por tantos otros. 

Viniendo al particular de España: aquí se cierra un convento cada mes y muchos miembros de comunidades monásticas o religiosas viven (vivimos) tiempos de disminución y precariedad, pero ¿cómo no tener grabadas en las pupilas las imágenes de  caravanas de gentes que recorren Europa en demanda de asilo, o se embarcan en viajes de solo ida? Lo recordaba Erri de Luca en un poema de Navidad: 

Nacerá en una bodega entre viajeros clandestinos./Lo calentará el vapor de la sala de máquinas./Lo acunará el balanceo del mar a través./Su madre está embarcada en busca de la salvación o la fortuna, /su padre fue el ángel de una hora,/muchas paternidades consisten en eso./En tierra firme lo habrían dejado en un contenedor de basura./Cortarán con los dientes el cordón umbilical./Lo arrojarán al mar, a la misericordia./Sólo podemos darle los meses de vientre, dicen las madres,/podemos esperarlo, pero no abrazarlo(…) Nacer es sólo un aliento de aire podrido. No existe mundo para él./Nada de su vida es una parábola./Ningún martillo de carpintero golpeará las horas de su infancia,/ni los clavos en la carne./Yo no me llamo María, pero a estos hijos míos/ que nunca han llevado un vestido o un nombre/ los marineros los llaman Jesús/ porque nacen en un viaje, sin llegada./ Está con aquellos que viven el tiempo de nacer./Va con aquellos que duran una hora.

 

Un deseo para estos momentos de desplazamientos en masa de personas y de tanta incertidumbre: que se nos pegue la lengua al paladar si nos olvidamos de que estamos  "compartiendo viaje" con tantos ( #sharejourney) porque, en palabras del Papa Francisco: "Cuando hay un "nosotros", comienza una revolución".

 
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CUANDO BESAS MIS HERIDAS

Por: Santos Urias 12-02-2018

 

Cuando besas mis heridas es como el sol en mi rostro, ese calor que se infunde en cada palmo de piel. Cuando besas mis heridas es olor a hierbabuena, a jazmines, a laurel, es noche de primavera. Cuando besas mis heridas es halo de luna llena, es reflejo, es luminoso, es plata sobre las olas. Cuando besas mis heridas es querer y no poder, es saber y no entender, es callar, dejar hacer. Cuando besas mis heridas es mirada al horizonte, es perder la referencia, es marca de inmensidad. Cuando besas mis heridas es caricia contagiosa, es como besar los ojos, es como besar el tiempo. Cuando besas mis heridas es rozarse en el silencio, es la calma, es el arpegio, es llegar, es comprendiendo. Cuando besas mis heridas es respirar lo profundo, caminar contra del viento, descalzarse, tocar suelo. Cuando besas mis heridas me haces sentir más bello, más amable, menos terco, célula del universo. Cuando besas mis heridas no tienes ascos pues me sabes, me conoces, herido ando, herido vengo. Cuando besas mis heridas tú me crees y yo te creo, recreando como un niño, recreando como un juego. Cuando besas mis heridas cede el dolor, cede el tedio, crece la paz y en tu regazo me duermo.

 
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MIGAS A LOS PERROS

Por: Jose Maria Marquez Vigil 10-02-2018

Dentro de unas semanas iré a RD Congo a visitar varios proyectos de Africa Directo. Principalmente proyectos educativos, pero también sanitarios, agua e higiene, así como la puesta en marcha de un programa microfinanciero y un proyecto de ayuda a “los niños brujos”. Como siempre disfrutaré de la alegría africana y de la belleza y la bondad de la vida en la Misión, pero también conoceré familias que se enfrentan a menudo con situaciones que no seríamos capaces de imaginar en nuestras peores pesadillas. ¿Cómo no van a querer emigrar al Norte?

Preparando mi viaje, me han hecho llegar las recomendaciones de nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores al viajar a RD Congo. Parece que no lo recomiendan mucho… Excepto la palabra “canibalismo”, incluyen todas las demás en su narración de lo que te puedes encontrar en este país. Por no recomendar, ni siquiera te permiten volar dentro del país, ¿Volar? ¡Pero si en RD Congo solo vuelan los “pijos”! Seguro que una proporción menor al 1%...

Partiendo de la recomendación de nuestro Ministerio deberíamos entender que otras familias que quieren a sus hijos y les desean los mejor, que respetan y cuidan a sus padres, que buscan la felicidad con sus parejas… Tampoco les parecerá muy “recomendable” vivir allí a pesar de haber nacido allí y tener allí su familia, sus vecinos, sus tierras, sus gallinas, su choza… Es comprensible que busquen una salida, y yo diría que es enormemente admirable que se atrevan a embarcarse en esos cayucos rumbo a lo desconocido, no sólo rumbo a un país del que no conocen el idioma o la cultura, donde no están acostumbrados a su clima, donde no tienen a su familia y vecinos, donde no saben cómo podrán ganarse el pan… Antes de todo eso, tendrán que pasar por otras muchas dificultades en tierra y en el mar, y no siempre las superan.

Ya no es noticia desgraciadamente que aparezca una barcaza con varias decenas de cadáveres a bordo. El otro día, hace tan solo una semana, los muertos eran casi un centenar. Y a su vez, mientras me estremecía la noticia, escuche otra… Varios pueblos en Italia y en España en los que ya no hay jóvenes, en los que no hay niños, venden casas por un euro o las regalan, para poder repoblar nuestro campo abandonado ahora por nuestros conciudadanos que huyen a la ciudad. Escuchar ambas noticias a la vez parece una broma macabra, pero más aún cuando me conecto a “rezando voy” y escucho el Evangelio de ese día. Una griega se acerca a Jesús, y el Maestro, muy bruscamente, le suelta esa comparación que nos deja boquiabiertos: “no está bien echar a los perros el pan de los hijos”. Y la mujer le responde que hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa.

Ayer me dijo mi hija Paz (doce años) que había encontrado en internet la Bitácora de Peregrinos y se había emocionado leyendo algún artículo. Por supuesto me emociona mucho más a mi conectar con mi hija, como en su día, salvando las distancias, conectó Nelson Mandela con su madre (cuando le preguntaron a Mandela cómo pudo aguantar tanto tiempo en la cárcel y luego perdonar a sus verdugos, recordó que su madre le había dicho que hay tres tipos de personas, las que pasan por la vida dejando el mundo peor que se lo encontraron, las que lo dejan igual y las que lo dejan mejor. Y Mandela dijo: “No podía defraudar a mi madre”.).

Si pensáramos que lo que hacemos, lo que votamos, lo que decimos, lo va a leer nuestra madre o nuestra hija, ¿seríamos capaces de seguir refiriéndonos a los extranjeros como “perros”? Ojalá seamos capaces de frenar esta corriente nacionalista y proteccionista que está cobrando tantos adeptos en América y Europa. Al menos, por vergüenza, deberíamos compartir “las migas”.

 
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FLATULENCIA DE GENERO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 06-02-2018

El otro día entrevistaban a una famosa pareja de homosexuales nominados a los Goya. Cuando les preguntaron su opinión sobre el feminismo fueron políticamente muy correctos ya que se declaraban muy a favor, y pensaban que en España teníamos aún mucho camino por recorrer.

Yo no soy tan políticamente correcto, y si bien pienso que hay casos en los que hay mucho camino por delante, hay otros en los que el camino debería empezar a ser más bien hacia atrás… Me explico… Depende del momento y el lugar, hasta el punto que, con una diferencia de 50 o 75 años, podríamos tal vez compararlo con la desnutrición infantil. Fue un problema importante en España tras la guerra civil y durante los primeros años de autarquía, pero en estos momentos, aunque puedan seguir existiendo casos aislados, nos hemos pasado mil pueblos. Hasta el punto que el problema principal en España y el resto del mundo desarrollado es más bien ahora la obesidad infantil (camino hacia atrás…). Por supuesto que actualmente hay también un problema grave de desnutrición infantil, pero no en nuestro país. El camino por recorrer debería estar en el Africa Subsahariana, en muchas zonas de Asia, en países en conflicto, etc. Países donde también se agrava el problema de la “cosificación” y el maltrato a la mujer…

Esta semana me mandaron por wasap un artículo de un periódico. Parece ser que en un Juzgado de Valencia condenaron al marido por violencia de género tras una airada discusión con su pareja. ¿Llegaron a las manos? ¿Hubieron insultos o calumnias graves? Según relata el artículo, la sentencia reconoce que no hubo violencia física ni psicológica, pero el marido, para evitar la discusión, se dio media vuelta y salió de casa escapándosele una ventosidad. Una grave injuria constitutiva de violencia de género por la que han condenado al marido. ¿Nos estamos volviendo locos? Un caso evidente de que nos estamos pasando mil pueblos con la misandria social y jurídica que lamentablemente acabará desatando a su vez una misoginia generalizada, porque como bien dice nuestro refranero, “quien siembra vientos, recoge tempestades”. ¿Debemos considerar violencia de género la ventosidad de un hombre? Seguro que hasta a los hombres más santos se les ha escapado en alguna ocasión. Me imagino a San Francisco de Asís sufriendo por la escisión de sus hermanos, muchos de ellos contrariando la regla de los hermanos menores convirtiéndose en Dominicos, etc. De tanto contenerse, ¿sería menos santo si se le escapara una ventosidad? Se queja uno de “los Jordis” que la comida en la cárcel es muy flatulenta. Solo le faltaba volver a ingresar en prisión denunciado por “flatulencia de género” al día siguiente de alcanzar la libertad…

El Evangelio de este domingo nos dibuja al Maestro expulsando demonios. Yo no creo que los demonios sean siempre estruendosos, sino mucho más dañinos probablemente los “demonios” que nos alejan de la oración que Jesús nos enseñó: “…perdónanos nuestras ofensas como también nosotros…”

 
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TORTOLAS

Por: Dolores Aleixandre 06-02-2018

Una novedad del  2017 ha sido el cambio de estatus de los animales: de “bienes semovientes”, han  pasado a  “seres sintientes” pero, les guste o no a los miembros de la Fundación Affinity que ha promovido la ley, los escritores bíblicos se les habían adelantado: el profeta Isaías avisaba en el s. VIII aC de que Israel,  comparado con el buey y al asno que reconocían  el pesebre de su dueño, era el verdadero  borrico. La liturgia tampoco se ha quedado corta y en Navidad propone esta antífona: “Qué gran misterio y admirable sacramento, que unos animales vieran al Señor nacido, echado en un pesebre…”

Al llegar el 2 de Febrero son dos tórtolas las que hacen una aparición estelar, nada menos que en el templo de Salomón. Ya en el AT habían desempeñado papeles secundarios pero significativos: junto a cigüeñas, golondrinas y grullas (observen: todas hembras), Jeremías ensalza lo listísimas que eran para saber cuándo les tocaba migrar, mientras que los humanos no se enteraban de casi nada (Jer 8,7).  En el Cantar, el novio las utiliza como señuelo para atraer a su amada y la invita a escuchar juntos su arrullo (Cnt 2, 12); un salmista  evoca su condición indefensa para pedir al Señor:  “¡No entregues a los buitres la vida de tu tórtola!” (Sal 74,19). 

Pero es Lucas quien revela su misión trascendental: ser ofrecidas como  rescate para que el Niño no tuviera que quedarse al servicio del templo. Menudo favor le hicieron: en vez de pasarse  la infancia en plan levita junior, trajinando con el incienso y las ofrendas, pudo jugar tan contento con otros niños en las calles de Nazaret. 

Soy consciente de la existencia de un poderoso lobby que promociona a los pichones como protagonistas únicos del rescate, reincidiendo una vez más en posturas  de discriminación.  Como respuesta  y corriendo el  riesgo de ser sospechosa de estar contaminada  por  la ideología de género, me decanto con determinación a favor de las tórtolas. Acepto firmas de apoyo.

 
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