Martes 21 de Agosto 2018

EL ABRAZO

Por: Santos Urias 27-07-2018

Nos han conmovido las imágenes de los catastróficos incendios en Grecia. La impotencia ante unas llamas que todo lo devoraban y que empujaban, en una trampa, a la gente hacia la playa como en un callejón sin salida. Coches quemados, casas quemadas, árboles devastados, imágenes aéreas que tardarán en borrarse de nuestras retinas. Casi un centenar de muertos y otras tantas personas que lo han perdido todo. Pero también nos llegaba la noticia de que ese día a algunos les sorprendió en una fiesta familiar: celebrando, bebiendo, cantando, disfrutando de un día especial. Ellos apenas tuvieron tiempo de reaccionar. Y como en un impulso casi reflejo se abrazaron: ¿Protegiéndose? ¿Cómo una muestra de cariño ante el horror? ¿Compartiendo un último instante? Nunca lo sabremos pero su abrazo ha sido noticia en muchas de las primeras páginas de los noticieros. Morir abrazados. Otros seguro que por el miedo, por supervivencia, por instinto buscaron un refugio, una salida. Murieron solos. Ellos prefirieron el abrazo. En definitiva todo es una elección: en la vida y en la muerte. Decisiones legítimas y comprensibles, máxime ante el horror y la tragedia, pero es una buena parábola del ser humano. Es uno de los desafíos de nuestro tiempo: solos o abrazados. Y con toda seguridad la mayoría de ellos, jóvenes, mayores, ateos, agnósticos, creyentes, de derechas, de izquierdas, foráneos o lugareños, con una oración en los labios. Al final, como en el principio, todo tan simple y tan complejo. 

Yo, en vida, prefiero vivir abrazado.  

 
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Amando la vida

Por: Jose Maria Marquez Vigil 25-07-2018

Me ha sorprendido mucho el reciente suicidio de la cofundadora del “Femen”. Cuándo piensas en un posible suicida, enseguida se te viene a la cabeza una persona enferma, deprimida, alguien sin ideologías, sin ganas de lucha... Pero, ¿una chica joven en la flor de la vida que luchaba por unos principios, por un sueño? ¡Qué grandísimo sufrimiento debe estar pasando alguien que decide acabar con su propia vida! Pero que poco le pega a una chica joven y saludable, tan comprometida con una ONG… (Como dice un proverbio chino: “Si quieres ser feliz durante una hora, echa una siesta; si quieres ser feliz un día, sal a pescar; si quieres ser feliz un año, hereda una fortuna; si quieres felicidad -y salud- para toda la vida, ayuda a alguien”).

Es verdad que ideólogos y soñadores como Gandhi o San Francisco de Asís pusieron sus vidas en riesgo (el uno frente a los colonizadores ingleses, con sus huelgas de hambre… Y el otro frente al mismísimo Sultán, el nieto de Saladino, a orillas del Nilo…). Otros como Martin Luther King o Nelson Mandela también “jugaron con la muerte”, pero no creo que fueran capaces de llegar al suicidio. Al igual que Jesucristo (que también puso en riesgo su vida en Jerusalén enfrentándose al “establishment” de la época), amaban demasiado la Vida y sus sueños, hasta el punto de dejarse matar por sus ideas, pero nunca hasta el punto de quitarse la vida ellos mismos desesperados o desesperanzados…

¿Cuál es entonces la diferencia entre unos y otros? No tengo datos y desconozco las razones que llevaron a esta pobre chica al suicidio, pero existe la probabilidad de que su lucha no fuera de amor, de ayuda a los demás, no fuera constructiva sino todo lo contrario... Porque mostrarse semidesnuda con el cuerpo pintarrajeado frente a gobernantes y clérigos no parece una forma totalmente exenta de violencia de manifestarse. Ciertamente se aleja del mandato evangélico “No resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en la mejilla derecha, ofrécele también la otra…”.

Vuelvo a repetir que desconozco y por tanto no puedo opinar o juzgar las razones que la llevaran a quitarse la vida, pero me produce una pena enorme pensar que tanta gente que podría amar y vivir, prefiera tal vez odiar y morir. “Amad a vuestros enemigos” decía el Maestro. “Sed perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.

Oksana Sachko se llamaba, y en una fotografía que publican los periódicos se muestra con los pechos desnudos portando una pancarta que dice: “I am a woman, not an object!”. Que el buen Dios se apiade de ella y la permita ahora descansar en paz.

 
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APOTEOSIS

Por: Dolores Aleixandre 17-06-2018

El domingo de  Pascua  me llegó una presentación con el título: Apoteosis de la Resurrección. Me apresuré a mandarlo sin abrir a la papelera,  movida por el convencimiento de que,  si algo está ausente en  las apariciones del Resucitado tal como  las cuentan los evangelios, es precisamente la apoteosis.  El diccionario de la  RAE  la define como “ensalzamiento de una persona con grandes honores y alabanzas”,  con sinónimos como “delirio, júbilo, frenesí, entusiasmo, enardecimiento, culminación, cúspide,  homenaje o glorificación”. Pero,  por más que  busquemos algo de eso en los relatos pascuales (y cuánto nos gustaría, la verdad…), nos es imposible encontrar ni rastro de semejantes exaltaciones, resplandores, centelleos o arrebatos. A la hora de contar cómo conectaba el Resucitado con los suyos, lo que asombra es su discreta manera de hacerse próximo, de sorprenderles en sus trayectos habituales, de saludarles con el Shalom de cada día,  de presentarse bajo las apariencias más comunes: un trabajador de parques y jardines,  un transeúnte desinformado al que hay que poner al día de los últimos sucesos, un desconocido ocioso que pregunta desde la orilla qué tal va la pesca. 

Todo reenvía a la vida ordinaria, a la Galilea de la cotidianidad más corriente y moliente pero iluminada ahora desde el  interior por una secreta alegría. Lo definitivamente portentoso y extraordinario no es que diera de comer a cinco mil en el desierto, sino que  preparara él mismo las brasas para que desayunaran los suyos. O que les preguntara otro día si les había sobrado algo del pez asado que acababan de comer. La maravilla no era haber hecho andar a un paralítico con la fuerza de su palabra, sino que Pedro, Juan y María de Magdala corrieran juntos a buscarle en la mañana de Pascua.  

 

Vaya  manera tan rara de ejercer  la apoteosis.

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Cambiando de Orientación

Por: Jose Maria Marquez Vigil 17-06-2018

Hablando con el amigo de un religioso que conozco, me suelta de repente que ha decidido cambiar su orientación sexual. Debo ser un anticuado, pero no me imagino a este padre de familia con su bandera multicolor en Chueca entonando cánticos de los LGBT. Intento pensar en las posibles alternativas, y aparte del heterosexual de toda la vida, está por supuesto el homosexual, y también el transexual, el asexual, el bisexual, y supongo que haciendo combinaciones podría existir también el trisexual cuando incluye a otros grupos, e incluso el pentasexual que podría ser como una pizza de la casa o la ensaladilla rusa, cuando se mezclan todos los ingredientes...

De momento no parece éste un tema muy adecuado para una nueva "bitácora de peregrinos", pero la salida del armario de este tipo no era para convertirse en homo, bi o trans, sino que había decidido hacerse  "offsexual" a partir de ahora. ¿Y ésto cómo se come? Pues podría ser un modo simpático de denominar al voto de castidad de toda la vida, el que tienen algunos de nuestros compañeros de bitácora y las misioneras que conocemos (religiosos todos ellos), pero llevado a la vida de un laico en familia. ¿Y eso por qué? ¿Alguna promesa? ¿Se va a meter a monje? ¿O es solo durante los mundiales para estar más concentrado y evitar broncas?

Muy serio me explica que lleva la primera mitad de su vida bastante "obsexionado". Que no hace nada prohibido, pero el deseo no se lo quita a pesar de que ya luce canas... Me acuerdo de él al leer el Evangelio de este viernes: "El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti". Pero él va más allá aún. Sus ganas de estar con su propia mujer le pueden, con la madre de sus hijos, y ello crea constantes conflictos (el típico enfrentamiento de las dos medias naranjas que nunca forman un puzle perfecto, una más acosadora y la otra en ocasiones más acosada...).

Yo asentía hablándole de la felicidad que he visto en tantas misioneras, casadas con Dios (un esposo que no se siente nunca acosado, por mucho que le deseen). Ellas practican esa "offsexualidad", intercambiando apetito carnal por deseo espiritual. Y es verdad que este segundo deseo se puede llegar a distanciar más del mundo del "quiero y no puedo", acercándose más a ese otro: "No es más feliz el que más tiene, sino el que menos necesita". Tiene su punto...

Este amigo offsexual le había dado muchas vueltas al tema. Al principio se encontraba entre dos vidas. Por un lado la de los ascetas, el ayuno, ese ramadán que está finalizando esta semana... Y por otro lado se sentía también como ese zorro al que le parecía que "las uvas están verdes".

Pero… ¿qué buscaba realmente? "La felicidad y el amor más puro, el del décimo mandamiento", me contesta. "El deseo carnal está muy relacionado con el ego". “Cuantos hombres poderosos acaban su vida con un infarto junto a una jovencita y una cajita de pastillitas azules... Claro que lo que importa es el tamaño, pero el tamaño del alma, del corazón... Si luchamos contra el ego siempre crecemos más y ganamos en felicidad”.

"¡Pero yo amo a las mujeres!", es la réplica que me sale... Hasta que recuerdo aquel Guru que, ante un chico que decía que amaba el pescado ("I love fish" en inglés), le contestaba: "¿Y por eso lo matas y te lo comes? ¡Tú no amas el pescado, te amas a ti mismo y por eso te engulles el pez!".

Es verdad que Dios creo la sexualidad y con ella el placer de estar juntas ambas medias naranjas. Pero ¿cuál era el objetivo? ¡Que nos reprodujéramos! Y cuando ya no buscamos la reproducción, ¿no deberíamos poder controlar ese deseo? En menudo jardín me estoy metiendo una vez más...

Lo cierto es que este amigo offsexual dice que ahora es mucho más feliz, que se ha quitado un peso de encima: un peso que se ha quitado él, y un peso que se ha quitado también su relación con su mujer. Ahora tienen muchos más encuentros, platónicos, tal vez bastante menos divertidos, pero mucho más puros, mucho más duraderos, sin que nadie tema tener un desencuentro en el tema más tabú, el que más acerca a la pareja, pero también el que más la aleja...

 

La verdad es que espiritualmente tiene su punto eso de ser "offsexual". Ahora me queda preguntar a su mujer, a ver que piensa ella...

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JUDAS

Por: Jose Maria Marquez Vigil 10-06-2018

No es habitual que en campañas políticas se cite a los apóstoles. Pero Maillo fue contundente durante la moción de censura al calificar a Sánchez como “el Judas de la política española”. ¿Y lo es? Poco después Aitor Esteban convertía al PNV en otro Judas, al votar contra Rajoy tras haber apoyado sus presupuestos generales. Y el propio Rajoy, que podía haber negociado la continuación en el poder de su partido si hubiera dimitido, prefiere ceder el poder a Sánchez, al que había llamado “Ruiz” hace un par de años, y dimite tras la moción, cuando su gesto, como el ahorcamiento de Judas, no vale ya para nada… También había obsequiado a Sánchez con ese “beso de Judas” la andaluza Susana Díaz hace un par de años, y desde la izquierda, sintiéndose ahora traicionados al escuchar los nombres del nuevo Consejo de Ministras y Ministros, nuevamente tildan de Judas a Sánchez los que le auparon al poder hace unos días.

Es por todos conocida la historia de Judas, uno de los discípulos de Jesús, del que el Maestro dijo aquello de: “¡Más le valdría no haber nacido!”. Pero hay varias versiones de su muerte… Inicialmente se le tenía por ahorcado tras haber devuelto a los sacerdotes las treinta monedas de plata. Los Hechos de los apóstoles dan otra versión diferente a la de San Mateo “Adquirió un campo con el pago de su iniquidad, y cayendo de cabeza, se reventó por en medio, y todas sus entrañas se derramaron”. Parece difícil a primera vista que un ahorcado caiga de cabeza (que es precisamente lo que sujeta la soga), pero ambos coinciden en la compra del llamado Campo del Alfarero, o también llamado Campo de Sangre, en el que los gnósticos creían que Judas había vivido muchos años…

Encontrado muy recientemente (a finales del siglo XX), hay también un evangelio de Judas (probablemente el último de los evangelios apócrifos). Tras un ir y venir entre diferentes coleccionistas por no llegar a un acuerdo con el precio a pagar, acabó echándose a perder en EEUU por la humedad (resulta en cierto sentido cómico que el evangelio de Judas se eche a perder por la codicia del que lo halló y los coleccionistas que lo pretendían). Como es previsible, en este evangelio es Judas el bueno de la película, un actor necesario para que el Espíritu de Jesús pudiera librarse de su cuerpo, al que su propio Maestro le había ordenado que le entregara. ¿Estará siendo Sánchez el Judas del PP para mayor gloria de éstos una vez que se elija sucesor? ¿Habrá seguido órdenes directas de Rajoy? Esto último parece bastante improbable, pero lo que no me cabe duda es que, se alíe con quien se alíe, con la izquierda o la derecha, Sánchez podría acabar también reventándose la cabeza contra su electorado a no ser que publique su propio evangelio en el que se presente como líder del centro derecha (porque por la izquierda se avecina temporal con sus aliados indepes…).

 

En esta comparativa entre Judas y los políticos no podemos olvidar aquella cita del Evangelio de San Juan, cuando Judas propone dar a los pobres el perfume con el que era ungido su Maestro: “dijo esto, no porque se preocupara por los pobres, sino porque era un ladrón, y como tenía la bolsa del dinero, sustraía de lo que se echaba en ella”. Mala cosa cuando nuestros políticos, de derechas, de izquierdas, independentistas o no, del Este o del Sur, entran en contacto con “la bolsa del dinero”… Como dice el refrán español, “más hormigón, más comisión”, aunque hay que reconocer que lo del perfume resulta más poético que el hormigón… Y a falta de “Campo de Sangre”, siempre tendremos Soto del Real para que la cena de empresa de este año en Navidad la celebren juntos “los Judas” del PP y el PSOE, junto a alguno de sus amigos los indepes, todos comiéndose a besos… ¡de Judas!

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INDIOS Y VAQUEROS

Por: Santos Urias 28-05-2018

 

Aun recuerdo con mucho cariño esas películas de después de comer donde se peleaban los indios americanos con los pistoleros o las familias bonachonas que acampaban en sus tierras y en las que casi siempre terminaba acudiendo el séptimo de caballería presto al rescate de las amenazadas cabelleras. Todo estaba claro: buenos y malos malísimos sin mezcla ni confusión. 

El tiempo y, sobretodo, la vida me ha ido enseñando con su sabiduría que ese lenguaje maniqueista era sólo para los telefilmes y que la realidad dista mucho de esa tendencia a colocar a la gente en dos grupos: los buenos y los malos. Políticos, artistas, feministas, gays, curas, musulmanes, Podemitas, PPeros, pijos, catalanes, andaluces, perroflautas, okupas, jubilados, cantamañanas, guiris, raperos, escritores, monárquicos, republicanos, inmigrantes, futboleros, animalistas, animales, arquitectos, ingenieros, albañiles y armadores… Estamos ante personas. Algunos actúan movidos por la solidaridad, la lealtad, el buen hacer, la libertad interior. Otros se dejan llevar de los rencores, los prejuicios, los complejos, los instintos más básicos y denigrantes. Pero en todos estos grupos, sectores, colectivos hay indios y vaqueros y hay de aquel que se erige en juez de los demás creyéndose más puro, más santo, tardara en quitarse la viga que no le deja ver y que no le permite acoger, dialogar y aceptar sin condena previa.

Pasando más tiempo y más vida incluso das un pasito hacia adelante. No se trata ya de colectivos, grupos o sectores, la batalla, como bien diría el maestro Ignacio de Loyola, se libra en el interior y en cada uno de nosotros. Los indios y los vaqueros son esas dos banderas que pugnan por el bien o por el mal cada día, en nuestras decisiones, en nuestras omisiones, en nuestras luchas. Es entonces cuando empieza la vida a funcionar con otras claves y la misericordia se convierte en un motor que transforma la debilidad propia y ajena. 

 

Luego te enteras que los indios eran supuestamente los buenos, que eran sus tierras, que les llevaron a las reservas y caes en la tentación de montar una productora y ponerte a hacer pelis en que todos los indios sean buenos y los vaqueros y sus familias unos desgraciados asesinos. Pero eso, si acaso, ya lo contamos en otra ocasión que esta ya ha tenido lo suyo.

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SUEÑOS E INSOMNIOS SOBRE LA VIDA RELIGIOSA

Por: Dolores Aleixandre 16-05-2018

“Ahí viene el soñador”, dijeron los hermanos de José al verle venir hacia ellos. No es el único personaje al que la Biblia relaciona con los sueños: soñó Abrán que Dios lo bendecía aunque aún no había recibido su nombre definitivo (Gen 15,12); soñó Jacob y vio una escalera que comunicaba el cielo con la tierra (Gen 28,12); soñó el Faraón y vio vacas gordas y vacas flacas pastando  junto al Nilo (Gen 41,2-3); soñó Nabucodonosor y se agobió tanto, que buscó a Daniel para que le explicara su pesadilla (Dn 2,1); habló Joel (y con lenguaje inclusivo, qué detalle) de un pueblo en el que iban a profetizar jóvenes y muchachas (Jl 3,1). 

            En el NT  sueña José y se despierta decidido a llevarse a María a su casa (Mt 2,12); sueñan los Magos y, al cambiar de camino en su retorno, se libran de los desvaríos de Herodes (Mt 2,12); vuelve a soñar José y descubre que ha llegado el tiempo de volver a Nazaret (Mt 2,19); sueña la mujer de Pilatos y su sueño la alarma porque están condenando al Inocente (Mt 27,19).

Y aquí andamos hoy los que vivimos esta vida un poco rara que calificamos, con más o menos acierto, como  de seguimiento, empeñados unas veces en seguir soñando y sin pegar ojo otras, porque el futuro que entrevemos nos provoca insomnio y el presente en ocasiones también. 

“- Cuenta las estrellas si puedes”, le había dicho el Señor a Abrán, pero nosotros refunfuñamos por lo bajo: - Pues sí que estamos para ponernos a contar, si nos sobran dedos de la mano para contar a la gente en formación.  Y encima, instalados hace años en el punto B del sueño del faraón: solo vacas flacas y con poca pinta de engordar y aumentar, por más planes de pastoral vocacional en los que nos atareamos.

 Afortunadamente, si no son nuestras fantasías sino Otro quien los inspira, los sueños siguen ahí,  tenaces y persistentes, sosteniendo nuestros desánimos y sin darnos tregua hasta que los hagamos realidad. Esto hemos aprendido de los soñadores bíblicos:

a plantar nuestra escalera bien abajo  pero en comunicación con lo de arriba; con las raíces en lo humano, en medio de la gente, respirando sus mismas búsquedas, participando de sus esperanzas y de sus problemas. Porque eso es ya innegociable y no hay retroceso posible hacia un espiritualismo etéreo, ni hacia un secularismo reseco y despalabrado.   

a repetir con la terquedad de Habacuc: “- Aunque los campos no dan cosechas y no quedan vacas en el establo, yo festejaré al Señor gozando con mi Dios salvador” (Ha 3,18).  

a buscar otros caminos diversos de los ya recorridos, aunque supongan cambios, riesgos y desconciertos.  

-a dar libertad a los jóvenes para que profeticen y a ellas  para que tengan visiones, sin chafarles los sueños con lo de que “eso ya lo soñamos los de nuestra generación, y salió fatal”.  

a acoger con una alegría nueva en nuestra casa a esos huéspedes,  Jesús y su Madre, que son sus únicos dueños (y los otros okupas, que salgan zumbando). 

a volver al Nazaret de nuestros orígenes, con el mismo brillo en los ojos de quienes iniciaron la aventura, pidiéndoles que se encarguen de  re-encantar al novicio/a que fuimos, pero con la madurez que nos han dado muchos años de relación y de amor

a entregar la vida en el servicio a los inocentes de hoy, condenados injustamente por el pecado del mundo. 

a reconocer como tiempo de gracia el que ahora  nos toca vivir.

 

Para terminar, una conjetura: quizá Jesús, mientras cruzaba el lago con sus amigos, rezaba el salmo 126:  “Si el Señor no construye la casa ni guarda la ciudad, son inútiles nuestros agobios: sus dones vienen a nosotros durante el sueño…” Y por eso dormía tan tranquilamente en la barca, en medio de la tempestad.

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RECADOS

Por: Dolores Aleixandre 05-05-2018

Tenemos muy leídos y releídos los relatos pascuales pero quizá hemos agudizado menos el oído para captar las modalidades del tejido sonoro que brota de ellos,  la "ebullición comunicativa" que transmiten, el rumor creciente que avanza como por ondas concéntricas y que va alcanzando cada vez a más gente. Si nos centramos ahí,  a lo mejor nos sorprende la frecuencia con que aparece el género recado,  “mensaje que se envía o se recibe de palabra o por escrito y en el que se da una respuesta o se comunica una noticia” según la RAE.  Si nos hubieran encargado a nosotros de componer la banda sonora del kerygma pascual, inclinados como somos a la pompa y al fasto,  seguramente  habríamos insertado  himnos triunfales y corales apoteósicas, mucho más acordes con nuestra idea de lo que  merece  algo tan decisivo y trascendente: ¿Darlo a conocer a  través  del formato modesto  de un recado? ¡Hasta ahí podíamos llegar! 

Pero los textos están ahí,  impertérritos en su elección de ese modesto formato como vehículo preferido del anuncio pascual. Es un ángel quien inaugura el género y encomienda su contenido a las mujeres: “Id corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea: allí lo veréis. Este es mi mensaje” (Mt 28,7) “Id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de ellos a Galilea” (Mc 16,7). Más tarde es Jesús mismo quien reincide en el género y elige como depositarias del recado primero al grupo de mujeres y después a María Magdalena: “Id a  avisar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28,10). “Ve a decir a mis hermanos: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” (Jn 20,17).

 

No esperemos  voces de  orfeón, proclamaciones majestuosas ni pregones sublimes: los mensajes del Viviente nos esperan escondidos en los rincones de nuestra vida cotidiana, en  lugares tan corrientes como son, en palabras de Francisco, los  vecinos de la puerta de al lado.

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El acueducto de Segovia

Por: Alfonso Carcasona 02-05-2018

Construido como todo el mundo sabe por los romanos hace más de 2.200 años,  no tenía el propósito de ser admirado por su belleza, sino como canalización de agua.

Probablemente su constructor no pensó en que 2.200 años después sería considerado una de las maravillas del  mundo, una obra icónica de la ciudad a la que abastecía, pero así es. El telediario de hoy anunciaba que está en peligro debido a los turistas que escalan sus piedras. Orgullosos, muestran sus selfies y los que entrevistan ni siquiera se plantean el daño que pueden hacer, y no entienden que se les prohíba subirse al mismo. Hará falta una ordenanza municipal, e imagino que unas vallas, para evitar su deterioro.

Josep Maria Esquirol en su libro “La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana”  (Ed. Acantilado) señala que “…la satisfacción suele ser mayor al ser compartida”. Cierto, pero hoy la satisfacción no es mayor si es compartida, sólo es satisfacción si es compartida, con independencia del subyacente que provoque la satisfacción. No admiro el acueducto de Segovia y con ello obtengo satisfacción. Obtengo la satisfacción  compartiendo el selfie, mostrando al mundo lo feliz y aventurero que soy. 

Hoy viajamos como nunca en la historia de la humanidad. Tenemos a nuestro alcance, en nuestros dedos, la posibilidad de conocer prácticamente cualquier cosa. Sin embargo, sólo nos importa acumular cantidades de imágenes. No nos importa la calidad de nuestro conocimiento. Como dice Ángel Gabilondo en su libro “Palabras a Mano” (Ed. Seix Barral), al viajar nos hemos hecho “… incapaces de deambular, de permanecer, de insistir, de dejarnos habitar por un rincón, por un silencio, por una mirada, por una bebida, por una palabra…”, por un acueducto milenario del que no sabremos ni respetaremos su  historia. No gozamos de su belleza, no nos admiramos de su ingeniería, no nos preguntamos cómo se construyó y cómo sigue vigente hoy. 

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LA OTRA MANADA

Por: Jose Maria Marquez Vigil 30-04-2018

Me cuesta mucho escribir esta nueva columna. Normalmente dedico este espacio a hablar de religión y solidaridad, pero también procuro a menudo alimentar algunos valores actualmente cuestionados, aquellos valores pisoteados por el nacionalismo, el populismo, y también, aunque sea políticamente mucho más incorrecto hablar de ello en la actualidad, pisoteados por el feminismo. Meto a los tres movimientos en el mismo saco porque de verdad creo que están dividiendo, destruyendo, enfrentando los primeros a unas culturas frente a otras, los segundos a unos ciudadanos frente a otros, y las últimas a la mitad de la población frente a la otra mitad (cuando deberían ser dos mitades destinadas a entenderse y, como nos recuerda el Génesis, destinadas a crecer y multiplicarse).

Tras el famoso “Me Too” del que ya hablé en otra bitácora (http://www.bitacoradeperegrinos.net/noticias/view/843 ), el nuevo lema coreado es “No es no”, y aunque esta “afirmación-negativa” tiene toda la lógica, ciertamente, en el juego de la seducción, parece un poco tajante… Soy de la generación que se educó con una gracieta, tremendamente machista, que nos hacía creer que “si una Señora dice NO, significa TAL VEZ. Si dice TAL VEZ, significa siempre SI. Pero si dice SI, es que no es una Señora”. A ver quién es el guapo que se ríe ahora ante esta ocurrencia, pero los que viajábamos en el seiscientos sin cinturón, que ahora suena tan aberrante, también creíamos que no siempre “no es no”...

Hablaba antes del juego de la seducción, y debo reconocer que estoy bastante anticuado tras 20 años sin practicarlo… Pero probablemente hoy en día siguen un@s haciéndose los interesantes para que l@s otr@s se interesen. Si un@ invita al otr@ a su casa a tomar algo, ¿deberá la segunda persona contestar tajantemente a la primera, y en caso de responder afirmativamente rellenar un cuestionario por triplicado con letra pequeña que describa lo que está o no incluido en esa invitación? Volviendo a mi época, no era normal que una chica te contestara directamente: “Por supuesto que sí, voy a tu casa y me quedo a dormir, y practicaremos las posturas 3, 7, y 15 del kamasutra”. Primero decía aquello de “no puedo”, después venía el “no debería”, y finalmente el “bueno, pero no me quedo a dormir”. Ese “no es no” parece demasiado tajante en un juego en el que hay tantos matices, y al igual que los animales se rechazan en un principio para terminar apareándose, los seres humanos no podemos convertirnos en máquinas programadas de placer y reproducción con códigos de respuesta binaria controladas por el Gran Hermano.

Por supuesto que no estoy defendiendo a “la Manada”. Por lo poco que he leído me parecen unos amorales y unos gilipollas integrales que probablemente se merecen la sentencia recibida: 9 años de cárcel. Por cierto, bastantes más años que los que les caen a esos políticos corruptos que dejan a miles de familias sin pensiones, sin sanidad gratuita o sin recursos para la educación de sus hijos… ¿Suficiente? ¿Cuál es la razón final de la prisión? Históricamente la prisión debería permitir rehabilitar al delincuente, reinsertarlo en la sociedad, y mientras es muy peligroso, mantenerlo apartado de ella. A menudo se utiliza también como medida ejemplarizante para la sociedad. ¿Y no son suficientes 9 años para conseguir todo ello en este caso? Estoy convencido que la pena es suficiente para asustar a nuevas manadas, y en el caso de estos niñatos, probablemente habrán aprendido ya gran parte de la lección, y dentro de unos años la habrán aprendido completamente. Pero no parecen unos delincuentes sanguinarios a los que haya que mantener apartados de la sociedad para toda la vida, sino más bien la víctima propicia para “la otra manada”, las feministas del flequillo, del femen y del LGTB, que pretenden poner en marcha la consigna del “divide y vencerás”.

La víctima de la manada mantenía relaciones con uno, se unieron los otros, no parece que se opusiera, y realmente mostró su cólera cuando la robaron el móvil. Parece que era más bien el móvil lo que la preocupaba, y más aún cuando, según la prensa, unas semanas después mostraba en las redes sociales lo bien que lo estaba pasando los últimos días del verano con multitud de “sementales”. Los abogados de la manada no se atrevieron a tirar de ese hilo porque se les puso en contra el movimiento feminista, pero volviendo a la víctima, no parecía muy traumatizada. Les denunció, y su declaración posterior contenía multitud de contradicciones… ¿Y por qué me preocupa tanto este tema? Porque una vez más un grupo político “lobo disfrazado de cordero”, ya sea populista, nacionalista, o en este caso feminista, está concediendo al Estado la posibilidad de seguir separando y destruyendo… Una vez más, esta “caza de brujas” está enfrentando a hombres y mujeres, y al igual que ya está instalada en la sociedad la posibilidad de llamar al 016 si quieres un buen divorcio y quedarte con la tutela de los niños, y hay hombres que ya tienen miedo de meterse en un ascensor con una mujer por si les acusan de algo, este nuevo movimiento puede llevarnos a temer meternos en la alcoba con nuestras parejas por si luego dicen que parecía que sí, pero no, y que 9 años no son suficientes y hay que cambiar la ley y destituir al juez…

Hace tiempo me enseñaron que, cuando te metes en determinados jardines, es mejor cambiar de tema y hablar de futbol. Puede ser una buena idea… También en el futbol hay hinchas diferentes abanderados por un único club. Los ultras cantan el “lolololo” e inician la ola, y todos les siguen. Pero cuando piden la cabeza de un jugador contrario y lanzan improperios violentos, ya no les siguen tanto el señor, la joven o el niño que van a disfrutar del buen futbol, y cuando los ultras salen a la calle a destrozar vehículos y escaparates, o a dar una paliza mortal al seguidor de otro equipo, ahí ya se les enfrenta la gran mayoría. Estos movimientos en cambio están consiguiendo que ciudadanos normales, o en este caso mujeres normales, canten el “lolololo”, hagan la ola… y vayan mucho más allá solicitando cambios legales que, lejos de buscar la justicia, alimentarán el odio y la división.

Pienso en el caso contrario, en una pareja entrando en un portal y las cuatro amigas de ella animándose, y el chico sin negarse explícitamente. ¿Les caerían 9 años a las cinco chicas? Y en caso de ser así, ¿saldría a la calle la mitad de la población pidiendo cambios legales para aumentar la pena? En la política, no se deberían defender a la vez desde la izquierda radical los conceptos de solidaridad y nacionalismo, como tampoco deberíamos instaurar ahora una justicia diferenciada por sexos, una “justicia” que enfrenta a dos mitades de la población y solo beneficia a esa “otra manada” y sus verdaderos objetivos: dividir, cobrarse nuevas esferas de poder, y a su vez acabar con los valores de la pareja, la familia, la fidelidad, el amor... Porque suena muy bonito lo del “no es no”, pero la entonación es muy semejante a aquello de “nosotras parimos y nosotras decidimos” que disfrazan de libertad el infanticidio, y otras cantinelas parecidas…

 

Tras una bitácora tan apartada de la religión, vuelvo a encontrar en el Evangelio de este domingo la respuesta ante el “todo vale”: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer.”

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DE LOS NOMBRES DE CRISTO

Por: Dolores Aleixandre 17-04-2018

Tenemos muy reciente la Semana Santa y  quizá nos hemos sentido sumergidos en el inevitable discurso que emerge cada año amenazando con teñir de color morado a quienes la celebramos. Con suerte y si en la parroquia había sensibilidad musical, puede que ya no hayamos escuchado lo de “No estés eternamente enojaaaaado”,   pero lo más probable es que junto al nombre  de Jesús se hayan pronunciado palabras como víctima, inmolación, expiación, reparación, sacrificio o satisfacción. Es un lenguaje de larga tradición pero no es el único: junto a él  existen otras maneras de nombrar a Jesús sin despegarnos de lo que nos cuentan de él los evangelios y aún estamos a tiempo de recordarlos:

El Despierto  (el Lúcido, el Consciente, el Enterado…). Resulta llamativa la insistencia de los evangelistas en dejar claro que Jesús se daba cuenta de lo que se le venía encima, que no era un inconsciente, que no le pilló de sorpresa.  El gran salto de conciencia le llegó a través de la mujer  que  ungió su cabeza con perfume durante un banquete en Betania (Mc 14,1-11). El gesto evocaba lo que habían hecho los profetas con los reyes de Israel,  pero él lo leyó de otra manera: era un aviso de que su vida estaba a punto de ser derramada como aquel perfume  y le quedaba poco para ser ungido antes de su sepultura. Lo intuye Juan cuando anuncia con solemnidad: “Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre…” (Jn 13,1). Es la versión evangélica del Sutra budista  de la Plena Conciencia: “Cuando respiro, soy plenamente consciente de que respiro…” y él podía decir: “Cuando me levanto de la mesa y me quito el manto para lavar los pies de los míos,  soy plenamente consciente de que los estoy queriendo más allá de lo que creí que podía llegar a quererlos…”

El Descartado. El término, familiar ya gracias a Francisco, evoca un largo proceso de conspiraciones, tramas, maniobras, traiciones y pactos entre sus enemigos. En torno a Jesús se fue tejiendo una red siniestra, hábilmente justificada  con argumentos y razones políticas“Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”,  había sentenciado Caifás.  Hay que descalificarlo hasta convertirle en sospechoso, en encausado y presunto imputado; no sabrá defenderse de las calumnias y será fácil demostrar su culpabilidad, conseguir sentencia firme y un linchamiento popular  hasta quitárnoslo de en medio.  “¿No oyes de cuantas cosas te acusan? – le dijo Pilato- . Pero él permanecía en silencio”  (Mt 27,14). Estaba envuelto en  el silencio como en un manto real, ese manto en el que siguen envueltos hoy los descartados de nuestro mundo.

El Vacío Quizá mejor el Vaciado, el Desfondado, el Quebrantado, el Hundido.  Lo escribe Pablo sobrecogido: “Se vació de sí mismo,  tomó la condición de esclavo” (Fil 2,20). Tumbado entre los olivos del huerto, despojado de fuerzas y de ánimo, siguió empujando su confianza hasta los límites de lo imposible. “No llevéis alforja, ni dos túnicas…” había aconsejado a los suyos: él subió sin alforja al monte y la túnica se la arrancaron antes de crucificarle, para qué la quería ya. Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allí”,  había dicho Job (1,20). También a él un Seno materno le recogía, desnudo,  al final de la noche.

 

El Eufórico. La raíz griega va más allá de un estado de ánimo propenso al optimismo: euforos  es alguien que ha llevado bien una carga, que ha conseguido buenos resultados, que es portador de algo bueno (frutos, noticias felices, alegría…). Cuántas razones tenía el Viviente en la mañana del Primer día de la semana para recibir ese nombre. Cuántas razones tenemos también nosotros para vivir junto a él su euforia pascual.

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SOLTAR

Por: Dolores Aleixandre 05-04-2018

"He quitado de mi vida muchas cosas inútiles y Dios se ha acercado a ver lo que pasaba".  Leo estas palabras de Christian Bobin en vísperas de la Pascua y acuden a mi memoria muchas otras de procedencias dispares pero con un punto de coincidencia en ese verbo de ardua conjugación: soltar con su cortejo de sinónimos: dejar, desasir, desprenderse, desatarse, abandonarse… Nosotros solemos preferir sus antónimos: retener, guardar, aferrarnos, reservar, sujetar y lo hacemos con determinación y a veces hasta con ferocidad, sin distinguir tantas veces si aquello a lo que nos agarramos tiene la consistencia de una cuerda o la fragilidad de un hilillo. Y ya avisaba Juan de la Cruz de que ninguna de esas ataduras dejan volar al pájaro.

Rilke hablaba del aprendizaje siempre pendiente  de dejarse caer para pacientemente descansar en la gravedad”.  Thomas Merton lo refleja en su Diario de Asia con esta anécdota pintoresca: “Trungpa Rimpoche, un lama tibetano, tuvo que huir a la India y el monje que lo acompañaba llevaba una caravana de cerca de 25 yaks cargados con todo tipo de provisiones. El lama le dijo: - No vamos a ser capaces de llevar todos esos yaks: tendremos que vadear y atravesar ríos a nado y necesitamos viajar ligeros. El otro repuso: - Tenemos que llevarlos, tenemos que comer.  Emprendieron el viaje y, cuando los comunistas chinos vieron la caravana de yaks por el camino, los requisaron. Pero el lama ya no estaba allí: se había adelantado,  se encontraba nadando en un río y escapó”.

Escapó también aquel muchacho envuelto en una sábana que seguía a Jesús en el huerto y que, cuando intentaron agarrarle, soltó la sábana y escapó desnudo (Mc 14,51-52).

Un personaje misterioso en el que podemos contemplar una metáfora del propio Jesús que, despojado de todo, soltándolo todo,  atraviesa desnudo y libre su Pasión. “El Hijo ha renunciado a toda previsión, dice Von Balthasar, ha dejado toda pro-videncia al Padre que lo envía y lo conduce. Esto le otorga un arrojo infinito, ya no necesita preocuparse por los muros de contradicción, dolor, fracaso y muerte pues el Padre que le guía,  le recoge al final extremo de la noche”. Y en esas manos él había aprendido a dejarse caer.

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BLASFEMANDO UN POCO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 05-04-2018

Pasada ya la Semana Santa, iba el martes por la mañana en el coche escuchando en el portal “rezandovoy.org” el episodio del Evangelio en el que María se encuentra con Jesús resucitado. El resto de la semana he seguido escuchando o leyendo otros testimonios de diferentes discípulos que se lo encuentran e incluso comen con Él.

Según los Evangelistas fue así como ocurrió. Pero hay otra versión, ya que el propio Evangelio reconoce que los judíos acusaron a los discípulos de haber robado el cuerpo mientras dormían los centinelas. No deberíamos desecharla como hipótesis posible, puesto que todos los testigos eran partidarios de Jesús, sus discípulos, y por tanto podían tener un interés en tratar de demostrar su resurrección.

A pesar de ser cristiano, como jurista y economista debería analizar todas las hipótesis teniendo en cuenta el interés personal de los testigos, y en el caso que yo mismo tenga también un interés porque me guste demasiado una de las hipótesis, debería tener un plan B por si no fuera cierto lo que yo deseo (es el “worst case scenario” con el que contamos siempre los que hemos trabajado en el sector financiero).

Así que en la mañana del martes de Pascua me levanté un poquito blasfemo, negando hipotéticamente la resurrección de Jesús a pesar de que llevaba un par de días recibiendo whatsapps con videos e imágenes de todo tipo felicitándome por tal acontecimiento. Suena tal vez un poco fuerte lo de “levantarte blasfemo” pero el propio Jesús murió de esa enfermedad (o al menos de eso le acusaron), así que, ¿por qué no intentar seguir sus pasos de vez en cuando también por esta vía?

En mi casa tuve desde niño cierta exposición a “blasfemias” de ese tipo. Mi padre, médico psicoanalista freudiano, nos “abría la mente” para que nos hiciéramos preguntas. ¿Por qué van unos astrólogos de Oriente a visitar a una joven mujer judía? Revisaba la versión del Evangelio y dejaba otras teorías sobre la mesa, desde la puesta en duda de la virginidad de María, hasta la posibilidad de que hubiera sido sometida a algún tipo de fecundación in vitro por una civilización más avanzada a la que pertenecían los astrólogos que fueron a visitar al niño en el Pesebre, el Arcángel San Gabriel responsable de su fecundación, o los maestros que hubiera podido tener Jesús durante su formación en Oriente antes de regresar para su bautismo con otro que pudo correr su misma suerte con anterioridad: San Juan Bautista.

Pero si pongo en duda la Virginidad de María y la Resurrección, y si hiciera lo mismo con alguno de los milagros de Jesús, ¿en qué se convierte “mi catolicismo”? ¿Dejaría de ser una religión revelada para convertirse en una filosofía de vida? ¿Una especie de curso de Yoga con sotana?

Frente a los que le criticaban por haberse inventado un “amigo invisible”, un buen amigo defendía que, si los discípulos murieron todos ellos de un modo tan horrible, algo habrían visto para no temer a la muerte. Pero también lo hicieron los espartanos, defendiendo con la vida sus ideales sin haber visto ninguna resurrección de ninguno de sus dioses. Y los catalanes independentistas defendiendo sus ideas en Suiza o Belgica… Bueno, quizás estos últimos no tanto… ;-)

Yo vuelvo a mi Plan B, e incluso estos días que me levanto un poco blasfemo, abrazo la Cruz y disfruto de mis oraciones que me acercan al Padre. ¿A qué “Padre” entonces?

Es que yo no “necesito” una madre Virgen para que Jesús sea “hijo del Padre”. Según el análisis freudiando de mi padre terrenal, se trataría de una “necesidad edípica”. Pero sobre todo, tampoco necesito que Jesús resucitado se pasee entre los discípulos y coma con ellos. Jesús hablaba siempre en parábolas, y a menudo hablaba de las semillas… Una semilla muere y da fruto, y pasa a otra dimensión diferente para convertirse primero en una fea raíz que da lugar a un sólido tronco, con una verde copa llena de ramas con hojas, con brotes que ahora en primavera se convierten en bonitas flores que pasan a su vez a transformarse en jugosos frutos a los que acuden revoloteando los pájaros para alimentar a sus crías en los nidos... ¡Es imposible que las semillas bajo tierra sean capaces de comprender todo este “paraíso”! Pero este fruto, o esta flor, o el brote o la rama, no “resucitan” en esa diminuta semilla de la que surgieron para volver a la tierra a decirles a otras semillas que la toquen, que está viva en otra dimensión bajo otra apariencia que, bajo tierra, “sus discípulas semillas” no serían capaces de entender.

 

A mí personalmente me basta con ver la semilla morir, sentir la frescura de la raíz, percibir la tierra fertilizada por las hojas y las frutas que caen o por los excrementos de los pájaros, rezar y escuchar la savia que circula por el árbol… Por supuesto que me gusta vivir la Semana Santa y el Domingo de Resurrección, pero me quedo también en el peor de los casos con mi plan B, sin necesidad de tocar como Santo Tomás, comprendiendo la resurrección como una prórroga en otra dimensión en la que, gracias a ese crack que marca goles de chilena con humildad y es a su vez un muro en la defensa, ganaremos finalmente ese partido en el que el tiempo añadido es además infinito.

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El Bajísimo

Por: Alfonso Carcasona 02-04-2018

Hace un par de años  coincidí con un amigo de las Clarisas de Belorado –que ya lo es mío- . Me envió a los pocos días por correo un pdf que contenía el libro “El Bajísimo”, escrito por un desconocido en aquel entonces para mi, Christian Bobin. 

He de reconocer que la primera página no me  resultó nada atrayente, y el hecho de que estuviese mal fotocopiada (había que girar la pantalla del ordenador para leerlo), tampoco me invitó a proseguir la lectura. No soy amigo de leer pdf de libros.

Paseando con mis amigos en una de nuestras populares “clásicas sabatinas”, descubrí la librería Los editores, en la calle Gurtubay de Madrid. Se trata de un pequeño local regentado por unas empedernidas y encantadoras lectoras, que tenía el libro en el top ten de sus libros más recomendados (al estilo de los best sellers en el Corte Inglés). Me volví a encontrar con ese versículo del libro de Tobías (Tb 6,1), que abre el libro, y que no había entendido entonces. Por alguna razón  me recordó al pdf que había abandonado enseguida hacia tiempo. Sin embargo, el estar prologado por José Arregui, al que había conocido en Aránzazu, me empujó a comprarlo y darle una nueva oportunidad.  Está editado por  El Gallo de Oro, y soberbiamente traducido –en mi humilde opinión- por Alicia Martínez.

Agradezco enormemente a la Providencia que me pusiera delante de este libro, que he degustado varias veces, encontrando belleza distinta en cada una de sus lecturas. Bobin ha pasado ha ser uno de mis autores de referencia, no sólo por éste, mi favorito, sino por otros como Autobiografía con radiador, o Elogio de la nada.

 

En el Bajísimo se para el tiempo. Desde el mismo título de la obra, contrapuesto al Altísimo, con que habitualmente invocaba Francisco al Señor.  Él se consideró siempre el último, el más pequeño, el más bajo. Sin duda, de las muchas biografías que existen del santo, él se quedaría con este título. Dada su naturaleza trovadora y poética, no tengo la menor duda de que disfrutaría de la sencillez y belleza, belleza y sencillez, de su lectura.

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AL FIN LOS SABRAS HAWKING

Por: Jose Maria Marquez Vigil 16-03-2018

"¡Dios no existe! Soy ateo". Probablemente se trata de una de las más populares sentencias del recientemente fallecido Stephen Hawking.

Vaya por delante mi admiración a un hombre de su inteligencia, a esa persona que consiguió superar su discapacidad y que logró esquivar aquella sentencia de muerte que le concedió tan sólo unos meses de vida hace ya más de 50 años.
Pero Stephen, aunque con una limitada visión humana puedas pensar que Dios te ha tratado muy mal, y tengas por tanto derecho a estar enfadado con Él, no creo que estuviera bien emitir una afirmación tan tajante. Por muy inteligente que fueras, ni eras Dios ni le conocías, ni tenías ninguna prueba irrefutable para denegar su existencia tan categóricamente. Por supuesto si podías en cambio elegir ser ateo, ¡y espero que esa elección te haya permitido ser muy feliz! Aunque me reservaré mis dudas al respecto...
Yo tengo la enorme suerte de tener fe, pero he pasado por muchos años de ateísmo y no me atrevería a afirmar la posibilidad de demostrar científicamente de un modo tan categórico la existencia o no de Dios. Aunque reconozco que desde que me he acercado a Él soy mucho más feliz.
Escribo esta carta desde RD Congo, dónde me he venido un par de semanas a visitar proyectos de la Fundación África Directo en diferentes Misiones. Y el día comienza siempre igual, con esa Misa a primera hora en la que disfruto de la Lectura del día y comulgo con las hermanas.
"¡Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen!", decía Jesús el lunes pasado en el Evangelio del día. Mientras meditaba, recordé cuando llegué a Calcuta hace casi 25 años por una motivación social, pero declarándome profundamente ateo. Pasaba cada mañana por la Casa Madre antes de ir a trabajar como voluntario al centro de Prendam, y a menudo llegaba a tiempo para entrar en la capilla donde, mientras se celebraba la misa con la Madre Teresa arrodillada en primera fila, pedía un milagro... Esperaba que levitara una de las Misioneras de la Caridad que rodeaban a la Santa de Calcuta. Pero nada de eso pasó, y me quedé sin ningún signo que evidenciara científicamente la Presencia de Dios en esa casa. ¿Y entonces porque creo?
Me fui acercando por medio de la meditación, la comunión, las lecturas de Tony de Mello, los silencios (para encontrarse hay que perderse, y para escucharle hay que apagar a veces el ruido). Y sobre todo la receta mágica de la Madre Teresa: "A mí me lo hicisteis". La Madre Teresa repetía esas cinco palabras una y otra vez como el mejor modo de empatizar con El dónde más fácilmente le podemos encontrar: en la comunión de nuestro corazón con los pobres.
Desde entonces lo he ido sintiendo muy cerca, y reconozco con cierto rubor que por alguna extraña razón me ha permitido ver signos, difíciles de explicar aquí. ¿Quién los creería? Mejor me reservo "mis signos y prodigios" para mí...
Pero sin pruebas, voy a intentar apoyar racionalmente mi elección de fe, aunque ya se que teólogos de mucho prestigio no lo han conseguido aún, y evidentemente no les llego ni a la suela de la sandalia. No conseguiré convencer a nadie, pero si dejaré un par de ideas sobre las que meditar en silencio...
1. ¿Será mejor competir contra Dios o aliarnos a Él? Querer ser Dios es una tarea harto difícil y hasta ahora nadie la consiguió, mientras que si nos quitamos una responsabilidad y le dejamos a Él ese papel, podemos vivir mucho más tranquilos... ¿Quién está más relajado en vacaciones, el funcionario o el autónomo? Además, tarde o temprano la muerte siempre nos llegará, y como decía al principio: si no puedes con "tu enemigo" alíate a él...
2. Come todo lo que puedas hasta hartarte, luego métete los dedos por la garganta para vomitar y vuelve a comer y beber más mientras te tumbas en el sofá a ver 100 películas seguidas... Lo de hacer deporte, controlar la dieta e incluso ayunar da mucha más pereza pero, ¿qué nos hace más felices? La religión también nos impone límites que nos purifican y nos liberan. Querer ser Dios por medio del consumo sin límite y la elección continua sin compromiso nos aleja de esa paz que tan sólo podremos encontrar por medio de fe en la Providencia, la aceptación y disfrute de lo que tenemos, y el agradecimiento con lo que somos.
3. ¿Quién es más feliz en el parque, el niño que juega despreocupado o el padre que lo vigila? Es un gran alivio sentirnos protegidos, e incluso cuando somos padres, poder rezar de vez en cuando para decirle: "te recuerdo que tú eres el Padre y está en tus manos, yo solo soy un intermediario temporal".
4. Una pregunta... ¿Has hecho testamento? No entiendo la razón de dejar nada en herencia a seres a los que únicamente te unen reacciones químicas que no van más allá de la muerte. Tan solo creyendo en el amor y en el alma se explicaría dejar un legado científico que aproveche a los demás, una herencia material, un mundo mejor que no debería importar al que no crea en el amor. Supongo que unos días antes de morir, cuando no podías ya aprovechar los beneficios económicos de tus derechos de autor, ¿no te importaría que desapareciera toda tu obra y quemaran tus libros?
5. ¿Eliges a la bruja, o al pescaíto y sus padres? ¿Porqué? Aunque supieras que no te iban a pillar, ¿serías realmente capaz de matar por un interés menor? ¿Porqué nos repugnan ciertos actos si la vida son solo reacciones químicas que nos benefician?
6. Cómo te gustaban tanto las fórmulas, querido Stephen, te propongo que busques una función de optimización de la felicidad. Probablemente los límites de los que antes hablaba, la fe en la Providencia, el amor y el compromiso estarán en el numerador de esta fórmula, pero la optimización se alcanzará sin ninguna duda cuando "n" tiende a infinito en vez de a 80 o la esperanza de vida en Occidente.
7. "Como no sabían que era imposible lo lograron". Siempre me gustó esa frase y creo que una persona con fe puede alcanzar objetivos a priori inalcanzables, porque no cree que lo sean. Mucho mejor aún cuando se alcanzan esos objetivos por medio del amor, como aquella ocasión en la que la Madre Teresa de Calcuta limpiaba las heridas putrefactas de un paciente... Un periodista la vio y la dijo: " Yo no haría ese trabajo por un millón de dólares". La Madre Teresa le contestó: "Por un millón de dólares yo tampoco lo haría".
Me gustaría hablar también de la gloria tras abrazar nuestras cruces grandes y pequeñas (la tuya muy grande, por cierto), del crecimiento, del alma... Pero esto no era al fin y al cabo más que una simple carta que no me vas a poder responder, porque si ahora lo hicieras tendrías que empezar por reconocer tu error. Aún así te la escribo con cariño, recordándote que el Padre es amor, que siempre perdona, y que si tú no "sabes" que es imposible, lo conseguirás...

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Un obispo de la Acción Católica

Por: Juan María Laboa 16-03-2018

La muerte de don Elías supone la desaparición de uno de los últimos testigos de una Iglesia que se transforma con el Concilio, se replantea su papel en la sociedad española y en unión con el Papa conduce a la comunidad creyente por las sendas marcadas por el Vaticano II.

Nació en la isla de la Palma, estudió en el seminario de la Laguna y en el Instituto Pastoral de Madrid, obispo auxiliar de Oviedo, secretario de la Conferencia Episcopal, arzobispo de Zaragoza y presidente la misma Conferencia durante seis años.

Ordenado en el Congreso eucarístico internacional de Barcelona (1952), escucha en el Seminario de Vitoria que el compromiso de acción social y política de acuerdo con la Doctrina social de la Iglesia constituye una de las obligaciones de la pastoral sacerdotal. Esta inquietud le llevó a ser consiliario de los Acción Católica dentro de la JOC y la HOAC, sensibilidad que le acompañará a lo largo de los años. Los estudios posteriores en Roma le llevaron a recibir y comprender con entusiasmo la Pacem in terris con lo que conllevaba de defensa de los derechos humanos, de la misericordia y de las libertades.

Fue dolorosamente consciente de la herida que suponía para la Iglesia española la crisis de la Acción Católica(1966-67) que prácticamente acabó con ella, a pesar de la advertencia de Tarancón de que la A.C. constituía un instrumento indispensable para la renovación. Yanes señaló más tarde que entre los factores importantes de la crisis de la Iglesia española había que recordar ésta, contingentemente sustituida por los jóvenes del Opus y de los movimientos, pero mortal para la pastoral parroquial. 

Lo que llamamos transición de la Iglesia y de la política en España cuenta con tres presidentes y tres secretarios de la Conferencia durante el pontificado de Pablo VI: Tarancón, Merchán y Yanes como dirigentes y Jesús Iribarren , Elías Yanes y Fernando Sebastián como secretarios. En esta época se manifestó la importancia decisiva de los secretarios de la conferencia si los presidentes respetaban su autonomía y colaboración. Seis personalidades especiales y únicas para un período conflictivo y lleno de atrevida esperanza. Tarancón y Yanes consiguieron que la Iglesia fuera citada en la constitución.

 Su tarea consistió, también, en conseguir que la opinión pública aceptase la credibilidad de una Iglesia que había mantenido la colaboración con el régimen político durante cuarenta años. Consideraron que urgía  una salida política democrática, siendo conscientes de que un ordenamiento democrático de España resultaba imprescindible para que no resurgiesen los odios de la guerra civil, y por ello pusieron inteligencia y decisión para que la Iglesia colaborase decididamente en el empeño por el bien del país y para recuperar credibilidad.   No debían inventar nada ya que las encíclicas de Juan XXIII y Pablo VI señalaban el camino.

Don Elías fue elegido Secretario en 1972 y se mantuvo durante dos períodos con Tarancón como presidente desde 1971, un apasionante período de renovación de nuestra Iglesia con nuevos obispos, nuevos propósitos y concepciones pastorales, dentro de la misma fidelidad. Les costó mucho sacar adelante el documento “La reconciliación en la Iglesia y en la sociedad” ya que para conseguir su aprobación fueron necesarias diez redacciones consecutivas. Yanes comprobó que los diálogos permanentes entre los obispos durante esta redacción favorecieron la compenetración de una mayoría episcopal cada vez más numerosa y compacta. Poco después aprobaron el documento decisivo de aquella etapa, “La Iglesia y la comunidad política”, redactado con guante blanco y midiendo cada palabra, actitud que no eliminó la espontaneidad ni su carácter incisivo .Todos los que reflexionan hoy sobre el período son conscientes de que sin el Concilio y sin Pablo VI esta evolución no hubiera sido posible tal como se produjo, pero debemos reconocer, también, que sin Tarancón, Yanes, Fernando Sebastián, Merchán, Bueno Monreal y Yubany, todo hubiera sido inmensamente más difícil.

 

Uno de los temas básicos del concilio fue el de liberar a la Iglesia del clericalismo, del juridicismo y del triunfalismo. Don Elías, por carácter, espiritualidad y formación luchó toda su vida por conseguirlo. Era clarividente y decidido, con muy buena formación y lector empedernido, con gran capacidad de trabajo, confiando en sus colaboradores a quienes exigía entrega a sus tareas tal como él había actuado con el cardenal Tarancón. Era consciente de la quiebra cultural de la vida interna de una Iglesia que se sostenía en una teología básicamente eclesiástica sin capacidad de traspasar la fe de una cultura puesta ya en cuestión a otra contemporánea, y esta aguda sensibilidad le ayudó y espoleó durante sus años dedicados con pasión  a la enseñanza y a la catequesis dentro de la Conferencia episcopal.  Entre sus frutos, la elaboración de un itinerario de formación cristiana para adultos compuesto por ocho importantes volúmenes pensados y redactados por especialistas bajo la batuta atenta y comprometida de don Elías.  

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LOS MITOS DEL #METOO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 11-03-2018

El pasado 8M recibí numerosos videos, chascarrillos, opiniones, más y más de lo mismo. .. La verdad es que nunca he entendido una huelga general por un asunto que no tiene contenido político revolucionario. ¿Hasta qué punto debería el "Papá Estado" regular las relaciones privadas y los contratos? ¿Puede una ley prohibir a Paco tirarse al sofá a ver el partido mientras María friega la cocina? María podrá enfadarse, "castigarlo sin postre", o incluso divorciarse, pero lo de salir a la calle a protestar por una relación de pareja no acabo de entenderlo, como tampoco comprendo muy bien lo de exigir un sueldo mayor de "género" manifestándonos en la calle el 8M. ¡Pídeselo a tu jefe, o búscate otro curro más digno!

A las amigas que me escribían alteradas al no encontrar suficiente empatía en mis respuestas, siempre les contestaba lo mismo... -"¿Tienes "chica" que te ayuda en casa? Las empleadas del hogar son probablemente las peor pagadas en nuestra sociedad y quiénes, al ser mayoritariamente mujeres, aumentan más la diferencia salarial... ¡Súbela tú el sueldo y pónselo al nivel de los directivos del Ibex si quieres! Y verás como se deduce inmediatamente en España la brecha salarial..."-

Alguna de ellas insistía en buscar soluciones gubernamentales, pero nuevamente les preguntaba... -"¿No tienes a tus hijos en un colegio privado o concertado? Si no crees en la eficiencia de lo público... ¿de verdad crees que el gobierno debería interferir en contratos privados laborales para arreglar esta situación?"-

Por supuesto que no me ha dado un ataque de misoginia, ni deseo que las mujeres tengan un salario inferior. Me encantaría que mis hijas tengan un buen salario, y creo que se lo merecerán porque son super currantes. Pero creo que no debemos dar ciertas parcelas de poder al Estado porque siempre perjudicará a la totalidad de los trabajadores y consumidores con más gasto público y nuevos tributos, ahora relacionados con el género. Las que saldrán ganando serán por supuesto las "Bibiana Aído", "Leire Pajín" y "Rita Maestre" de turno, pero si aumentamos la presión fiscal a los trabajadores y a las empresas, el mercado será el que pierda y esta fiesta del 8M la pagará nuevamente el consumidor final.

¿Cuál sería el siguiente paso? ¿Cobran más los delgados que los gordos, los altos que los bajos o los rubios que los morenos? ¿Nuevas medidas impositivas de redistribución y justicia social para acabar con estas otras desigualdades? ¿No debería regular esto el mercado más eficientemente? Sí todos los hombres compran cervezas para ver el partido de Messi, que compren todas las mujeres cervezas de la marca cuya Presidenta sea una mujer y que vean partidos de fútbol femenino y ya verás como el mercado empieza a comprar esos partidos y acabarán pagando más a las mujeres que a los hombres por jugar al fútbol... Las top model femeninas ganan mucho más que los hombres probablemente porque las mujeres se gastan más en ropa... El Mercado es sin duda alguna el mejor regulador.

Decían los socialistas a principios del siglo pasado que la religión es el opio del pueblo, pero una vez más se demuestra que el verdadero opio es el intervencionismo estatal que traerá nuevamente cargas y cupos disfrazados de pan y circo que, al ser forzados y contra el mercado serán probablemente injustos y a la larga costosos...

La solución más eficiente pasará siempre por la educación, sobre todo en lo privado...

¿Igualdad forzada? Claramente perjudicará al Mercado, y pasaremos de meritocracia a burocracia, perjudicando al trabajador. Y ya se sabe que mal de muchos... ¡Epidemia!

De verdad siento mucho contrariar esta iniciativa porque creo que la lucha debería de estar en otro lugar... Tengo tantas amigas directoras generales como amigos, tras el fallecimiento del Presidente del principal banco español le ha sustituido una Presidenta, y el hombre más rico de España será sucedido algún día por sus dos hijas como accionistas principales de Inditex... Pero la desigualdad sigue de verdad con los sin techo, con los sin papeles, y con tantas otras desigualdades reales, también de género en otros países como en el continente africano. Yo sería más partidario del #THEYTOO

 
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MAVUTO

Por: Jose Maria Marquez Vigil 18-02-2018

Era una tarde otoñal. Maaike, mi mujer, entró en casa cavilando. Y directamente me preguntó, probablemente para convencerse del todo… “Viviendo en un piso no deberíamos tener un perro, ¿no te parece?” Aunque la di inmediatamente la razón y me congratulé porque pensáramos igual, no resultaba muy difícil adivinar que esa pregunta no terminaría ahí... Pero la aparición de Maaike y los niños con un cachorro justo al día siguiente me pareció demasiado precipitado, y es por ello que Mavuto, que así se iba a llamar el nuevo miembro de la familia, no me hizo saltar de alegría aunque era un cachorro muy mono, y me vendieron inmediatamente que si no nos lo quedábamos, probablemente lo iban a tener que sacrificar... “Problema” (“Mavuto” en Chichewa, el idioma de Malawi) ha vivido con nosotros casi dos años desde entonces y hay que reconocer que nos ha traído mucha felicidad. Era el primero y el último al que abrazaba cada uno de mis hijos al comenzar y terminar el día, y sus paseos, correrías y juegos con sus amigos perrunos constituían el centro de las conversaciones en torno a la mesa familiar. Mavuto fue creciendo en casa, e hizo crecer a mis hijos, los cuáles mostraron gran sentido de la responsabilidad para alimentarle, bañarle, arreglar sus destrozos o sacarle a pasear.

Hace una semana, martes y trece, como decía mi hijo Pelayo: “se me rompió el corazón el día anterior a San Valentín”. Mavuto decidió investigar en el jardín de un vecino y debió comer un veneno potentísimo. Pelayo lo sacó en brazos, manteniendo sus ojos abiertos durante el corto trayecto hasta el veterinario para que no expirara, pero cuando llegamos, nada pudieron hacer para salvarle la vida. El sentimiento de pérdida que han experimentado mis hijos, sobre todo Pelayo, ha sido demasiado profundo, desgarrador.

Con la muerte de Mavuto, ¿se acabó el “problema”? O más bien, realmente… ¿surgió el verdadero “problema”? Gracias a Dios mis hijos han sido siempre, y son, muy felices. Tienen salud, protección, el cariño de sus padres, hermanos, familia, amigos, sentido del humor, alegría, inteligencia… ¿Todo lo que hay que tener?

No es la fe un activo en alza actualmente… Si te reconoces creyente y practicante, las reacciones mayoritarias pueden ser de asombro, burla o incluso lástima. Pero es en la muerte, en la pérdida, donde nuestra fe cobra más sentido. El Cristianismo gira en torno a la Semana Santa y la muerte y resurrección del Salvador, y en estos días de Cuaresma nos recuerda que la muerte es parte integrante de la vida, aunque no hablemos de ella, y al igual que dedicamos tanto tiempo a planificar la vida (la vida en todas sus facetas: amor, salud, profesión, ocio, etc.), es importante que nos enfrentemos en algún momento, y desgraciadamente así lo haremos antes o después, con la idea de la pérdida y de la muerte.

Imaginemos un partido de futbol en el que sólo nos fijáramos en la ropa del equipo arbitral, el número de “seguratas” en el campo, o la proporción entre aficionados y aficionadas (el género siempre presente…). Si no nos metemos en el partido, el penalti, el fuera de juego, el gol anulado, la tarjeta roja, y el pitido final, nunca lograremos entenderlo ni conseguiremos apasionarnos por mucho que acudamos al estadio o nos abonemos a movistar. Y es con la muerte donde nuestra fe, y también nuestra vida, cobra más sentido.

Ante la muerte de un ser humano estamos acostumbrados a visualizar su alma acompañándonos, a entender que está ahora en brazos del Padre, a sentir su aliento, su protección… ¿Y con nuestros amigos cuadrúpedos? Tras una metedura de pata inicial en la que comparé la vida de Mavuto y la de la gente en Sur Sudán que no tiene un mal veterinario que le asista, me di cuenta que estábamos hablando de algo muchísimo más importante. Así que me senté con Pelayo a hablar, sentir, aproximarnos y visualizarlo juntos. Sus ojos estaban rojos de tanto llorar, pero a medida que pasaban los días, Pelayo entendió que el alma no es una característica únicamente “humana”. Mavuto había dejado un poso importante en nuestras vidas. Su cariño, su alegría, su capacidad de perdonar y olvidar, su lealtad… Todo ello seguía vivo en cada uno de nosotros, y Pelayo empezó a sentir a Mavuto mucho más cerca que nunca, en su seno, como nunca antes lo había podido sentir.

Un perro como Mavuto puede ser también un ángel que pasa por nuestras vidas, un alma que sigue presente acompañándonos desde el Cielo (aunque tendamos a “humanizar” los dominios de San Pedro…), y por supuesto puede ser, y es, un apóstol más que con su alegría, su ejemplo, su “otra mejilla”, su amor y su fidelidad, y ahora con su muerte y esa cercanía que Pelayo ha podido sentir tras la separación inicial, nos puede llevar a comprender y amar a Dios como el mejor de los profetas.

Tu pérdida ha sido muy injusta Mavuto, pero la vida no es siempre justa a nuestros ojos. ¡Cuánta gente fallece tiroteada en un Colegio americano, ahogada en el Mediterráneo, agonizando sin cuidados en hospitales de mala muerte…! Todos pasamos por aquí con una misión, y tú nos has traído la alegría, Mavuto, y no nos puedes dejar ahora la tristeza sino el agradecimiento por haberte conocido, por haber compartido, y la fe de sabernos siempre acompañados por ti y por el Padre, que ya sabemos que siempre escribe recto con los renglones torcidos… Ahora saltas y corres más que nunca, Mavuto, pero ahora sin correa, sin ataduras, sin meterte en líos, con la libertad y la precisión de los ángeles que nos acompañan y nos muestran el camino a seguir.

¡GUAU! (Gracias en idioma perruno)

 
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SOBRE MONJES E ISLAS

Por: Dolores Aleixandre 16-02-2018

 

Voy a ver  La isla de los monjes animada por la valoración de la crítica y porque, de entrada, las películas dirigidas por mujeres (Anne- Christine Girardot en este caso), tienen  mucho a su favor para gustarme. Leo comentarios sobre el documental:  “Ocho cistercienses de una antigua abadía de Holanda enfrentados al difícil trance de buscar un nuevo hogar donde vivir”, “hombres de oración expuestos a turbaciones internas y externas, a dudas y temores y a todo un mundo fuera de la clausura que desconocen, desde ir al supermercado a comprar un billete de autobús”, “un cuidado documental”, “una hermosa película”. Pues sí, coincido con las opiniones y me ha gustado, aunque me ha quedado a la vez la impresión de que tiene una “esquina rota”, como aquella primavera de la que hablaba Mario Benedetti. Porque por un lado entiendes lo que tiene de desafío  para los monjes lanzarse a la aventura de una nueva fundación, pero es imposible no recordar que, según los datos de ACNUR, hay en el mundo  65 millones de desplazados y refugiados y que a lo largo del año se ha ido  sumando un promedio de 20 personas por minuto obligadas a huir de sus hogares y buscar protección en otro lugar, ya sea dentro de las fronteras de su país o en otros países. 

Por eso me ha faltado en la película alguna alusión a ese contexto, alguna referencia, aunque fuera mínima, a la existencia de esas situaciones por las que están pasando hoy tantos millones de personas. Porque es verdad que “apagar la luz” y cerrar un monasterio es duro,  que esos monjes experimentan sentimientos de desarraigo y pérdida,  pero en una situación  infinitamente menos dramática que la vivida por tantos otros. 

Viniendo al particular de España: aquí se cierra un convento cada mes y muchos miembros de comunidades monásticas o religiosas viven (vivimos) tiempos de disminución y precariedad, pero ¿cómo no tener grabadas en las pupilas las imágenes de  caravanas de gentes que recorren Europa en demanda de asilo, o se embarcan en viajes de solo ida? Lo recordaba Erri de Luca en un poema de Navidad: 

Nacerá en una bodega entre viajeros clandestinos./Lo calentará el vapor de la sala de máquinas./Lo acunará el balanceo del mar a través./Su madre está embarcada en busca de la salvación o la fortuna, /su padre fue el ángel de una hora,/muchas paternidades consisten en eso./En tierra firme lo habrían dejado en un contenedor de basura./Cortarán con los dientes el cordón umbilical./Lo arrojarán al mar, a la misericordia./Sólo podemos darle los meses de vientre, dicen las madres,/podemos esperarlo, pero no abrazarlo(…) Nacer es sólo un aliento de aire podrido. No existe mundo para él./Nada de su vida es una parábola./Ningún martillo de carpintero golpeará las horas de su infancia,/ni los clavos en la carne./Yo no me llamo María, pero a estos hijos míos/ que nunca han llevado un vestido o un nombre/ los marineros los llaman Jesús/ porque nacen en un viaje, sin llegada./ Está con aquellos que viven el tiempo de nacer./Va con aquellos que duran una hora.

 

Un deseo para estos momentos de desplazamientos en masa de personas y de tanta incertidumbre: que se nos pegue la lengua al paladar si nos olvidamos de que estamos  "compartiendo viaje" con tantos ( #sharejourney) porque, en palabras del Papa Francisco: "Cuando hay un "nosotros", comienza una revolución".

 
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CUANDO BESAS MIS HERIDAS

Por: Santos Urias 12-02-2018

 

Cuando besas mis heridas es como el sol en mi rostro, ese calor que se infunde en cada palmo de piel. Cuando besas mis heridas es olor a hierbabuena, a jazmines, a laurel, es noche de primavera. Cuando besas mis heridas es halo de luna llena, es reflejo, es luminoso, es plata sobre las olas. Cuando besas mis heridas es querer y no poder, es saber y no entender, es callar, dejar hacer. Cuando besas mis heridas es mirada al horizonte, es perder la referencia, es marca de inmensidad. Cuando besas mis heridas es caricia contagiosa, es como besar los ojos, es como besar el tiempo. Cuando besas mis heridas es rozarse en el silencio, es la calma, es el arpegio, es llegar, es comprendiendo. Cuando besas mis heridas es respirar lo profundo, caminar contra del viento, descalzarse, tocar suelo. Cuando besas mis heridas me haces sentir más bello, más amable, menos terco, célula del universo. Cuando besas mis heridas no tienes ascos pues me sabes, me conoces, herido ando, herido vengo. Cuando besas mis heridas tú me crees y yo te creo, recreando como un niño, recreando como un juego. Cuando besas mis heridas cede el dolor, cede el tedio, crece la paz y en tu regazo me duermo.

 
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